Opinión

CORONAVIRUS: Quién pagará el inevitable costo político-electoral de la pandemia?

Quirino Velazquéz

La política no es algo elemental y sencillo, sino que es algo muy complejo y complicado. Sobre todo, en un país tan enredado como el nuestro. Con población y territorio muy grandes. Con desigualdades muy marcadas. Con perversiones estructurales muy arraigadas. Con sistemas políticos de sostén muy fracturados. Con un gobierno federal que, a un año y poco más de cuatro meses de asumir el cargo, aún no logra encarrilarse y con una oposición que, en el tiempo mencionado, aún no logra cimentarse.

Así, la política no es fácil de entender y más aún porque después de la pandemia que hoy vivimos el mundo habrá cambiado definitivamente y las circunstancias ya no serán las mismas. Habrá que adaptarse a una situación inédita y, al mismo tiempo, lidiar con las inercias y los obstáculos impuestos por quienes creen que todo esto se convertirá en una anécdota. No es cierto. Nos esperan tiempos difíciles: depresión económica, tensión social y polarización política.

Por eso no es de dudarse que a las lamentables pérdidas de vidas humanas y al golpe mayor que le dará a la economía de los mexicanos la crisis del Covid-19 tendrá también repercusión en lo político-electoral.

En efecto, a decir de muchos analistas, partir de cómo manejen esta pandemia los gobernantes de todos los partidos políticos y de lo acertado o errático de las decisiones que tomen, tendrán o un costo político en forma de votos de castigo o bien un reconocimiento de sus gobernados en las urnas.

Recordemos que estamos en el año previo a una elección vital, sobre todo para el proyecto político de la llamada 4ta transformación nacional que se juega en los comicios intermedios del 2021 la mayoría en la Cámara de Diputados. Y hoy más que nunca, en medio de una crisis que pone en jaque a los gobiernos de todo el mundo con una recesión económica aún incuantificable y que exhibirá la efectividad y la capacidad o la ineficiencia e incapacidad de los líderes y gobernantes para proteger y rescatar a sus ciudadanos de los efectos de esta pandemia, los escenarios político-electorales también cambiarán cuando pase esta emergencia.

Sin duda, México no estará exento de estos fenómenos sociales y políticos que causará el coronavirus. Se va a formar en nuestro país un caldo de cultivo electoral, a partir del encuentro funesto entre la crisis económica con crisis sanitaria. El resultado de oleadas de desempleados por el cierre de empresas, sistemas de salud pública colapsados, pérdidas de seres queridos y la evaluación inevitable de cómo cada autoridad enfrentó la crisis y ayudó o no a sus ciudadanos conformarán ese caldo de cultivo y de cómo se exprese políticamente al momento de las urnas dependerá el rumbo y el futuro político del país.

Por ahora, aún en medio de la contingencia, los políticos no dejan de hacer cálculos y de pensar en las elecciones. Esos políticos que también no son fácil de entender. Que en mucho se parece a los jugadores de póker. Porque no sabemos si esos jugadores se conducen con verdad o con mentira. Y eso permite que alguien, mal provisto con un modestísimo par de doses pueda vencer a los que tienen poderosísimos full o póker.

Veamos pues por ejemplo que la 4ta trasformación, al definir la forma en que su gobierno responderá ante esta emergencia y los apoyos que otorgará con los recursos públicos, decidió apostar clara y decididamente por su base social y política-electoral más leal: los beneficiarios de sus programas para el bienestar.

Adultos mayores, jóvenes sin empleo, madres solteras, campesinos y familias en pobreza, son primordialmente a los que el presidente va a apoyar en esta emergencia, junto con los propietarios de changarros y negocios familiares, la mayor parte de ellos en la informalidad. Por eso la clase media y los pequeños y medianos empresarios, hasta el momento no han entrado en los apoyos del gobierno federal, porque (según alguien de Morena) no son vistos como votantes seguros.

Son 22 millones de beneficiarios de programas para el bienestar, la cifra que hoy manejan en la coordinación federal de la materia y a la que apuestan para ganar las elecciones de 2021. Esa estructura la piensan movilizar electoralmente a partir de 266 zonas regionales (divididas a partir de los 300 distritos electorales) y 10 mil comités de bases. Aseguran (según fuentes internas de Morena) que el presidente les había puesto una meta de 30 millones de beneficiarios para 2021, pero problemas de operación e incluso algunos casos de corrupción que se detectaron en el manejo de los apoyos sociales impidieron llegar a la meta.

El único problema (nada menor) que tienen los cálculos felices que hacen los morenos, es que para bajar esos votos y aterrizarlos en las urnas en 2021 necesitarán un partido político fuerte, unido y organizado con una estructura real, que hoy por hoy está lejos de así verse Morena. Pero sin dudad le ayuda mucho en estos momentos a la 4ta trasformación que también hoy por hoy no se ve una oposición fuerte ni figuras o líderes opositores que estén surgiendo como contrapeso (excepto el gobernador de Jalisco, que hay la lleva).

Asimismo, los opositores hacen sus cálculos políticos-electorales a partir de lo que dejará el Covid-19 después de su funesto paso. Ya antes de la emergencia sanitaria se estaba fraguando y negociado, para el 2021, un polo opositor, una “súper-alianza” electoral entre PAN, PRI, MC y PRD, para enfrentar a Morena en los comicios intermedios, pero ahora, el escenario que dejará la pandemia va a facilitar (según ellos) y a mejorar las perspectivas para esa coalición electoral que sí puede representar, en el 2021, un riesgo real para la 4ta transformación y su proyecto.

