Opinión

El Coronavirus y su crisis

Quirino Velazquez

Toda mi vida la he pasado y pensado en las crisis. Pertenezco a una generación de mexicanos que hemos vivo en recurrentes crisis: la 1968, 1971, 1976, 1982, 1995, 2001, 2008 y 2016 (a lo mejor se me escapa alguna). Eso nos ha formado y nos ha forzado.

Y, sin embargo, muy poco sabemos del tratamiento de la información de las crisis. Quizá, por eso, los jóvenes de hoy no nos creen que antes vivimos años en los que nuestra economía decreció al -6% (menos seis por cientos), con inflación del 160% (ciento sesenta por ciento), lo cual es pavoroso y, por eso, les asusta mucho que podamos tener un crecimiento cero, con inflación del 4%. Que creen que el dólar a 25 pesos es un récord histórico, aunque, en 1982, estuvo a $70 (setenta) peso por dólar y, en 1993, … a $3,000 (tres mil) pesos por dólar.

Así es que mi generación sigue preguntándose sobre las crisis. A mí, una de las dudas que me han acosado en los días recientes, aunque no es un acoso de nuevo cuño, es la siguiente: ¿por qué una crisis de naturaleza diversa se convierte en una crisis de gobierno? Hasta hoy, no hay respuestas en las bibliotecas y no hay respuestas en palacio nacional. No obstante, puede haber una somera explicación:

Nadie con un poco de seriedad, puede darse licencia para regocijarse con la difícil circunstancia por la que transita el país. Sin embargo, lamentablemente muchos (neoliberales, derecha reaccionaria, fifís, etc.) dejan ver su bajeza y se relamen los bigotes por cómo la está pasando el gobierno (no la gente) por la crisis (sanitaria y económica) provocada por el coronavirus.

En efecto, se ha visto, como consecuencia de esta crisis, de manera clara y contundente un proyecto derechista protagonizado por una amalgama de personajes directamente entroncados por los lazos de privilegios políticos que recoge y transfigura el viejo proyecto político derechista del prian, que en este marco de la pandemia, atizan el odio y la desconfianza entre la ciudadanía, porque, según ellos es rentable para la oposición de la llamada 4ta transformación.

No se trata de que no puedan existir diferencias de visiones, recelos e incluso motivos de contrariedad entre políticos por la crisis económica y de salud que vivimos. Pero es obvio que lo deseable es que, los políticos, de un lado y de otro, ante un enemigo común (el Covid-19) al pueblo se le recubra, y se ponga en pausa sus rencillas cotidianas y marchen juntos a la guerra contra ese terrible enemigo común y establezcan mecanismos con los cuales puedan dirimirse las diferencias dentro de un marco y un estilo de convivencia constructiva, y colocar los problemas en un plano de racionalidad y veracidad informativa.

Cosa que hasta hoy eso no está sucediendo México frente a la tragedia sanitaria y económica que ha desencadenado el Covid-19. Lejos de fortalecerse el acuerdo político, la crisis ha provocado una aceleración del acostumbrado canibalismo en la esfera política y en las redes sociales.

Lo que hacen muchos de esa derecha reaccionario es exactamente eso: expulsar toda racionalidad, toda información veraz, y atizar el odio irracional entre el pueblo, con la insensata esperanza de capitalizar ese odio para su propio reforzamiento electoral, aun a costa del deterioro de la harmonía y de la propia guerra contra la pandemia.

Así es, parece que todo lo que hace o deje de hacer el gobierno del AMLO está mal, a los ojos de esa derecha reaccionaria. Si no lo hace, porque se está tardando?, y si lo hace está mal hecho. No hay explicación técnica que valga, así venga de un experto calificado. Para esa derecha neoliberal, la tragedia que se avecina ya tiene nombre y apellido (AMLO-Morena). Es tal la animadversión, que se advierte el festín embozado de todos aquellos que fueron desplazados de sus privilegios y que celebran, por anticipado el cumplimiento, por fin, de la negra profecía que habían adelantado con respecto al presidente.

Por otra parte, los pintorescos rasgos de AMLO, su rijosidad incomprensible, sus fatigosas mañaneras y su actitud frente a la crisis tampoco es que esté ayudando mucho a calmar los ánimos. Frente a la pandemia y lo que se viene con ella, él ha tratado de aferrarse a sus bitácoras de toda la vida: la noción de que la prioridad son los pobres y la confianza ilimitada en las virtudes del pueblo mexicano. Bitácoras que sin duda servirán para que las calamidades por venir no se engruesen en los más desprotegidos, como siempre ha sido el caso. Pero a muchos les parece que es un horizonte de visibilidad que se queda corto frente al momento inédito que vivimos y los complejos efectos que la crisis provocará a lo largo y ancho de la sociedad y la economía del país.

