Opinión

Nos salvamos juntos o nos hundimos por separado

Esta colaboración parte de una definición: si no nos aislamos, drásticamente, no controlaremos la pandemia, la muerte. Es más: la habremos prolongado estúpidamente.

Hoy estamos amenazados, por la ruleta rusa, del contagio masivo del Covid-19 (70% pasará por ese juego macabro: ¿seré asintomático, leve o grave?) todos padeceremos después los efectos inevitables de la pandemia que golpeará con crueldad a los más débiles y a los más pobres. Una brutal selección darwinista está recorriendo a la humanidad: están muriendo los más viejos, los hipertensos, los diabéticos, los portadores de VIH, los que tienen padecimientos renales y sobrevivirán los más fuertes, los más jóvenes, los más sanos. Cuando la convulsión haya concluido se sobrepondrán a la devastación económica quienes tengan casa, quienes tengan dinero, capital cultural, trabajo seguro y redes de protección y seguramente sucumbirán, como siempre, los que no tengan nada más que la vida. La desigualdad social se volverá todavía más profunda.

Parece que los gobiernos siguen sin admitir que los problemas económicos y sociales que se nos vienen encima rebasarán con creces los planes que se había hecho y que no servirán las piscachas que va repartiendo: no alcanzarán por la combinación entre recesión, devaluación e inflación; porque el dinero valdrá menos, los programas públicos no podrán sufragarse y la informalidad aumentará tanto como las necesidades de ingreso. El confinamiento obligado por el coronavirus ya está castigando a quienes viven al día y sobreviven de lo que puedan sacar de la calle y, por esa razón, no podrán resistir cinco semanas (caso de Jalisco) en casas que no tienen o donde conviven hacinados y en condiciones insoportables.

Tenemos que actuar ya, porque decenas de miles de personas se están quedando sin ingresos, sin forma de obtenerlos y sin esperanza de salir adelante; no tienen cómo cuidarse ni cómo proteger a los suyos. ¿Qué estamos esperando para formar centros de acopio y construir cadenas de apoyo? Es ridículo suponer que los programas sociales (federales, estatales y municipales) podrán suplir las carencias que se acumularán hora tras hora y es despiadado sugerir que los pobres deben seguir trabajando, inmunes al virus.

Pero será la realidad, no la previsión ni el talento de los gobiernos, la fuerza que produzca un plan. Necesidad, no virtud, que obligará a presentar (ante los ojos de todos, adentro y afuera) un programa excepcional para escapar de la recesión, la más profunda que los mexicanos hayamos conocido.

No se necesita ser profeta para reconocer los eventos que vendrán (y ya están aquí): bajan fuertemente las ventas, no hay nuevos pedidos, despidos todos los días, capitales moviéndose hacia EU (hacia lo seguro), inversiones en caída, desplome de la recaudación y del precio del petróleo, devaluación sin control, en medio de pilas de muertos, anomia (estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales) y suspensión obligada de la actividad diaria de millones. Y esto lo vivirá, lamentable y simultáneamente, casi todo el mundo.

En las últimas dos semanas la situación económica mundial cambió de forma drástica y para mal. Todos los países del mundo están resintiendo las repercusiones del coronavirus. Es demasiado temprano para dar números, pero es una certeza que habrá una recesión mundial, más profunda que la observada en 2008-2009. Lo mismo ocurrirá en México. Debemos prepararnos para una recesión severa y de duración incierta.

Cabe recordar que a medio fuego cruzado de la II Guerra Mundial, un economista publicó un informe que definiría el nuevo Estado de bienestar británico y, por extensión, occidental. A William Beveridge, miembro del Partido Liberal, le encargaron el informe tres años antes de que se apagasen los cañones de guerra anticipando lo que se venía sobre las sociedades de los países en contienda. De la misma manera, hoy, cientos de economistas claman por medidas urgentes, profundas, de protección a la ciudadanía ante el shock que nos ha traído la pandemia.

El centro de gravedad del debate ideológico se va a mover (¡se está moviendo ya!) hacia las posiciones que favorezcan la protección de los más vulnerables. No será algo temporal, acotado a la duración de la epidemia. Se trata de un cambio estructural, porque sus causas también lo son. El nuevo coronavirus ha hecho evidente que cualquier golpe inesperado sobre la actividad económica somete a millones de hogares a un coste humano inaceptable. Y deja en evidencia la debilidad de la llamada macroeconomía. Pero bueno eso es tema de otra colaboración.  

Por lo pronto, si queremos sobrevivir como sociedad y no solo como individuos aislados, debemos sobreponernos a nuestros temores y tejer de inmediato las redes de salvaguarda y de respaldo social necesarias para contrapesar los efectos brutales de esta tragedia entre los más pobres y los más débiles.

