Opinión

Iniciemos el salvamento y el rescate

Quirino Velázquez

Un nuevo estudio alerta que la capa de hielo de Groenlandia, que forma parte del Círculo Polar Ártico, se ha derretido de tal manera que ha llegado al punto de no retorno, incluso, si las emisiones de gases de efecto invernadero se frenaran hoy y menguara el calentamiento, el hielo continuaría reduciéndose. Los glaciares de la isla más grande del mundo están en un punto de inflexión, de acuerdo con la investigación publicada (el jueves pasado) en la revista Nature Communications Earth and Environment. Son más de 280 mil millones de toneladas métricas de hielo derretido los que Groenlandia arroja al océano cada año y eso convierte a esta isla en el mayor contribuyente del aumento global del nivel del mar.

En el sur, en la Antártida (Antártida​ o continente antártico, ​ también denominada Antártica en Chile, es el continente más austral de la Tierra. Está situada completamente en el hemisferio sur, casi enteramente al sur del círculo polar antártico y está rodeada por el océano), los científicos han hallado que las enormes capas de hielo se derriten a un ritmo cada vez mayor y hay toda la probabilidad que se acelere más en el futuro. ¿Qué significa? Que el continente helado también está arrojando agua al océano. De acuerdo con una investigación financiada por la NASA y publicada en la revista Nature Geoscience, la fusión del hielo elevará drásticamente el nivel del mar con consecuencias potencialmente catastróficas para la humanidad.

Mientras, lamentablemente, eso sucede en los casquetes polares, un gran iceberg ya golpeó al trasatlántico de la política mexicana. Lo peor, no sé sabe cuántos botes salvavidas tenemos. Por eso no sé sabe si se salvará el régimen, el partido, el gobierno, el sistema o el país. No sé sabe si se salvarán todo ello o no se salvará nada. Tampoco sé sabe a quién se quiere salvar. Es más, no sé sabe si tenemos botes salvavidas.

Pero, de tenerlos, es muy claro que el régimen podría salvarse si se pone del lado de la gente y si aplica una adecuada política nacional. Que el partido gobernante (Morena) podría salvarse si se deslinda oportunamente del gobierno en lo que no le gusta al electorado, si encuentra y elige candidatos idóneos (internos y externos) para las próximas elecciones, si diseña y aplica una estrategia inteligente, si propina un oportuno golpe político magistral (cómo parece ser el caso Lozoya), si consensa con aliados provechoso (no importa que no sean partidos) y si cuenta con la suficiente suerte.

Es muy claro que el gobierno (de los tres niveles) podría salvarse si deberás abraza una muy convincente legalidad, efectividad, gobernabilidad y honestidad. Que el sistema podría salvarse si recurre a una política económica y social que lo reconcilie con las mayorías. Que el país se salvaría si se puede reinstalar la seguridad, el desarrollo y la justicia, así como si se puede realmente atenuar o acabar con la terrible desigualdad imperante.

La historia política de la humanidad ha sido infalible en los últimos 250 años. A los periodos de ingobernabilidad generalizada y de corrupción incontrolada los ha sucedido la dictadura popular, la dictadura militar o la disolución del Estado.

Todo esto, nos trae un mensaje para los días actuales. Sabemos muy bien hacia dónde queremos llegar. Para nadie es un enigma lo que debiera ser nuestro destino en cuanto a desarrollo económico, justicia real, seguridad pública, suficiencia energética, modernización educativa, cultura integral, reordenación hacendaria, desarrollo social, salud de fondo, medio ambiente, reinserción internacional, paz verdadera, respeto tolerante, cooperación recíproca, humanismo de esencia y gobernabilidad política.

Pero de lo que no estoy tan seguro es de qué tan conscientes estamos de nuestro punto de partida. Porque es muy cierto que necesitamos una nueva visión y un nuevo ejercicio de la vida colectiva. Pero ¿qué vamos a hacer con nuestro actual trebejo (utensilio que se utiliza para realizar alguna actividad)? ¿Lo vamos a cambiar por equipamiento nuevo o tan sólo lo vamos a reparar, a decorar o a enjuagar? ¿Llamaremos al reparador o, de plano, a un nuevo proveedor? Porque algo de lo que ya no nos funciona puede tener compostura, pero algo sólo se mejora con repuesto.