Así, estamos ante una guerra que parece imposible de ganar porque no se identifica bien al enemigo, porque no hay parque suficiente y porque se atacan los que deben ser aliados. Es imposible de ganar cuando los mariscales de campo están distraídos, cuando nadie sabe a ciencia cierta cómo evoluciona la batalla ni cuántas armas hay. Y menos aun cuando el general que la dirige está reconcentrado en la búsqueda del camino que lo eternizará; y cuando los que debería solidarizarse y apoyar celebra el caos como una oportunidad para minar a quien se opuso a sus privilegios.

Y para colmo de esta grotesca guerra, en lugar de proteger al cuerpo médico de manera prioritaria y ofrecer a cada uno de ellos los mejores medios y las más completas garantías para que desplieguen sus habilidades con seguridad, se les escatima los suministros más elementales, se les oculta información y se los somete al riesgo de contagio en los mismos hospitales donde actúan. Y encima, hay gente estúpida (por no decir hija de la chingada) que los agrede por la calle, los discrimina y les arroja cloro con desprecio.

Sin duda, el coronavirus nos tiene en crisis: “Situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”.

¿Compra de voluntades o reales bondades?

Fabiola Serratos

Conocemos últimamente a las almas caritativas que figuran con todo y su sacrificio en redes sociales y aunque algunos nos han ocultado el real proceder de sus donaciones, la gran mayoría al hacer públicas sus entregas recalcan el gran sacrificio de su labor pues la generan desde sus bolsillos.
Lo cierto es que para una sociedad con hambre, enojada y con incertidumbre lo menos importante es saber de dónde viene lo que se está recibiendo pues cuestionarlo implica quizá renunciar a ello y la verdad es que hay condiciones en las cuales uno no puede darse el lujo de despreciar alimento.

Mi reflexión de esta semana no tiene pretensión de demeritar el trabajo tan “BONITO” con el que muchas personas están llevando alimentos a los más necesitados sino por el contrario agradecer si de voluntad hablamos, pero por otro caso tenemos mucho de historia que rescatar en cuention de donaciones, pues no hay que olvidar que las viejas mañas políticas generaban pobreza, para después mediante enormes sacrificios las opociones o los mismos partidos surgian como salvadores a través de diviersas formas.

Hubo no hace mucho un tiempo en el que se hacian filas enormes no solo por despensas sino también por televisores y era triste saber que este tipo de cosas llegaban incluso a colonias donde no había luz electrica. Caso semejante ahora donde los ayuntamientos hacen campaña de cuidado y sanidad al mismo tiempo que en algunas comunidades ni siquiera cuentan con los servicios básicos como el agua, pero esto ya lo hemos comentado una y otra vez y lamentablmente hay muchas personas a las cuales aún no se les da solución alguna de sus problemas.

No solo se cuestiona la voluntad de los funcionarios, pero de no ser por la forma manipuladora que han operado muchos políticos no dudaríamos de la buena voluntad de algunos, pero basta con ver la pretensión con la que se agradecen a sí mismos por ser la solución de los mismos problemas que no pueden solucionar desde el cargo público que ejercen.

En algún otro escrito comenté que muchos funcionarios olvidan que NO son activistas y que sus funciones implican algo más que detener el hambre de las personas por un par de días, eso no los hace buenas personas, incluso para otros llega hacer ofensivo que mientras se supone deberían estar gestionando o buscando alternativas de desarrollo para el municipio estén intentando popularizarse con actividades que no son parte de su trabajo, es aquí donde comprendemos que gran parte de aquellas labores tiene más la intención de continuar haciendo capital político que hacer un real y digno trabajo con el cargo que les corresponde.

No es que debieran donar o no, quizá muchas familias gracias a ello tuvieron altimento en los últimos días, pero esto deja en evidencia la falta de organización de nuestros representantes, porque quiere decir que no son capces de solucionar nuestros problemas como municipio y como premio de consolación aplican en los más necesitados las artimañas de la vieja política.
Queridos lectores, espero se comprenda que no es un disgusto por la labor de algunos políticos, sino lo poco competentes que son en sus cargos que pretenden seguir rescatando su imagen de activistas para que nosotros como espectadores sintamos se les debe un favor, en este caso “el voto” que el próximo año regresaran a buscar. Quizá ya no son tortas y jugo, pero al final el contexto continúa siendo el mismo, personas con necesidad de resaltar como sacrificados pero que en estos tres años han sido incapaces de hacerlo desde dónde tienen la verdadera oportunidad de ayudar, pues no se trata de sarcar de apuros a unos cuantos que en un par de días volveran a tener complicaciones para salir a trabajar o alimentar a sus familias.
Imaginen ustedes este triste panorama donde muchos comerciantes tuvieron que cerrar sus negocios de un día a otro y nuestro gobienro no estaba preparado para esto y aunque se alardea de programas de apoyo, lo cierto es que muchos no han recibido las atenciones y es que por lógica sabemos que algunos no cuentan con redes sociales o la tecnología que les permita acercarse. De la misma manera en la que se tocan puertas para pedir el apoyo como votantes, de la misma forma en la que se les pidió de manera personal cerraran sus negocios, no vimos asistentes que les brindaran a cada uno la información de como pueden sostenerse en epocas de crisis.