Dirigentes formales de los partidos opositores son los que comenzaron impulsando e intentando negociar el frente opositor, pero ahora también los gobernadores de oposición entrarán en escena y con el apoyo de los estados el tema cobra otra dimensión. Recordemos cómo fue que el funesto Enrique Peña Nieto conformó su fuerza y su mediática candidatura presidencial a partir del apoyo de los gobernadores del PRI que hicieron un frente común para apoyar al mexiquense y derrotar al PAN en el 2012.

El cálculo de la “super-alianza” opositora es simple y su estrategia va por partes: primero quitarle a Morena la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en 2021, y a partir de ahí, en el 2024 “sacar a AMLO y a Morena del Palacio Nacional”. Hace apenas unos meses los mismos líderes opositores veían esos objetivos como “muy complicados”, hoy que la popularidad del presidente ya bajó (según ellos) del 50% de aprobación y que sus decisiones y su actuación en esta pandemia ha sido errática (también según ellos), ya no lo ven tan complicado. A ver si no resultan como los malos jugadores de póker: “puro blof”.

Pero que no se le olvide a Morena y sus aliados (PV, PT y ES) y ni a los de la “súper-alianza” (PAN, PRI, MC y PRD) lo que bien decía Don Jesús Reyes Heroles: “La política es ciencia de aproximación, no es ciencia exacta”, lo que significa que una cosa es lo que se piensa hacer en política, otra la que suceda.

Lo que yo sí creo que es cierto, es que alguien pagará el inevitable costo político-electoral de la pandemia. Cómo dijera un pariente ya fallecido (Jesús Chávez): “Para allá vamos”.

4T, la encrucijada económica

Alfonso García Sevilla


El presidente López Obrador debe enfrentar una realidad que la actual crisis de salud ha dejado de lado, el proyecto económico de la “Cuarta Transformación” ha hecho agua y en estos días, deberá hacer un anuncio de las medidas que se tienen que tomar para detener la caída de la economía mexicana y reactivarla ante los saldos negativos que dejará la pandemia del Covid-19.

La apuesta de la actual administración está sustentada en una premisa: que existen suficientes recursos públicos para elevar la productividad de Pemex al punto de poder volver a extraer dineros de ella y poder garantizar apoyos sociales para ampliar la capacidad de consumo de los más pobres.
Los hechos hoy le dan un revés a su plan económico. Pemex ha sido degradada a “bono basura” por dos de las tres calificadoras mundiales, derivado de su abultada deuda y la caída estrepitosa de los precios internacionales del crudo.

Mientas esto pasa, los grandes proyectos de AMLO, inviables a todas luces, como la refinería “Dos Bocas”, el “Tren Maya” y el aeropuerto de Santa Lucía no se detienen, mismos que se hacen con inversión del Estado y que definitivamente luce utópico que puedan dar más recursos de los que se les está invirtiendo.

Hoy la “Cuarta Transformación” enfrenta una disyuntiva, la crisis del coronavirus se extiende y ante la inminente caída de la economía mexicana que se estima, rondará alrededor del 10 por ciento, pone una sombra de duda; la gran incógnita es, si el presidente sigue empecinado en mantener un plan condenado al fracaso o si sus asesores lo convencen de frenar sus faraónicos proyectos y consolidar un nuevo proyecto que vaya de acuerdo con la realidad que el país está atravesando. Algo que determinará el éxito o fracaso de la actual administración.

Somos lo qué compartimos -Fake News-


México es considerado uno de los países con más noticias falsas compartidas en redes. No es de sentir orgulloso que la mayoría de nuestros logros evidencien la falta de cultura y educación que como sociedad tenemos.

Aunque la mayoría de las personas podemos quizá distinguir entre lo que es una noticia sarcástica y una noticia con un tinte amarillista que tiene la finalidad de generar pánico para mover en cierta dirección política los grupos de personas con menos comprensión y análisis social, la realidad es que gran parte de nuestros hábitos los atesoramos por cómodos.

Siempre hemos peleado el que la educación define mucho la condición social, porque lamentablemente muchos de nuestros gobiernos continúan manteniendo en ignorancia ciertos sectores sociales a los que han acostumbrado a la comodidad por que representan una gran ventaja política.

Es sencillo vender una idea cuando no se razona o reflexiona sobre ella y se sabe que con facilidad se podrá manejar. Lo lamentable es aceptar que nuestra debilidad lectora no solo proviene de los intereses de quienes saborean y se enrriquecen con la ignorancia sino desde nuestros propios intereses y nuestra habilidad para educarnos.

Es desafiante y quizá también uno de los retos más importantes de la vida reconocer nuestra propia carencia y poner en practica hábitos y decisiones que nos encaminen a salir de ella. A pesar de que las condiciones en las que nos desenvolvemos no siempre son las adecuadas, los medios no nos imposibilitan del todo para generar una conciencia personal y social.
Los mexicanos tenemos infinidad de caracterizticas positivas que nos hacen ser un país maravilloso, pero la mayoría de nuestras pesímas desiciones (elegir representantes políticos por ejemplo) surgen a partir del desinteres por cultivarnos en los sectores más importantes “la educación y la cultura.”

