Política

¡Chapulines y se ofenden!

Hace días un comentario en redes sociales me dio para un análisis un poco más detallado sobre los chapulines. Sí, sobre aquellos rostros que hemos visto figurar en casi todos los partidos políticos y aunque en resumidas cuentas sabemos que se debe al interés del “hueso” y el enriquecimiento, me nació el interés de compartirles la incongruencia vergonzosa con la que brincan de un lado a otro.

Suponemos entonces que cada partido político tiene una derecha o una izquierda y que cada uno tiene principios peculiares.

Yo apostaba en mi publicación a la educación y a la necesidad de tener gobernantes preparados que comprendieran que en el municipio ese tema es terrible y está en abandono. Lo qué enseguida disgustó algunas personas militantes de un partido de izquierda, entonces indagué hasta comprender que la mayoría de los chapulines no tienen idea alguna de lo que refiere su posición, ni los principios de su partido.

Me encontré con comentarios basados principios religiosos, doble moral y que incluso se mencionaba que el éxito refería a una posición económica donde la educación académica no era necesaria. Cómo habrán de saber algunos soy de profesión filósofa y eso me hubiera dado mucho material para iniciar un debate que por evidentes razones consideré en desventaja e innecesario.

Lo que sí pude rescatar fue la intención de entablar con más saltarines ese tema y efectivamente me encontré con las mismas contradicciones.
En el municipio los viejos partidos políticos no representan principios, no representan nada más que una cortina de hipocresía en la que saltan de un lado a otro con la pretensión de salvar el privilegio. No se aferran a la ideología que profesan. Un día son una derecha conservadora y otro día son una izquierda revolucionaria. Incluso podemos decir que Tlajomulco dio vida a una nueva ideología.

Aquí son “conservadores cerdos capitalistas de izquierda” siempre y cuando convenga.

Me gustaría recomendarles que reflexionemos sobre todos esos rostros incongruentes, que hoy serán de limón, que parece de piña y sabe amargo. Porque presunción de buenas acciones veremos como cada elección.
¿Quienes son?
¿Qué hacen?
¿Cuáles su profesión?
¿De verdad representan los ideales de su partido?

Porque cuando se ha andado de partido en partido lo cierto es que no se tiene una ideología fija y por lo tanto la argumentación de la buena voluntad no es más que una excusa y método de manipulación sobre valorada. “El que cree que la educación es cara no sabe lo que cuesta la ignorancia”

El Poder y la Soberbia

Tiempo de contar…

“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”. -José de San Martín-

Quirino Velázquez

Aquiles creía que era hijo de Zeus. Pero no lo era. Aquiles creía que era todopoderoso. Pero no lo era. Aquiles creía que era invencible e inmortal. Pero no lo era. Muchos hombres, particularmente los que se dedican a la política, de todos los tiempos han creído que son como Aquiles. Pero no lo son. Esa patología la han llamado el Síndrome de Aquiles. También se le ha conocido como mareo de altura o alpinismo de ladrillo.

En la historia inacabada de la política, el poder y la soberbia o la soberbia y el poder, se acompañan dando lugar a gobernantes que, alimentándose de ambos factores, pierden el horizonte de su condición transitoria y llegan a creer que nunca dejaran el cargo y hasta inmortales se creen. Son muchos los casos en que por accidente o sin accidente alguien deviene en gobernante, se instaura en el poder con un discurso de humildad y de servicio para terminar erigiéndose en sátrapa devorador de los dineros de su propio pueblo. Mucho de ello tiene que ver con la creencia de la eternidad y de que nunca menguará su poder.

Un ejemplo de la mezcla de esa soberbia con el poder lo dio Napoleón Bonaparte cuando logró que el Papa fuese de Roma a París especialmente para coronarlo en la catedral de Notre Dame. Pero en la ceremonia Napoleón tomó la corona en sus manos y se coronó él mismo con los símbolos imperiales frente al Papa, mostrando así una mezcla de poder y soberbia para destacarse por encima de todos los ahí presentes, incluido, desde luego, el representante de Dios en la Tierra.

La actitud que mostro Napoleón es una mezcla de prepotencia, orgullo, presunción, jactancia, vanidad y desde luego la esencia del soberbio: un gran deseo de estar por encima de los demás. El comportamiento de Napoleón me ha tocado verlo en muchos políticos, que tras un tiempo de haber recibido el poder parece que se transforman y se llenan de soberbia.

Les cuento que alguna vez (cuando aún no había reelección) un presidente municipal de Tlajomulco me preguntó cuál debería ser el mejor año de su trienio. Sin la menor duda, le contesté que el cuarto año. Me fijó su mirada y esbozó una sonrisa fingida cómo si hubiera oído un chiste malo. Y es que, en el fondo, no me creyó.

En aquella ocasión, el presidente municipal me vio con desdén y no como lo que era, y sigo siendo, un aprendiz de la política, pero realista. Ese presidente se dedicó, por completo, tan sólo a su presente. Sin embargo, hoy está convencido de que no le habrá de alcanzar su futuro para pagar todo lo que le quieren cobrar. No lo aprecian, no lo emulan y no lo respetan. Me duele mucho haber acertado.

Hubiera querido decirle al presidente que los tres años deberían ser la siembra de una cosecha final. Que, si así lo hiciera, el cuarto año sería aquel en el que más lo apreciaran, más lo emularan y más lo respetaran. El año en que lo extrañaran y en el que lo presumieran. El año en el que, ya no siendo funcionario, todos se sintieran orgullosos de su amistad, de su presencia o de su compañía.

