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Guadalajara baja la guardia

Karen Ortega/Guadalajara

En días pasados se destacó el compromiso de los ciudadanos de Guadalajara ante la prevención de la propagación del COVID- 19, sin embargo el panorama que hoy se aprecia en la zona Centro es totalmente diferente a pesar de que los comercios se encuentran cerrados.

Desde temprana hora y por la noche, los policías realizan patrullajes llamando a la población a que si no es necesario estar en las calles regresen a sus casas, mensaje que es ignorado o criticado por la mayoría de quienes los ven pasar, teniendo como argumento que si no salen no tendrán que comer, exponiendo entonces su  “resistencia” a las medidas de prevención.

A lo largo del día se pueden observar a familias paseando por las calles de la zona, niños corriendo, jóvenes en grupo jugando videojuegos o personas en solitario sentados en las plazas públicas observando el panorama desértico y aunque sin duda el número de transeúntes es reducido no es el ideal para la situación de emergencia que se está enfrentando.

Algunos de los pocos negocios que se encuentra abiertos han implementado estrategias de venta, tal es el caso de algunas papelerías, en las que ofrecen papel higiénico o gel antibacterial, productos que en las tiendas o farmacias de las grandes cadenas comerciales es casi imposible de encontrar.

En algunos supermercados, a partir de hoy tomaron la medida de sólo dejar ingresar a dos clientes por familia, ya que se pudo detectar que desde que se ordenó el cierre de comercios no esenciales, algunas personas acudían a estos lugares a pasear, acompañados de menores de edad y sin mantener las medidas de prevención activas.

Vivir en libertad en tiempos de crisis

Fabiola Serratos

Hemos hablado mucho sobre la parte vulnerable de la sociedad ante esta pandemia, la que no puede quedarse en casa, la que su sustento depende del trabajo diario y que estas últimas semanas ha sido cada vez más complicado adquirir.

También hemos charlado de la indiferencia y el cinismo de algunos gobiernos promoviendo desde la comodidad y el lujo el “quédate en tu casa”

Parte de lo que se nos ha enseñado a la clase obrera es la colectividad y los principios dentro de ésta, tiene muchas ventajas el trabajo en equipo, pues los grandes movimientos surgen de la exigencia de los pueblos bien organizados, sin embargo una desventaja de los grupos también es la falta de responsabilidad personal que algunos viven.

La vulnerabilidad de los grupos radica en volver la empatía una carga que exige al otro hacerse responsable de los miedos y caprichos personales. Una idea muy conservadora y un tanto cristiana en la cual debemos recordar que todo lo que somos (sobre todo lo dañino) puede y tiene alguien más la responsabilidad de arreglarlo y/o perdonarlo.

Volvemos la empatía un capricho egoísta y de la misma manera en que existen grupos organizados también se generan los desorganizados, los contra-principios de los ideales colectivos. Y entonces surge la parte que no sabe ser libre, porque la libertad surge de la rebeldía pero nunca se pone cómoda ahí pues necesitará de mucha indiferencia para seguir justificando su arrogancia.

La libertad implica gestos como la responsabilidad individual, el buen trabajo en conjunto debe evitar de todas las formas convertirse en masa y eso dependerá de conocer las virtudes desde lo personal para poder crear dignamente principios colectivos.

La parte que no comprende desde sí misma su propia responsabilidad es aquella a la que vemos continuar con una vida tan normal que pone en riesgo la de otros y con esto hablamos de otra clase de grupo social que surge en esta pandemia.

La indiferente, la que justifica la libertad con la rebeldía, la que sale a las calles por diversión y continua un ritmo de vida sin empatía ni solidaridad. La que ha visto la cuarentena como un periodo vacacional, la que después de la desgracia seguro buscará responsables de sus actos.

El problema repito no es la colectividad sino los principios y los ideales que utilicen los grupos, son ellos los que continuarán generando masas sociales a las cuales sólo puede tratárseles con el miedo, el castigo y la imposición (cómo ha sido a lo largo de la historia) o sujetos que a partir de su propia conciencia comprendan que la sociedad y la participación grupal se forma desde la responsabilidad que tengamos sobre los derechos y obligaciones internos que deben ser por voluntad y no imposición o presunción de la libertad como un premio.