Sin duda, en esta aguda crisis aplica la famosa frase del escritor, guionista y fotógrafo mexicano Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo: “NOS SALVAMOS JUNTOS O NOS HUNDIMOS POR SEPARADOS”.

Un gobierno privilegiado, un pueblo sin agua y propenso a la desgracia.

Fabiola Serratos

En las últimas semanas hemos visto circular por redes sociales el ya famoso #QuedateEnTucasa pero lo específicamente vergonzoso de esta tendencia, es la cínica forma en la que servidores públicos privilegiados exhortan a la ciudadanía hacerlo cuando las principales necesidades de ésta no son apoyadas.

Hasta el día de ayer muchas colonias reclaman en redes sociales la pronta resolución  de este problema tan grave, pues cabe recalcar que mientras ellos se regocijan en la seguridad de sus casas, la clase obrera y comerciante.

(La misma que no visitan a menos que sean épocas de elecciones) esa no tiene el servicio básico para protegerse, pasan horas haciendo fila en espera de pipas  de agua y otros más tienen que cooperar entre vecinos por este servicio.

El día de ayer desde San Sebastián se lanzó un comunicado y en conjunto hicimos una red de apoyo que fue reportada en varias ocaciones llegándonos a reconocer cómo Spam. Aunque nuestro gobierno gaste millones en publicidad, lo cierto es que a varias semanas de esta pandemia, comienza a verse la crisis, económica, social, de convivencia y una ausencia absoluta de apoyo a los ciudadanos. 

Si ya era complicada la idea de un encierro cuando se vive al día, es todavía más triste saber que muchos sectores no pueden ni siquiera mantener las medidas necesarias de sanidad por falta de agua y porque en algunas zonas la basura pasa solo una vez a la semana.

Nosotros en zona valle, los que por tandeo  si tenemos la posibilidad de tener  un poco más seguido agua, debemos ser solidarios ¡ni albercas,ni convivencias! Pues aunque no tengamos la forma de ir a compartir cubetas o pipas de agua es nuestra responsabilidad cuidar la que sí nos llega y sobre todo entender que no estamos en un periodo vacacional.

Mientras tanto nuestro querido y cínico gobierno antes de promover desde la comodidad  de sus hogares el quedarnos en casa,  los invito a cumplir su deber en las colonias con más vulnerabilidad  ya que si un pueblo está seguro no suenan a sarcasmo, burla y ofensa sus videos, fotografías y publicaciones en sus preciosas casas.

“No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”

Hermanos de Cristo

Alfonso García Sevilla

Una de las obligaciones que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos le otorga al presidente de la república es la de preservar la seguridad nacional en términos de la ley, así pues, La Seguridad Nacional tiene como objetivo la conservación, la estabilidad y la continuidad de cualquier sociedad, así como la protección a la vida y bienestar de sus ciudadanos. Cada día surgen nuevos riesgos y amenazas que afectan a la Seguridad Nacional, algunos procedentes de la naturaleza y muchos otros de la mente humana. Aunque se suelen mencionar riesgos y amenazas como el terrorismo, los ciberataques o el crimen organizado, y el que actualmente enfrentamos: el coronavirus.

México actualmente padece una crisis en materia de seguridad, cuya amenaza primordial es la delincuencia organizada, siendo los cárteles del narcotráfico, los más poderosos y cuya fortaleza día a día, lejos de ser un blanco de combate de nuestras autoridades, se les percibe como un imperio bien cimentado, sin la capacidad del Estado mexicano de debilitarlo, o quizás sin la más mínima intención de hacerlo.

Este cáncer genera ganancias anuales, según estimaciones de expertos, del nivel de los 600 mil millones de dólares, derivadas, además del narco, por el tráfico y trata de personas, huachicoleo, secuestro, cobro de plaza, entre otros y que cobra la vida de miles de mexicanos al año, tanto en la disputa por los mercados, como por los daños colaterales y a las víctimas de estos ilícitos.

Un estadista que se ocupa de los mandatos de la soberanía actúa en consecuencia del problema. La delincuencia organizada debe ser vista como lo que es: un enemigo a la seguridad nacional.

¿Puede el estado mexicano hacer cualquier gestión para que “por razones humanitarias” ayudar a la madre del “Chapo” Guzmán a tramitar una visa y que lo pueda visitar en Estados Unidos, donde se encuentra preso?