Ahora bien, se afirma que el poder hace a la esencia de la vida política, implicando una relación de mando y obediencia. Tener poder es la posibilidad de producir consecuencias intencionalmente en otro u otros, a través de ciertos medios físicos o ideales. El poder político siempre se desarrolla entre seres humanos. El poder es una energía que logra la obediencia por medio de promesas de premios o amenazas de castigos. También se afirma que el poder, particularmente el poder político, es mágico, magnético, obsesionante, adictivo, envicia y puede ser fatal si no se sabe manejar, o mejor dicho controlar.

Es sabido que cuando el poder pierde el sentido de servir y el poderoso lo utiliza para servirse de los demás se convierte en un hombre soberbio que no escucha, únicamente acepta la adulación más no la crítica que le hacen ver sus errores. La adulación es parte de la vida del poderoso que pierde el piso y se sube al ladrillo, cuando la soberbia se apodera de la política se pierde la política como vocación de servicio. En el ejercicio del poder sobran los aduladores y los conversos radicalizados.

Decía Tomas de Aquino que “Sólo la soberbia y la envidia son pecados puramente espirituales, que pueden competer a los demonios”. Por su parte, Ramiro de Maeztu expresaba que el pecado del diablo es la soberbia, no porque sea muy malo, sino porque se cree muy bueno. De allí se deriva un poder putativo (que es considerado como propio o legítimo sin serlo). Si yo soy bueno, entonces soy superior y todos deben obedecerme. De la imaginaria bondad se pasa al sofisma de la prepotencia. Robespierre llegó a tener la soberbia de creer en su humildad, porque no se consideraba un hombre superior sino, tan sólo, un “Dios” menor. Otro tanto tiene que ver con la ilusión de la omnipotencia.

También la desmesura suele manifestarse en la borrachera del ejercicio del poder. Ese fenómeno se expresa en el viejo aforismo referido por Ángeles Mastretta: “El poder ofusca a los inteligentes y a los pendejos los vuelve locos”.

No tengo la menor duda, porque la historia así lo dice y además porque lo he visto, que el poder marea a los políticos inteligentes, pero, a los “pendejos”, los enloquece, la soberbia es un signo inequívoco de este mal. tal como diría el general jalisciense Marcelino García Barragán que nos dejó muchas lecciones de honor y de sabiduría.

La “soberbia política” es muy fácilmente diagnosticable toda vez que el gobernante presenta los siguientes síntomas: es egocéntrico; muestra una confianza desmedida en sí mismo; es imprudente; se siente superior a los demás; le otorga una desmedida importancia a su imagen; ostenta sus lujos; es excéntrico; se preocupa porque sus rivales sean vencidos a costa de cualquier cosa; no escucha a los demás; es monotemático; se siente iluminado y aunque falle, no lo reconoce.

En este camino, muchos pensadores opinan que se debe volver a recuperar una virtud (y una actitud) que la declinante política parecía haber olvidado: la humildad. Ese es el antídoto para combatir la soberbia. Por lo tanto, el político debe admitir sus errores y asumir su responsabilidad. Debe evitar aparentar ante los demás que lo sabe todo y, en consecuencia, debe aprender a decir con humildad “no lo sé”.

Lamentablemente la experiencia ajena nunca es extrapolable y menos aún sirve de guía para quien desde el poder cree que lo puede todo y contra todos. Cuando aquel político se dé cuenta de la realidad será tarde y le pasará quizás, metafóricamente hablando, lo mismo que le aconteció al héroe de la guerra de Troya (Aquiles). Aquiles creía que era hijo de Zeus. Pero no lo era. Aquiles creía que era todopoderoso. Pero no lo era. Aquiles creía que era invencible e inmortal. Pero no lo era.

Finalizo con la innegable la frase del militar y político rioplatense y uno de los libertadores de Argentina, Chile y Perú, José Francisco de San Martín y Matorras: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

Arrecia la saña criminal

Alfonso García Sevilla

Es como versa el título de la nota informativa que aparece el día de hoy en la sección “Justicia” del diario “Mural”, al dar cuenta de la aparición de una cabeza humana, a las afueras de un comercio en una de las colonias más exclusivas de la ciudad, y que se asegura pertenece a un trabajador del mismo que se encontraba desaparecido. En lo que va del año es la tercera cabeza humana que aparece en Guadalajara con un mensaje amenazante.

Asimismo, el diario “El Informador” en su nota principal señala que “Durante el primer año de la presente administración estatal, en Jalisco aumentaron 18 delitos del fuero común, de 41 modalidades y subtipos que reporta la Fiscalía al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Por ejemplo, en 2018 se registraron dos mil 418 víctimas de homicidio doloso, frente a los dos mil 672 asesinatos del año pasado. 36 mil homicidios dolosos cometidos en 2019 y la prevalencia de impunidad en 9 de cada 10 casos.”

Lamentable resulta que en cada ocasión que se dan a conocer cifras de la inseguridad y sus costos en México no veamos reducción en su incidencia, por el contrario, estas tienden a aumentar, y siguiendo con la nota del Informador, según un análisis de la organización Causa en Común, sobre delitos reportados al Sistema Nacional de Seguridad Pública, los de mayor subregistro son: feminicidio, extorsión, secuestro y robo. “Sobre el robo, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública señala que la cifra negra del asalto en calle o transporte público fue de 94.7%. Y del robo en casa habitación, de 89.1%”, se expone.

¿Qué hacer ante el trinomio perverso impunidad, violencia y ausencia de autoridad? ¿Cómo podemos los ciudadanos prevenir ser víctimas de la delincuencia en nuestros bienes? Difícil situación a la que nos enfrentamos, más porque parece que, a un año de su arribo al poder, los encargados de la seguridad pública nos han dejado solos y el incremento en las cifras así lo demuestran.