El encierro no nos convierte en prisioneros cuando sabemos ejercer una ciudadanía digna, responsable y por supuesto podemos continuar desde lo personal ejerciendo la solidaridad, el apoyo y el respeto por los otros.

Porque los otros también forman parte de esta sociedad e inevitablemente lo que acontezca desde lo interno puede beneficiar o perjudicar a los otros.

Nos salvamos juntos o nos hundimos por separado

Esta colaboración parte de una definición: si no nos aislamos, drásticamente, no controlaremos la pandemia, la muerte. Es más: la habremos prolongado estúpidamente.

Hoy estamos amenazados, por la ruleta rusa, del contagio masivo del Covid-19 (70% pasará por ese juego macabro: ¿seré asintomático, leve o grave?) todos padeceremos después los efectos inevitables de la pandemia que golpeará con crueldad a los más débiles y a los más pobres. Una brutal selección darwinista está recorriendo a la humanidad: están muriendo los más viejos, los hipertensos, los diabéticos, los portadores de VIH, los que tienen padecimientos renales y sobrevivirán los más fuertes, los más jóvenes, los más sanos. Cuando la convulsión haya concluido se sobrepondrán a la devastación económica quienes tengan casa, quienes tengan dinero, capital cultural, trabajo seguro y redes de protección y seguramente sucumbirán, como siempre, los que no tengan nada más que la vida. La desigualdad social se volverá todavía más profunda.

Parece que los gobiernos siguen sin admitir que los problemas económicos y sociales que se nos vienen encima rebasarán con creces los planes que se había hecho y que no servirán las piscachas que va repartiendo: no alcanzarán por la combinación entre recesión, devaluación e inflación; porque el dinero valdrá menos, los programas públicos no podrán sufragarse y la informalidad aumentará tanto como las necesidades de ingreso. El confinamiento obligado por el coronavirus ya está castigando a quienes viven al día y sobreviven de lo que puedan sacar de la calle y, por esa razón, no podrán resistir cinco semanas (caso de Jalisco) en casas que no tienen o donde conviven hacinados y en condiciones insoportables.

Tenemos que actuar ya, porque decenas de miles de personas se están quedando sin ingresos, sin forma de obtenerlos y sin esperanza de salir adelante; no tienen cómo cuidarse ni cómo proteger a los suyos. ¿Qué estamos esperando para formar centros de acopio y construir cadenas de apoyo? Es ridículo suponer que los programas sociales (federales, estatales y municipales) podrán suplir las carencias que se acumularán hora tras hora y es despiadado sugerir que los pobres deben seguir trabajando, inmunes al virus.

Pero será la realidad, no la previsión ni el talento de los gobiernos, la fuerza que produzca un plan. Necesidad, no virtud, que obligará a presentar (ante los ojos de todos, adentro y afuera) un programa excepcional para escapar de la recesión, la más profunda que los mexicanos hayamos conocido.

No se necesita ser profeta para reconocer los eventos que vendrán (y ya están aquí): bajan fuertemente las ventas, no hay nuevos pedidos, despidos todos los días, capitales moviéndose hacia EU (hacia lo seguro), inversiones en caída, desplome de la recaudación y del precio del petróleo, devaluación sin control, en medio de pilas de muertos, anomia (estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales) y suspensión obligada de la actividad diaria de millones. Y esto lo vivirá, lamentable y simultáneamente, casi todo el mundo.

En las últimas dos semanas la situación económica mundial cambió de forma drástica y para mal. Todos los países del mundo están resintiendo las repercusiones del coronavirus. Es demasiado temprano para dar números, pero es una certeza que habrá una recesión mundial, más profunda que la observada en 2008-2009. Lo mismo ocurrirá en México. Debemos prepararnos para una recesión severa y de duración incierta.