Esto me ha recordado que, en mis años adolescentes, me pareció toda una hazaña la travesía del Apolo XI. Desde luego, lo fueron el descenso del módulo lunar Eagle, los informes de su piloto Edwin Aldrin jr, la caminata del comandante de la misión Neil Armstrong (primer hombre sobre la Luna) y las transmisiones desde Honeysuckle Creek (estación terrena de la NASA en Australia cerca de Canberra, y fue fundamental para el Programa Apolo). Pero, con el paso del tiempo, fue cuando me percaté que lo más importante de toda esa proeza no fue haber llegado a la Luna sino haber salido de la Tierra.

En efecto, vencer la gravedad terrestre fue el tema esencial de las travesías espaciales. Para salir del planeta, el hombre tuvo que inventar maquinarias y combustibles, instalar centros de navegación, adiestrar legiones de nuevos especialistas, descubrir muchos datos de la relación de la Tierra con el resto del espacio, así como mil cosas más. Llegar a otros lugares del cosmos fue tan sólo una consecuencia derivada del lanzamiento de la nave.

Es muy cierto. Sólo la madurez o algo que se le parece me convencieron de que, en la vida, lo más importante no es a dónde llegar sino de dónde salir como individuos, como sociedad, como gobierno, como partido, como nación (cómo entidad federativa o cómo municipio) y como especie. Descubrir o inventar lo que tendremos que disponer para salir de nuestra celda gravitacional.

Llegar al país que queremos puede llevarnos una, dos o varias generaciones. Pero lo más importante, para nosotros los actuales, no es llegar a nuestro destino de ensueño sino salir de nuestro lugar de pesadilla. Por eso, en muchas ocasiones me he preguntado si lo más importante de lo que hizo Cristóbal Colón fue haber llegado o haber partido. En ciertos momentos he creído lo primero, pero en muchos otros me he convencido de lo contrario.

Saber comprender todo esto es uno de los mayores desafíos del político y saber resolverlo es uno de los mayores atributos del buen gobernante. Vencer esas fuerzas gravitacionales representadas por el burocratismo, la insensibilidad, la apatía, los intereses, las corrupciones, los oscurantismos y las cobardías. Pero, también, saber medirlo para decidir en qué se requiere cambiar de método, de equipo, de programa, de institución o, incluso, en qué se requiere cambiar al sistema entero o al país (estado o municipio) completo.

Finalizó diciendo que: la sabia vida y la terrible pandemia nos han enseñado, primero, que todo es sumergible y es destructible. Segundo, que con la mayor rapidez nos debemos aplicar al control de daños. Tercero, a nivel nacional, estatal y municipal, que iniciemos el salvamento y el rescate.

Transporte público, caro y de alto riesgo

Alfonso García Sevilla

Esta crisis sanitaria por Covid-19 viene a demostrarnos muchas de las debilidades de nuestros gobiernos, y también de hábitos que tenemos como sociedad, respecto a nuestro día a día.

Pareciera que en Jalisco ya creemos superada la emergencia al ver el pasado fin de semana las aglomeraciones en el centro tapatío y en el corredor Chapultepec, zona de encuentro de los jóvenes en bares y actividades culturales y que dan cuenta los medios locales, lugares donde no se respeta la sana distancia ni el uso generalizado de cubrebocas. Como sociedad seguimos jugando en el límite del contagio.

Por otra parte, hoy los medios también dan cuenta de algo que la pandemia pone en evidencia: nos mintieron cuando nos aumentaron la tarifa del transporte público de forma despiadada en dos pesos con cincuenta centavos (que en la práctica fue de 3 pesos al no dar cambio las alcancías de los camiones, trolebuses, tren ligero y macrobús) por el mentado modelo de “Ruta empresa”, mismo que según decían, era la solución a la movilidad en el área metropolitana de Guadalajara.