La Guardia Nacional se ha quedado corta, y no se ve que en lo inmediato los diferentes ámbitos de gobierno se coordinen para mejorar su funcionamiento, más allá de las ocurrencias presidenciales de “abrazos, no balazos” y “fuchi, guacala”.

Diles lo que quieren oír.

Fabiola Serratos

Decía un sabio filósofo y ex colega que para uno conseguir llegar a sus metas había que decir lo que otros querían escuchar. Porque dentro de la política hay que pintar esperanzas y buenos actos para que crean en personas infames.

Cabe recalcar que lo de filósofo era mero sarcasmo pues en realidad estaba evidenciando al «culto» director de atención ciudadana del cuál aprendí todo lo que NO se debe hacer en una campaña.

Comienzo contándoles un poco de esto, pues Justo con esa frase me dio por iniciar a escribir sobre todos los resucitados o aquellos que recién nacen para figurar e irse posicionando en la política. Es año de promesas, de convivios y de reactivar figuras que serán necesarias para la siguiente campaña.

Así entre tamales y fotografías de humildad nuestros magnates vuelven a darse baños de pueblo. Aunque muchos sabemos cuáles son las intenciones y pactos.

No es que vivíamos en una sociedad ingenua, me sorprende y satisface ver gran cantidad de habitantes críticos que han fomentado conciencia en redes sociales. Mientras otros más por privilegios y atenciones se convirtieron desde hace tiempo en tapetes y protectores de corruptos.

Lamentablemente la falta de representación verdadera hace que gran parte de la población deteste la política, dando entonces a la minoría el derecho de elegir sobre todo el municipio.

El año de elecciones es similar a una relación tóxica. Dónde durante tres años uno tolera cualquier tipo de abuso pero cuando ya se decide a terminar con tal cosa, viene la promesa del cambio.

La farándula, lo vulgar, la hipocresía cubierta con un velo de cinismo y oportunismo insensato. El ciclo donde los grilleros agarran chamba, donde los líderes se ponen precio y le ponen precio a su comunidad, donde los amigos dejan de serlo aunque se pongan frases de apoyo en redes. Dónde los pactos van tomando forma y los oportunistas van agarrando lo poco o mucho que sienten merecer, aunque se lleven a muchos entre sus malas decisiones.

Solo quiero compartirles que entre las tantas cosas por las que personalmente elegí mantenerme en la literatura y el activismo dejando a un lado los grupos políticos que pintaban a ser un verdadero cambio fue precisamente por todo lo mencionado en esta columna. Desde la frase popular “diles lo que quieren oír” hasta “la gente no quiere ayudarse, viven así porque quieren y uno debe buscar también su beneficio”

Personas así van a desfilar nuevamente, no importa cuantos baños de pueblo se den, no importa cuanto amor profesen a su comunidad, quien alardea de liderazgo y poder tiene sólo la finalidad de colocarse en un cargo. Cuando se tiene la verdadera intención de participar, un líder se aferra a su proyecto. Se busca en conjunto la estrategia adecuada para competir y crecer.

Entre partidos políticos titánicos unos ya con estrategia otros más sin pies ni cabeza y los seudoindependientes que presumen con orgullo en sus borracheras sus pactos con sus nuevos jefes (aquellos contra los que dijeron competir y quitar del poder).

Viene el año de la creatividad y nos corresponde a todos buscar las alternativas convenientes y lo más honestas posibles para mejorar el lugar donde vivimos.

No se trata de figurar como salvadores sino de ayudar a nuestra gente a generar un carácter crítico, decidido y que al elegir sepan que ellos y su comunidad son lo primero. Antes que cualquier promesa de político.

La cuarta Utópica

Alfonso García Sevilla

Se cumplieron 103 años de nuestra Carta Magna, concebida como la primera Constitución de corte social del planeta y que albergó desde su nacimiento las causas revolucionarias que dieron pie al surgimiento de un nuevo régimen político, la tercera transformación, al establecernos como una República representativa, democrática y federal. Así pues, se consagran en ella para los aquí nacidos las Garantías Individuales (hoy derechos humanos por la reforma del 2011) y se reconocen derechos y libertades sociales tales como: el derecho a la libre expresión, asociación y tránsito, Derecho a la educación, siendo ésta otorgada por el Estado de manera laica y gratuita, a la libre profesión de cultos, a una jornada máxima de 8 horas de trabajo, acceso a una vivienda digna y a la salud, entre otros más.´

Hoy la realidad mexicana nos demuestra que desde su nacimiento, a un siglo de distancia, el espíritu del constituyente post revolucionario sigue sin verse realizado en un país justo y con oportunidades y acceso al bienestar integral del mexicano. Hoy vivimos una profunda crisis económica y social derivada de décadas de omisiones por parte de los gobiernos, de ejercer las obligaciones que les mandata la Carta Magna.

Los estudios de la OCDE no mienten, según éstos cada año en México se ensanchan la desigualdad y la pobreza extrema, en contraparte aumentan la impunidad y la corrupción, cada vez más mexicanos trabajan más para vivir igual, y contraviniendo los preceptos de jornada de 8 horas y un salario que satisfaga las necesidades sustantivas de la familia, como lo marca la Constitución, los servicios de salud no son universales ni de calidad y cada vez empeoran, basta recordar la reciente crisis que atravesamos por causa del dengue, y la incierta y tortuosa transformación del Seguro Popular al Instituto de Salud para el Bienestar, Insabi, y el rezago educativo sigue sin abatirse gracias a los recortes recurrentes por las prioridades encauzadas al asistencialismo populista.