¿Tendrán derecho a ellas a sabiendas de cuántas vidas ha cobrado el “negocio” de su vástago? ¿No resulta increíble el video donde el jefe del ejecutivo nacional, de manera muy casual, como si realmente fuera cualquier ciudadano, saluda a la madre del “Chapo”? en un entorno de criminales y la comitiva presidencial.

A un año de gestión de la 4T, no se perciben acciones contundentes en materia de seguridad que permitan tener la certeza de que podemos revertirlo y minimizarlo, por lo pronto, 2019 y 2020 ya son años perdidos contra la delincuencia, sin una política pública de largo plazo que permee en este sexenio.

¿Quiere ser un ilustre mexicano?

Quirino Velazquéz

El presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en que su triunfo en la elección de 2018 fue una ruptura con el pasado y que estamos en una nueva etapa en la historia de México. La primera señal de esa nueva época, dice, es el liderazgo político diferente que él encarna.

Fue el cambio verdadero: los nuevos tiempos de la justicia y del progreso para todos, “por el bien de todos primero los pobres”. ¿Cómo culpar a quien votó ante tal promesa? La narrativa era poderosa por simple: el país ha sido capturado por una élite rapaz que debe ser sometida por un hombre que represente un cambio radical y sin tibiezas: que recupere el gobierno para la gente. El problema a radicado en hacer de los símbolos de esa narrativa electoral políticas de gobierno.

El presidente AMLO llegó al cargo con la promesa principal de generar una transformación histórica comparable a la gesta de la Independencia (el movimiento armado para liberarse de los 300 años de dominio español y que tuvo lugar de 1810 a 1821), a la de la Reforma (la guerra entre liberales y conservadores de 1858 a 1861. Tras este conflicto surgieron las «Leyes de Reforma», entre las que destaca la separación de la Iglesia y el Estado. Benito Juárez, el personaje que más admira López Obrador, fue el protagonista central de este momento) y a la de la Revolución (conflicto armado contra el régimen de Porfirio Díaz entre 1910 y 1917. Al final de la Revolución se promulgó la Constitución que rige actualmente en México). Le puso nombre a la proeza: la Cuarta Transformación de la República. La cuarta, dijo, porque tenía que ser genuinamente heroica para llevar a su líder a las mismas páginas donde se escriben los nombres de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez, José María Morelos, Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide; Benito Juárez, Mariano Escobedo, Juan Álvarez, Miguel Lerdo de Tejada, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Ignacio Zaragoza; Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Venustiano Carranza, Felipe Ángeles y José María Pino Suárez, Enrique, Ricardo y Jesús Flores Magón (por mencionar algunos).

Sin embargo, se sabe que ninguno de los ilustres mexicanos, que mencioné, eligió sus circunstancias ni diseñó los escenarios donde actuaron: Ninguno de ellos se propuso ser ícono de la historia nacional, sino que lo fueron por la firmeza de sus convicciones y por las decisiones que fueron tomando sobre la marcha. La historia no es nunca el producto de una sola voluntad sino una combinación fortuita de situaciones y personas: nadie elige el tiempo en que ha de vivir ni tampoco los retos que ha de enfrentar.

Por eso, la diferencia entre el personaje heroico y el personaje intrascendente es el sentido de oportunidad y la reacción inequívoca ante los retos que deben enfrentarse. Los grandes constructores de la historia fueron, primero, grandes lectores de su entorno: entendieron los momentos que vivían y se adaptaron a ellos. Nunca quisieron someter la realidad a golpe de palabras sino afrontarla con hechos, inteligencia y decisión.

Así, a la Cuarta Trasformación le llegó el tiempo de enfrentar la realidad. La crisis que se avecina, producto de la pandemia global del coronavirus y de la caída de los precios del petróleo, hace inviable la aventura histórica del presidente López Obrador.

Por nuestra parte, tenemos que cobrar conciencia de que, al volver de la pandemia del ya mundialmente famoso Covid-19 ya no seremos los mismos. Ni la situación que viviremos será igual. Se observan razones para hacer esta aseveración: la economía estará en crisis. No sólo habrá dejado de crecer, sino que se habrá producido una devaluación y, muy probablemente, habrá una secuela inflacionaria. Dicen los que saben de economía que este escenario ya es inevitable. Como resultado de esa crisis habrá menos recurso$ para invertir y redistribuir: se habrán perdido empleos y habrá que remontar un nuevo período de pobreza para quienes tienen menos y una mayor desigualdad social. Ninguno de esos efectos podrá mitigarse por completo regalando dinero del erario público, no sólo porque el presupuesto tendrá que ser ajustado, sino porque esa nueva tendencia de pobreza y desigualdad vendrá de la caída del empleo, de la pérdida del poder adquisitivo, del cierre de empresas y el desplome del consumo.

