Política

PRIMER INFORME DEL GOBERNADOR

Quirino Velazquez

“De ahí que la crisis que atraviesa nuestro Estado, la enfermedad que corroe su cuerpo político no sea una crisis provisional que requiera una cirugía menor (por ejemplo, una nueva reforma electoral), sino se trata de una crisis de Estado, una crisis política, que reclama una cirugía mayor (refundación del Estado).” Sergio Ortiz Leroux

En las democracias representativas, en las que los ciudadanos delegan a sus representantes el poder de decidir en su nombre, es necesario que los gobernantes rindan cuentas y justifiquen sus acciones ante los gobernados. El modelo de representación contemporáneo crea una necesidad de reciprocidad entre los actos de gobierno y los intereses de los ciudadanos.

La teoría política considera que la rendición de cuentas, para ser efectiva, debe contener al menos tres elementos: la información (que presentan los gobernantes para dar cuenta de sus actos y decisiones), la justificación (que los gobernantes expliquen los porqués de sus actos y decisiones) y la posibilidad de castigo o recompensa (para que los ciudadanos puedan decidir si los gobernantes deben seguir en sus puestos).

En ese entendido, considero que hay que cambiar algunas cosas de los llamados “informes de gobierno” o “informes del estado que guarda la administración pública”, pues históricamente no es una rendición de cuentas, sino un documento político con una relatoría de hechos, toda vez que, en el caso de Jalisco, la legislación no establece normas que regulen el contenido y la manera de presentación del informe.   

El “informe de gobierno” o el “informe del estado que guarda la administración pública” debería ser un documento que permita poder comprobar sus cifras, las aplicaciones de los recursos presupuestales y sus resultados en función del beneficio social o económico y, en su caso, sirva para poder fincar responsabilidades políticas, civiles o penales. También, debería ser delito mentir en este documento, porque solo se glosa y no requiere la aprobación del Congreso.

Ya en materia, contar acerca del primer informe del gobernador Enrique Alfaro Ramírez parece un tema obligado por ser un asunto de interés general. Aunque, a decir verdad, a mí me resulta difícil hacerlo por lo extenso de los temas que abordar y dese luego por mis propias limitaciones. Por ello, solamente comentaré (de manera muy breve y sin prejuzgar) dos temas quizás los más sensibles para la ciudadanía: la inseguridad y la corrupción-impunidad, ambos relacionados entre sí.  

De inicio, habrá que señalar que con una aparente (las apariencias engañan) merma en su respaldo popular (la encuesta #RankingMITOFSKY gobernadores y gobernadoras de México de sep/19 le da 34% de aprobación) de lo cual dan cuenta los estudios demoscópicos (publicados en diversos medios siempre conforme convenga a los empresarios de este ramo), es decir, hipotéticamente disminuida la figura estrella de MC (después de su contundente triunfo en las elecciones anteriores), el pasado 6 de noviembre, con un discurso improvisado pero apoyado con una presentación digital, el Gobernador Enrique Alfaro Ramírez rindió, ante el pleno del Congreso, su primer informe labores al frente del gobierno de Jalisco.

Así, el gobernador Enrique Alfaro retoma, después de once años de abandono iniciado por el exmandatario panista Emilio (“etilio” lo apodaban por su recurrente gusto por las bebidas etílicas) González Márquez (aquel de la mentada de madre frente al Cardenal Juan Sandoval y que le provoco el repudio general), la republicana práctica de presentar personalmente, ante la representación popular (Congreso de Jalisco), el informe del estado que guarda la administración pública estatal.

Los resultados de los primeros once meses de trabajo del gobierno actual, alguien pudiera decir, que no son los que como ciudadanía deseamos. Sin duda nuestro anhelo es vivir en un estado seguro, sin corrupción e impunidad. Sin embargo, estos meses han sido difíciles y lo son para cualquier administración que llega al poder a través de la alternancia. Las gestiones del gobernador, en este casi primer año, arrastran las inercias (en materia de seguridad, corrupción e impunidad) del trabajo de gobiernos anteriores y apenas se logran hacer los primeros planteamientos de las nuevas estrategias. No obstante, a estas alturas, para más de alguno parece que las expectativas de campaña exceden por mucho los hechos de gobierno.

En materia de seguridad los habitantes de Jalisco vivimos sin duda el problema que más nos preocupa y alarma. Es cierto que gran parte (yo diría que casi todo por no decir todo) de la crisis de seguridad es herencia de erradas políticas del pasado, por cierto muchos analistas señalan que esta crisis tiene su origen fecundo en los periodos (estatal y federal respectivamente) de los ex panistas Emilio “etilio” González Márquez y de Felipe (“tomamdante borolas” apodado así por su arraigado gusto por las bebidas alcohólicas) Calderón Hinojosa, (este último, en el afán de legitimar la usurpación de la presidencia de México inició una guerra sin análisis ni diagnóstico, según sus propias palabras) pero el hecho es que conforme pasa el tiempo vemos lamentablemente que aumenta la espiral de la inseguridad en sus muy variadas expresiones.

En Jalisco vivimos a diario, y no podemos ocultarlo, la zozobra de los asaltos, las balaceras, las ejecuciones y la guerra entre grupos criminales, además, de la generalización de la delincuencia callejera, tal vez, esta última, alimentada por el hambre. El número de desaparecidos no se reduce, las fosas clandestinas y cuerpos embolsados siguen apareciendo, los secuestros no frenan, los robos son el pan de cada día y las extorciones están a la vuelta de la esquina y detrás de una llamada telefónica.

Como muestra basta un botón: la encuesta ENVIPE del INEGI señala que, en Jalisco, la percepción de la población respecto a la inseguridad púbica (de marzo-abril 2019) fue del 77.7% esto quiere decir que 7.7 de cada 10 habitantes aprecian inseguridad en el estado.   

Y si le agregamos, que aún no se siente en el imaginario colectivo la presencia eficiente de los cuerpos policiacos y menos que actúen con la coordinación debida y, además se sabe, que trabajan con limitados apoyos y en algunos lugares desprovistos de los mínimos para actuar y con poca articulación con el sistema de justicia.