La nota publicada en días recientes en el diario “El Informador” es contundente “Usuarios de minibuses urbanos sufren por unidades repletas de gente en plena pandemia; a mes y medio de avalarse los itinerarios diferenciados, el servicio exhibe las mismas fallas”, además se refiere en la misma que el transporte público es considerado por los especialistas sanitarios como el segundo lugar con más riesgo de contagio del Covid-19.

¿Cómo poderle hacer frente efectivamente a la pandemia cuándo se sabe que el transporte público es de alto riesgo y la autoridad lo pasa de frente? La movilidad y la salud son un derecho humano que está siendo vulnerado en el mismo sentido, ante el conocimiento de la crisis que enfrentamos, no se están tomando las medidas necesarias para que los camiones pasen con mayor frecuencia, que se respete la sana distancia y que se brinde gel antibacterial a los usuarios, aparte de la responsabilidad de cada uno de ellos de usar cubrebocas.

Ante la necesidad de la gente de llegar a sus centros de trabajo y el fracaso de los horarios escalonados por la enorme demanda de transporte público, solo queda reconocer que la pandemia nos enseña que el aumento a la tarifa no tiene elementos que la justifiquen, y mientras que en la segunda fuente mayor de contagio social no se atiendan las medidas necesarias, será harto complicado esperar que la curva del Coronavirus se aplane en el corto plazo.

Crisis y elecciones

Quirino Velázquez

Estamos en una crisis sanitaria y económica sin precedentes y a poco más de 15 días del inicio del proceso electoral más grande en la historia de nuestro país, porque concurren las elecciones federales intermedias con elecciones locales en las 32 entidades federativas. Sin duda que serán comicios considerables, no solo numéricamente, sino también por la complejidad y los retos que representa organizar elecciones y participar en ellas en época de pandemia.

En esta crisis, la curva de contagios y fallecimientos sigue subiendo y la economía no deja de caer, pero a la clase política-gobernante ya le urge ocuparse de otras cosas. Por ejemplo, de las elecciones del próximo año. Y varios medios de comunicación le hacen segunda. Por un lado, porque la agenda informativa suele moverse más en función de los discursos del poder que por las adversidades cotidianas de la gente. Por el otro lado, porque en la conversación pública la novedad siempre lleva mano y un desastre (sanitario y económico) con más de cuatro meses de duración, por grave que sea, es cada vez más difícil que mantenga la atención prioritaria del día a día.

No obstante, sería perverso que alguien piense en alargar la pandemia con el propósito de impactar en el ánimo de los electores, ya sea bajo una estrategia protectora de los más desprotegidos inyectando todos los recursos públicos para favorecer a los pobres (aunque nada más se beneficie a quienes se encuentren anotados en padrones de programas sociales).

Cómo igual de perverso sería (o ya es) usar la pandemia para adelantar campañas disfrazadas de gestión social, de asistencia social o de “ayuda” institucional, llevando cuánta cosa a electores de sectores vulnerables; en otros casos, usarla para golpear al adversario político acusándolo de mal manejo de la pandemia.

Con el ambiente que hoy se vive y en la víspera del inicio del proceso electoral concurrente 2020-2021, la oposición no ha logrado tener la fuerza suficiente para crear presiones eficaces que contrarresten la narrativa gubernamental. Para acabar de completar el cuadro, es probable que las propias audiencias ya acusen cierto cansancio respecto a las noticias del coronavirus y sus calamidades. El resultado, paradójicamente, es que muchas personas siguen cayendo enfermas o falleciendo, perdiendo su empleo o viendo disminuidos sus ingresos, pero las condiciones mediáticas y políticas son muy propicias para que el tema se desplace a un segundo plano.

El panorama, sin embargo, luce muy incierto. Es verdad que el presidente sigue siendo un líder popular, que su apuesta por los programas sociales puede traducirse en votos y que, con todo y sus problemas, Morena sigue siendo el partido con mayor intención de voto (18% según encuestas). Sin embargo, la aprobación de su gobierno muestra una sostenida tendencia a la baja, en general pareciera que no tiene buenos resultados que defender y su partido (Morena) está poco a poco disolviéndose en el agua turbia de las rivalidades y los conflictos internos por las futuras candidaturas.