No termina de sorprendernos la forma en la que los funcionarios incluso rivalizan o desprestigian a los activistas del municipio para que su labor como tal no sea opacada, nosotros desde lo externo, no solo realizamos la misma labor que ellos, sino que con propiedad nos mantenemos al margen de buscar publicidad mediante las caras tristes, desoladas o preocupadas de la gente que esta careciendo más que nunca inestabilidad.

Aunque ahora no es tan sencillo comprarles la foto entregando sus donaciones (¿recuerdan la infinidad de políticos que hicieron eso?) sí sería importante recordarles una y otra vez que el verdadero problema no se combate alimentando un par de días a una comunidad, sino generando una sociedad digna y justa donde los privilegiados no sean ellos que se mantiene del pueblo.

El país del revés

Alfonso García Sevilla

Trabajadores de la salud son agredidos por personas, desde tirarles el café encima en una tienda de conveniencia, correrlos prácticamente de su casa por vecinos que la amenazan, bañarlos de cloro, negarles el acceso al transporte público, entre otras, por miedo a que puedan infectarlos con el coronavirus. Los que tienen el deber de luchar por la salud y la vida de los mexicanos son vistos con miedo y recelo, cuando deberían de ser considerados como héroes al arriesgar su vida en el combate a la pandemia.

Por otro lado, tenemos gente que, furiosa y con la impotencia de que se les impide llegar a destinos turísticos, ofenden a servidores públicos con insultos tales “como tú no tienes otra puta casa más que en la que duermes”, abarrotan las salidas de las ciudades para ser regresados a sus lugares de origen sin alcanzar la anhelada meta.

Asimismo, las tradiciones propias de estas fechas hicieron que miles de mexicanos dejaran la cuarentena por la imperiosa necesidad de comer mariscos, los mercados especializados en esto se vieron abarrotados sin tomar las medidas pertinentes para evitar riesgos de contagio, a la vez de que muchas comunidades dejaron las casas para en tumultos, festejar sus fiestas patronales, en un abierto desafío al frágil sistema de salud mexicano, que antes de la emergencia había demostrado sus carencias y atrasos.

Por otra parte, los gobiernos han dilatado en dar apoyos a los más necesitados, cosa que aprovechan los cárteles de la droga para entregar despensas y apoyos en zonas populares del país.

Esto pasa en un país cuya sociedad no termina de entender la gravedad de la situación que enfrentamos, y que tampoco es consciente de la crisis económica que viene de la mano.

Gobiernos incapaces, ausencia de liderazgos y una sociedad desarticulada, con padecimientos crónicos y desobediente, son caldo de cultivo para generar una crisis sin precedentes en la historia del país. Esperemos que, ante este escenario, los saldos negativos no sean catastróficos.

Religión y Coronavirus

Tiempo de contar…

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. -Jeremías 29:11-

La definición más corta de religión es interrupción. Una gran palabra. El teólogo católico Johann Baptist Metz (1928-2019) la retomó hace décadas del filósofo Sören Kierkegaard (1813-1855). Metz, el padre de la nueva teología política, combinó la promesa, para los que sufren el dolor del mundo, y la advertencia, sobre una religión que era demasiado burguesa con su forma de vida.

Y ahora el mundo está experimentando la interrupción sin fronteras y en todas las capas sociales, porque el coronavirus no conoce límites. La Covid-19 es una pandemia, una amenaza global. El mundo está paralizado, tiene miedo. Esto es un hecho inusual, porque si cientos de miles mueren de hambre en África, si un volcán erupciona en Islandia o si un tsunami azota a Asia, causando sufrimiento y muerte, la mayor parte del mundo puede seguir estos acontecimientos desde la distancia. Pero eso se acabó, porque el coronavirus nos afecta a todos.

El coronavirus también se ha convertido en una cuestión religiosa, espiritual. Dolor, pena, duda, ira. Los muy creyente dicen hay que soportar que algo así sea posible incluso como parte de la creación de Dios. Hay quien ve en el coronavirus un castigo de Dios, pero, en ese caso, más bien sería solo una imagen confusa de Dios.

En estos días, el coronavirus significa interrupción. Sí la Semana Santa se ha teñido de coronavirus. Los hospitales están cada vez más llenos de enfermos, las personas han tenido que permanecer en sus hogares; muchos se encuentran aislados para detectar posibles contagios, pero en medio de esta realidad volveremos a recordar la pasión, muerte y resurrección de Cristo, la cual, no será anulada por esta pandemia que tiene al mundo a prueba en su sistema de salud, en su economía y en la disponibilidad de las personas para ser solidarias en tiempos difíciles.