Cabe recordar que a medio fuego cruzado de la II Guerra Mundial, un economista publicó un informe que definiría el nuevo Estado de bienestar británico y, por extensión, occidental. A William Beveridge, miembro del Partido Liberal, le encargaron el informe tres años antes de que se apagasen los cañones de guerra anticipando lo que se venía sobre las sociedades de los países en contienda. De la misma manera, hoy, cientos de economistas claman por medidas urgentes, profundas, de protección a la ciudadanía ante el shock que nos ha traído la pandemia.

El centro de gravedad del debate ideológico se va a mover (¡se está moviendo ya!) hacia las posiciones que favorezcan la protección de los más vulnerables. No será algo temporal, acotado a la duración de la epidemia. Se trata de un cambio estructural, porque sus causas también lo son. El nuevo coronavirus ha hecho evidente que cualquier golpe inesperado sobre la actividad económica somete a millones de hogares a un coste humano inaceptable. Y deja en evidencia la debilidad de la llamada macroeconomía. Pero bueno eso es tema de otra colaboración.  

Por lo pronto, si queremos sobrevivir como sociedad y no solo como individuos aislados, debemos sobreponernos a nuestros temores y tejer de inmediato las redes de salvaguarda y de respaldo social necesarias para contrapesar los efectos brutales de esta tragedia entre los más pobres y los más débiles.

Sin duda, en esta aguda crisis aplica la famosa frase del escritor, guionista y fotógrafo mexicano Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo: “NOS SALVAMOS JUNTOS O NOS HUNDIMOS POR SEPARADOS”.

Un gobierno privilegiado, un pueblo sin agua y propenso a la desgracia.

Fabiola Serratos

En las últimas semanas hemos visto circular por redes sociales el ya famoso #QuedateEnTucasa pero lo específicamente vergonzoso de esta tendencia, es la cínica forma en la que servidores públicos privilegiados exhortan a la ciudadanía hacerlo cuando las principales necesidades de ésta no son apoyadas.

Hasta el día de ayer muchas colonias reclaman en redes sociales la pronta resolución  de este problema tan grave, pues cabe recalcar que mientras ellos se regocijan en la seguridad de sus casas, la clase obrera y comerciante.

(La misma que no visitan a menos que sean épocas de elecciones) esa no tiene el servicio básico para protegerse, pasan horas haciendo fila en espera de pipas  de agua y otros más tienen que cooperar entre vecinos por este servicio.

El día de ayer desde San Sebastián se lanzó un comunicado y en conjunto hicimos una red de apoyo que fue reportada en varias ocaciones llegándonos a reconocer cómo Spam. Aunque nuestro gobierno gaste millones en publicidad, lo cierto es que a varias semanas de esta pandemia, comienza a verse la crisis, económica, social, de convivencia y una ausencia absoluta de apoyo a los ciudadanos. 

Si ya era complicada la idea de un encierro cuando se vive al día, es todavía más triste saber que muchos sectores no pueden ni siquiera mantener las medidas necesarias de sanidad por falta de agua y porque en algunas zonas la basura pasa solo una vez a la semana.

Nosotros en zona valle, los que por tandeo  si tenemos la posibilidad de tener  un poco más seguido agua, debemos ser solidarios ¡ni albercas,ni convivencias! Pues aunque no tengamos la forma de ir a compartir cubetas o pipas de agua es nuestra responsabilidad cuidar la que sí nos llega y sobre todo entender que no estamos en un periodo vacacional.

Mientras tanto nuestro querido y cínico gobierno antes de promover desde la comodidad  de sus hogares el quedarnos en casa,  los invito a cumplir su deber en las colonias con más vulnerabilidad  ya que si un pueblo está seguro no suenan a sarcasmo, burla y ofensa sus videos, fotografías y publicaciones en sus preciosas casas.