Siguiendo con datos duros, nuestro país es el segundo más violento en América; en lo que va del sexenio de AMLO, los homicidios suman alrededor de 35 mil debido principalmente a la guerra entre grupos delincuenciales y el narco y es el lugar más peligroso del mundo para el ejercicio del periodismo, con 13 periodistas asesinados durante la presente administración.

Todo lo antes expresado se refleja en lo expuesto por organismos como la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y Amnistía Internacional, que coinciden en señalar que en nuestro país se vive una grave crisis de respeto a los derechos humanos; los casos no disminuyen y no existe castigo a las autoridades que los violentan, por lo que nuevamente nos encontramos con la cifras que señala la OCDE: Somos el país más inseguro, corrupto e impune de sus miembros.

¿Nos hace falta una nueva Constitución que mejore nuestras condiciones? No lo creo, aun con sus más de 200 reformas sigue vigente su espíritu, lo que nos hace falta son instituciones limpias, comprometidas y eficientes para resolver la problemática social, en pocas palabras, estadistas que sepan cumplir y hacer cumplirla, así como ciudadanos capaces de conocer y exigir su cumplimiento… por lo que llegamos al centenario sin el cabal cumplimiento de una Carta Magna cuyo espíritu visionario no correspondió con la capacidad y compromiso de los encargados en aplicarla. Lástima de Constitución.

¿Se cumplirá con la pretensión utópica de AMLO de que este periodo 2018-2024 sea una transformación de la envergadura de la Revolución de 1910 y nos deje un legado de la trascendencia de la Constitución de 1917? Usted amigo lector ¿Qué opina?

MORENA y los tres anteriores “grandes” partidos mexicanos

Tiempo de contar…

“Puertas abiertas para que ingresen quienes tengan algo que aportar; puerta abierta para que se vayan los oportunistas (persona que se acomoda a las circunstancias para obtener provecho, subordinando, incluso, sus propios principios), mal que sufre cualquier partido en el poder”.  -Jesús Reyes Heroles-

Quirino Velázquez

La política no es algo elemental y sencillo, sino que es algo muy confuso y difícil. Sobre todo, en un país tan enredado como el nuestro. Con población y territorio muy grandes. Con desigualdades muy polarizadas. Con perversiones estructurales muy arraigadas. Con sistemas de sostén muy fracturados. Con dos vecindades muy conflictivas. Con un gobierno que aún no logra encarrilarse y con una oposición que aún no logra cimentarse. Y para acabarla, con factores anímicos que en mucho nos estorban y que en muy poco nos inspiran.

Así, es que no es nada fácil pensar la política. Mucho más difícil es hablar de política. Pero mucho más complicado que todo lo anterior, es hacer política. Y si no lo creen pregúntenles a los partidos y en particular a Morena.

En efecto, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se encuentra ante una de las encrucijadas decisivas de su historia, que solo podía abordar asumiendo su responsabilidad como lo que debería ser: un partido político hecho y derecho (con todas la de ley) cuya labor fundamentalmente es hacer política. Sin embargo, y muy a pesar de todo, los hechos demuestran lo contrario.

Hace algunos meses nos preguntamos si la política partidaria mexicana iba a cambiar por el hecho de que teníamos nuevo de presidente y nuevo partido en el poder. Al parecer la realidad nos dice que la política en los partidos no ha cambiado en nada.

Hagamos un pequeño repaso de la historia reciente de los partidos políticos en México.

Los anteriores “grandes” partidos mexicanos (PRI, PAN y PRD) se fueron hundiendo en su propia antinaturaleza. Todos fueron contribuyendo a su propia debacle y a su autonegación. Dejaron de ser aquello para lo que cada uno existía y quisieron convertirse en otra cosa distinta. Como en el circo: saltaron sin red y se estrellaron de manera terminal.

El PRI, que debía su origen y su existencia a un proyecto y a una promesa de bienestar y de progreso, quizás medios cumplidos durante sus primeros 40 años, no pudo procesar su paso temporal. Abrazó el gusto por un México aristocrático y desigual. Se corrompió ideológicamente. Después, se corrompió económicamente. Por último, se corrompió funcionalmente.

Al final de cuentas, en el 2018 para ser más exactos, el PRI no pudo resistir la opinión de los jóvenes. A todos los priistas los acusaron de ser rateros. A los pocos que no lo eran y a los muchos que si lo eran. La historia los enjuició al parejo. Nadie pudo (puede) defenderlos. Las nuevas generaciones los llevaron al paredón político.

El PAN, que debía su origen y su existencia a un proyecto de cambio, no pudo procesar su ineficiencia. Con el tiempo y con algunas concesiones del antiguo régimen fue logrando posiciones de poder. Primero, diputaciones y alcaldías. Más tarde, senadurías, gubernaturas y hasta la banda presidencial (con el “bembo” de Fox y el “tomandante bororlas” Calderón). Para que cambiara lo que los tricolores habían hecho mal o habían deteriorado. Para restaurar la seguridad. Para fortalecer la economía. Pero no pudieron. Todo se le fue en acusar al pasado. En renegar de los opositores (particularmente de AMLO). En deslindarse de responsabilidades y en tratar de endilgarles a otros sus ineptitudes. El cambio no llegó. La corrupción sobrevivió con más fuerza. A ella se asoció la inseguridad que aún prevalece y la ineficiencia panista. El resultado fue desastroso.

El PAN al igual que los tricolores, al final de cuentas (en el 2018) no pudo resistir la opinión de los jóvenes. A todos los acusaron de ser “pendejos”, persignados y rateros. A los pocos que no lo eran y a los muchos que si lo eran. La historia los enjuició al parejo. Su incapacidad no pudo defenderlos. Las nuevas generaciones los llevaron a la horca política.