Todavía falta poco menos de un año para las elecciones, pero dada la experiencia de los últimos 20 meses y el panorama tan sombrío que se anticipa para el futuro inmediato, nada indica que el gobierno vaya a tener la capacidad para cambiar la agravada trayectoria de deterioro y decepción en la que, en apariencia, se encuentra.

La pregunta es si la oposición podrá aprovechar esa oportunidad. Porque no está claro que el electorado vaya a optar automáticamente por el voto de castigo. A pesar de la supuesta debilidad del lopezobradorismo, la oposición también luce débil y desubicada. Todavía arrastran mucho desprestigio, carece de liderazgos atractivos y sigue siendo una incógnita lo qué puede representar u ofrecer, más allá del justificado, o no, rechazo a la gestión o figura del presidente.

En un entorno así, no es descabellado proyectar un escenario en el que la polarización, ya sea que la promueva el presidente o incluso alguna de las oposiciones, tenga el efecto de desmotivar al electorado. De por sí en las elecciones intermedias el porcentaje de participación suele ser menor que en las presidenciales. El desenlace podría ser, entonces, una crisis sanitaria y económica sin precedentes con una campaña electoral tan vehemente como insignificante que termine generando más abstencionismo que movilización.

Si el lopezobradorismo se desentendió de la emergencia, y las oposiciones no logran conectar con ese agravio y representarlo, tal vez una mayoría de electores opten no por tomar partido entre unos u otros sino por mandar a ambos al diablo. No es lo deseable, pero tampoco resultaría tan sorprendente.

En los estados sin elección a gobernador, es esperable una baja participación electoral. La experiencia señala que las elecciones intermedias sin concurrencia de gubernatura generan poco interés en la población. Más aún si los partidos de oposición no tienen una agenda clara de contraste que emocione. En esos estados (cómo Jalisco), estaremos viendo una elección entre estructuras y el trabajo de tierra. En el caso de Jalisco, no hay ninguna organización con la solidez de Movimiento Ciudadano (MC).

Pero, a nivel nacional hace mal la oposición en caer en las distracciones de la presidencia y perderse en la coyuntura de la nota periodística. Perdidos en la carrera del tuit más veloz y la competencia por los likes, los partidos de oposición no están haciendo política electoral. Se están encerrando en la dinámica legislativa, pero no están armando coaliciones hacia afuera, no están yendo por jóvenes y líderes sociales, no están proponiendo una agenda que logre sacar a votar a quienes se han decepcionado del gobierno.

La oposición se equivoca si cree que la simple caída de aprobación de López Obrador en las encuestas será suficiente para derrotar a su aparato electoral (llámese Morena o servidores de la nación). De hecho, el escenario que hoy pinta es exactamente el contrario… Lo que si es cierto es que hay, y quizá seguirá habiendo, crisis y se llevaran a cabo elecciones.

Finalizo pensando que ni gobierno ni opción deben de dejar de prestar atención a la frase de la escritora y filósofa española Elsa Punset: “Las crisis potencian la evolución y los cambios que parecían difíciles o imposibles pueden darse incluso relativamente deprisa”.

El Presidente es un misterio

Quirino Velázquez

Pareciera que en materia de golpes mediáticos el presidente Andrés Manuel López Obrador es un imán irresistible, sea por citar erróneamente a Mario Puzo y su famosa novela “El Padrino”, como por anunciar una reforma al Sistema de Pensiones que cambiará la calidad de la vejez de millones de personas. Un día inventa adversarios donde no los tenía para escándalo de muchos que no conciben a un presidente que parece disfrutar la polarización de los mexicanos, al día siguiente firma un tratado histórico con los Estados Unidos gracias a un enorme esfuerzo de contención y madurez. Asimismo, minimiza el uso del tapabocas, para consternación de todos, y después se lanza a una gira en la que cicatriza divisiones con gobernadores de oposición recalcitrantes (cómo los de Guanajuato, Jalisco y Colima). En suma, cuando creemos que ya conocemos como es y cómo va actuar AMLO nos equivocamos siempre.