“No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”

Hermanos de Cristo

Alfonso García Sevilla

Una de las obligaciones que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos le otorga al presidente de la república es la de preservar la seguridad nacional en términos de la ley, así pues, La Seguridad Nacional tiene como objetivo la conservación, la estabilidad y la continuidad de cualquier sociedad, así como la protección a la vida y bienestar de sus ciudadanos. Cada día surgen nuevos riesgos y amenazas que afectan a la Seguridad Nacional, algunos procedentes de la naturaleza y muchos otros de la mente humana. Aunque se suelen mencionar riesgos y amenazas como el terrorismo, los ciberataques o el crimen organizado, y el que actualmente enfrentamos: el coronavirus.

México actualmente padece una crisis en materia de seguridad, cuya amenaza primordial es la delincuencia organizada, siendo los cárteles del narcotráfico, los más poderosos y cuya fortaleza día a día, lejos de ser un blanco de combate de nuestras autoridades, se les percibe como un imperio bien cimentado, sin la capacidad del Estado mexicano de debilitarlo, o quizás sin la más mínima intención de hacerlo.

Este cáncer genera ganancias anuales, según estimaciones de expertos, del nivel de los 600 mil millones de dólares, derivadas, además del narco, por el tráfico y trata de personas, huachicoleo, secuestro, cobro de plaza, entre otros y que cobra la vida de miles de mexicanos al año, tanto en la disputa por los mercados, como por los daños colaterales y a las víctimas de estos ilícitos.

Un estadista que se ocupa de los mandatos de la soberanía actúa en consecuencia del problema. La delincuencia organizada debe ser vista como lo que es: un enemigo a la seguridad nacional.

¿Puede el estado mexicano hacer cualquier gestión para que “por razones humanitarias” ayudar a la madre del “Chapo” Guzmán a tramitar una visa y que lo pueda visitar en Estados Unidos, donde se encuentra preso?

¿Tendrán derecho a ellas a sabiendas de cuántas vidas ha cobrado el “negocio” de su vástago? ¿No resulta increíble el video donde el jefe del ejecutivo nacional, de manera muy casual, como si realmente fuera cualquier ciudadano, saluda a la madre del “Chapo”? en un entorno de criminales y la comitiva presidencial.

A un año de gestión de la 4T, no se perciben acciones contundentes en materia de seguridad que permitan tener la certeza de que podemos revertirlo y minimizarlo, por lo pronto, 2019 y 2020 ya son años perdidos contra la delincuencia, sin una política pública de largo plazo que permee en este sexenio.

Ciudad Fantasma

Karen Ortega/Guadalajara

Las medidas preventivas  para evitar la propagación del Covid -19 que en el Estado de Jalisco dieron inicio desde el pasado 13 de Marzo con el anuncio de la suspensión de clases en la Universidad de Guadalajara han conllevado a tomar medidas con mayor grado de decisión, pues las clases a nivel básico, así como el cierre a comercios donde tienen gran afluencia de personas y cancelación de eventos masivos, han llevado a cambiar la rutina y el ritmo de vida de las personas en la zona Metropolitana de Guadalajara.

Un claro ejemplo de este momento lleno de incertidumbre, se puede encontrar en el Centro Histórico de la ciudad de Guadalajara. Caminar por sus calles que día a día son transitadas por miles de personas entre ellas turistas, hoy podemos observar una calma que se convierte en un ambiente lleno de tensión, pues la economía podrá verse afectada por el paro laboral obligado.

Es casi nulo ver personal de seguridad, las personas en situación de calle destacan entre las pocas personas que transitan por la zona, mismas que solo tienen como dirección cumplir con su horario laboral que en algunos casos fue disminuido, pues algunos negocios de cadenas comerciales no se han visto obligados a cerrar totalmente.

Sin embargo, los negocios locales muestran su fachada con la cortina abajo acompañado de avisos a su clientela, donde estiman que el día de mañana 25 de marzo todo regresara a la normalidad, pero el panorama que hasta esta hora presenta el país no deja en claro que futuro cercano tiene este.

Sin duda, la mayoría de los tapatíos han demostrado un comportamiento social responsable, pues las medidas sanitarias propuestas por el Gobierno Estatal y de la Secretaria de Salud han tenido aceptación en la población, manteniendo a su vez una actitud positiva ante esta pandemia.