Las preguntas son: ¿Vamos bien en seguridad? ¿Llegará el momento en que Jalisco toque fondo? ¿O será que la degradación humana en que hemos caído jamás saciará su exigencia de sangre, sufrimiento y dolor en nuestro suelo?

Mas allá de las interrogantes anteriores, lo cierto es que el problema de la inseguridad, por sus dimensiones, es un reto que trasciende e involucra a los tres poderes, a los tres niveles de gobierno y a la propia sociedad.

Por otra parte, la corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona la economía, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada y otras amenazas a la seguridad humana. La corrupción afecta infinitamente más a los pobres porque desvía los fondos destinados al desarrollo, socava la capacidad de los gobiernos de ofrecer servicios básicos y alimenta la desigualdad y la injusticia.

La impunidad, de acuerdo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se define como: “Inexistencia, de hecho, o de derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores de violaciones, así como de responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria, porque escapan a toda investigación con miras a su inculpación, detención, procesamiento…”.

Tenemos entonces que en Jalisco la corrupción y la impunidad son problemas sistémicos y transversales sobre los que parece que aún no se ha actuado debidamente. A pesar de que la lucha contra la corrupción y la impunidad forma parte de todos los discursos y ofertas políticas de los partidos y gobernantes, mucha gente cree que no han mostrado un compromiso real con la disminución de esta práctica. Y que sigue prevaleciendo entre ellos la costumbre de abusar del poder político para beneficio personal (corrupción) y, después de abusar, la práctica de sustraerse a la justicia (impunidad).

En las empresas y en la sociedad en general tampoco se reportan avances en esta materia. La jalisciense sigue siendo una sociedad dispuesta a practicar la corrupción si piensa que de ella obtendrá un beneficio personal.

La verdad, en Jalisco, no sabemos a ciencia cierta si todas aquellas conductas que engloba el término de corrupción han aumentado o disminuido a lo largo del tiempo y en particular en este primer año del gobierno estatal. Pero sí sabemos tres cosas. Primero, la percepción sobre la corrupción, particularmente la que campea en el sector público, crece año con año. Segundo, en las mediciones de percepción de los problemas que aquejan a nuestro estado, la corrupción se ha posicionado como una de las principales preocupaciones, incluso por encima del desempleo y la pobreza. Tercero, la impunidad que acompaña a la corrupción se ha mantenido constante. Como ocurre con el resto de los delitos, faltas e infracciones en Jalisco, los que se definen como actos de corrupción casi nunca se castigan. La encuesta ENVIPE del INEGI señala que, en Jalisco, la Cifra Negra fue 91.8% (2018) Esto quiere decir que 9.18 de cada 10 eventos criminales pasaron sin repercusiones legales (impunidad) para el presunto delincuente.

Se registra, eso sí, en estos primeros meses del periodo gubernamental, una participación cada vez mayor en movimientos institucionales comprometidos con la lucha contra la corrupción y la impunidad (ejemplo: iniciativas y reformas legales al respecto que dotan de instancias y mecanismos para la identificar, acreditar y sancionar la corrupción).

Habrá que decir también, que la vida pública del Jalisco no es una agenda exclusiva del Gobernador, la seguridad pública, el combate a la corrupción y a la impunidad es una corresponsabilidad de todos los Poderes.

Los tres Poderes del Estado tienen aún demandas pendientes por atender, pero no pueden renunciar a la corresponsabilidad en estas materias. La seguridad, la corrupción y la impunidad son agendas comunes. Cada Poder y cada nivel de gobierno tiene su ámbito de responsabilidad. No busco justificar desaciertos, no se busca eximir de las responsabilidades a quienes ya ocupan un lugar en la administración pública y de las decisiones que han tomado (en materia de seguridad, corrupción e impunidad), pero sí comprender que los cambios toman tiempo y dificultad y solo teniendo el objetivo claro estos podrán conseguirse.

Queda para el debate los logros o errores y los hechos u omisiones de este primer año del gobierno estatal en estos delicados temas.

Lo que sí puedo afirmar con seguridad, es que en Jalisco el viejo sistema político y el antiguo pacto social que le dio norma a nuestras relaciones está fatalmente agotado. La alternativa que tenemos no debe ser, por supuesto, intentar levantar el viejo sistema moribundo y pretender apuntalar sus gastadas formas con pequeños cambios «gatopardescos», ello sólo alargaría su agonía, pero ocasionaría grandes costos a los jaliscienses.

Nuestro estado se encuentra en un cruce de caminos, y de cuál camino se escoja, dependerá el Jalisco que reclama la sociedad. Opino que el mejor camino que tenemos todos los jaliscienses es el de entender y asumir la necesidad del cambio profundo y ayudar a “bien morir” a ese viejo sistema político que nos ha dejado las calamidades que hoy padecemos.

Por eso también opino que la transición hacia la refundación de Jalisco que promueve el Gobernador Enrique Alfaro es viable e inevitable, y coincido con lo expresado (en su artículo ¿reforma o refundación del cuerpo político?) por el profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Sergio Ortiz Leroux: “De ahí que la crisis que atraviesa nuestro Estado, la enfermedad que corroe su cuerpo político no sea una crisis provisional que requiera una cirugía menor (por ejemplo, una nueva reforma electoral), sino se trata de una crisis de Estado, una crisis política, que reclama una cirugía mayor (refundación del Estado).”.

“A otro perro con ese hueso.”

Fabiola Serratos


Por toda la semana me mantuve reflexiva en distintos temas que acontecen a nuestro municipio, me fue difícil elegir uno solo, cuando tenemos variedad de cinismos figurando en la publicidad, basta tan solo con conocer los nuevos medios de comunicación impresos y en redes sociales para darnos cuenta que nuevamente se emplea el maquillaje político. Donde la mayoría de los privilegiados se hacen presentes con adulaciones ante la infinidad de eventos con los que nuestro gobierno presume de gran avance.

En la actualidad se cuenta con muy pocos medios verdaderamente críticos y objetivos, pues incluso los que en su momento llegaron hacer contra peso, fueron más asunto de grilla que de verdadera crítica o reflexión social.