El PRD, que debía su origen y su existencia a una oferta de salvamento, no pudo procesar su extravío. El tiempo se encargó de envejecerlo vertiginosa y prematuramente. Casi desde su nacimiento se mostró como un partido anciano y obsoleto. Rápidamente se llenó de los vicios que a los otros los habían invadido en décadas. Buscó posiciones y se burocratizó. Buscó recursos y se corrompió. Buscó un discurso y se confundió. Cuando resulto gobierno se parecía mucho al PRI. Cuando resultaba oposición se parecía mucho al PAN. Pero nunca logró una identidad propia y original.

El PRD al igual que los tricolores y los blanquiazules, al final de cuentas (en el 2018) no pudo resistir la opinión de los jóvenes. A todos los acusaron de ser salvajes e insurrectos por todo. A los pocos que no lo eran y a los muchos que si lo eran. La historia los enjuició al parejo. Su extravío no pudo defenderlos. Las nuevas generaciones los llevaron a la guillotina política.

Esos tres anteriores “grandes” partidos mexicanos habían llegado a ser verdaderos trasatlánticos de lujo. Pero el iceberg, el enemigo y la colisión que los golpeó tenían filosas puntas. Una de ellas fue su insensibilidad cupular. Malas dirigencias. Estancos de poder. Apropiación individual de la fuerza colectiva. La otra fue su incapacidad de renovación. Su mala aptitud para conectarse transgeneracionalmente. Con ambas puntas fueron golpeados, hicieron agua, no supieron sortear la marea, no tenían equipo de salvamento y naufragaron hasta tocar fondo.

Eso sí, eso tres anteriores “grandes” partidos (PRI, PAN y PRD) fueron como el famoso Titanic. Lo más suntuoso de la navegación política (gastaron y gastan mucho dinero). Pero se hundieron. Yo creo que ya no pueden rescatarse. La historia nos demuestra cómo los tres anteriores “grandes” partidos políticos mexicanos se fueron difuminando hasta casi extinguirse.

A raíz de aquello, emergieron nuevas corrientes, pero sobre todo nuevas agrupaciones, como Morena, para el ejercicio de la política. Morena podrían haber carecido de innovación ideológica y hasta programática. Pero representaban el atractivo de una alternativa confiable y respetable para los nuevos electores mexicanos. Sin embargo, parce que resultó casi igual que los otros (corrupción, ineficiencia, rijosidad, insensibilidad de su cúpula, etc.) por lo que no se le adivina futuro transexenal.

Así las cosas, se acerca la elección del 2021 (la elección más grande, más compleja
y probablemente con la mayor cantidad de partidos disputándose 17 gubernaturas, la cámara de diputados, numerosos congresos locales y centenares de municipios) y, como ya quedó evidenciado, Morena no existe como partido. No son capaces ni de organizar una elección interna porque, en realidad, solamente parecen ser una enorme masa de voluntades que se nutre de la autoridad moral y política que tiene el presidente AMLO. Sin su liderazgo, Morena no existiría y muchos no hubieran alcanzado los espacios que ahora ocupan (incluyendo algún regidor de Tlajo que ni en su corral lo hacían).

La encrucijada de Morena no puede terminar bien. Llama la atención que un partido joven, que ha alcanzado tales cotos de poder, esté enfrascado en una lucha interna tan virulenta, tan dura, con posiciones tan antagónicas en donde, incluso, lo que parece ser la única razón de ser del movimiento reconvertido en partido, la afinidad en torno al presidente López Obrador quien por momentos se ve ignorado.

La verdad, no hay modo con Morena. Sigue atrapado en un movimiento que, no partido, en el que prevalece el enfrentamiento y la lucha, implacable, por el poder. El domingo 26 de enero se dio otro capítulo de su incapacidad para asumirse como partido político y se refleja en dos vías: la distancia de AMLO con Morena, que él creó, y la incapacidad del partido para asumirse como tal.

En el Congreso de ese domingo, eligieron a Alfonso Ramírez Cuéllar (“La Polla” cómo se le conoce) cómo su presidente interino, lo que la presidenta en funciones, Yeidckol Polevnsky, desconoció, confirmando no la división, sino el enfrentamiento que, sólo la mano de López Obrador, aunque no quiera, podrá resolver.

Pero ese penoso acontecimiento parece no preocuparle al dueño, fundador y principal accionista del partido en el poder, argumentando que él no tiene por qué participar en el proceso de elección del dirigente de su partido. ¿Cuál es la línea para nombrar a los dirigentes del partido?, se preguntó el presidente AMLO en la mañanera. Y él mismo se respondió: La línea es que no hay línea, que se resuelva de manera democrática. ¡Por mí que se agarren a chingadazos!, quiso decir.

Aunque suene demasiado anticipado, muchos analistas, incluso encumbrados morenistas, dicen que lo que está en juego hoy en Morena es su candidatura presidencial para 2024. Bertha Luján y Alfonso Ramírez Cuéllar son claramente dos piezas clave en el equipo político de Claudia Sheinbaum. Los demás aspirantes a dirigir el partido pertenecen a otros grupos políticos. Mario Delgado, incondicional de Marcelo Ebrard, y Alejandro Rojas Díaz Durán, del equipo político de Ricardo Monreal. Por su parte Yeidckol Polevnsky corre por la libre de la mano de los hijos el mandamás, identificada como una de las responsables de la crisis por su afán de querer ser presidenta de la República. Se dice que ellos y otros más han convertido a este partido, en un botín de las ambiciones e intereses personales antes que en instrumento político para el fortalecimiento de la democracia en el país.