Lo anterior no son profecías apocalípticas: describo los hechos que, aunque no quisiéramos, vamos a tener que afrontar al volver del aislamiento obligado por el fatal coronavirus. Además, es de imaginar que dadas esas circunstancias tendremos que lidiar con la combinación de la desesperanza y la desesperación (esas gemelas abandonadas por la misma madre) que, como ya estamos empezando a ver, alimentarán el resentimiento social, los reclamos iracundos y las muchas violencias que, ya de suyo, nos han venido agobiando desde hace muchos años a causa de la conocida guerra fallida de Felipe Calderón. Y el gobierno de la Cuarta Trasformación no podrá hacer frente a esos desafíos repitiendo lo mismo que ha venido haciendo, porque los enemigos han cambiado y esta vez son globales y muy poderosos.

Ahora sí, señor presidente Andrés Manuel López Obrador, es hora de sacar la casta. Usted no está sólo cuenta con el apoyo de una formidable cantidad de intelectuales y cuadros técnicos de primer nivel, con el aparato de su partido Morena (una agrupación heterogénea de líderes propios y dirigentes reciclados de la ex partidocracia gobernante) y, sobre todo, de una ciudadanía esperanzada. Nunca fue más cierto que “por el bien de todos, primero los pobres”. Pero nunca fue más importante reaccionar con flexibilidad ante los hechos que nos desafían y no confundir el coraje con la ira, ni la prudencia con la cobardía, ni la tenacidad con la necedad. ¿QUIERE SER UN ILUSTRE MEXICANO? Pues ahí tiene la oportunidad: es ahora cuando necesitamos que la Cuarta Trasformación se haga realidad.

Aves de Tempestad

Alfonso García Sevilla

Una definición básica de la política la podemos entender cómo ponerse de acuerdo los habitantes de una comunidad para tomar las mejores decisiones que incidan en su beneficio. Cada tres años nos encontramos a personas que nos dan a conocer sus propuestas para mejorar nuestro entorno y que son la mejor opción para tomar las riendas del municipio, estado y país, aunque la experiencia nos dice que, a la fecha, los que han tenido esa responsabilidad nos han fallado sistemáticamente.

Hoy, a unos días de iniciar con las medidas necesarias para establecer cercos a la pandemia mundial del coronavirus, que tantas afectaciones ha dejado en varios países del mundo, algunos actores quieren sacar raja política y ventaja en tiempos donde es necesaria la unidad, la prudencia y acatar las medidas decretadas por las autoridades.

Primeramente, la senadora emecista Verónica Delgadillo, a quien le urge un asesor en materia de comunicación política, circula en sus redes un cuadro comparativo entre las medidas tomadas por el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro y las del gobierno federal, con el fin de ganar simpatías más allá de sus boots en redes, efecto que en consecuencia fue desastroso para ella, al cuestionarle que lejos de atacar, se ponga a trabajar. No es la primera vez que la senadora naranja tiene desatinos en sus mensajes, es bien reconocida por ello.

Segundo caso, el presidente López Obrador, insiste que la crisis por el coronavirus, no lo es, incita a la gente a no tomar medidas y en un abierto reto a la inteligencia del ciudadano, declara que en solidaridad al pueblo ha decidido la baja de la gasolina. En el mismo sentido debería decir que también él hizo bajar los precios del petróleo o que gracias a él, el dólar rebasa hoy los 25 pesos.

Ricardo Anaya al aprovechar la polarización que genera AMLO en su comunicación, sale en un video en redes sociales, a pedir la unidad nacional y a dejar en claro que sale de las sombras después de su estrepitosa derrota electoral de 2018. Sin ser especialista en temas de salud, poco o nada ayuda a la crisis ante la pandemia que vivimos y las mismas redes se lo han echado en cara.

Y así otros ocurrentes, como el diputado panista de Guanajuato que salió a regalar gel antibacterial con su nombre y logo de su partido, que no entienden que ante realidades como las que estamos viviendo, mucho ayuda el que bien informa y además, no estorba.

Politólogo, profesor universitario y miembro del Claustro Académico del ITEI

Privilegiados, Necesitados y los irresponsables.

Sino nos mata el virus, nos mata el hambre o la indiferencia.

Fabiola Serratos


A casi dos semanas que iniciará esta pandemia, muchas han sido las noticias y las alarmas, gobernantes oportunistas que disfrazan sus intereses con precauciones y falsa voluntad, hasta un presidente del que a veces cuestionamos su cordura.