¿Quiere ser un ilustre mexicano?

Quirino Velazquéz

El presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en que su triunfo en la elección de 2018 fue una ruptura con el pasado y que estamos en una nueva etapa en la historia de México. La primera señal de esa nueva época, dice, es el liderazgo político diferente que él encarna.

Fue el cambio verdadero: los nuevos tiempos de la justicia y del progreso para todos, “por el bien de todos primero los pobres”. ¿Cómo culpar a quien votó ante tal promesa? La narrativa era poderosa por simple: el país ha sido capturado por una élite rapaz que debe ser sometida por un hombre que represente un cambio radical y sin tibiezas: que recupere el gobierno para la gente. El problema a radicado en hacer de los símbolos de esa narrativa electoral políticas de gobierno.

El presidente AMLO llegó al cargo con la promesa principal de generar una transformación histórica comparable a la gesta de la Independencia (el movimiento armado para liberarse de los 300 años de dominio español y que tuvo lugar de 1810 a 1821), a la de la Reforma (la guerra entre liberales y conservadores de 1858 a 1861. Tras este conflicto surgieron las «Leyes de Reforma», entre las que destaca la separación de la Iglesia y el Estado. Benito Juárez, el personaje que más admira López Obrador, fue el protagonista central de este momento) y a la de la Revolución (conflicto armado contra el régimen de Porfirio Díaz entre 1910 y 1917. Al final de la Revolución se promulgó la Constitución que rige actualmente en México). Le puso nombre a la proeza: la Cuarta Transformación de la República. La cuarta, dijo, porque tenía que ser genuinamente heroica para llevar a su líder a las mismas páginas donde se escriben los nombres de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez, José María Morelos, Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide; Benito Juárez, Mariano Escobedo, Juan Álvarez, Miguel Lerdo de Tejada, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Ignacio Zaragoza; Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Venustiano Carranza, Felipe Ángeles y José María Pino Suárez, Enrique, Ricardo y Jesús Flores Magón (por mencionar algunos).

Sin embargo, se sabe que ninguno de los ilustres mexicanos, que mencioné, eligió sus circunstancias ni diseñó los escenarios donde actuaron: Ninguno de ellos se propuso ser ícono de la historia nacional, sino que lo fueron por la firmeza de sus convicciones y por las decisiones que fueron tomando sobre la marcha. La historia no es nunca el producto de una sola voluntad sino una combinación fortuita de situaciones y personas: nadie elige el tiempo en que ha de vivir ni tampoco los retos que ha de enfrentar.

Por eso, la diferencia entre el personaje heroico y el personaje intrascendente es el sentido de oportunidad y la reacción inequívoca ante los retos que deben enfrentarse. Los grandes constructores de la historia fueron, primero, grandes lectores de su entorno: entendieron los momentos que vivían y se adaptaron a ellos. Nunca quisieron someter la realidad a golpe de palabras sino afrontarla con hechos, inteligencia y decisión.

Así, a la Cuarta Trasformación le llegó el tiempo de enfrentar la realidad. La crisis que se avecina, producto de la pandemia global del coronavirus y de la caída de los precios del petróleo, hace inviable la aventura histórica del presidente López Obrador.

Por nuestra parte, tenemos que cobrar conciencia de que, al volver de la pandemia del ya mundialmente famoso Covid-19 ya no seremos los mismos. Ni la situación que viviremos será igual. Se observan razones para hacer esta aseveración: la economía estará en crisis. No sólo habrá dejado de crecer, sino que se habrá producido una devaluación y, muy probablemente, habrá una secuela inflacionaria. Dicen los que saben de economía que este escenario ya es inevitable. Como resultado de esa crisis habrá menos recurso$ para invertir y redistribuir: se habrán perdido empleos y habrá que remontar un nuevo período de pobreza para quienes tienen menos y una mayor desigualdad social. Ninguno de esos efectos podrá mitigarse por completo regalando dinero del erario público, no sólo porque el presupuesto tendrá que ser ajustado, sino porque esa nueva tendencia de pobreza y desigualdad vendrá de la caída del empleo, de la pérdida del poder adquisitivo, del cierre de empresas y el desplome del consumo.