Por lo pronto Morena tiene hoy dos presidentes, y al mismo tiempo, ninguno. El presidente Andrés Manuel López Obrador, su creador, fundador y dueño no ha sido capaz de poner orden en el interior de su movimiento. El problema es que, con su actual crisis interna, Morena envía el mensaje de que es igual que los demás partidos. Sus grupos internos se disputan el poder, la militancia y las prerrogativas. Ojalá no se les olvide la historia de los tres anteriores “grandes” partidos mexicanos.

Morena debería hacerle caso al ideólogo Don Jesús Reyes Heroles cuando dijo: “Puertas abiertas para que ingresen quienes tengan algo que aportar; puerta abierta para que se vayan los oportunistas (Persona que se acomoda a las circunstancias para obtener provecho, subordinando, incluso, sus propios principios), mal que sufre cualquier partido en el poder” 

Justicieros excluidos Lambiscones incluidos.

Fabiola Serratos


Dicen que es de bien nacidos ser agradecidos, pero existe una línea delgada entre el agradecer por un servicio y cegarnos ante la realidad por ser beneficiados con atenciones particulares.

Los servidores públicos en sus reuniones (permítanme agregar el “NO TODOS” para no herir susceptibilidades) piden el trabajo en equipo y entre apoyos exclusivos se van formando los populares consejos sociales. En las últimas semanas vía grupos de WhatsApp hemos visto cómo son excluidos ciudadanos que no caen en la adulación o son constenmente un dolor de cabeza al pedir su participación. Muchas han sido las demandas a jefes, coordinadores y directores que aseguran ignoran y limitan a las personas que exigen constantemente se cumpla con el trabajo.

“Recordemos y no olvidemos la función y finalidad de un consejo social”
Mientras unos dicen que son participaciones ciudadanas otros aseguran que son redes políticas. Lo cierto es que hemos visto desfilar a muchos ciudadanos traidores a su comunidad brincando de un partido a otro buscando benéficos personales y los verdaderamente interesados en la participación de la comunidad se ven envueltos en constantes trabas.

Y es que nuestro municipio parece un campo de batalla donde los grupos políticos pelean por tener el control y la razón. Un escenario donde vemos servidores que no apoyan a grupos contrarios como ciudadanos que se aferran a la grilla (nada les embona -dicen-) Las únicas afectadas son las personas que siguen en el olvido, ignoradas y con trabas para poder levantar la comunidad. Porque incluso ya dentro de los consejos también se les va gran parte del tiempo pidiendo comprensión para los servidores que no hacen como debieran su trabajo.

Justificar a un servidor nos convierte en gran parte del problema y si como consejeros no comprenden que el trabajo en equipo que ellos piden no implica estar siempre de su lado, sino el de la misma comunidad nunca veremos realmente un avance.
¿Usted que opina de los consejos sociales?
¿Están realmente del lado de la comunidad?

A los amigos, Justicia y Gracia

Alfonso García Sevilla


El primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador, desde su campaña prometió qué de ganar la elección presidencial, acabaría con la corrupción, cáncer que ha carcomido las estructuras de las instituciones del país y que se ha arraigado en la cultura popular del mexicano.

De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción 2019 de Transparencia Internacional, México es aún la nación peor evaluada entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en la posición 36 de 36 países miembros.

Rescato el hecho de que se mejoró un punto (ante los datos y la inercia de un lustro en tobogán, es un respiro saberlo) en comparación al 2019, sin embargo, es primordial que se den más señales de que el combate a la corrupción no se debe de quedar en el discurso, que esta administración efectivamente va con todo para, al menos, seguirla conteniendo.

Pendientes hay varios que deben de resolverse con sanciones severas, y que el mandatario mediáticamente ha señalado, desde los culpables del huachicoleo en todos sus niveles, la presunta corrupción en el fallido aeropuerto de Texcoco, el caso Odebrecht, y, entre muchas otras más, la reciente crisis por el desabasto de medicamentos, de la cual el propio AMLO justificó: «No querían dejar el negocio y no quieren dejar de robar, pero se tienen que acostumbrar a la nueva realidad, ya no hay corrupción, todos a portarnos bien, a actuar con rectitud e integridad».

Señalamientos ha hecho muchos, acciones de fondo para dar certeza de que se combatirá, pocas. Lamentablemente el caso de las propiedades descubiertas a su director de la CFE, Manuel Bartlett por 800 millones de pesos y el pronto carpetazo por la Función Pública, en similitud con el caso “Casa Blanca” de Peña Nieto, así como la reciente exoneración y compra de medicamentos a una de las empresas del ex súper delegado de Jalisco, Carlos Lomelí, por 128 millones de pesos, nos dejan ver que se seguirá con el doble discurso de “A los amigos justicia y gracia; a los enemigos la ley a secas”.

AMLO debe entender que la popularidad que goza principalmente está sustentada en su reiterado discurso en contra de la corrupción, de la “mafia del poder”, de los saqueadores del país, donde prometía combatirla y como lo dijo, “barrerla como las escaleras, de arriba hacia abajo» y a un año de su gestión, se ven pocos avances de acuerdo a la magnitud por él reconocida, del problema.

Espero y sinceramente, no sea otro sexenio perdido en la lucha contra la corrupción.

Partidos políticos en 2020

Tiempo de contar…

“La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa” -Guillermo O’Donnell-

Quirino Velázquez

Es innegable que el proceso electoral de 2018 fue una elección crítica, todavía está por verse si la nueva clase gobernante logrará dar continuidad a su proyecto político para realmente llevar a cabo una nueva era política en el país, o si solamente fue una elección desviada. Sin embargo, a partir de un ejercicio analítico sobre los partidos políticos no es descabellado aventurase a señalar que se está en la antesala de un nuevo sistema de partidos.