El coronavirus ha suspendido todo: playas, paseos, vacaciones, actos religiosos, meditaciones, etc. Nos llevó a cambiar las fichas del jugar, nos bajó de la nube, nos trasladó a nuevos senderos. Al parecer, nos cambió el mundo en fracciones de segundos, redujo todas nuestras posibilidades a su mínima expresión, dejándonos únicamente lo necesario: familia, comida y salud. El coronavirus hizo que recordáramos aquella frase, “Hay que estar listo para todo lo que venga en la vida”. Porque en cualquier circunstancia el ser humano debe reinventarse para poder sobrevivir y no dejar morir la esperanza, esa esperanza que Dios ha depositado en nosotros. 

La actitud positiva es importante en estos momentos de crisis, pues ya lo dice el refrán: “A mal tiempo, buena cara”. Lamentarse de lo que solíamos hacer y que dado los acontecimientos que nos ha tocado experimentar, ya no es posible realizar, no nos conducirá a ninguna parte. Tampoco llenará nuestros vacíos interiores ni mucho menos nos dejará satisfecho. Todo lo contrario, nos quitará el ánimo y las fuerzas para ver la vida con ojos nuevos. Lo que sí podemos hacer es aprovechar “el aquí y el ahora” para descubrir nuevas cualidades que nos permitan adaptarnos y reinventarnos, y poder así reconocer de la valía con la que estamos hechos. 

Creo que lo más importa, aparte de la familia, la salud y tener lo básico para vivir, es encontrar con Cristo que camina entre nosotros en Semana Santa. Porque, ¿quién sabe más de dolor, sufrimiento y sacrificio que el mismo Jesús? Por eso, sacar un rato para meditar el gran gesto de amor que tuvo el Maestro por la humanidad, es propicio para llenar nuestro espíritu de fortaleza. Él, siendo poderos se hizo pobre, y tomando la condición de esclavo pasó por este mundo haciendo el bien. Es decir, el Señor no le corría a las dificultades, asumió con valentía y coraje cada situación de la vida para que luego continuáramos sus huellas.

Que el miedo, el pánico y todas las realidades pesimistas que nos podrían llegar, no provoquen que perdamos la dirección de encontrarnos con Jesús en el camino hacia la cruz. Que estemos atentos para verlo pasar por nuestras calles y por nuestras ciudades, para expresarle como el bueno ladrón que estuvo a su lado y que también fue crucificado: “Jesús acuérdate de mí cuando comiences a reinar”. Ahora no solo se lo pediremos de forma individual, ahora lo haremos de manera colectiva, “Señor, no nos olvides en esta pandemia”.

Les cuento, que la bendición «Urbi et orbi» (Expresión latina que significa “a la ciudad y al mundo”) del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, a fines de marzo, ya se considera la imagen de la pandemia. El Papa rezó, le rogó a Dios. Ante una imagen de la Plaza de San Pedro en el Vaticano sin gente, un lugar vacío, símbolo de todas las víctimas y las personas infectadas que luchan por sus vidas.

Las iglesias, sinagogas y mezquitas permanecen cerradas por primera vez, incluso en estas relevantes fechas religiosas de Semana Santa. Pero esto puede ser también una oportunidad para los creyentes y no creyentes, una oportunidad para la reflexión. Una oportunidad para reanimar la esperanza y estar en paz con Dios (cualquiera que sea nuestra idea de él).

Concluyo con este hermoso versículo de la biblia (Jeremías 29:11) “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”.

Nosotros los de abajo

“El hambre y la falta de educación crean sociedades resentidas.”

A casi ya un mes de declararse la alerta sanitaria que ha liberado lo mejor y lo peor de cada persona un montón de reflexiones sociales nos ha traído consigo el encierro.

El pasado 1 de abril se hicieron las clausuras oficiales por parte del ayuntamiento y aunque la mayoría de los funcionarios fueron comprensivos y delicados en explicar la causa de las medidas sanitarias, no faltaron los arrogantes y corruptos que generaron pánico en comerciantes que dependen de sus ventas al día para alimentar a sus familias.

Nosotros pudimos verlos desde el bulevar santa fe donde personas que ni siquiera ejercen como empleados del ayuntamiento pero pertenecen a los grupos de acarreo de algunos pseudo-políticos, intimidaron a las personas con advertencias, personalmente me resulta difícil comprender que hace dos años esas mismas personas buscaran soluciones para los comerciantes con tal de adquirir su confianza y su voto y ahora de manera soberbia les advierten los castigos disponibles.