Pero los de abajo, los que estamos en la parte más vulnerable del país, quienes hemos sido bombardeados con noticias falsas, restricciones, etc. Somos quienes realmente han vivido una crisis e incertidumbre bastante severa.

Las redes sociales nos han dejado en evidencia tres grupos de personas que surgieron en estos días.

Los privilegiados.
Los que tiene oportunidad de hacer cuarentena, resguardarse y hasta dirigir campañas de cuidado “quédate en tu casa”

La clase media baja.
Entre comerciantes y obreros, son quienes con temor o incertidumbre continúan sus actividades rutinarias pues de ellas dependen el día a día y el sustento que puedan ofrecerles a sus familias, para ellos aun no existe el quédate en tu casa y es más alarmante la idea de no poder alimentar a sus familias que contraer un virus. “Sino me mata el virus me mata el hambre”

Los irresponsables.
Ante una pandemia mundial, muchos podemos hacer crítica y reflexión en cualquiera de sus ámbitos, lo que si no es válido es ignorarlo, evidenciar nuestra mediocridad e indiferencia en actos que ante tan contra la salud no sólo de ello sino de los millones que somos en este país.

Pareciera una burla que mientras madres solteras, padres de familias e incluso personas de la de la tercera edad tienen que dejar su resguardo para alimentar a sus familias, un sector de la población aún asiste a bares, fiestas, convivencias o peor aún, han visto la cuarentena como un periodo de vacaciones en el cual no han tenido ni la más mínima precaución.

Quizá de entre todo lo que podemos analizar es el desabasto que tenemos en el sector salud y qué si es verdad o no una pandemia. Lo cierto es que nuestro sistema de salud no podría con algo así.

Tenemos en nuestras manos la responsabilidad más grande y no la hemos comprendido porque no sabemos ser responsables de nosotros mismos. Siempre en espera de ser obligados a tomar desiciones y siempre culpando a otros de lo que no tenemos iniciativa ni deseos de solucionar desde nuestra persona.

Así como surgen manos voluntarias y buenas acciones, las crisis también dejan salir lo peor de las personas y esperamos que al paso de las semanas logremos ver más conciencia y menos indiferencia.

Coronavirus (COVID-19)

“Los estados son demasiado chicos para afrontar los grandes problemas de la humanidad y demasiado grandes para resolver los problemas de cada individuo” -Daniel Bell-

Quirino Velázquez

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha informado que los coronavirus son una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS).

También, ha expresado que la COVID-19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente. Tanto el nuevo virus como la enfermedad eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre del año pasado (2019).

Además, ha comunicado que los síntomas más comunes de la COVID-19 son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes pueden presentar dolores, congestión nasal, dolor de garganta o diarrea. Y que estos síntomas suelen ser leves y aparecen de forma gradual.

Asimismo, la OMS dice que algunas personas se infectan, pero no desarrollan ningún síntoma y no se encuentran mal. Que la mayoría de las personas (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial. Que alrededor de 1 de cada 6 personas que contraen la COVID-19 desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar. Que las personas mayores y las que padecen afecciones médicas subyacentes, como hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes, tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave. Que en torno al 2% de las personas que han contraído la enfermedad han muerto. Y recomienda que las personas que tengan fiebre, tos y dificultad para respirar deben buscar atención médica.

También, en días pasados la OMS declaró a la COVID-19 como una pandemia (enfermedad contagiosa que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región). A decir de la misma OMS, se trata de la primera pandemia causada por un coronavirus.

La anterior información otorgada por la OMS nos lleva a revelar que estamos viviendo tiempos muy amenazadores. Nadie había imaginado que el nuevo siglo irrumpiría montado en un caballo del apocalipsis. Nos habíamos prometido lo contrario: un siglo en el que la comunicación global y la evolución de la tecnología nos permitiría cumplir los objetivos de desarrollo sostenible, soñando con un año 2030 mucho más igualitario, más justo, más limpio, más pacífico. Un mundo sin guerras, sin hambre, sin ignorancia, sin discriminación, sin desigualdad, sin violencia. Uno en el que todos los excesos, los abusos y los despropósitos del siglo XX quedarían definitivamente eliminados.

Sin embargo, estamos asimilando la fuerza de la comunicación global por el ya famosísimo coronavirus COVID-19: nunca habíamos estado tan cerca como ahora, ni más informados de lo que sucede en cada rincón del mundo, ni más conscientes de nuestra vulnerabilidad común. China ya no queda lejos, pues nos anuncia su presencia con el virus que nos amenaza a todos; Europa está a la vuelta de la esquina; los Estados Unidos vuelven a quedarnos demasiado cerca y todos vamos devorando los mensajes que nos envían de todas partes.

