Retrato Hablado

Tequila, Jalisco

Retrato hablado. Así te vemos Guadalajara

Foto: Armando Parvool
Texto: Víctor Hugo Ornelas

Otomiés y Chichimecas fueron los primeros en pisar ésta tierra volcánica y rojiza que se extiende sobre la superficie bajo un clima semitropical adornado por un paisaje donde la planta de agave es protagonista.

Era entonces la tierra del mezcal, una bebida que se obtenía antes de que se conociera el proceso de destilación, que fue introducido en la región en el año 1600 por un padre franciscano, que se maravilló del jugo obtenido del peculiar cactus, el cual florece una sola vez en su vida y es polinizado por el murciélago tequilero.

En la actualidad, Tequila es uno de los ocho pueblos mágicos de Jalisco, su reluciente kiosko es muestra del colorido y magia de esta tierra de murales y esculturas; de galerías, restaurantes y museos. Hogar de antiguas destilerías, de productores caseros y de grandes industrias.

Este pueblo ubicado en el centro norte de Jalisco le da color a la entidad, le brinda historia al país y se encarga de darle nombre a una bebida que ha conquistado el mundo entero.

Laguna de Cajititlán

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Foto: Armando Parvool
Texto: Víctor Hugo Ornelas

Con nueve kilómetros de longitud y conformada por los escurrimientos que recorren las grietas de los cerros que la rodean, la Laguna de Cajititlán, ubicada en el poblado del mismo nombre, perteneciente al municipio de Tlajomulco, es un sitio único en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

La laguna esconde en la profundidad de sus aguas historias y leyendas que alimentan su majestuosidad, recorrerla en una lancha o caminar a sus orillas es saludar a la naturaleza, pero más allá de todo aquello, el mejor regalo que guarda este vaso lacustre son sus atardeceres.

La mezcla de colores cálidos que invaden el cielo se reflejan de manera fiel en un espejo de agua que por momentos parece inerte, como si se detuviera a contemplar la luz que de manera altanera se dispersa sobre el firmamento.

La Laguna de Cajititlán se mantiene imponente, lucha y sobrevive ante los errores y embates del hombre, es un cuerpo de agua con vestigios prehispánicos que se alimenta del cielo y de la tierra. Sinónimo de vida, de historia y tradición, le inunda el misticismo y la acoge la fe.

San Lucas Evangelista

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Foto: Armando Parvool
Texto: Víctor Hugo Ornelas

Un baluarte del barroco y de la historia se encuentra en San Lucas Evangelista, en Tlajomulco, donde reposa una capilla de cantera que se comenzó a edificar en el año 1640.

Los detalles de éste templo que forma parte de la Ruta Franciscana, cuentan parte de la vida de la comunidad que fue conquistada espiritualmente por Franciscanos, pero construida con la fuerza y el sudor de los nacidos en estas tierras.

La estructura se edificó sobre un predio en cuyas entrañas corren mantos acuíferos. Con el tiempo, la pesada piedra comenzó a hundirse y ahora se mantiene con la ayuda de morteros.

Figuras antropomorfas labradas sobre cantera conviven con ángeles, músicos, canteros y un par de toros que sobresalen en la piedra como parte de la narrativa del lugar.

Caminar hacía la entrada del templo en San Lucas Evangelista es andar entre los muertos, pues en el atrio aún se conserva y opera el cementerio de la localidad, característica que le otorga un misticismo único.

El Hombre en Llamas

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Hombre en Llamas/Museo Cabañas

Foto: Karen Ortega
Texto: Víctor Hugo Ornelas

Entrar a la bóveda del Museo Cabañas obliga a la mirada recorrer cada uno de sus rincones, pero es en la parte alta, al centro de su cúpula, donde encontraremos el legado de José Clemente Orozco con su obra «El hombre en llamas».

La pintura realizada entre 1938 y 1939, es considerada una de sus piezas más representativas del artista tapatío. El hombre prometéico que asciende envuelto en el fuego divino, es también para muchos una expresión de reclamo social que muestra la injusticia y corrupción imperantes.

El fresco es un ícono de la identidad y cultura jalisciense, junto con el Tequila y el Mariachi fue declarado patrimonio cultural de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

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Cuexcomatitlán, Tlajomulco de Zúñiga

Foto: Armando Parvool
Texto: Víctor Hugo Ornelas

Cuando escuches una leyenda sobre un lugar que se edificó en el terreno de un panteón recuerda al pueblo de Cuexcomatitlán, municipio de Tlajomulco, su actual templo fue construido en la última década sobre el terreno en el que solía estar el Campo Santo.

Sus colores y arquitectura evocan a una cultura asentada a orillas de la laguna y evangelizada por Franciscanos, además conserva la cruz atrial que se remonta al siglo XVIII, “la cruz atrial siempre estaba en el atrio de las iglesias de ahí su nombre porque en el atrio de las iglesias era el cementerio o tierra Santa y la cruz estaba ahí porque a tierra Santa entonces era iglesia purgante la que estaba ahí sepultada la gente que asiste a misa era iglesia militante y el altar iglesia triunfante”, narra José Luis, cronista.

Ésta edificación acompaña a una capilla antigua del estilo barroco que se construyó en 1752 y que era parte del complejo de la casa de indias del lugar

El templo de Cuexco se levanta imponente con la vista al norte, coquetea con la geometría, rompe el silencio con sus campanas y se convierte en un romance para las miradas.

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