Esta semana entre drenajes que adornan como fuentes nuestras comunidades, pequeños muriendo de dengue, robos a casa habitación y dos que tres fosas más, las noticias hablan cosas maravillosas de nuestro municipio, es cierto que no todo es tan malo, algunas comunidades nos mantenemos unidas y luchando por la verdadera participación social, al final muchos hemos comprendido que somos desde la ciudadanía la única esperanza de trasformación social. Y es que el presidente recién informa una nueva salida al extranjero a promover su buen gobierno. Es cierto que uno termina exponiéndose al hacer comentarios sobre su entorno. Pero también es cierto que hay gran cantidad de personas defendido su salario y no lo que en su momento los hizo llegar ahí que fue el cuidado de su municipio.

Mientras el municipio esconde marginación y olvido la otra parte presume una ostentosidad magnifica con la que se considera serán beneficiados muchos, ya que habrá empleos y esto por supuesto abrió ya la nueva campaña. No ha pasado ni la mitad del gobierno y en grupos de whatsaap y otras redes ya se presumen las candidaturas del 2021. Y es que en realidad nuestros gobernantes lejos de hacer su trabajo, preparan un desfile de publicidad que los continúe posicionando como líderes políticos. Decía el filósofo Nietzsche que comercializar la virtud era algo muy común entre personas que terminaban siendo todo aquello contra lo que luchaban. ¿De qué sirve ser un buen sujeto sí no se saca partido de ello? Encontré también en algunos libros de superación y éxito frases como “el poder se consigue haciendo lo que otros creen correcto” Entonces uno comienza comprender como es tan sencillo de ser engañados.

Nos venden esperanza con el mismo discurso, con las mismas trampas, con la culpa y el perdón. Ahora sí esta vez nos ocuparemos de los retos y problemas de hace 12 años. Entre los discursos, los privilegiados y los amigos de las figuras políticas, el municipio continua sin avancé, en una autodestrucción que solo puede rescatar la cultura de los pueblos que mantienen a salvo sus tradiciones pese a que el urbanismo intenta absorberlos.

Tampoco se trata de evidenciar la tragedia en el municipio y que uno termine deprimido de saberse ciudadano de un municipio tan corrupto, la reflexión social es en gran parte reconocer las intensiones y lo caro que resulta aceptar las mentiras en beneficio de unos cuantos. Porque aunque en algunas cosas llegara a parecer armónica una decisión, lo cierto es que en un breve tiempo terminará siendo una trampa como tantas otras.
“Pero recordar siempre qué cuando nos libremos de ellos, no adoptemos sus vicios”

AMLO SUPERSTAR

Alfonso García Sevilla

Hablamos de “culto a la personalidad” para definir la adulación y devoción excesiva, que se asemeja a lo religioso, especialmente en jefes de estado, la figura un líder con gran carisma que exige devoción incondicional, con patrones de personalidad narcisista y megalómana.

No se trata solo de dictaduras autoritarias, de hecho los cultos a la personalidad se pueden dar también en democracias aunque sea menos probable. Ante todo, se identifica al líder con el estado, se les fusiona en uno. El líder se hace llamar con nombres de gran pompa, tales como “supremo”, “generalísimo”, “excelentísimo”, “honorable”, etc. Todas sus decisiones y órdenes son acatadas sin chistar y cualquier crítica se criminaliza como “traición a la patria”.

Su figura se reproduce constantemente a través de fotografías, imágenes en los medios y las instituciones, se llega a extremos de atribuirle poderes sobrenaturales, o ser el elegido de la Divinidad, e incluso se identifica con la Divinidad misma.

Este fenómeno ocurre sobretodo en sociedades en crisis, cuando una nación se siente dominada por la inseguridad, la ansiedad, la pobreza y el temor, se predispone a renunciar sus libertades y a la sumisión ciega a una autoridad que garantice la seguridad, o al menos produzca una sensación de bienestar.

Asimismo, el culpable de lo que pasa siempre es otro, se persigue a falsos culpables, todos los avances son del líder en cualquier materia gubernamental o social, y se pretende a toda costa, exagerar por todos los medios los atributos del líder, aunque estos no existan.

Así pues, en México vivimos una “Cuarta Transformación” encabezada por un presidente que se ha proclamado “honesto, cristiano y humanista”, que sostiene sistemáticamente que la culpa de las condiciones de violencia y pobreza que padecemos actualmente nuestro país son culpa de “Calderón, de la Mafia del Poder, de los conservadores, de la prensa sin bozal” y que a un año de su ascenso al poder los resultados sean magros y a pesar de ello, las encuestas siguen manifestando su altísima popularidad.

México es un país donde el nivel educativo de la población es en promedio de tercero de secundaria y el 60 por ciento padece de algún tipo de pobreza. No es raro entonces que sea caldo de cultivo de fanatismos religiosos, políticos y de cualquier otra índole.

GOLPE DE ESTADO

Tiempo de contar…

“EL GOLPE MILITAR REPRESENTA, EN LA ÉPOCA MODERNA, LA MÁS HORRENDA, ATROZ Y NECIA FORMA DE ASALTO”. -Ali Ahmad Said Esber-

Cierto es, que aún con un gran respaldo popular (según encuestas publicada en diferentes medios), el presidente Andrés Manuel López Obrador enfrenta una difícil situación económica y financiera del país (por causas internas y externas). También enfrenta la desesperación de sus opositores centrales, que no encuentran vía política (por falta de respaldo popular) para dar cauce pacífico a sus intenciones de frenar el curso de la autodenominada 4° Transformación. Igualmente, enfrenta los errores propios, en Palacio Nacional y sus extensiones en la administración pública (en cuanto a concepción y ejecución de políticas públicas, de comunicación social e idoneidad del gabinete en general). Además, enfrenta una aguda crisis de seguridad (heredada en gran medida por políticas desatinadas de gobiernos pasados). Para acabarla, enfrenta las escandalosas pugnas al interior de su partido, Morena (que debería ser sólida instancia de apoyo y respaldo a su fundador y máxima figura). Y a la par, enfrenta una precipitada sucesión de acontecimientos, especulaciones, enigmas y declaraciones públicas, que aparentan, por decir lo menos, una complicada relación entre el poder civil y ciertos segmentos cupulares del militar a causa del operativo fallido de Culiacán, Sinaloa (pero no sólo por este hecho aislado, sino también por otros que más delante les cuento).