“Hay que leer”
De entre todas las cosas que pudieran decirse sobre las causas por las cuales somos uno de los países más destacados al compartir noticias falsas, lo real es aceptar que el origen de aquello es la mala costumbre de no leer. A muchos les basta solo con leer el encabezado trágico y engañoso para decidir compartir en grupos y redes sin conocer su contenido o el origen de éste.

Me ha sido sumamente interesante y hasta he reído de la cantidad de noticias falsas que incluso funcionarios públicos comparten y aunque ya sabemos que gran parte de ellos son elegidos por su facilidad de jalar personas y no por su intelecto, el impacto que llega a tener una noticia compartida por un funcionario o figura pública garantiza que miles de personas consideraran como real tal cosa y tendremos una pandemia de ignorancia circulando por las redes.

Desconocemos tanto nuestra persona que el solo hecho de educarnos nos genera conflicto, es más sencillo responsabilizar a otros de nuestras decisiones personales y esto tiene reflejo en esta clase de situaciones que creamos.

Podemos reflexionar cómo por medio de lo que se comparte se conoce mucho de nosotros, podemos por ejemplo entender que no existen líderes sino gente jalando gente a conveniencia de otros. No es un líder quien nos consciente una necesidad, un capricho, o nuestra holgazanería sino quienes nos hacen responsables de nuestra propia conciencia e integridad.

Al hablar de noticias falsas nos damos cuenta que hay un sinfín de situaciones sociales que las envuelven, su impacto y su razón de ser compartidas por ejemplo. En redes sociales es tan sencillo saltar a la fama como también ser desprestigiado si algún loco lo desea. Es tan sencillo poder difundir un buen acontecimiento, como es aún más sencillo difundir una falsa noticia.

Nuestro interés depende del juicio que desarrollemos de acuerdo al carácter crítico de una persona. Es evidente que eso expone mucho de lo que como personas somos. Pero al ser uno de los países con menos hábitos de lectura, tambén somos de los más crédulos e ingenuos, nos interesa el morbo, el escandalo, el pánico y cualquier cosa que cause entretenimiento pero no reflexión. “Pensar” causa pereza además de que nos obliga de alguna manera a ser responsables de temas como la violencia y la ignorancia.

La educación no habla solo de la preparación academica, el sentido lógico y crítico también existe en personas sin acceso a la educación básica o superior, pues ciertos sentidos se desarrollan al educar también los intereses personales. Somos lo que elegimos y en conjunto eso tiene impacto en la sociedad que formamos.

Para darles una idea de como la condición puede ser rota si nos vamos generando mejor relación con respcto a la educación. Tomo como reseña uno de mis cortometrajes más reflexivos y sencillos de entender.
“Mi amigo Nietzsche” que nos narra la historia de un niño de bajos recuersos que parece condenado a las reglas y creencias que da por sentada una sociedad con miles de carencias. El joven encuentra un libro, quizá el primero que ha leído en su vida, pero lo lleva a una introspectiva sobre su condición como sujeto, el niño comienza a desafiar sus propias creencias y es que la filosofía es simplemente magnífica, exquisita y sumergirse en ella es uno de los caminos más liberadores.

El protagonista experimenta una conciencia que todos como ciudadanos deberíamos en algún momento sentir, reconocer que por individual que sea nuestra esencia tiene un impacto en sociedad. Somos una parte de lo que conforma un conjunto, nuestros actos alrededor de los otros tienen relevancia.

Hablar del súper hombre, ser el súper hombre desde una sociedad que ignora y que se aferra a la comodidad de “ser sin ser” de ser parte de un acarreo masivo, pero no quienes construyen desde sí su carácter para después comprender su participación en sociedad.

Rescato para ustedes la responsabilidad de crecer, de informarnos, de leer para tener la certeza de la realidad y lo confuso, de encaminar con determinación a nuestra sociedad.
Seamos integros, leales, pero sobre todo críticos para aceptar otros puntos de vista y determinar que lo único no aceptable es la ignorancia.

El Coronavirus y su crisis

Quirino Velazquez

Toda mi vida la he pasado y pensado en las crisis. Pertenezco a una generación de mexicanos que hemos vivo en recurrentes crisis: la 1968, 1971, 1976, 1982, 1995, 2001, 2008 y 2016 (a lo mejor se me escapa alguna). Eso nos ha formado y nos ha forzado.

Y, sin embargo, muy poco sabemos del tratamiento de la información de las crisis. Quizá, por eso, los jóvenes de hoy no nos creen que antes vivimos años en los que nuestra economía decreció al -6% (menos seis por cientos), con inflación del 160% (ciento sesenta por ciento), lo cual es pavoroso y, por eso, les asusta mucho que podamos tener un crecimiento cero, con inflación del 4%. Que creen que el dólar a 25 pesos es un récord histórico, aunque, en 1982, estuvo a $70 (setenta) peso por dólar y, en 1993, … a $3,000 (tres mil) pesos por dólar.

Así es que mi generación sigue preguntándose sobre las crisis. A mí, una de las dudas que me han acosado en los días recientes, aunque no es un acoso de nuevo cuño, es la siguiente: ¿por qué una crisis de naturaleza diversa se convierte en una crisis de gobierno? Hasta hoy, no hay respuestas en las bibliotecas y no hay respuestas en palacio nacional. No obstante, puede haber una somera explicación:

Nadie con un poco de seriedad, puede darse licencia para regocijarse con la difícil circunstancia por la que transita el país. Sin embargo, lamentablemente muchos (neoliberales, derecha reaccionaria, fifís, etc.) dejan ver su bajeza y se relamen los bigotes por cómo la está pasando el gobierno (no la gente) por la crisis (sanitaria y económica) provocada por el coronavirus.