No creo que se haya renunciado a los ideales ni que se hayan roto las promesas formuladas. Sin embargo, estamos reconociendo nuestros límites de una forma completamente inesperada: ya habíamos entendido, aun a duras penas, el peligro que entraña la destrucción sistemática del medio ambiente y la amenaza que eso significa para el presente de la humanidad. Pero no habíamos imaginado que la mutación viral sería mucho más potente que nuestra capacidad para enfrentarla, hasta el punto de poner en jaque a todo el mundo. El contagio ha revelado nuestra cercanía, pero también ha mostrado nuestras debilidades: Una buena pregunta ¿De qué servirán ahora los misiles y las armas acumuladas durante décadas por los países más violentos?

La crisis que está viviendo el mundo nos revela que el sistema económico mundial tampoco está preparado para derrotar a este enemigo compartido. De hecho, los contagios son más peligrosos porque la economía de la salud no está diseñada para cuidar a todos y en consecuencia puede desbordarse en cualquier momento: no se teme tanto a la COVID-19 cuanto a la presión masiva sobre el sistema de salud. Y, por otra parte, el indefectible egoísmo del sistema financiero puede acarrear muchas más tragedias por la caída de la producción, de las inversiones y de las expectativas de negocio. La desesperación fiscal y financiera que ya asoma tras la enfermedad viral no sólo nos anuncia otra faceta de este mismo drama, sino que nos confirma que nadie estará completamente a salvo.

En efecto, las consecuencias económicas serán muy duras y significativas. La pandemia ha paralizado amplios sectores de la economía mundial, se reducirá el comercio y el tránsito de personas dentro y fuera de cada país. Recursos valiosos de cada hogar tendrán que ser redirigidos a precauciones o atención médica. El mundo será más pobre al final del año. La distribución relativa de los costos sociales será tan desigual o quizás más que las ganancias en tiempos del neoliberalismo.

Incluso, si este nuevo virus desapareciera de nuestro país en este mismo momento, el impacto económico sería evidente. Así lo sugieren la caída en los precios del petróleo, el alza del tipo de cambio del dólar y los indicadores bursátiles que están gravemente a la baja. Una pandemia pone a todo gobierno frente a un dilema trágico: ¿cuántas vidas deben estar en riesgo antes de parar una economía? ¿Qué vidas deben procurar salvarse antes que otras? ¿Qué paliativos deben ofrecerse a quienes sufran más por la recesión que por la enfermedad?

Hay otra víctima de esta crisis: el desplome de la cooperación entre personas y gobiernos. Muchas personas ya incurren en compras de pánico dejando sin abasto a otras más pobres. Habrá productores y comerciantes que acaparen bienes esperando explotar alzas de precios. Gobiernos que opten por cerrar fronteras y aeropuertos para tener un chivo expiatorio ante una enfermedad que ya se transmite de manera local.

Lo irremediable es que cuando esta pesadilla haya terminado, porque de todos modos habrá de terminar, nada en el mundo será igual. Y por supuesto, tampoco en México. De buena fe, quizás hayamos aprendido a ser más solidarios, menos arrogantes y más sensatos para impedir que otras tragedias nos arrollen, para escuchar más a los expertos y para dejar atrás la candidez que todavía nos hace creer que todos los problemas, de cualquier naturaleza, se pueden remontar por la pura voluntad política de los dueños del poder. Será una lección brutal, pero quizás le ayude al mundo observar la debilidad de nuestros gobernantes ante la potencia destructiva de un bicho microscópico. Pero las virtudes de esa lección vendrán después, cuando despertemos a una nueva realidad cuyos efectos quizás durarán por décadas.

Lo que se nota es que nunca fue más evidente la debilidad de los gobiernos ni más cierto lo que advertía el sociólogo y profesor emérito de la Universidad de Harvard, miembro residente de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, Daniel Bell: “Los Estados son demasiado chicos para afrontar los grandes problemas de la humanidad y demasiado grandes para resolver los problemas de cada individuo”.

Redes de pánico, violencia y mentiras.

“Cualquiera con tiempo y redes puede generar crisis”

Fabiola Serratos
Esta semana pasamos del pánico feminista al pánico del Coronavirus y es que hemos llegado a la conclusión que cualquiera que sepa manejar redes sociales y tenga demasiado tiempo libre es capaz de generar los contenidos más alarmantes.

Esta semana renuncié a mi participación en grupos de WhatsApp y Facebook al notar la gran cantidad de alarmas, falsedades y violencia que se generan ahí.