En ese contexto multifactorial, agitado y difícil, tiene particular relevancia lo dicho, el 22 de octubre, por el general Carlos Demetrio Gaytán Ochoa, militar en retiro quien, con una narrativa francamente deliberativa y que podría escapar al principio de neutralidad política y a la disciplina castrense, enfatizó (beligerantemente), entre otros: “en México la sociedad está polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se basa en corrientes pretendidamente de izquierda”.

El sábado 2 de noviembre el presidente López Obrado dio un paso un tanto controvertido al hablar con todas sus letras, y con un amplio contexto histórico (aun en el reducido mundillo de los mensajes de lo que se suele llamar redes sociales), del riesgo de un golpe de Estado. Así fue como en su Twitter, el presidente de México publicó: “¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones! Pudieron cometer la felonía de derrocar y asesinar a Madero porque este hombre bueno, Apóstol de la Democracia, no supo, o las circunstancias no se lo permitieron, apoyarse en una base social que lo protegiera y respaldara”.

“Ahora es distinto. Aunque son otras realidades y no debe caerse en la simplicidad de las comparaciones, la transformación que encabezo cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad y de la paz, que no permitiría otro golpe de Estado”. Dijo el mandatario en un segundo twiter ese mismo sábado. Y continuó “Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren. Por cierto, les recomiendo leer la fábula de Esopo ‘Las ranas pidiendo rey’.” (por cierto, esta buena la fábula luego se las cuento).

Todo mundo sabe que el Ejército es institucional. Pero quien sabe, dadas las circunstancias actuales del país, si este lejos de tentaciones golpistas. Sin dudad hay señales de inconformidad que han llevado al Ejecutivo a colocar en el imaginario popular la idea de un golpe militar. Esta idea nace desde el arribo de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de México que dibujó un nuevo escenario en las relaciones entre el gobierno y los militares. Además, el presidente ha sido crítico del desempeño militar y de la propia concepción de la “guerra contra el narcotráfico”.

Recordemos que desde campaña y al triunfar en las elecciones López Obrador anunció el desmantelamiento del “Estado Mayor Presidencial”, que fue el cuerpo responsable de la seguridad del presidente y de su familia. Esa corporación de elite militar (Estado Mayor Presidencial) estaba formada por aproximadamente 8 mil integrantes (con mayores sueldos y prestaciones que marinos y soldados) y que durante casi 8 décadas fue el “dizque” símbolo de la lealtad militar y de la confianza del presidente en turno en las Fuerzas Armadas. Además, el EMP tenía Cuerpo de Guardias Presidenciales, integrado por otros 4 mil efectivos y el 24 Batallón de Infantería de Marina de Guardias Presidenciales, que AMLO desdeño porque a él “lo cuida el pueblo”.

Al respecto, Erubiel Tirado, especialista en seguridad nacional y coordinador del diplomado en esa área de la Universidad Iberoamericana, dice que la decisión de López Obrador de sacar al Estado Mayor Presidencia de la Presidencia e integrarlo al Ejército tiene “una gran carga de simbolismo que puede marcar el inicio de la revisión de las relaciones entre civiles y militares, después de décadas en que éstos han conservado ese espacio de poder dentro de la propia presidencia” (Revista Proceso 28 de diciembre 2018).

El especialista señaló que: “pese a su presencia entre las élites políticas y sus manifestaciones de fuerza sin control ni responsabilidad legal, el EMP es una institución poco conocida en México. Muestra de su presencia e importancia en la vida pública del país es que participó en la provocación de la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco”. Y que el EMP “se mueve principalmente en el mundo de las reglas no escritas del sistema político mexicano y de las normas discrecionales que prohijó un presidencialismo autoritario”.

También recordemos, que siendo ya electo AMLO anunció que no iba a usar el avión presidencial (aquel que ni Obama tenía) porque este proyectaba una imagen de poder y lujo. Aquel avión lo administraba el Estado Mayor Presidencia y fue parte de la flota de la Fuerza Aérea Mexicana.

Así las cosas, sería gravísimo que el presidente López Obrador tenga noticias ciertas de un intento de golpe de Estado. Quien creyera que México podría sobrevivir a un disparate de esa magnitud tendría que estar completamente ajeno a la realidad: tendría que estar loco. Tan pronto como algunos quisieran desconocer por la vía armada la legitimidad del jefe del Estado y clausurar la vigencia de las instituciones democráticas, encontrarían una resistencia masiva imposible de frenar. Una enorme mayoría saldría a las calles a defender la democracia, dispuesta a lo que sea para frenar tal despropósito.

Sin embargo, hay que tomarse muy en serio las palabras del presidente AMLO pues nunca, desde los años posteriores a la “Decena Trágica”, se había planteado esa posibilidad desde la más alta investidura del país. Se equivocaría mucho quien afirmara que el Siglo XX mexicano estuvo exento de ambiciones desatadas de toda índole; pero la amenaza de vivir un golpe de Estado quedó conjurada desde el primer tercio de ese siglo y, cuando algunos generales quisieron ensayarlo, al principio del sexenio del presidente Lázaro Cárdenas, fueron controlados y sometidos sin mayores aspavientos. Por eso resulta difícil de digerir que hoy, el mismísimo presidente nos advierta que hay “conservadores y halcones” que están planeando su caída violenta. Sin embargo, no es de echar en saco roto tal advertencia.

El azaroso e imprudente discurso del general Demetrio Gaytán otrora subsecretario de la Defensa (en el periodo presidencial del beodo Felipe Calderón) en aquel desayuno (del 22 de octubre) encabezado por Luis Crescencio Sandoval, titular de la Sedena, y la adhesión abierta y encubierta de segmentos opositores, es un amago inaceptable y una injerencia militar en asuntos civiles que, junto a otros “menjurjes” inocultables, permiten considerar con seriedad que se estén maquinando disyuntivas de fuerza contrarias al Obradorismo, incluyendo como opción extrema la del uso de militares insurrectos. Si la preocupación sobre un golpe militar es fundada, el Presidente debería darnos, a todos (simpatizantes y no simpatizantes de él) como pueblo, la información necesaria para quien quiera (que yo creo que una gran mayoría) defenderlo y combatir a los enemigos de la República; esa que con tanto anhelo deseamos preservar para nuestros hijos. Es decir, si la amenaza denunciada por el mandatario es verídica, entonces que a nadie le quepa la más mínima duda: no pasarán. Y coincido con lo expresado por AMLO: “nadie avalaría un golpe de Estado”.