En efecto, se ha visto, como consecuencia de esta crisis, de manera clara y contundente un proyecto derechista protagonizado por una amalgama de personajes directamente entroncados por los lazos de privilegios políticos que recoge y transfigura el viejo proyecto político derechista del prian, que en este marco de la pandemia, atizan el odio y la desconfianza entre la ciudadanía, porque, según ellos es rentable para la oposición de la llamada 4ta transformación.

No se trata de que no puedan existir diferencias de visiones, recelos e incluso motivos de contrariedad entre políticos por la crisis económica y de salud que vivimos. Pero es obvio que lo deseable es que, los políticos, de un lado y de otro, ante un enemigo común (el Covid-19) al pueblo se le recubra, y se ponga en pausa sus rencillas cotidianas y marchen juntos a la guerra contra ese terrible enemigo común y establezcan mecanismos con los cuales puedan dirimirse las diferencias dentro de un marco y un estilo de convivencia constructiva, y colocar los problemas en un plano de racionalidad y veracidad informativa.

Cosa que hasta hoy eso no está sucediendo México frente a la tragedia sanitaria y económica que ha desencadenado el Covid-19. Lejos de fortalecerse el acuerdo político, la crisis ha provocado una aceleración del acostumbrado canibalismo en la esfera política y en las redes sociales.

Lo que hacen muchos de esa derecha reaccionario es exactamente eso: expulsar toda racionalidad, toda información veraz, y atizar el odio irracional entre el pueblo, con la insensata esperanza de capitalizar ese odio para su propio reforzamiento electoral, aun a costa del deterioro de la harmonía y de la propia guerra contra la pandemia.

Así es, parece que todo lo que hace o deje de hacer el gobierno del AMLO está mal, a los ojos de esa derecha reaccionaria. Si no lo hace, porque se está tardando?, y si lo hace está mal hecho. No hay explicación técnica que valga, así venga de un experto calificado. Para esa derecha neoliberal, la tragedia que se avecina ya tiene nombre y apellido (AMLO-Morena). Es tal la animadversión, que se advierte el festín embozado de todos aquellos que fueron desplazados de sus privilegios y que celebran, por anticipado el cumplimiento, por fin, de la negra profecía que habían adelantado con respecto al presidente.

Por otra parte, los pintorescos rasgos de AMLO, su rijosidad incomprensible, sus fatigosas mañaneras y su actitud frente a la crisis tampoco es que esté ayudando mucho a calmar los ánimos. Frente a la pandemia y lo que se viene con ella, él ha tratado de aferrarse a sus bitácoras de toda la vida: la noción de que la prioridad son los pobres y la confianza ilimitada en las virtudes del pueblo mexicano. Bitácoras que sin duda servirán para que las calamidades por venir no se engruesen en los más desprotegidos, como siempre ha sido el caso. Pero a muchos les parece que es un horizonte de visibilidad que se queda corto frente al momento inédito que vivimos y los complejos efectos que la crisis provocará a lo largo y ancho de la sociedad y la economía del país.

Así, estamos ante una guerra que parece imposible de ganar porque no se identifica bien al enemigo, porque no hay parque suficiente y porque se atacan los que deben ser aliados. Es imposible de ganar cuando los mariscales de campo están distraídos, cuando nadie sabe a ciencia cierta cómo evoluciona la batalla ni cuántas armas hay. Y menos aun cuando el general que la dirige está reconcentrado en la búsqueda del camino que lo eternizará; y cuando los que debería solidarizarse y apoyar celebra el caos como una oportunidad para minar a quien se opuso a sus privilegios.

Y para colmo de esta grotesca guerra, en lugar de proteger al cuerpo médico de manera prioritaria y ofrecer a cada uno de ellos los mejores medios y las más completas garantías para que desplieguen sus habilidades con seguridad, se les escatima los suministros más elementales, se les oculta información y se los somete al riesgo de contagio en los mismos hospitales donde actúan. Y encima, hay gente estúpida (por no decir hija de la chingada) que los agrede por la calle, los discrimina y les arroja cloro con desprecio.

Sin duda, el coronavirus nos tiene en crisis: “Situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”.

¿Compra de voluntades o reales bondades?

Fabiola Serratos

Conocemos últimamente a las almas caritativas que figuran con todo y su sacrificio en redes sociales y aunque algunos nos han ocultado el real proceder de sus donaciones, la gran mayoría al hacer públicas sus entregas recalcan el gran sacrificio de su labor pues la generan desde sus bolsillos.
Lo cierto es que para una sociedad con hambre, enojada y con incertidumbre lo menos importante es saber de dónde viene lo que se está recibiendo pues cuestionarlo implica quizá renunciar a ello y la verdad es que hay condiciones en las cuales uno no puede darse el lujo de despreciar alimento.

Mi reflexión de esta semana no tiene pretensión de demeritar el trabajo tan “BONITO” con el que muchas personas están llevando alimentos a los más necesitados sino por el contrario agradecer si de voluntad hablamos, pero por otro caso tenemos mucho de historia que rescatar en cuention de donaciones, pues no hay que olvidar que las viejas mañas políticas generaban pobreza, para después mediante enormes sacrificios las opociones o los mismos partidos surgian como salvadores a través de diviersas formas.