En particular la semana se vio dividía en dos temas relevantes y agresivos.
Los primeros días circularon infinidad de videos viejos, fotografías de otros países y noticias que desacreditaron en gran parte el trabajo de muchas mujeres de lucha. En una experiencia personal al reportar a los administradores de un grupo donde además de burlas se hablaba con lenguaje agresivo y donde la violencia con los temas era realmente clara la respuesta fue.

“Todos tenemos derecho a la expresión”
Quizá lo que como ciudadanos NO comprendemos es que la intolerancia y la violencia jamás serán un derecho.

Los grupos se han convertido en canales de ignorancia, brutalidad y fuentes que desinforman y generan pánico. Los administradores no han asumido la responsabilidad de lo que implica administrar fuentes de información y es que la gran desventaja de las redes sociales es que sin conciencia alguna cualquiera puede llenar de contenidos falsos y lastimosos jugando el rol de un periodista.

Con las redes sociales se ha ido deteriorando o minimizando el verdadero valor del periodismo. Basta sólo con ver las verdaderas noticias en medios de comunicación y las notas con intensidad y pánico con respecto al tema que surgieron días después de las marchas.

Hoy hemos despertado sumergidos en la intriga y el pánico del coronavirus.
Nuevamente los grupos evidencian su falta de conocimiento y se reparten por montones noticias y videos de dudosa procedencia.
Como si todo lo anterior no fuera poco, viene la forma en la que se politizan todos los temas, que si de tal partido que sí derecha o izquierda.

Esta semana sin duda vinieron a mi mente mis años en la universidad y la forma en la que nuestro maestro de psicóloga no recalcaba
que mientras no comprendamos que absolutamente todos los temas sociales llegan a nosotros configurados para pensar de manera colectiva. El pánico, la angustia, la desesperación todo lo vivimos y pensamos en conjunto tanto que nos es casi imposible meditar qué tan ciertas o no llegan a ser los casos de forma individual. La desventaja de pensar en conjunto es sin duda es la repartición de males sociales.

Mis problemas son tuyos y tienes obligación de atenderlos.
La solidaridad pasa de ser una armoniosa construcción social a un círculo de dependencia y obligación asfixiante que sí permite ver con claridad que en casos particulares los terrores sociales son usados en beneficio de unos cuantos. Mientras no ordenemos y dignifiquemos nuestros medios y nuestra participación social. Temas irán y vendrán y siempre serán los mismos resultados. Pánico, angustia y una ola de violencia que muy pocas veces traen una nueva construcción social.
¿Qué parte nos toca a nosotros como sociedad para evitar la desinformación ?

¿Cómo entender la inflación?

Alberto Reveles

Según la autora Sofía Macías, es el aumento sostenido y generalizado de los productos y servicios, durante un lapso de tiempo determinado. Si un producto en particular aumenta de precio, no se trata de la inflación, sino de un reflejo de la disponibilidad del producto ante el mercado. Por el contrario, la inflación se puede conocer en los medios financieros y está determinada en porcentaje relativa al precio anterior.

Por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publicó que la inflación anual del año 2019 se ubicó en 2.83%, lo que debe entenderse que todos los productos y servicios por lo menos aumentaron el 2.83% con relación al precio del año anterior.

¿Porque están importante conocer la inflación?, por un lado, en términos económicos y financieros no solo representa el aumento de precio de los productos y servicios, sino que además nos señala que el poder adquisitivo del dinero ha disminuido. Quiere decir que si la despensa de tu hogar la haces en el súper con 2,000.00 (dos mil pesos 00/100 M.N.), para la vuelta del año y considerando los mismos productos no alcanzaras a adquirirlos por la misma cantidad.

Por otro lado, si conoces la inflación y ahora que ya sabes cómo impacta a tus gastos, debes buscar que la compensación para dicha inflación se aplique a los ingresos, que quiere decir que, el salario debería de aumentar por lo menos el mismo porcentaje de la inflación, los productos o servicios que ofertes deberán considerar la inflación, los arredramientos también deben ajustarse con la misma relación.

Por último, mencionarte que las instituciones financieras son expertas en asegurar que la inflación la pague el cliente, entonces si tienes productos financieros debes saber que la inflación impacta en dos sentidos, el primero es que aumenta el costo por el servicio prestado por la institución financiera, y el segundo es que tu dinero con el paso de los meses paga menos deuda por que se pierde el poder adquisitivo del dinero.

La Cuarta Transformación y AMLO

«EL CAMBIO ES LA ÚNICA COSA INMUTABLE». -Arthur Schopenhauer-

Quirino Velazquéz

Ante el reclamo social, el movimiento encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador concibió, como salida a la grave situación del país, propiciar cambios para la transformación de México.