Además, opino objetivamente que casi todo mundo y en todo el mundo se esta de acuerdo con la frase, del escritor, poeta, ensayista, profesor y traductor sirio, conocido por su seudónimo «Adonis», Ali Ahmad Said Esber: “EL GOLPE MILITAR REPRESENTA, EN LA ÉPOCA MODERNA, LA MÁS HORRENDA, ATROZ Y NECIA FORMA DE ASALTO”.

Las Invitadas

Fabiola Serratos

Buscando algunos personajes destacados dentro de la política, me di a la tarea de tratar de encontrar entre varias funcionarias, aquellas que de verdad representaran a las mujeres dentro de la política.

Lo que me pareció interesante es que a pesar de tener mujeres muy trabajadoras y con carácter firme y excelente participación. En su gran mayoría son condicionadas, pues han sido muy pocas las iniciativas que se han dado en beneficio y seguridad de uno de los sectores más vulnerables en Tlajomulco.

Hace algunos años la participación de las mujeres en la política estaba más vinculada a los intereses de políticos dinosaurios, quienes las posicionaban por alguna razón en particular y para controlar su cargo. No es un secreto que los triángulos amorosos se dieran en nuestro ayuntamiento y que incluso esas vulgares historias fueran de interés público y bien podrían pasar a ser telenovelas debido al drama.

“Mujer si te han crecido las ideas de ti van a decir cositas muy feas”
Somos en el municipio, invitadas, espectadoras cuyas iniciativas quedan en la intención de ser aceptadas por los otros, por aquellos que tiene verdadero poder en un municipio de machismo absoluto. Tenemos entonces muy pocas imágenes de liderazgo haciendo verdadera labor, con su iniciativa y libertad, donde la violencia política no las alcance y de esa forma sus ideas sean escondidas y dejadas al olvido.

Continuamos aun en un entorno donde aunque se alardee de libertad de expresión y paridad de género la realidad es que la invitación a ocupar cargos públicos tiene más intereses ocultos que la verdadera participación femenina. Prácticamente se pide permiso para participar en la política, apadrinadas y con un discurso vinculado a algún dirigente. En Tlajomulco han pasado años sin ver figurar a una candidata o un liderazgo independiente femenino, incluso en la participación de ellas, se notan los pactos políticos.

La búsqueda de la libertad nos aterra, porque la censura siempre va vinculada a la desacreditación moral y social. Podemos verlo con algunas delegadas que sufrieron acosos e insultos tales como “No puede cuidar a sus hijos y desea ocupar un cargo”

La violencia es tan excluyente que la mayoría de las mujeres prefieren evitar ese tipo de acosos antes de involucrarse en la política o cualquier participación social o comunitaria. Entre rumores se dice que estas próximas elecciones veremos figurar a muchas mujeres y sería un acto verdaderamente revolucionario romper con las mismas figuras políticas y mirar en esta ocasión a líderes sociales, libres independientes y con la firme convicción de la participación femenina.Sin padrinos, sin viejos políticos moviendo detrás los hilos. Necesitamos que el empoderamiento venga desde nosotras mimas para ocupar con integridad y dignidad espacios en nuestra sociedad.
Y a ustedes… ¿A quién les gustaría mirar como candidata a la presidencia de Tlajomulco?

PRINCIPIO SIN PRIMERO.

«Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo»
-Evelyn Beatrice Hall

Alfonso Gacía Sevilla

Sin duda, el logro más grande de la tercera transformación que ha vivido el pueblo mexicano es la Constitución Política de 1917, primera en su tipo, que abandera un Estado social de derecho, donde las entonces garantías, hoy derechos humanos, son la razón de la existencia de los gobiernos, mismos que no han respondido al mandato constitucional.
La actual administración federal, encabezada por Andrés Manuel López Obrador no se distingue de las anteriores en este sentido, no existe la voluntad del mandatario por llevar a cabo una “Cuarta Transformación” más allá del pretencioso término que ha demostrado solo ser la marca del culto a la personalidad del tabasqueño.
Para muestra un botón que refleja la mercería entera, el artículo primero de la Carta magna expresa:
“Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley. (…) Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”
¿No debe ser el primer mandatario el que llame a la armonía, a la no discriminación, a la unidad del pueblo mexicano? ¿No debería él buscar el bienestar de todos sus connacionales?
Lamentable resulta su conducta, sus diarias provocaciones y descalificaciones a sectores de la sociedad, a medios de comunicación, académicos, empresarios, políticos y a todo aquel que, a pesar de tener argumentos y cifras contundentes, se atreva a hacer crítica de sus acciones de gobierno. De tal manera el tabasqueño se ha encargado de confrontar y azuzar a sus seguidores en contra de sus adversarios: “Fifís”, “la derecha”, “la mafia del poder”, “los medios conservadores” y todos aquellos molinos de viento que no comulguen con su política, en franca y abierta violación al mandato supremo constitucional, lo que nos deja en claro la ignorancia del objetivo supremo que la presidencia está obligada a realizar y que esta “Cuarta transformación” es PAN con el mismo PRIncipio de los gobiernos posrevolucionarios, sin que de fondo se quiera atacar a los males mayores que enfrenta el país y con más interés en callar a detractores que buscar la unidad y el bienestar nacional.