Todo gobierno, debe por obligación tener un plan de ejecución que garantice la seguridad de los ciudadanos, pero no solo en la cuestión sanitaria sino también económica y es que los gobiernos a falta de educación mínima de los funcionarios con cargos relevantes y de decisión parece que improvisan. (Aun así tienen el cinismo de pagar millones en publicidad que los haga figurar como excelente gobierno) Ni ética, ni economía, ni administración, ni mucho menos teoría de sistemas y principios básicos que pudieran utilizarse para evitar tener que castigar a las personas con la clausura de sus negocios.

Aunque ya está de más hacer una crítica a nuestro gobierno pues sabemos que la única red de apoyo con la que cuentan es la de su nomina y la presión con la que piden a sus empleados hablen maravillas de ellos. (Fuera de eso nadie en su sano juicio diría que tenemos un buen gobierno) esta semana es muy importante hacer una reflexión de la gente que ni siquiera tiene acceso a las redes sociales, las que parecen inexistentes, las que ya no saben si hay pandemia o no, porque lo la pregunta del día es
¿Habrá de comer ?

Puedo contarles desde mi experiencia como activista que ha sido infinidad de mensajes pidiendo apoyo para poder alimentarse. Desde el colectivo que presido, la angustia de las madres solteras que han quedado sin su negocio o sin su empleo comienza a ser desesperada. Para las personas que ya de por sí era complicado mantener sus ingresos, la situación se pone más difícil con cada día que pasa.

La desesperación y la agresividad es aun más intensa, la poca ayuda que llega es exigida, es incluso hasta menospreciada, las gente está lastimada, enojada, consumida por una incertidumbre por lo que pasara mañana. Habrán de imaginar mi enojo cuando miro las publicaciones de la realeza que invita a quedarse en casa mientras los activistas desde donde la posibilidad nos permite no nos damos abasto para poder ayudar a quienes no saben si tendrán algo en la mesa.

¿Cómo podemos exigirle calma al hambre?
Esto es solo el inicio de la rabia social, que tarde que temprano se manifestara en agresión, el hambre y la falta de educación son los peores enemigos de un convivencia social.

A los más privilegiados o los menos desfavorecidos, no solo nos corresponde pensar en compartir lo que por fortuna o esfuerzo nos llega, sino también involucrarnos en la pedagogía y la sustentabilidad de nuestros compañeros. Es decir apoyar en su desarrollo personal, pues quizá consigamos quitar el hambre un par de días pero ésta volverá tarde que temprano.

El verdadero apoyo también consiste en hacer sujetos independientes y libres, pero por supuesto y es bien sabido que los gobierno es lo que menos desean, entre mas necesidad tenga un pueblo mas sencillo será someterlo con promesas en cada época de campaña. Las viejas mañas no se actualizan pero nosotros desde la ciudadanía si podemos conscientizar, y hacer valer lo que nuestra gente merece por el solo hecho de ser personas y no números en estadísticas.

“Nuestro aguante ha sido digno”
Si algo he de reconocer y valorar es la enorme fuerza que como sociedad tenemos, nosotros, los de abajo, los que difícilmente podemos realizar una carrera universitaria, donde las madres limpian casas ajenas, salen a vender sus servicios desde sus negocios o por catalogo para alimentar a sus hijos y donde los hijos rolan turnos para poder pagarse sus estudios, donde los padres son obreros mal pagados, donde las horas fuera de casa vuelve a los matrimonios desconocidos.

(Para los menos congruentes, para los que la desesperación y Vanidad se combinó con la ignorancia y desesperación por encontrar riqueza y posición económica esos que ahora son políticos vendidos o ladrones. Para ellos no hay lugar en la dignidad social.)

Yo confío en la gente que me rodea, la que de una manera sobrenatural sostiene a los de arriba y se sostiene a sí misma, somos nosotros la fuerza de un país y para poder cambiar nuestro entorno injusto, basta con encaminar la rabia, la frustración, que no es entre nosotros sino con los que nos han traicionado, utilizado y engañado.
Somos nosotros contra lo improvisado, somos quienes ahora tienen la opción o no de cambiar el rumbo de las cosas, de quitarnos las cadenas que solo han beneficiado a unos cuantos y comenzar a ver por los nuestros.

Espejito, espejito…

Alfonso García Sevilla

Bien dicen que las crisis sacan lo mejor o lo peor de los individuos, nos desnudan y exhiben nuestra realidad, el ser individual que suma a una colectividad y define una marca, una esencia, una identidad.

Esta crisis del coronavirus ha mostrado una sociedad mexicana apática, abúlica, valemadrista y poco confiada de la ciencia y de sus autoridades, privilegiando las múltiples teorías conspiratorias por encima de la realidad que ha puesto de rodillas a países de primer mundo en Europa, así como a los Estados Unidos, “nos quieren engañar con algo que no existe y que es un invento de…. Para romper la economía de lo países y endeudar a México”, entre muchos de los “argumentos” que analistas de redes sociales que no cuenta con ningún tipo de preparación académica o profesional en el tema, sostienen como una verdad absoluta.