Los gobiernos (prianistas) anteriores llevaron a la nación a la decadencia. Durante muchos años el sistema propició el dispendio de los recursos públicos, el abuso de poder y la impunidad. El statu quo oficial fue la corrupción.

Revertir esta situación es muy complicado, pero no imposible. Demanda grandes esfuerzos y seguro tomará tiempo. Implica decisiones que se enfrentarán a poderosísimas resistencias, pero debe realizarse porque el sistema anterior ya dio de sí: hacer lo mismo es como no hacer nada. Por lo mismo, reconducir la administración pública precisa reconformar los fines de las instituciones.

Para propiciar las condiciones de cambio, ineludiblemente habra que modificar la manera de enfrentar la corrupción. El sistema que los gobiernos anteriores adoptaron y preservaron protegió a los servidores públicos que estuvieron involucrados en los nefastos actos de esta naturaleza.

Desde el gobierno del expresidente Carlos Salinas de Gortari los delitos relacionados con hechos de corrupción cometidos por funcionarios públicos dejaron de ser considerados graves. El 10 de enero de 1994 se modificó el artículo 194 del Código Federal de Procedimientos Penales para establecer un catálogo de delitos graves que no permiten la libertad del inculpado durante su proceso. Dentro de él no se incluyeron los delitos cometidos por los servidores públicos.

Salinas de Gortari hizo esta reforma anticipando que las autoridades subsecuentes investigarían y procesarían a funcionarios de su administración. Pero los presidentes posteriores tampoco consideraron graves los delitos de los servidores públicos: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no modificaron el sistema. Así, cualquier funcionario de su período que estuviera involucrado en actos de corrupción mantuvo el beneficio de seguir un proceso penal en libertad.

El Sistema Nacional Anticorrupción, creado en el gobierno de Peña Nieto, no contribuyó de manera sustancial al combate a la corrupción. Eludió el problema de fondo y se inclinó hacia la instauración de procedimientos de naturaleza administrativa, meramente regulatorios, pero sin implementar prácticas que de verdad inhibieran la corrupción y que además la sancionaran puntualmente.

Ya en el gobierno de López Obrador se decidió hacer un cambio contundente en este sentido: el 12 de abril de 2019 se modificó el artículo 19 constitucional para incluir como delitos de prisión preventiva oficiosa los cometidos por hechos de corrupción.

Ahora quienes participen en delitos de corrupción deberán seguir su proceso privados de la libertad. La finalidad es evitar su fuga (lo que en gobiernos anteriores sucedía recurrentemente), y también mandar un mensaje de ataque a las condiciones que posibilitaban la impunidad.

Las reformas a los artículos 22 y 73 de la Constitución, que se publicaron el 14 de marzo de 2019, modificaron los términos de la extinción de dominio, lo cual consiste en que el Estado puede adquirir los derechos de los bienes que sean productos o instrumentos de determinados delitos. Con esta reforma el actual gobierno incluyó, entre otros, los delitos relacionados en hechos de corrupción.

En concreto: las nuevas reglas consisten en que los servidores públicos implicados en actos de corrupción tendrán que seguir su proceso en prisión preventiva, y que los bienes involucrados en estos actos ya son susceptibles de pérdida por parte de quien los detente, en favor del Estado.

Cierto es que la transformación a la que ha convocado el presidente López Obrador tiene como virtud principal la necesidad, pues es imposible imaginar el futuro del país repitiendo las viejas formas del PRIAN de gobernar y reproduciendo los mismos vicios. Nadie en su sano juicio podría suponer siquiera que los graves problemas que vive México pueden ser afrontados siguiendo las pautas que los agigantaron. Sin embargo, el mayor defecto de la convocatoria presidencial es que todo emana, transita y termina en el control y la decisión individual de quien convoca. Todo este episodio de la historia de México está teniendo un actor único y una sola voz.

Que no se nos olvide, ninguna de las grandes transformaciones que ha vivido el país ha sido obra de un solo hombre: todas fueron acción colectiva, fraguadas con mucho esfuerzo, con muchas contradicciones y mucho tiempo. Ninguna llegó exactamente al lugar que se había propuesto y todas atravesaron por momentos de traición y derrota; pero ninguna podría incluirse en la biografía de una sola persona. Las grandes páginas de las trasformaciones de México han sido escritas por muchos y muy buenos autores.

La paradoja que nos hace reflexionar sobre cómo el tiempo cambia las cosas y las personas sin que podamos hacer absolutamente nada para detener este proceso, no lo dice el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, en su frase: «El cambio es la única cosa inmutable».

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