Si bien es cierto que aquel proceso electoral modifico los equilibrios en el sistema de partidos. El surgimiento de un partido que podría convertirse en hegemónico (MORENA), el debilitamiento de las que fueran las tres principales fuerzas políticas en los últimos veinte años (PAN, PRI y PRD) y el probable registro de nuevos partidos, por lo menos modificará el funcionamiento del sistema de partidos.

Por otra parte, muchos piensan y dicen que los partidos políticos no sirven y que eso ha quedado demostrado durante los últimos años. Lo que, si es cierto es que desde hace tiempo pocas instituciones han sufrido un desprestigio tan fuerte como los partidos políticos que se supondría representan uno de los pilares más importantes en los que se asienta nuestra democracia.

El malestar hacia los partidos es grande y ha sido bien ganado. Si bien tomó años el poder construir un sistema que permitiera la competencia entre diferentes fuerzas políticas, al lograr cierto equilibrio entre tres partidos tradicionales, estas fuerzas prefirieron enfrascarse en sus dinámicas internas que en atender los cambios de la sociedad que les mantenía en el poder. PAN, PRI y PRD llegaron a aglutinar más del 80% de la votación total, el resto de los partidos gravitaron alrededor de ellos durante casi 20 años y estuvo en sus manos la construcción del Estado mexicano que conocemos hoy en día, con todos sus aciertos y sus muchísimas fallas. No es extraño entonces que estos tres partidos (PAN, PRI y PRD) se encuentren en crisis internas tan graves después de la elección que les arrojó de su zona de confort.

Pero el problema no se restringe a los tres mencionados, sino que de fondo todos los partidos que hay, en este inicio del 2020, en México están teniendo dificultades muy grandes para poder decirse representantes de los intereses y confianza de (por lo menos) una parte de la ciudadanía.

De entrada, hay que plantear que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se ha desfondado por sus pugnas internas y carencia de liderazgos (los Chuchos dejan mucho que desear), lo que apunta a que se mantenga, si acaso, en un espacio marginal para las elecciones federales del 2021 (independientemente de que decida ceder su registro a un grupo de cuadros de la dirigencia priista que han renunciado a la militancia en el tricolor) porque carece en su mayoría de una base social que le aporte un nuevo electorado para reposicionarlo como el representante de la izquierda mexicana que era. En Jalisco, el sol azteca está más muerto, es decir, putrefacto.

El Partido Acción Nacional (PAN) se debate, de igual forma, en diferencias de percepción y de criterio, razón por la cual no ha podido materializar la unidad, que sigue siendo una asignatura pendiente. La detención de quien fuera secretario de Seguridad Púbica con Felipe Calderón y director de la Agencia Federal de Investigación, que pretendió emular al Federal Bureau of Investigation de Estados Unidos, Genaro García Luna, ha pegado en la línea de flotación de la derecha mexicana, que continúa pasmada ante ello y seguramente lo seguirá estando, con el efecto dominó que esa detención en Estados Unidos ha traído consigo.

Al PAN le ha sido imposible desmarcarse de los gobiernos del “bembo” Vicente Fox y “comandante borolas” Felipe Calderón, que no son precisamente activos, sino pasivos para el histórico partido de la derecha mexicana. Y, más todavía, si García Luna resulta culpable de los delitos imputados la situación para el PAN se volvería de pronóstico reservado. Ese pasivo, más los que se vayan sumando en el corto y mediano plazos, colocará a los panistas en una posición compleja para seguir siendo competitivos en los comicios de 2021. Además, Acción Nacional no solamente enfrenta fuertes divisiones internas, sino que tiene ante sí la eminente aparición del partido político México Libre, con el cual rivalizará por capturar a los votantes que se ubican a la derecha del espectro político, que tendrá entre sus seguros liderazgos al “comandante borolas” Felipe Calderón y a Margarita Zavala, actores que por su peso específico atraerán a militantes panistas inconformes. El blanquiazul en Jalisco se encuentra en un estado muy crítico de salud (semi muerto) absorbido por el Alfarismo.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), por su parte, vive una crisis sistémica a raíz de los diferendos surgidos por la unción del gobernador con licencia de Campeche Alejandro “Alito” Moreno como presidente de su Comité Ejecutivo Nacional. Que además no solamente carga con una elevada percepción de corrupción, también pareciera que sus liderazgos no se han recuperado del duro golpe propinado por Morena en julio de 2018 y no saben hacia dónde conducir el partido. En su calvario, también ha sufrido abundantes escisiones que lo hacen ser una inviable alternativa para recuperar el poder. En Jalisco, el PRI parece ser más espectro que un instituto político.

El Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no es en el sentido estricto un partido político, sino una alianza de diversos movimientos y actores políticos, cuyo principal referente sigue siendo el presidente AMLO, por lo que es previsible que siga atrayendo a actores, fundamentalmente locales que se han movido en otras fuerzas políticas, que busquen un espacio con posibilidad de triunfo político.

La condición preocupante en Morena es que, si las historias de agravios al interior son ciertas, entonces se verá un proceso de lucha interna que derive en un proceso de división y descomposición paulatina, como la que vivió el PRD desde su fundación. Morena hasta hace poco ha exhibido una política de cerrazón, división y resta, justo al contrario de lo que debe hacer un partido que ha ganado el gobierno de la República. Sólo comentaré que le pidan a Dios para que no se les vaya AMLO porque si se va “adiós mi gabán”. En Jalisco, a los morenos no se le ve ni pies ni cabeza.