Esto se ve reflejado en el estudio de movilidad de Google, México está en el sótano en cuanto a la reducción de la movilidad en espacios públicos, ya que, en promedio, los mexicanos redujeron 35.4% sus movimientos en espacios públicos como centros comerciales, restaurantes, cines, tiendas, farmacias, parques, playas, transporte y lugares de trabajo; mientras que solamente aumentó un 11% la estadía en los hogares.

Asimismo, el inicio de semana santa sigue poniendo las vacaciones y los viajes por encima del encierro en aras de mantener la salud. Impresionante la cantidad de viajeros que pretenden alcanzar los destinos turísticos ante la necesidad de quedarse en casa y evitar un contagio masivo que desencadene una crisis nunca vista en el sistema de salud mexicano, que, dicho sea de paso, no está en condiciones de hacerle frente.

Ante este escenario, solo queda que el pensamiento mágico que privilegia el mexicano, de rezos y encomiendas, nos pueda evitar un trance mayor, de enfermos, muertos y, sobre todo, una crisis social de repercusiones más allá de las manos de las autoridades de cualquier ámbito.

Ante ello, resulta preocupante, pero no extraño, que el jefe del ejecutivo federal, ante la tormenta que cruzamos, mantenga el discurso político intacto, y que no vire acorde a la realidad que enfrentamos. No cabe duda que la necedad y las credos de la sociedad, están bien reflejadas en el mandatario federal, solo nos queda esperar las consecuencias en el corto plazo y el juicio histórico que como país enfrentaremos por nuestras omisiones y creencias, por encima de la ciencia y el sentido común.

Vivir en libertad en tiempos de crisis

Fabiola Serratos

Hemos hablado mucho sobre la parte vulnerable de la sociedad ante esta pandemia, la que no puede quedarse en casa, la que su sustento depende del trabajo diario y que estas últimas semanas ha sido cada vez más complicado adquirir.

También hemos charlado de la indiferencia y el cinismo de algunos gobiernos promoviendo desde la comodidad y el lujo el “quédate en tu casa”

Parte de lo que se nos ha enseñado a la clase obrera es la colectividad y los principios dentro de ésta, tiene muchas ventajas el trabajo en equipo, pues los grandes movimientos surgen de la exigencia de los pueblos bien organizados, sin embargo una desventaja de los grupos también es la falta de responsabilidad personal que algunos viven.

La vulnerabilidad de los grupos radica en volver la empatía una carga que exige al otro hacerse responsable de los miedos y caprichos personales. Una idea muy conservadora y un tanto cristiana en la cual debemos recordar que todo lo que somos (sobre todo lo dañino) puede y tiene alguien más la responsabilidad de arreglarlo y/o perdonarlo.

Volvemos la empatía un capricho egoísta y de la misma manera en que existen grupos organizados también se generan los desorganizados, los contra-principios de los ideales colectivos. Y entonces surge la parte que no sabe ser libre, porque la libertad surge de la rebeldía pero nunca se pone cómoda ahí pues necesitará de mucha indiferencia para seguir justificando su arrogancia.

La libertad implica gestos como la responsabilidad individual, el buen trabajo en conjunto debe evitar de todas las formas convertirse en masa y eso dependerá de conocer las virtudes desde lo personal para poder crear dignamente principios colectivos.

La parte que no comprende desde sí misma su propia responsabilidad es aquella a la que vemos continuar con una vida tan normal que pone en riesgo la de otros y con esto hablamos de otra clase de grupo social que surge en esta pandemia.

La indiferente, la que justifica la libertad con la rebeldía, la que sale a las calles por diversión y continua un ritmo de vida sin empatía ni solidaridad. La que ha visto la cuarentena como un periodo vacacional, la que después de la desgracia seguro buscará responsables de sus actos.

El problema repito no es la colectividad sino los principios y los ideales que utilicen los grupos, son ellos los que continuarán generando masas sociales a las cuales sólo puede tratárseles con el miedo, el castigo y la imposición (cómo ha sido a lo largo de la historia) o sujetos que a partir de su propia conciencia comprendan que la sociedad y la participación grupal se forma desde la responsabilidad que tengamos sobre los derechos y obligaciones internos que deben ser por voluntad y no imposición o presunción de la libertad como un premio.

El encierro no nos convierte en prisioneros cuando sabemos ejercer una ciudadanía digna, responsable y por supuesto podemos continuar desde lo personal ejerciendo la solidaridad, el apoyo y el respeto por los otros.

Porque los otros también forman parte de esta sociedad e inevitablemente lo que acontezca desde lo interno puede beneficiar o perjudicar a los otros.