LOS MUNICIPIOS, ALCALDES Y LA 4T

Tiempo de contar…

“…Las consecuencias no tardan en dejarse sentir: despojado de toda dignidad el ciudadano y el municipio, se multiplican las usurpaciones del Estado y crecen en proporción las cargas del contribuyente”. -Pierre-Joseph Proudhon-

Pareciera que los municipios mexicanos están ausentes de la llamada 4 trasformación. No hay para ellos ningún proyecto de futuro, ni un rol que jugar en el imaginario que emana desde la presidencia del país. Tampoco están presentes en la agenda política de los demás, excepto cuando manifiestan su impotencia para resolver problemas o cuando se vuelven motivo de conflicto entre partidos y poderes fácticos que se disputan el control del territorio. Ahí están, como la base de la división política de México, pero nadie sabe qué hacer con ellos.

En algún momento del pasado se decía que Municipio era igual a pueblo, pero eso ya no es cierto. Aquella visión romántica del Municipio como escuela de la democracia se deshizo (si es que alguna vez la hubo) con la transición del régimen de un solo partido a la pluralidad: el diseño acuñado en los años ochenta del siglo anterior, que sirvió para impulsar la presencia de las oposiciones en los ayuntamientos, se perdió muy pronto por las estrategias desafortunadas para comprar votos, capturar los exiguos presupuestos, acomodar sus reglamentos a los intereses cupulares y construir clientelas disfrazadas de comités de participación social con sellos partidarios. Del pueblo no quedó, acaso, más que las fiestas patronales y el grito de septiembre.

Fue un error quererlos meter a todos en el mismo saco constitucional. Nunca fueron exactamente iguales: dese su origen colonial y hasta la fecha, siempre fue imposible equiparar a las ciudades diseñadas por los españoles con las comunidades originarias; a las capitales con las cabeceras y los pueblos aledaños; a las grandes urbes con los pueblos dispersos en las sierras, entre un largo y complejo etcétera de asentamientos, tradiciones, economías locales y culturas diferentes. El municipio fraseado en singular es una paradoja, pues los hay de todo tipo y cualidades. Y en la práctica, sus gobiernos se acomodan mal a las muy diversas realidades que los demandan.

De hecho, creer que el municipio equivale a los ayuntamientos es ya una desviación. Debajo de esa piel hay otras formas de organización social, mucho más vivas, que no tienen cabida en la lógica institucional vigente. Así como en el pasado colonial las cofradías se disputaban la representación del pueblo frente a la rigidez de las parroquias y las jerarquías católicas que gobernaban (remito a Clara García y su excelente texto: Desencuentros con la tradición, FCE, 2015), así también y hasta la fecha, los ayuntamientos viven clavados entre las rigideces de las normas que los rigen y la libertad ingobernable de los pueblos, las comunidades, las colonias y los barrios.

Eso que llamamos sociedad civil (otra generalización castrante que oculta, en vez de revelar, nuestra diversidad) se expresa en cada municipio de formas muy distintas, que rebasan con creces las capacidades limitadas de los gobiernos para darles cauce. Como el agua en movimiento, la gente busca la salida a los problemas que la agobian de modos que no encajan con lo que ofrecen sus ayuntamientos. Y lamentablemente, la encuentran con frecuencia fuera de la ley y en contra de las decisiones de quienes dicen gobernarlos. El caos municipal, que aflige a casi toda la república, es la consecuencia de esa incomprensión: gobiernos rígidos que sirven para muy poco, frente a organizaciones de toda índole gestadas de manera autónoma y, muchas veces, ignoradas o aplastadas.

En estos tiempos de cambios, nos estamos enredando con los mismos hilos del pasado, creyendo que las soluciones a todos los problemas vendrán del gobierno federal o estatal. Es un error: nada cambiará definitivamente mientras no aprendamos a reconocer y respetar la libertad municipal.

Pero además de lo anterior, legisladores panistas, priistas, emecistas y perredistas han alertado que el “austericidio” presupuestal de 2019 continuará el próximo año y que la opacidad en la que se transfieren los recursos a programas clientelares constituye un retroceso para el desarrollo de los estados y municipio, como tales.

Si a eso le sumamos que, desde el inicio de la 4T, ninguna derrota había sido para la oposición tan humillante como la de los alcaldes que en días pasados lideró el panista Enrique Vargas de Huixquilucan.

Es la derrota de la audiencia que el Presidente de México les negó mientras tocaban las puertas de Palacio Nacional y que nadie, absolutamente nadie, les pudo, le puede ni les quiere abrir.

Es la derrota de los alcaldes rociados con gas lacrimógeno porque, a decir del Presidente, “andaban de agresivos”.

Y porque de esa manera se ejerce el enorme poder presidencial ahí adentro y de ese tamaño es la orfandad y miseria de la oposición afuera. Los números no le alcanzan. Sus protestas tampoco.

Por eso la derrota de las autoridades municipales que declaran padecer la reingeniería del presupuesto federal es también la consolidación gubernamental de su avasallamiento político y financiero. Y de sus centralizadas prioridades: Pemex, IMSS, seguridad, transferencias monetarias directas para jóvenes, campesinos, adultos mayores, estudiantes…

En contraste, desde la tribuna de la Cámara de Diputados y del Senado, los legisladores morenistas celebraron la propuesta del Presidente de la ley ingresos y del presupuesto egresos del año 2020 y a toda crítica respondieron con la misma retórica que el Presidente López Obrador les recetó a los alcaldes: “despilfarradores, corruptos, ya se les acabaron los moches, los sobornos, los excesos…”. ¿Así deberás serán los alcaldes? La respuesta es que algunos (muchos) sí.

De manera que la derrota moral de los presidentes municipales es la derrota de una oposición endeble y desautorizada cotidianamente desde la máxima tribuna del poder. Oposición carente de cualidades positivas y desdeñada en su capacidad de interlocución frente al ejecutivo federal y sin posibilidades, por ello, de reclamar que se cumpla la supuesta colaboración entre los tres niveles de gobierno.

Así que los alcaldes que protestaron en palacio, nacional mayoritariamente del PAN, regresaron a sus municipios con promesas de unos diputados y senadores de oposición que difícilmente podrán cambiar la instrucción presidencial de no darles un centavo más en el presupuesto federal del año próximo.