En efecto, a poco más de un año y ocho meses después de haber asumido el poder, el presidente Andrés Manuel López Obrador sigue siendo un enigma para los mexicanos pese a que su voz y su rostro se han hecho omnipresentes en la vida del país. Las pasiones que inspira a favor y en contra han sustituido al fútbol, a las series de Netflix o a los escándalos de los artistas o de los políticos como el principal tema de conversación en círculos mediáticos y en las charlas de sobremesa. Material no falta, gracias al torrente inagotable que arrojan dos horas diarias de conferencia “mañanera” de lunes a viernes y videos los sábados y domingos. Cierto es que antes de que la “comentocracia” y las redes sociales terminen de ingerir y digerir los planteamientos, denuestos y expresiones ofrecidas por el presidente, deben enfrentarse a una nueva andanada. Cuando ellos van, AMLO ya viene de regreso con más material igualmente polémico.

Y pese a su permanente sobre exposición, el presidente López Obrador es un misterio, aun cuando todos creamos que lo conocemos y le hemos tomado la medida. Y esto es así porque la concepción que la mayoría tenemos de él se alimenta de las estampas y los “clichés” a través de los cuales hemos acuñado eso que llamamos AMLO. “mesías tropical (calificativo que le endilgó Enrique Krauze), populista trasnochado, provinciano anacrónico, ignorante caprichoso, vengativo belicoso, amenaza para México, bueno hasta “comunista” según sus detractores. “Luchador infatigable, sabio, justo, incorruptible, conocedor profundo del alma mexicana”, y hasta “líder espiritual”, según sus seguidores.

Para fortuna de AMLO y nuestra desgracia, él es todo lo anterior de manera fragmentaria, lo cual lo convierte en un hombre en cierta forma indefinible. Un manojo de contradicciones, una suma de ambigüedades expresadas siempre de manera categórica. Tenemos una verdadera paradoja en el ejecutivo federal: Es profundamente desconfiado de la iniciativa privada y un estatista convencido dedicado a adelgazar al Estado. Un nacionalista a ultranza genuinamente convertido en amigo de Trump el ofensor de los mexicanos. Un hombre progresista arraigado en el pasado priista. Un luchador social que rechaza cualquier camino que no sea la democracia, empeñado en debilitar a los órganos democráticos. Un fiero opositor de los neoliberales, pero en materia de finanzas públicas más ortodoxo que los neoliberales. Un permanente rijoso que pregona abrazos en lugar de balazos. Un hombre rígido en sus ideas que repudia toda crítica y actos de represión. Un intransigente y sutil transigente que nunca pierde la paciencia. Un amante de la naturaleza obsesionado con las energías más contaminantes.

Frente a este compendio de contradicciones, los mexicanos hemos creado un López Obrador en nuestra cabeza a modo y forma de nuestra concepción del mundo o de nuestros intereses. Y cada cual hemos podido encontrar en la realidad los fragmentos que mejor acomodan a nuestra visión. El problema es que en cuanto intentamos ampliar nuestra perspectiva e incluir otros fragmentos, si es que deseamos ser honestos, nuestro esquema se hace trizas.

De ninguna manera se parece en su forma de ser a Hugo Chávez ni a Nicolás Maduro por más que intenten convencernos quienes lo repudian y desearían que AMLO inflara la burocracia, propiciara el endeudamiento o incurriera en una narrativa antiimperialista para justificar la “estampita” que han creado. Tampoco es un hombre de izquierda pese a lo que hubiéramos querido los críticos del antiguo régimen, como queda demostrado, entre otras cosas, por su desdén a la agenda feminista o a la ambientalista y por el extraño apego a Donald Trump (que parece, va más allá de una actitud pragmática).

Andrés Manuel López Obrador es lo que es. Un hombre que pone en juego sus virtudes y defectos para cumplir lo que concibe como un mandato histórico: encabezar las reivindicaciones del México empobrecido y acabar con la corrupción de los de arriba y propiciar el bienestar de los ignorados y oprimidos. Una noción que puede sonar anacrónica y retrograda en los asentamientos acomodados (colonias de los ricos) y en los centros financieros, pero urgente y obvia en la sierra de Oaxaca o los barrios populares de México. AMLO es tan complejo y variopinto (que está formado por elementos de muy diversas características) como el pueblo ignorado y oprimido a nombre del cual gobierna.