Hubo no hace mucho un tiempo en el que se hacian filas enormes no solo por despensas sino también por televisores y era triste saber que este tipo de cosas llegaban incluso a colonias donde no había luz electrica. Caso semejante ahora donde los ayuntamientos hacen campaña de cuidado y sanidad al mismo tiempo que en algunas comunidades ni siquiera cuentan con los servicios básicos como el agua, pero esto ya lo hemos comentado una y otra vez y lamentablmente hay muchas personas a las cuales aún no se les da solución alguna de sus problemas.

No solo se cuestiona la voluntad de los funcionarios, pero de no ser por la forma manipuladora que han operado muchos políticos no dudaríamos de la buena voluntad de algunos, pero basta con ver la pretensión con la que se agradecen a sí mismos por ser la solución de los mismos problemas que no pueden solucionar desde el cargo público que ejercen.

En algún otro escrito comenté que muchos funcionarios olvidan que NO son activistas y que sus funciones implican algo más que detener el hambre de las personas por un par de días, eso no los hace buenas personas, incluso para otros llega hacer ofensivo que mientras se supone deberían estar gestionando o buscando alternativas de desarrollo para el municipio estén intentando popularizarse con actividades que no son parte de su trabajo, es aquí donde comprendemos que gran parte de aquellas labores tiene más la intención de continuar haciendo capital político que hacer un real y digno trabajo con el cargo que les corresponde.

No es que debieran donar o no, quizá muchas familias gracias a ello tuvieron altimento en los últimos días, pero esto deja en evidencia la falta de organización de nuestros representantes, porque quiere decir que no son capces de solucionar nuestros problemas como municipio y como premio de consolación aplican en los más necesitados las artimañas de la vieja política.
Queridos lectores, espero se comprenda que no es un disgusto por la labor de algunos políticos, sino lo poco competentes que son en sus cargos que pretenden seguir rescatando su imagen de activistas para que nosotros como espectadores sintamos se les debe un favor, en este caso “el voto” que el próximo año regresaran a buscar. Quizá ya no son tortas y jugo, pero al final el contexto continúa siendo el mismo, personas con necesidad de resaltar como sacrificados pero que en estos tres años han sido incapaces de hacerlo desde dónde tienen la verdadera oportunidad de ayudar, pues no se trata de sarcar de apuros a unos cuantos que en un par de días volveran a tener complicaciones para salir a trabajar o alimentar a sus familias.
Imaginen ustedes este triste panorama donde muchos comerciantes tuvieron que cerrar sus negocios de un día a otro y nuestro gobienro no estaba preparado para esto y aunque se alardea de programas de apoyo, lo cierto es que muchos no han recibido las atenciones y es que por lógica sabemos que algunos no cuentan con redes sociales o la tecnología que les permita acercarse. De la misma manera en la que se tocan puertas para pedir el apoyo como votantes, de la misma forma en la que se les pidió de manera personal cerraran sus negocios, no vimos asistentes que les brindaran a cada uno la información de como pueden sostenerse en epocas de crisis.

No termina de sorprendernos la forma en la que los funcionarios incluso rivalizan o desprestigian a los activistas del municipio para que su labor como tal no sea opacada, nosotros desde lo externo, no solo realizamos la misma labor que ellos, sino que con propiedad nos mantenemos al margen de buscar publicidad mediante las caras tristes, desoladas o preocupadas de la gente que esta careciendo más que nunca inestabilidad.

Aunque ahora no es tan sencillo comprarles la foto entregando sus donaciones (¿recuerdan la infinidad de políticos que hicieron eso?) sí sería importante recordarles una y otra vez que el verdadero problema no se combate alimentando un par de días a una comunidad, sino generando una sociedad digna y justa donde los privilegiados no sean ellos que se mantiene del pueblo.

El país del revés

Alfonso García Sevilla

Trabajadores de la salud son agredidos por personas, desde tirarles el café encima en una tienda de conveniencia, correrlos prácticamente de su casa por vecinos que la amenazan, bañarlos de cloro, negarles el acceso al transporte público, entre otras, por miedo a que puedan infectarlos con el coronavirus. Los que tienen el deber de luchar por la salud y la vida de los mexicanos son vistos con miedo y recelo, cuando deberían de ser considerados como héroes al arriesgar su vida en el combate a la pandemia.

Por otro lado, tenemos gente que, furiosa y con la impotencia de que se les impide llegar a destinos turísticos, ofenden a servidores públicos con insultos tales “como tú no tienes otra puta casa más que en la que duermes”, abarrotan las salidas de las ciudades para ser regresados a sus lugares de origen sin alcanzar la anhelada meta.

Asimismo, las tradiciones propias de estas fechas hicieron que miles de mexicanos dejaran la cuarentena por la imperiosa necesidad de comer mariscos, los mercados especializados en esto se vieron abarrotados sin tomar las medidas pertinentes para evitar riesgos de contagio, a la vez de que muchas comunidades dejaron las casas para en tumultos, festejar sus fiestas patronales, en un abierto desafío al frágil sistema de salud mexicano, que antes de la emergencia había demostrado sus carencias y atrasos.

Por otra parte, los gobiernos han dilatado en dar apoyos a los más necesitados, cosa que aprovechan los cárteles de la droga para entregar despensas y apoyos en zonas populares del país.

Esto pasa en un país cuya sociedad no termina de entender la gravedad de la situación que enfrentamos, y que tampoco es consciente de la crisis económica que viene de la mano.