Como ejemplo de la raquitismo de la oposición, resultó aciago el fallido intento de los senadores Damián Zepeda y Xóchitl Gálvez (PAN), Claudia Anaya (PRI) y Clemente Castañeda (MC), quienes imploraron el voto de Morena para mantener los 4 mil millones de pesos que los municipios mineros reciben para infraestructura y programas sociales (que en el caso de Jalisco son 16 municipios lo que se quedarán sin apoyo de ese fondo). 

En contestación a tal imploración, el coordinador de la bancada oficial, Ricardo Monreal, refutó los argumentos de la oposición. El alegato del zacatecano legislador fue una recreación de la retórica de palacio: “el fondo minero”,dijo, “se perdió en las corruptelas de los alcaldes y ahora irá a las escuelas que los neoliberales dejaron en ruinas”.

Al respecto el Senador jalisciense Clemente Castañeda fue enfático al señalar que: “Esta reforma es un absurdo y una contradicción, es una medida regresiva que lesiona severamente al federalismo y la autodeterminación de los estados, que no garantiza ni siquiera que los recursos vayan a llegar a las comunidades afectadas por la propia actividad minera”.

Quedan para el debate los pronósticos que, a la vuelta de un año, podremos comenzar a calificar sobre ese presupuesto federal.  Sólo entonces sabremos si la ausencia de los municipios de 4T y la derrota de los alcaldes son los clavos del ataúd de la oposición para el 2021. O el inicio de un desastre que, como ellos (oposición y alcaldes) lo advierten, sobrevendrá para en el 2020. Un desastre, dicen, que nos arrasará a todos.

Ojalá no sea profética la frase del filósofo, político y revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon: “…Las consecuencias no tardan en dejarse sentir: despojado de toda dignidad el ciudadano y el municipio, se multiplican las usurpaciones del Estado y crecen en proporción las cargas del contribuyente”.

El intento de una Falsa Verdad

Víctor Hugo Ornelas

Desde mediados del mes de agosto, el Semanario La Verdad no se ha publicado en su edición impresa, las razones, por supuesto que en su momento las daremos a conocer como la historia de terror que hay detrás de ello, sin embargo, mientras tanto, lo que es importante señalar es que hay un intento para engañar a la gente, principalmente a los Tlajomulquenses, pues un grupo de personas al servicio de intereses particulares, contempla aprovechar esta situación y comenzar a publicar un “semanario La Verdad”, pirata.

Cualquier persona que pretenda incursionar en el mundo del periodismo, debe hacerlo de una manera adecuada, debe cumplir los principios básicos como la ética, equidad, imparcialidad, independencia, veracidad y humanidad.

Quienes pretenden utilizar el nombre de La Verdad, para sus propósitos, están lejos de ser personas honestas y mucho más lejos de ser buenos periodistas, están formando parte de un intento de engañar y manipular a las masas, cuando el deber de un medio es informar y dar voz a los ciudadanos, porque de eso se trata la democracia.

Si hablo de manipulación y engaño, es bajo un argumento muy simple, aquellas personas que pretenden robar el nombre de La Verdad, bien podrían crear un nuevo medio de comunicación, con un diseño propio, un nombre propio, con una idea y filosofía acorde a lo que el proyecto pretende ser, sin embargo, es claro que requieren de algo que sus capacidades no les permiten construir, se llama prestigio. Algo que mal empleado, sirve para poder manipular e influir en el pensamiento de las personas.

Antes de prestarnos a cualquier tipo de manipulación o uso para manipular y desinformar a la gente, en La Verdad preferimos tomar una pausa a la edición impresa, no nos prestaremos a ser la herramienta de nadie, porque nosotros creemos en la honestidad e integridad como principios básicos del periodismo.

Cuando algunos personajes no saben trabajar y además con todo su poder y todo su dinero, no pueden comprar la opinión pública, la terminan convirtiendo en un enemigo, porque no comprenden que se trata de algo elemental para el desarrollo de un sistema democrático, en algunos penosos casos, al no poder controlar, buscan la manera de apropiarse y eso es lo que está ocurriendo.

A todos los clientes del Semanario la Verdad y sus lectores, les pedimos que no se dejen engañar, por el momento nuestro trabajo lo reflejamos a través de la página de internet www.LaVerdadPrensa.com y nuestras cuentas de redes sociales.

La Verdad se mantiene bajo la propiedad y dirección de un servidor, Víctor Hugo Ornelas y como únicos colaboradores Fabiola Serratos, Lorena Martínez Ramírez, Cynthia Astorga, Quirino Velázquez, Ángel Cardenas, Alfonso García Sevilla, José Mario Ornelas, Karen Ortega, Aryana Benavides, Alejandra Paredes y Martha Calvillo.

 Estamos seguros que regresaremos a la edición impresa porque para ello estamos trabajando, porque tanto columnistas, como reporteros y colaboradores, sabemos que tanto el nombre del medio como el de cada uno, irá siempre por delante de los artículos y materiales que pongamos al escrutinio público, es decir, nuestro nombre, es lo más valioso que poseemos.

Como siempre lo he dicho, no somos víctimas de nada, sabemos las condiciones que existen en el país y en un municipio como Tlajomulco para ejercer el periodismo, y aunque de pronto pueda sorprendernos el nivel tan bajo de algunos personajes, tenemos la capacidad de hacer frente a la tiranía y voracidad de quienes no entienden la importancia del trabajo honesto.

GÉNESIS PERVERSO

Alfonso García Sevilla

No es difícil llegar al origen que ha propiciado el caos que hoy nos aqueja como sociedad, tal como lo reflejan todos los estudios de organismos internacionales y locales y que nos ubican en los primeros lugares de corrupción, impunidad y violencia, hay uno en particular que dilucida esta génesis: en 206 años que tenemos como «nación independiente» no hemos logrado superar la barrera de la educación básica, esto es, en promedio el mexicano apenas termina la secundaria.

La falta de una educación integral ha permitido que la corrupción se encuentre enraizada en el ADN de los mexicanos como un componente intrínseco de nuestra cultura, misma que alaba a quien violenta las normas y denosta a quien las cumple.