Porque si nosotros hemos hecho una construcción de López Obrador, él también lo ha hecho de lo que llama “pueblo”, una entidad a la que él representa y en la cual se funde porque él “ya no se pertenece”. Y de estas dos ambigüedades está hecho este sexenio o las percepciones del sexenio. El AMLO acartonado y parcializado que los mexicanos hemos construido; y el pueblo infalible, sabio y admirable que él a erigido. Su idea cosificada de pueblo se ha mantenido a pesar de los golpes de realidad que el presidente López Obrador ha querido ignorar: los abucheos populares cuando los ha habido. Las matanzas entre indígenas. Los linchamientos absurdos y salvajes. Los bloqueos de vías y los saqueos de almacenes. El fracaso de sus exhortos para no entregarse al crimen organizado. El desdén a sus abrazos no balazos. Y la persistencia de la corrupción también entre los de abajo pese a sus reiterados anuncios de que esto ya ha cambiado.

Y a pesar de todo, frente los mandatarios anteriores del “prian” (PRI-PAN) que decían gobernar para todos los mexicanos y que en realidad lo hacían para los suyos, ya de por sí privilegiados, es preferible un presidente que gobierna para los empobrecidos, ensalzados o no. A tirones y jalones, entre exabruptos y provocaciones, plagado de negros en el arroz y embates innecesarios y desgastantes por el estilo presidencial, lo cierto es que se ve que está en marcha un proceso de cambio verdadero. Podría ser mejor, de otra manera o más entendible, pero es el que hoy hay y difícilmente habrá otro distinto, porque está hecho a la imagen de ese hombre fragmentado, obstinado y contradictorio.

Y sin embargo allí está: el combate a la corrupción es real (sino que le pregunten al Dr. Lomelí). El gasto suntuario y privilegiado de la clase política federal está desapareciendo. La evasión fiscal de los poderosos acaudalados se acota por vez primera en la historia del país. La transferencia de recursos a los sectores oprimidos está en proceso. La atención al sureste de la nación abandonado. El extinguido chayote destinado a la prensa. Y La infraestructura de salud que pese a recibirla desmantelada ha resistido a la pandemia.

Más allá de los “clichés” reduccionistas que intentan hacerse una idea de un presidente inaprensible (que es imposible de comprender o captar por ser demasiado sutil), Andrés Manuel López Obrador, contra lo que muchos piensan, constituye un intento para apuntalar un sistema que se encontraba agotado y urgido de drásticas medidas correctivas que, de no tomarse, podrían desestabilizarlo. La corrupción, el descrédito de su clase política, la desigualdad social, sectorial y regional, y los niveles de criminalidad habían llegado al punto de que las exasperaciones por parte del México desatendido podían provocar brotes de explosión social. Así parece que el misterioso López Obrador opera un cambio de régimen más para bien que para mal, a veces a pesar de sí mismo o de la idea de sí mismo que los mexicanos hemos construido.

A propósito del misterioso personaje del que hoy les conté, finalizo con una bella frase del líder guerrillero nicaragüense que luchó tenazmente contra la ocupación y la intervención norteamericana en su país, Augusto Cesar Sandino: “Me siento orgulloso de que en mis venas circule, más que cualquiera, la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincero”.

Acosadores y machos de Tlajomulco.


“Si gobierno no me cuida, nos cuidamos nosotras”

Fabiola Serratos

Estos últimos días he reforzado mucho la importancia de las denuncias cuando de acoso o discriminación se trata, he recibido mucho apoyo con mis decisiones personales y valoro infinitamente el apoyo de mis compañeras, que han sido parte importante de mi desarrollo personal y sobre todo del despertar de conciencia cuando de violencia social y política se trata.
Hace un par de días observé una publicación sobre otro funcionario público que había aprovechado su cargo para hacer insinuaciones sexuales y acoso a distintas mujeres, esto sin olvidarnos de aquel Lord famoso al que evidenciaron con fotografías comprometedoras hace un par de años. El problema es que como ellos existen cientos de funcionarios ocupando cargos y haciendo alarde de sus funciones, para conseguir placeres que cuando se les son negados son insistentes y acosadores, desde lo personal les confieso que aún conservo conversaciones de los que ahora desfilan en direcciones y que utilizan el chantaje y la manipulación como método de protección, olvidando las veces que fueron grabados en estado de ebriedad evidenciado su verdadero comportamiento muy contrario a los principios que promueven en sus redes. La culpa es algo de lo que se valen para evitar que las denuncias procedan o se exhiban.