Gobiernos incapaces, ausencia de liderazgos y una sociedad desarticulada, con padecimientos crónicos y desobediente, son caldo de cultivo para generar una crisis sin precedentes en la historia del país. Esperemos que, ante este escenario, los saldos negativos no sean catastróficos.

Religión y Coronavirus

Tiempo de contar…

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. -Jeremías 29:11-

La definición más corta de religión es interrupción. Una gran palabra. El teólogo católico Johann Baptist Metz (1928-2019) la retomó hace décadas del filósofo Sören Kierkegaard (1813-1855). Metz, el padre de la nueva teología política, combinó la promesa, para los que sufren el dolor del mundo, y la advertencia, sobre una religión que era demasiado burguesa con su forma de vida.

Y ahora el mundo está experimentando la interrupción sin fronteras y en todas las capas sociales, porque el coronavirus no conoce límites. La Covid-19 es una pandemia, una amenaza global. El mundo está paralizado, tiene miedo. Esto es un hecho inusual, porque si cientos de miles mueren de hambre en África, si un volcán erupciona en Islandia o si un tsunami azota a Asia, causando sufrimiento y muerte, la mayor parte del mundo puede seguir estos acontecimientos desde la distancia. Pero eso se acabó, porque el coronavirus nos afecta a todos.

El coronavirus también se ha convertido en una cuestión religiosa, espiritual. Dolor, pena, duda, ira. Los muy creyente dicen hay que soportar que algo así sea posible incluso como parte de la creación de Dios. Hay quien ve en el coronavirus un castigo de Dios, pero, en ese caso, más bien sería solo una imagen confusa de Dios.

En estos días, el coronavirus significa interrupción. Sí la Semana Santa se ha teñido de coronavirus. Los hospitales están cada vez más llenos de enfermos, las personas han tenido que permanecer en sus hogares; muchos se encuentran aislados para detectar posibles contagios, pero en medio de esta realidad volveremos a recordar la pasión, muerte y resurrección de Cristo, la cual, no será anulada por esta pandemia que tiene al mundo a prueba en su sistema de salud, en su economía y en la disponibilidad de las personas para ser solidarias en tiempos difíciles.

El coronavirus ha suspendido todo: playas, paseos, vacaciones, actos religiosos, meditaciones, etc. Nos llevó a cambiar las fichas del jugar, nos bajó de la nube, nos trasladó a nuevos senderos. Al parecer, nos cambió el mundo en fracciones de segundos, redujo todas nuestras posibilidades a su mínima expresión, dejándonos únicamente lo necesario: familia, comida y salud. El coronavirus hizo que recordáramos aquella frase, “Hay que estar listo para todo lo que venga en la vida”. Porque en cualquier circunstancia el ser humano debe reinventarse para poder sobrevivir y no dejar morir la esperanza, esa esperanza que Dios ha depositado en nosotros. 

La actitud positiva es importante en estos momentos de crisis, pues ya lo dice el refrán: “A mal tiempo, buena cara”. Lamentarse de lo que solíamos hacer y que dado los acontecimientos que nos ha tocado experimentar, ya no es posible realizar, no nos conducirá a ninguna parte. Tampoco llenará nuestros vacíos interiores ni mucho menos nos dejará satisfecho. Todo lo contrario, nos quitará el ánimo y las fuerzas para ver la vida con ojos nuevos. Lo que sí podemos hacer es aprovechar “el aquí y el ahora” para descubrir nuevas cualidades que nos permitan adaptarnos y reinventarnos, y poder así reconocer de la valía con la que estamos hechos. 

Creo que lo más importa, aparte de la familia, la salud y tener lo básico para vivir, es encontrar con Cristo que camina entre nosotros en Semana Santa. Porque, ¿quién sabe más de dolor, sufrimiento y sacrificio que el mismo Jesús? Por eso, sacar un rato para meditar el gran gesto de amor que tuvo el Maestro por la humanidad, es propicio para llenar nuestro espíritu de fortaleza. Él, siendo poderos se hizo pobre, y tomando la condición de esclavo pasó por este mundo haciendo el bien. Es decir, el Señor no le corría a las dificultades, asumió con valentía y coraje cada situación de la vida para que luego continuáramos sus huellas.

Que el miedo, el pánico y todas las realidades pesimistas que nos podrían llegar, no provoquen que perdamos la dirección de encontrarnos con Jesús en el camino hacia la cruz. Que estemos atentos para verlo pasar por nuestras calles y por nuestras ciudades, para expresarle como el bueno ladrón que estuvo a su lado y que también fue crucificado: “Jesús acuérdate de mí cuando comiences a reinar”. Ahora no solo se lo pediremos de forma individual, ahora lo haremos de manera colectiva, “Señor, no nos olvides en esta pandemia”.

Les cuento, que la bendición «Urbi et orbi» (Expresión latina que significa “a la ciudad y al mundo”) del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, a fines de marzo, ya se considera la imagen de la pandemia. El Papa rezó, le rogó a Dios. Ante una imagen de la Plaza de San Pedro en el Vaticano sin gente, un lugar vacío, símbolo de todas las víctimas y las personas infectadas que luchan por sus vidas.

Las iglesias, sinagogas y mezquitas permanecen cerradas por primera vez, incluso en estas relevantes fechas religiosas de Semana Santa. Pero esto puede ser también una oportunidad para los creyentes y no creyentes, una oportunidad para la reflexión. Una oportunidad para reanimar la esperanza y estar en paz con Dios (cualquiera que sea nuestra idea de él).