Lo anterior no son profecías apocalípticas: describo los hechos que, aunque no quisiéramos, vamos a tener que afrontar al volver del aislamiento obligado por el fatal coronavirus. Además, es de imaginar que dadas esas circunstancias tendremos que lidiar con la combinación de la desesperanza y la desesperación (esas gemelas abandonadas por la misma madre) que, como ya estamos empezando a ver, alimentarán el resentimiento social, los reclamos iracundos y las muchas violencias que, ya de suyo, nos han venido agobiando desde hace muchos años a causa de la conocida guerra fallida de Felipe Calderón. Y el gobierno de la Cuarta Trasformación no podrá hacer frente a esos desafíos repitiendo lo mismo que ha venido haciendo, porque los enemigos han cambiado y esta vez son globales y muy poderosos.

Ahora sí, señor presidente Andrés Manuel López Obrador, es hora de sacar la casta. Usted no está sólo cuenta con el apoyo de una formidable cantidad de intelectuales y cuadros técnicos de primer nivel, con el aparato de su partido Morena (una agrupación heterogénea de líderes propios y dirigentes reciclados de la ex partidocracia gobernante) y, sobre todo, de una ciudadanía esperanzada. Nunca fue más cierto que “por el bien de todos, primero los pobres”. Pero nunca fue más importante reaccionar con flexibilidad ante los hechos que nos desafían y no confundir el coraje con la ira, ni la prudencia con la cobardía, ni la tenacidad con la necedad. ¿QUIERE SER UN ILUSTRE MEXICANO? Pues ahí tiene la oportunidad: es ahora cuando necesitamos que la Cuarta Trasformación se haga realidad.

Aves de Tempestad

Alfonso García Sevilla

Una definición básica de la política la podemos entender cómo ponerse de acuerdo los habitantes de una comunidad para tomar las mejores decisiones que incidan en su beneficio. Cada tres años nos encontramos a personas que nos dan a conocer sus propuestas para mejorar nuestro entorno y que son la mejor opción para tomar las riendas del municipio, estado y país, aunque la experiencia nos dice que, a la fecha, los que han tenido esa responsabilidad nos han fallado sistemáticamente.

Hoy, a unos días de iniciar con las medidas necesarias para establecer cercos a la pandemia mundial del coronavirus, que tantas afectaciones ha dejado en varios países del mundo, algunos actores quieren sacar raja política y ventaja en tiempos donde es necesaria la unidad, la prudencia y acatar las medidas decretadas por las autoridades.

Primeramente, la senadora emecista Verónica Delgadillo, a quien le urge un asesor en materia de comunicación política, circula en sus redes un cuadro comparativo entre las medidas tomadas por el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro y las del gobierno federal, con el fin de ganar simpatías más allá de sus boots en redes, efecto que en consecuencia fue desastroso para ella, al cuestionarle que lejos de atacar, se ponga a trabajar. No es la primera vez que la senadora naranja tiene desatinos en sus mensajes, es bien reconocida por ello.

Segundo caso, el presidente López Obrador, insiste que la crisis por el coronavirus, no lo es, incita a la gente a no tomar medidas y en un abierto reto a la inteligencia del ciudadano, declara que en solidaridad al pueblo ha decidido la baja de la gasolina. En el mismo sentido debería decir que también él hizo bajar los precios del petróleo o que gracias a él, el dólar rebasa hoy los 25 pesos.

Ricardo Anaya al aprovechar la polarización que genera AMLO en su comunicación, sale en un video en redes sociales, a pedir la unidad nacional y a dejar en claro que sale de las sombras después de su estrepitosa derrota electoral de 2018. Sin ser especialista en temas de salud, poco o nada ayuda a la crisis ante la pandemia que vivimos y las mismas redes se lo han echado en cara.