Recientemente también recibí audios de una joven que expone como es que cierto director al saberse acorralado intentó persuadirla de retirar las publicaciones que ella expuso en su red personal, fue amable, educado e incluso le hablo suave, para que el chantaje fuera más eficiente. El problema es que las denuncias no trascienden y que las mujeres viven terribles actos de revictimización y los sujetos solos son removidos de sus cargos de forma temporal o acomodados en otras áreas.

Les llaman la atención como si sus actos no fueran graves o como si con niños se estuviera tratando, esa es la causa de que muchas en algún momento dudemos en denunciar.

Cuando me encontré en duda de la decisión de denunciar o no, tuve dudas terribles y miedo de saber que al ser ciudadana el evidenciar a un funcionario iba a traerme tremendo problema y mi palabra fuera puesta en duda, pero supe entonces que esa es la causa de que no solo yo, sino de que muchas pasemos por alto la violencia y condenamos a otras a vivir cosas similares o peores que las nuestras.

Un machismo agresivo que bajo ninguna justificación debe permitirse en un gobierno que se dice protector de las mujeres.
Haciendo política de la vieja escuela, muchos partidos políticos consideran que la participación de las mujeres tiene que ver más con estrategia que con paridad, las utilizan y niegan la realización de sus proyectos poniendo zancadillas en su crecimiento personal y profesional. Para algunos servidores las mujeres representan solo la imagen y hacen uso de la marginación, denigración y exclusión cuando ya no las necesitan.

Que puedo decirles si personalmente viví tal cosa, cuando mi trabajo y mi trayectoria de vio agredida por un oportunista pretencioso.
Esperemos que en pleno 2020 los hombres que viven de la política y que de alguna manera se han beneficiado sexualmente de, sepan que nunca más se pasaran por alto sus actos o quedaran en el silencio. Solo cabe resaltar que mientras personajes hipócritas ya se presentan como futuros regidores de la reelección de Zamora, tienen deudas pendientes con la justicia y con la violencia que han ejercido a las mujeres.

Sin duda, será muy gratificante que la violencia no se pasen por alto estos actos pues que si el actual gobierno de verdad desea una reelección debe considerar monitorear a detalle los personajes que desea poner al frente, pues la violencia y el acoso serán sin duda uno de sus puntos más débiles. Porque no estamos dispuestas a ser representadas por los mismos sujetos que violentan y acosan a las mujeres. Pues ahora entendemos que si desde el gobierno no son capaces de proteger la dignidad e integridad de las mujeres, esa es la causa de que seamos un municipio con cifras elevadas en violencia de género.

Su vieja política de exclusión no funcionará más, no habrá desprestigio moral o acoso que calle las voces de las mujeres que hoy se saben valientes. Y si la división de mujeres anteriormente les había funcionado, las colectivas y las asociaciones, ya no estamos en condiciones de ser permisivas, si bien es cierto que sabemos corremos el riesgo que algunas funcionarias han padecido, pues han sabido destituirlas de sus cargos cuando no se cuadran a la obediencia misógina con la que nos gobiernan, ya no será de buena manera en la que exigiremos nuestro cuidado y participación. Eso debe quedarles claro a éste y los próximos gobiernos.