Concluyo con este hermoso versículo de la biblia (Jeremías 29:11) “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”.

Nosotros los de abajo

“El hambre y la falta de educación crean sociedades resentidas.”

A casi ya un mes de declararse la alerta sanitaria que ha liberado lo mejor y lo peor de cada persona un montón de reflexiones sociales nos ha traído consigo el encierro.

El pasado 1 de abril se hicieron las clausuras oficiales por parte del ayuntamiento y aunque la mayoría de los funcionarios fueron comprensivos y delicados en explicar la causa de las medidas sanitarias, no faltaron los arrogantes y corruptos que generaron pánico en comerciantes que dependen de sus ventas al día para alimentar a sus familias.

Nosotros pudimos verlos desde el bulevar santa fe donde personas que ni siquiera ejercen como empleados del ayuntamiento pero pertenecen a los grupos de acarreo de algunos pseudo-políticos, intimidaron a las personas con advertencias, personalmente me resulta difícil comprender que hace dos años esas mismas personas buscaran soluciones para los comerciantes con tal de adquirir su confianza y su voto y ahora de manera soberbia les advierten los castigos disponibles.

Todo gobierno, debe por obligación tener un plan de ejecución que garantice la seguridad de los ciudadanos, pero no solo en la cuestión sanitaria sino también económica y es que los gobiernos a falta de educación mínima de los funcionarios con cargos relevantes y de decisión parece que improvisan. (Aun así tienen el cinismo de pagar millones en publicidad que los haga figurar como excelente gobierno) Ni ética, ni economía, ni administración, ni mucho menos teoría de sistemas y principios básicos que pudieran utilizarse para evitar tener que castigar a las personas con la clausura de sus negocios.

Aunque ya está de más hacer una crítica a nuestro gobierno pues sabemos que la única red de apoyo con la que cuentan es la de su nomina y la presión con la que piden a sus empleados hablen maravillas de ellos. (Fuera de eso nadie en su sano juicio diría que tenemos un buen gobierno) esta semana es muy importante hacer una reflexión de la gente que ni siquiera tiene acceso a las redes sociales, las que parecen inexistentes, las que ya no saben si hay pandemia o no, porque lo la pregunta del día es
¿Habrá de comer ?

Puedo contarles desde mi experiencia como activista que ha sido infinidad de mensajes pidiendo apoyo para poder alimentarse. Desde el colectivo que presido, la angustia de las madres solteras que han quedado sin su negocio o sin su empleo comienza a ser desesperada. Para las personas que ya de por sí era complicado mantener sus ingresos, la situación se pone más difícil con cada día que pasa.

La desesperación y la agresividad es aun más intensa, la poca ayuda que llega es exigida, es incluso hasta menospreciada, las gente está lastimada, enojada, consumida por una incertidumbre por lo que pasara mañana. Habrán de imaginar mi enojo cuando miro las publicaciones de la realeza que invita a quedarse en casa mientras los activistas desde donde la posibilidad nos permite no nos damos abasto para poder ayudar a quienes no saben si tendrán algo en la mesa.

¿Cómo podemos exigirle calma al hambre?
Esto es solo el inicio de la rabia social, que tarde que temprano se manifestara en agresión, el hambre y la falta de educación son los peores enemigos de un convivencia social.

A los más privilegiados o los menos desfavorecidos, no solo nos corresponde pensar en compartir lo que por fortuna o esfuerzo nos llega, sino también involucrarnos en la pedagogía y la sustentabilidad de nuestros compañeros. Es decir apoyar en su desarrollo personal, pues quizá consigamos quitar el hambre un par de días pero ésta volverá tarde que temprano.

El verdadero apoyo también consiste en hacer sujetos independientes y libres, pero por supuesto y es bien sabido que los gobierno es lo que menos desean, entre mas necesidad tenga un pueblo mas sencillo será someterlo con promesas en cada época de campaña. Las viejas mañas no se actualizan pero nosotros desde la ciudadanía si podemos conscientizar, y hacer valer lo que nuestra gente merece por el solo hecho de ser personas y no números en estadísticas.

“Nuestro aguante ha sido digno”
Si algo he de reconocer y valorar es la enorme fuerza que como sociedad tenemos, nosotros, los de abajo, los que difícilmente podemos realizar una carrera universitaria, donde las madres limpian casas ajenas, salen a vender sus servicios desde sus negocios o por catalogo para alimentar a sus hijos y donde los hijos rolan turnos para poder pagarse sus estudios, donde los padres son obreros mal pagados, donde las horas fuera de casa vuelve a los matrimonios desconocidos.

(Para los menos congruentes, para los que la desesperación y Vanidad se combinó con la ignorancia y desesperación por encontrar riqueza y posición económica esos que ahora son políticos vendidos o ladrones. Para ellos no hay lugar en la dignidad social.)

Yo confío en la gente que me rodea, la que de una manera sobrenatural sostiene a los de arriba y se sostiene a sí misma, somos nosotros la fuerza de un país y para poder cambiar nuestro entorno injusto, basta con encaminar la rabia, la frustración, que no es entre nosotros sino con los que nos han traicionado, utilizado y engañado.
Somos nosotros contra lo improvisado, somos quienes ahora tienen la opción o no de cambiar el rumbo de las cosas, de quitarnos las cadenas que solo han beneficiado a unos cuantos y comenzar a ver por los nuestros.