De esta misma manera, y perversamente, se ha ido filtrando como la humedad la violencia, que lejos de asustarnos y ocuparnos en combatirla, la empezamos a ver como algo normal y cotidiano, permeada de manera impresionante por la narcocultura, misma que incluye antivalores nefastos tales como el machismo, la apología del delito, el vivir bien a costa de todo, apoyada por un portentoso aparato publicitario que incluye entre sus principales fortalezas la música y las series televisivas que muestran a la ostentación y al consumo suntuario como un estilo de vida al que cualquiera aspira y que solo a través del narco un gran sector de la población puede acceder.

Asimismo, la escalada de violencia inicia en casa, donde los mexicanos hemos también elevado los índices de maltrato y abuso a mujeres y niños, lo que es el inminente reflejo del terror que como sociedad no hemos sido capaces de erradicar y que a las autoridades de todos los ámbitos de gobierno no han podido o no han querido enfrentar. Las causas las conocemos, los correctivos no llegan y la problemática aumenta.

Así pues, no esperemos que de la noche a la mañana se dejen vivir episodios sangrientos como en Culiacán, Iguala, Uruapan, Ciudad de México y un largo etcétera de ciudades controladas por el crimen organizado, y podamos vivir en armonía, mientras no se atienda de forma integral la paz en los hogares, la deserción escolar y la calidad educativa, porque una sociedad educada tiene más posibilidades de ser una sociedad próspera y pacífica.

Politólogo, Profesor Universitario y miembro del Claustro académico del ITEI

La Falsa Independencia.

Fabiola Serratos

Aguantamos el capitalismo, el comunismo, el socialismo, el feudalismo. Aguantamos hasta el pendejismo.

Tuve la suerte de que mí primer recorrido por México como autora fuera en el 2012, dónde dieron inicio los movimientos estudiantiles en contra del entonces presidente Enrique Peña Nieto, tuve la sorpresiva e inquiétate experiencia de mirar las guerrillas en pueblos de Yucatán, Oaxaca Quintana Roo y más tarde asistir al D.F. donde el zócalo abarrotado de manifestantes exigían la justicia que en las urnas les fue robada. Cursaba el segundo semestre de la lic.

En filosofía cuando tuvimos oportunidad de armar un grupo “filosofía en movimiento” y formar parte de las que marchas nacidas en la universidad iberoamericana “yo soy 132” en todo el país. Después de aquello vivido como revolucionaria y amante de la historia, uno comienza a creer y hacerse la fiel idea que los cambios son responsabilidad de nuestra y no solo con el voto sino con las defensa y la rebelión de lo que oprime o es injusto.

De aquellos movimientos que exigían libertad, miles de estudiantes buscaron y exigieron el medio para representar cargos sin ser aliados de algún partido político. Para los dinosaurios representaba una buena alternativa para el quebrantamiento de los grupos políticos contrarios, para otros más idealistas (cómo su servidora) significaba la búsqueda de la independencia de manera democrática.“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”En la búsqueda de esta sociedad nueva, incluyente y justa; algunos soñadores incluyendo en el municipio armaron proyectos de candidaturas independientes, siendo su servidora invitada a participar en la municipal.

Principios de justicia, inclusión, equidad, respeto y el completo repudio a un viejo poder manejado por caiques y dinosaurios dentro de la política lo que me motivaron a dar un Sí en esta participación. Lo que uno no aprende sino hasta después de la experiencia son los múltiples espejismos y escenarios que tiene la política.Cientos de candidaturas independientes incluyendo las que pelearon por la presidencia de México, no fueron más que un circo político con el único interés de seguir conservando el poder pero con un argumento y máscara diferente.

Tlajomulco no fue la excepción. Dentro de esa falsedad no existía ninguno de los principios que en su momento miles de estudiantes intentaron rescatar, incluso me atrevo a decir que organizadores y coordinadores de dicho proyecto municipal jamás estuvieron en movimientos sociales congruentes, por el contrario figuraron anteriormente en varios partidos políticos. Actualmente se rumoran de nuevos personajes que desean tomar esta vía para conseguir “mínimo una regiduría” sin jefes, aunque esto implique la división de votos de proyectos importantes, lo que sí es sabido es que quien verdaderamente aprecia a su municipio no verá su imagen como salvación, ni buscara el reconocimiento de un proyecto en el que solo una persona se sienta “El héroe”.

Lo que dio inicio con buena voluntad de cientos de soñadores y jóvenes revolucionarios, fue como mucho otros proyectos consumidos por grupos de poder, ahora más que candidatos independientes quizá tengamos más trepadores en busca de empleos en los ayuntamientos o las mismas figuras en el poder pero con distinto argumento.¿Cuál será ahora la narrativa de los Seudo Independientes?¿Somos ciudadanos que viven las problemáticas?Porque entre ciertos privilegios y relaciones uno ya no se vive como ciudadano común, o como diría uno de mis adoradores profesores refiriéndose a la clase obrera, el común de nosotros lo mortales.¿Tenemos buena voluntad?.

Cuando sabemos que sin un proyecto, movimiento o estrategia ni siquiera un movimiento nacional como en su momento lo fue yo soy 132 pudo.Estatalmente hemos charlado con aquellos que años atrás comenzamos como estudiantes las revoluciones sociales. ¿Cuál sería la verdadera opción para una revolución? ¿Cuál sería entonces la opción para qué un país consiga la libertad de los mismos viejos protagonistas en la política?La unión que dignifique la congruencia, saber que nuestro municipio es de todos no solo de los que lo llaman NUESTRO que la gente de nuestras comunidades está por encima de nuestras propias necesidades y protagonismos.

Qué no existe verdadera independencia cuando no se conoce ni de historia, ni de inclusión, mucho menos de una participación social verdadera y coherente. Cuando el mismo discurso político refiere a un proyecto como la salvación y la compasión de la marginación justificándolo como “Así es la política de un pueblo” Nuevamente le hago la invitación a analizar nuestra participación, pues miramos a nuestros hermanos latinoamericanos en sus luchas, donde existe unicamente el deseo de la justicia.

Mientras en nuestro municipio y país se busca más la distinción del protagonismo y con éste el de controlar a los otros. La verdadera Independencia la rigen las ideologías de los que conocen las luchas sociales, nuestros momentos históricos importantes y que saben que no se trata solo de no estar en un partido político sino en apelar y luchar por la libertad de todos. 

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