El Partido Movimiento Ciudadano (MC) si bien parece que ha llevado a cabo un proceso de “entreveramiento generacional” al que se refería el ideólogo priista Jesús Reyes Heroles. La palabra de su “líder” de facto Dante Delgado todavía es definitiva, también lo es que Clemente Castañeda, piensan con cabeza propia y sus prendas profesionales los avalan como líder emergente con formación.

Movimiento Ciudadano quiso marcar una línea clara para alejarse de los partidos tradicionales como PAN, PRI o PRD. Pero en Jalisco no se ve así. La violencia (que se insiste en que la culpa fue de los gobiernos anteriores) y algunas políticas públicas fallidas del gobierno lo mantiene, supuestamente, como uno de mediana popularidad (media tabla para abajo) en México. El partido naranja en Jalisco, aún con la aparente baja de popularidad de sus gobiernos, tiene, si no se equivocan, con que competir.

De la demás chiquilla (PT, PVEM, PES etc) les cuento en otra ocasión.

Así también se espera que, a nivel nacional, nazca a la vida jurídica el partido del expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, México Libre, tocado por el efecto de la detención de García Luna por presuntos nexos con el narcotráfico. Aun así, México Libre busca atraer el voto del PAN. En Jalisco aún no se le ve presencia.

Del mismo modo, el Partido Redes Sociales Progresistas, que encabeza Fernando González, el yerno de la maestra Elba Esther Gordillo, ha logrado hacer un efectivo control de daños después de haber sufrido una lucha intestina protagonizada por su exlíder Juan Iván Peña. Tampoco en Jalisco aún se le ve presencia.

A nivel estatal se perfilan dos nuevos partidos políticos «Somos un Bosque o el del Arbolito» como se le conoce al posible partido político estatal Futuro, impulsado por el ex diputado Pedro Kumamoto y la agrupación «Hagamos», ligada a la Universidad de Guadalajara. Ambos aún no merecen mayorees comentarios.

Lo cierto es que ningún partido es perfecto ni monolítico, ninguno está exento de rivalidades internas, intrigas, incongruencias, oportunismo, corrupción, ni liderazgos torpes o irresponsables. Ninguno. Pero sin una pluralidad de partidos relativamente fuertes y estables, la democracia es inviable. Así lo demuestra la experiencia desde que existen los regímenes democráticos.

Pero también es cierto que la evolución política en México se caracteriza por la momificación de los partidos políticos, proceso que impone una narrativa con un cuestionamiento de fondo: ¿hasta dónde llegará la simulación y el inmovilismo de los partidos, que, sin compromiso social, siguen al garete?

Las condiciones políticas están dadas para que los partidos políticos resurjan desde la democratización de sus estructuras, la fuerza vital de sus militantes y el valor de la dignidad humana, argumentos primigenios que han perdido y que hoy expresan en este sórdido sigilo inaudito, que los tiene en la oscuridad y como auténticas momias. A ver que pasa…

Mientras tanto, bien lo decía el que fuera un destacado politólogo argentino Guillermo O’Donnell: “La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa”.

Funcionarios mediocres

Fabiola Serratos

Resulta que en semanas anteriores varios medios de comunicación expusieron el problema de los servicios en zona valle. A lo que casi enseguida respondieron algunos funcionarios públicos justificando nuevamente la falta de atención. Y es que algunos servidores han llegado a un cinismo tal que de fotografías y juntas vecinales hacen alarde de un trabajo excelente, cuando sabemos es incompleto o mal hecho. 

Sabemos de la carente educación que la mayor parte de los servidores y funcionarios tiene. Pero exponer su ignorancia y mediocridad en sus redes sociales es terrible, pues nos deja en evidencia la clase de gobierno que tenemos.

Una funcionaria pública recalca “que no es el gobierno sino la gente cochina que ha decidido vivir así”

Misma gente cochina que en su momento sirvieron como acarreados para el partido que hoy gobierna y ella trabaja. Es muy común que los servidores digan que mientras se tenga buena voluntad no son necesarios los estudios y supongo que desde ahí comenzamos a ver las prioridades de que quienes están encargados de nuestro municipio. 

La buena voluntad surge de la experiencia y esa no siempre es lo correcto para los demás. Sería primordial conozcan como mínimo ética e historia y comprendan que un gobierno no solo tiene como trabajo el recoger basura y posar en fotos.

-Es obligación de todos los gobiernos crear los escenarios y sistemas que ayuden al progreso de sus comunidades.

Es absurdo y ridículo que los funcionarios no conozcan como mínimo una teoría de sistemas que les haga entender la verdadera función de su cargo. No son activistas, no son reyes ni mártires sacrificándose por su entorno, son representantes y organizadores de un municipio y quizá no lo han comprendido porque no tienen ni idea de lo que implica gobernar, se han quedado en las labores comunitarias con las que “chapulinearon” al hueso. 

Últimamente en todo el país, las redes sociales se han visto abarrotadas de comentarios clasistas misóginos, homofóbicos y racistas por parte de funcionarios públicos. Tlajomulco no ha sido la excepción pues la gran mayoría de nuestros representantes o empleados parecen más influencers que verdaderos y coherentes servidores. Y dirán que dentro de la vida personal cada quien puede exponer lo que le plazca. Pero lo cierto es que desde la intimidad uno puede conocer realmente a quienes nos representan y si sus principios son tan reales como predican o como tenemos conocido en la política son viles máscaras publicitarias.

Que un ciudadano promedio se aferre a la libertad de expresión como permiso para decir falacias es un tanto entendible. Pero que un funcionario pretenda justificar sus opiniones con tal cosa es imperdonable.

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