Y así otros ocurrentes, como el diputado panista de Guanajuato que salió a regalar gel antibacterial con su nombre y logo de su partido, que no entienden que ante realidades como las que estamos viviendo, mucho ayuda el que bien informa y además, no estorba.

Politólogo, profesor universitario y miembro del Claustro Académico del ITEI

LO MEJOR PARA QUEDARSE EN CASA

Ángel Cárdenas

FRANCO ESCAMILLA

Disponible en YOUTUBE

Te encuentras aburrido y buscando algún pretexto para salir ¿cierto? pues ya no lo necesitas, disfruta libremente del contenido de Franco Escamilla visitando su canal en YouTube, este ingenioso comediante te aseguro te sacará más de alguna risa y es ideal si te encuentras con alguien más pues un muy buen rato será lo que obtendrás por resultado.

TIK TOK

Busca la aplicación en Google Play o App Store

Bueno tal vez YouTube ya no te interesa tanto o quieres encontrar algo más nuevo, no hace falta buscar mucho, sólo abre tu tienda de aplicaciones en tu Smartphone y descarga está aplicación, en ella podrás hallar vídeos cortos pero llenos de creatividad además de un estilo único, aparte de visualizar contenido de otras personas también puedes subir tus propios vídeos cortos y divertirte en el transcurso, una aplicación ideal para tu entretenimiento en estos días que seguro ya deseas terminen.

Privilegiados, Necesitados y los irresponsables.

Sino nos mata el virus, nos mata el hambre o la indiferencia.

Fabiola Serratos


A casi dos semanas que iniciará esta pandemia, muchas han sido las noticias y las alarmas, gobernantes oportunistas que disfrazan sus intereses con precauciones y falsa voluntad, hasta un presidente del que a veces cuestionamos su cordura.

Pero los de abajo, los que estamos en la parte más vulnerable del país, quienes hemos sido bombardeados con noticias falsas, restricciones, etc. Somos quienes realmente han vivido una crisis e incertidumbre bastante severa.

Las redes sociales nos han dejado en evidencia tres grupos de personas que surgieron en estos días.

Los privilegiados.
Los que tiene oportunidad de hacer cuarentena, resguardarse y hasta dirigir campañas de cuidado “quédate en tu casa”

La clase media baja.
Entre comerciantes y obreros, son quienes con temor o incertidumbre continúan sus actividades rutinarias pues de ellas dependen el día a día y el sustento que puedan ofrecerles a sus familias, para ellos aun no existe el quédate en tu casa y es más alarmante la idea de no poder alimentar a sus familias que contraer un virus. “Sino me mata el virus me mata el hambre”

Los irresponsables.
Ante una pandemia mundial, muchos podemos hacer crítica y reflexión en cualquiera de sus ámbitos, lo que si no es válido es ignorarlo, evidenciar nuestra mediocridad e indiferencia en actos que ante tan contra la salud no sólo de ello sino de los millones que somos en este país.

Pareciera una burla que mientras madres solteras, padres de familias e incluso personas de la de la tercera edad tienen que dejar su resguardo para alimentar a sus familias, un sector de la población aún asiste a bares, fiestas, convivencias o peor aún, han visto la cuarentena como un periodo de vacaciones en el cual no han tenido ni la más mínima precaución.

Quizá de entre todo lo que podemos analizar es el desabasto que tenemos en el sector salud y qué si es verdad o no una pandemia. Lo cierto es que nuestro sistema de salud no podría con algo así.

Tenemos en nuestras manos la responsabilidad más grande y no la hemos comprendido porque no sabemos ser responsables de nosotros mismos. Siempre en espera de ser obligados a tomar desiciones y siempre culpando a otros de lo que no tenemos iniciativa ni deseos de solucionar desde nuestra persona.

Así como surgen manos voluntarias y buenas acciones, las crisis también dejan salir lo peor de las personas y esperamos que al paso de las semanas logremos ver más conciencia y menos indiferencia.

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