Nos salvamos juntos o nos hundimos por separado

Esta colaboración parte de una definición: si no nos aislamos, drásticamente, no controlaremos la pandemia, la muerte. Es más: la habremos prolongado estúpidamente.

Hoy estamos amenazados, por la ruleta rusa, del contagio masivo del Covid-19 (70% pasará por ese juego macabro: ¿seré asintomático, leve o grave?) todos padeceremos después los efectos inevitables de la pandemia que golpeará con crueldad a los más débiles y a los más pobres. Una brutal selección darwinista está recorriendo a la humanidad: están muriendo los más viejos, los hipertensos, los diabéticos, los portadores de VIH, los que tienen padecimientos renales y sobrevivirán los más fuertes, los más jóvenes, los más sanos. Cuando la convulsión haya concluido se sobrepondrán a la devastación económica quienes tengan casa, quienes tengan dinero, capital cultural, trabajo seguro y redes de protección y seguramente sucumbirán, como siempre, los que no tengan nada más que la vida. La desigualdad social se volverá todavía más profunda.

Parece que los gobiernos siguen sin admitir que los problemas económicos y sociales que se nos vienen encima rebasarán con creces los planes que se había hecho y que no servirán las piscachas que va repartiendo: no alcanzarán por la combinación entre recesión, devaluación e inflación; porque el dinero valdrá menos, los programas públicos no podrán sufragarse y la informalidad aumentará tanto como las necesidades de ingreso. El confinamiento obligado por el coronavirus ya está castigando a quienes viven al día y sobreviven de lo que puedan sacar de la calle y, por esa razón, no podrán resistir cinco semanas (caso de Jalisco) en casas que no tienen o donde conviven hacinados y en condiciones insoportables.

Tenemos que actuar ya, porque decenas de miles de personas se están quedando sin ingresos, sin forma de obtenerlos y sin esperanza de salir adelante; no tienen cómo cuidarse ni cómo proteger a los suyos. ¿Qué estamos esperando para formar centros de acopio y construir cadenas de apoyo? Es ridículo suponer que los programas sociales (federales, estatales y municipales) podrán suplir las carencias que se acumularán hora tras hora y es despiadado sugerir que los pobres deben seguir trabajando, inmunes al virus.

Pero será la realidad, no la previsión ni el talento de los gobiernos, la fuerza que produzca un plan. Necesidad, no virtud, que obligará a presentar (ante los ojos de todos, adentro y afuera) un programa excepcional para escapar de la recesión, la más profunda que los mexicanos hayamos conocido.

No se necesita ser profeta para reconocer los eventos que vendrán (y ya están aquí): bajan fuertemente las ventas, no hay nuevos pedidos, despidos todos los días, capitales moviéndose hacia EU (hacia lo seguro), inversiones en caída, desplome de la recaudación y del precio del petróleo, devaluación sin control, en medio de pilas de muertos, anomia (estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales) y suspensión obligada de la actividad diaria de millones. Y esto lo vivirá, lamentable y simultáneamente, casi todo el mundo.

En las últimas dos semanas la situación económica mundial cambió de forma drástica y para mal. Todos los países del mundo están resintiendo las repercusiones del coronavirus. Es demasiado temprano para dar números, pero es una certeza que habrá una recesión mundial, más profunda que la observada en 2008-2009. Lo mismo ocurrirá en México. Debemos prepararnos para una recesión severa y de duración incierta.

Cabe recordar que a medio fuego cruzado de la II Guerra Mundial, un economista publicó un informe que definiría el nuevo Estado de bienestar británico y, por extensión, occidental. A William Beveridge, miembro del Partido Liberal, le encargaron el informe tres años antes de que se apagasen los cañones de guerra anticipando lo que se venía sobre las sociedades de los países en contienda. De la misma manera, hoy, cientos de economistas claman por medidas urgentes, profundas, de protección a la ciudadanía ante el shock que nos ha traído la pandemia.

El centro de gravedad del debate ideológico se va a mover (¡se está moviendo ya!) hacia las posiciones que favorezcan la protección de los más vulnerables. No será algo temporal, acotado a la duración de la epidemia. Se trata de un cambio estructural, porque sus causas también lo son. El nuevo coronavirus ha hecho evidente que cualquier golpe inesperado sobre la actividad económica somete a millones de hogares a un coste humano inaceptable. Y deja en evidencia la debilidad de la llamada macroeconomía. Pero bueno eso es tema de otra colaboración.  

Por lo pronto, si queremos sobrevivir como sociedad y no solo como individuos aislados, debemos sobreponernos a nuestros temores y tejer de inmediato las redes de salvaguarda y de respaldo social necesarias para contrapesar los efectos brutales de esta tragedia entre los más pobres y los más débiles.

Sin duda, en esta aguda crisis aplica la famosa frase del escritor, guionista y fotógrafo mexicano Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, conocido como Juan Rulfo: “NOS SALVAMOS JUNTOS O NOS HUNDIMOS POR SEPARADOS”.