Espejito, espejito…

Alfonso García Sevilla

Bien dicen que las crisis sacan lo mejor o lo peor de los individuos, nos desnudan y exhiben nuestra realidad, el ser individual que suma a una colectividad y define una marca, una esencia, una identidad.

Esta crisis del coronavirus ha mostrado una sociedad mexicana apática, abúlica, valemadrista y poco confiada de la ciencia y de sus autoridades, privilegiando las múltiples teorías conspiratorias por encima de la realidad que ha puesto de rodillas a países de primer mundo en Europa, así como a los Estados Unidos, “nos quieren engañar con algo que no existe y que es un invento de…. Para romper la economía de lo países y endeudar a México”, entre muchos de los “argumentos” que analistas de redes sociales que no cuenta con ningún tipo de preparación académica o profesional en el tema, sostienen como una verdad absoluta.

Esto se ve reflejado en el estudio de movilidad de Google, México está en el sótano en cuanto a la reducción de la movilidad en espacios públicos, ya que, en promedio, los mexicanos redujeron 35.4% sus movimientos en espacios públicos como centros comerciales, restaurantes, cines, tiendas, farmacias, parques, playas, transporte y lugares de trabajo; mientras que solamente aumentó un 11% la estadía en los hogares.

Asimismo, el inicio de semana santa sigue poniendo las vacaciones y los viajes por encima del encierro en aras de mantener la salud. Impresionante la cantidad de viajeros que pretenden alcanzar los destinos turísticos ante la necesidad de quedarse en casa y evitar un contagio masivo que desencadene una crisis nunca vista en el sistema de salud mexicano, que, dicho sea de paso, no está en condiciones de hacerle frente.

Ante este escenario, solo queda que el pensamiento mágico que privilegia el mexicano, de rezos y encomiendas, nos pueda evitar un trance mayor, de enfermos, muertos y, sobre todo, una crisis social de repercusiones más allá de las manos de las autoridades de cualquier ámbito.

Ante ello, resulta preocupante, pero no extraño, que el jefe del ejecutivo federal, ante la tormenta que cruzamos, mantenga el discurso político intacto, y que no vire acorde a la realidad que enfrentamos. No cabe duda que la necedad y las credos de la sociedad, están bien reflejadas en el mandatario federal, solo nos queda esperar las consecuencias en el corto plazo y el juicio histórico que como país enfrentaremos por nuestras omisiones y creencias, por encima de la ciencia y el sentido común.

Vivir en libertad en tiempos de crisis

Fabiola Serratos

Hemos hablado mucho sobre la parte vulnerable de la sociedad ante esta pandemia, la que no puede quedarse en casa, la que su sustento depende del trabajo diario y que estas últimas semanas ha sido cada vez más complicado adquirir.

También hemos charlado de la indiferencia y el cinismo de algunos gobiernos promoviendo desde la comodidad y el lujo el “quédate en tu casa”

Parte de lo que se nos ha enseñado a la clase obrera es la colectividad y los principios dentro de ésta, tiene muchas ventajas el trabajo en equipo, pues los grandes movimientos surgen de la exigencia de los pueblos bien organizados, sin embargo una desventaja de los grupos también es la falta de responsabilidad personal que algunos viven.

La vulnerabilidad de los grupos radica en volver la empatía una carga que exige al otro hacerse responsable de los miedos y caprichos personales. Una idea muy conservadora y un tanto cristiana en la cual debemos recordar que todo lo que somos (sobre todo lo dañino) puede y tiene alguien más la responsabilidad de arreglarlo y/o perdonarlo.

Volvemos la empatía un capricho egoísta y de la misma manera en que existen grupos organizados también se generan los desorganizados, los contra-principios de los ideales colectivos. Y entonces surge la parte que no sabe ser libre, porque la libertad surge de la rebeldía pero nunca se pone cómoda ahí pues necesitará de mucha indiferencia para seguir justificando su arrogancia.

La libertad implica gestos como la responsabilidad individual, el buen trabajo en conjunto debe evitar de todas las formas convertirse en masa y eso dependerá de conocer las virtudes desde lo personal para poder crear dignamente principios colectivos.

La parte que no comprende desde sí misma su propia responsabilidad es aquella a la que vemos continuar con una vida tan normal que pone en riesgo la de otros y con esto hablamos de otra clase de grupo social que surge en esta pandemia.

La indiferente, la que justifica la libertad con la rebeldía, la que sale a las calles por diversión y continua un ritmo de vida sin empatía ni solidaridad. La que ha visto la cuarentena como un periodo vacacional, la que después de la desgracia seguro buscará responsables de sus actos.

El problema repito no es la colectividad sino los principios y los ideales que utilicen los grupos, son ellos los que continuarán generando masas sociales a las cuales sólo puede tratárseles con el miedo, el castigo y la imposición (cómo ha sido a lo largo de la historia) o sujetos que a partir de su propia conciencia comprendan que la sociedad y la participación grupal se forma desde la responsabilidad que tengamos sobre los derechos y obligaciones internos que deben ser por voluntad y no imposición o presunción de la libertad como un premio.

El encierro no nos convierte en prisioneros cuando sabemos ejercer una ciudadanía digna, responsable y por supuesto podemos continuar desde lo personal ejerciendo la solidaridad, el apoyo y el respeto por los otros.

Porque los otros también forman parte de esta sociedad e inevitablemente lo que acontezca desde lo interno puede beneficiar o perjudicar a los otros.

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