Un gobierno privilegiado, un pueblo sin agua y propenso a la desgracia.

Fabiola Serratos

En las últimas semanas hemos visto circular por redes sociales el ya famoso #QuedateEnTucasa pero lo específicamente vergonzoso de esta tendencia, es la cínica forma en la que servidores públicos privilegiados exhortan a la ciudadanía hacerlo cuando las principales necesidades de ésta no son apoyadas.

Hasta el día de ayer muchas colonias reclaman en redes sociales la pronta resolución  de este problema tan grave, pues cabe recalcar que mientras ellos se regocijan en la seguridad de sus casas, la clase obrera y comerciante.

(La misma que no visitan a menos que sean épocas de elecciones) esa no tiene el servicio básico para protegerse, pasan horas haciendo fila en espera de pipas  de agua y otros más tienen que cooperar entre vecinos por este servicio.

El día de ayer desde San Sebastián se lanzó un comunicado y en conjunto hicimos una red de apoyo que fue reportada en varias ocaciones llegándonos a reconocer cómo Spam. Aunque nuestro gobierno gaste millones en publicidad, lo cierto es que a varias semanas de esta pandemia, comienza a verse la crisis, económica, social, de convivencia y una ausencia absoluta de apoyo a los ciudadanos. 

Si ya era complicada la idea de un encierro cuando se vive al día, es todavía más triste saber que muchos sectores no pueden ni siquiera mantener las medidas necesarias de sanidad por falta de agua y porque en algunas zonas la basura pasa solo una vez a la semana.

Nosotros en zona valle, los que por tandeo  si tenemos la posibilidad de tener  un poco más seguido agua, debemos ser solidarios ¡ni albercas,ni convivencias! Pues aunque no tengamos la forma de ir a compartir cubetas o pipas de agua es nuestra responsabilidad cuidar la que sí nos llega y sobre todo entender que no estamos en un periodo vacacional.

Mientras tanto nuestro querido y cínico gobierno antes de promover desde la comodidad  de sus hogares el quedarnos en casa,  los invito a cumplir su deber en las colonias con más vulnerabilidad  ya que si un pueblo está seguro no suenan a sarcasmo, burla y ofensa sus videos, fotografías y publicaciones en sus preciosas casas.

“No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre”

Hermanos de Cristo

Alfonso García Sevilla

Una de las obligaciones que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos le otorga al presidente de la república es la de preservar la seguridad nacional en términos de la ley, así pues, La Seguridad Nacional tiene como objetivo la conservación, la estabilidad y la continuidad de cualquier sociedad, así como la protección a la vida y bienestar de sus ciudadanos. Cada día surgen nuevos riesgos y amenazas que afectan a la Seguridad Nacional, algunos procedentes de la naturaleza y muchos otros de la mente humana. Aunque se suelen mencionar riesgos y amenazas como el terrorismo, los ciberataques o el crimen organizado, y el que actualmente enfrentamos: el coronavirus.

México actualmente padece una crisis en materia de seguridad, cuya amenaza primordial es la delincuencia organizada, siendo los cárteles del narcotráfico, los más poderosos y cuya fortaleza día a día, lejos de ser un blanco de combate de nuestras autoridades, se les percibe como un imperio bien cimentado, sin la capacidad del Estado mexicano de debilitarlo, o quizás sin la más mínima intención de hacerlo.

Este cáncer genera ganancias anuales, según estimaciones de expertos, del nivel de los 600 mil millones de dólares, derivadas, además del narco, por el tráfico y trata de personas, huachicoleo, secuestro, cobro de plaza, entre otros y que cobra la vida de miles de mexicanos al año, tanto en la disputa por los mercados, como por los daños colaterales y a las víctimas de estos ilícitos.

Un estadista que se ocupa de los mandatos de la soberanía actúa en consecuencia del problema. La delincuencia organizada debe ser vista como lo que es: un enemigo a la seguridad nacional.

¿Puede el estado mexicano hacer cualquier gestión para que “por razones humanitarias” ayudar a la madre del “Chapo” Guzmán a tramitar una visa y que lo pueda visitar en Estados Unidos, donde se encuentra preso?

¿Tendrán derecho a ellas a sabiendas de cuántas vidas ha cobrado el “negocio” de su vástago? ¿No resulta increíble el video donde el jefe del ejecutivo nacional, de manera muy casual, como si realmente fuera cualquier ciudadano, saluda a la madre del “Chapo”? en un entorno de criminales y la comitiva presidencial.

A un año de gestión de la 4T, no se perciben acciones contundentes en materia de seguridad que permitan tener la certeza de que podemos revertirlo y minimizarlo, por lo pronto, 2019 y 2020 ya son años perdidos contra la delincuencia, sin una política pública de largo plazo que permee en este sexenio.

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