Larga pandemia política

Entre desencuentros entre las autoridades estatales y federales transcurre la pandemia por el Covid-19, lo que ha traído como consecuencia un mar de “información” que lo único que ha generado en la población es la incertidumbre de si ya estamos saliendo de la crisis sanitaria, por más que los números digan lo contrario.
Es impresionante ver las imágenes de grandes ciudades con aglomeraciones de gente que no respeta las medidas sanitarias del uso del cubre bocas, gel antibacterial y la sana distancia, pero, sobre todo, que la autoridad no esté haciendo lo necesario para que la gente tenga la conciencia de la gravedad de lo que enfrentamos y se sigan permitiendo operar tianguis, centros comerciales y unidades deportivas.
Los gobiernos nunca aprendieron de lo que pasaba en otros países para generar una estrategia efectiva de información, desde noviembre pasado se sabía que el Coronavirus iba a llegar a México, sin embargo, no se ocuparon en hacer un seguimiento de los casos para diseñar acciones conjuntas en beneficio de la sociedad. Al contrario, esta crisis sanitaria sirvió como una plataforma para que los políticos intentaran llevar agua a su molino y golpearse mutuamente.
Hoy día, según La Vigésima Quinta Encuesta Nacional sobre COVID19 en México realizada por MITOFSKY muestra que el crecimiento de los miedos y de la cercanía de la enfermedad en la población. Ya 79% de los encuestados afirma conocer a alguien que se haya infectado y 60% a alguien que murió de Covid-19, porcentajes que crecen cada semana. La conclusión de esta nueva encuesta y los cruces que nos ofrece Mitofsky es que la polarización está evitando la toma de decisiones de prevención; por ejemplo, el uso de cubrebocas está influenciado con la postura del presidente de no usarlo. (Consulte los resultados totales de la encuesta en: http://www.consulta.mx/index.php/encuestas-e-investigaciones/item/1348-24encuesta-covid)
Sin embargo, la gente, aún con estos datos, sigue saliendo sin necesidad y agrediendo a personal de la salud, sigue haciendo fiestas y reuniones, sigue sin usar cubrebocas y sin creer en la autoridad, lo que garantiza una larga pandemia y más desencuentros políticos sin resultados efectivos para al menos, contenerla.

Época de partidos o de líderes

Quirino Velázquez

Me encuentro en un receso obligatorio de actividades debido a la pandemia que vivimos y un intrascendente malestar sufrido. He aprovechado estos días para leer y releer, como diría Jorge Luis Borges.

Con ese preámbulo entro a materia. Desde que inició su decadencia el sistema monárquico, a partir de la Revolución Francesa, el poder político se ha focalizado en dos protagonistas. En ocasiones, en los partidos y, en otras, en los líderes.

Los partidos políticos requieren ideología, oferta, organización, estructura, legalización, recursos, arraigo, prestigio y hasta institucionalidad. Los líderes requieren circunstancias y suerte. Un partido requiere de años para consolidarse. El líder requiere de trabajo y tiempo, conocer sus circunstancias y saber aprovecharlas. Quizá, por eso, el sacerdote franciscano español Pedro Manero decía que “lo difícil no es aprovechar la oportunidad, sino saber cuál es la oportunidad”.

Al respecto de líderes, les cuento, que hace algunos días un grupo de jóvenes y futuros políticos y políticas (todos, todas de Tlajomulco, estudiantes, emprendedores, ninguno y ninguna mayor a los 25 años) se me acercó para platicar de política y me preguntaron (entre otras cosas) ¿qué se necesitaba para ser un verdadero líder? Les dije que yo estaba muy limitado para responderles, pero, a mi modesto saber y entender, entre otros factores, el verdaderolíderrequería tener profetas y apóstoles.

Luego vino la otra pregunta: ¿por qué profetas y apóstoles? Mi respuesta fue muy sencilla: el líder necesita de ambos, porque no le beneficia hablar sobre sí mismo. Son otros los que tienen que hacerlo por él. Autoelogiarse es muy malo (síndrome del yoyo), no es refinado, no es inteligente, no es gratificante y políticamente es contraproducente. Por eso se requiere de los profetas, que son los que preparan el terreno en el que habrá de surgir el líder y, por eso, se requieren los apóstoles, que son los que trabajan la cosecha de lo que el líder sembró.

Para explicarme (cómo lo hice con aquellos jóvenes), usaré, con todo respeto, un ejemplo: Jesús de Nazaret tuvo sus profetas, algunos muy remotos como Isaías que anunció la venida de Cristo. Pero otros fueron más cercanos, como Juan El Bautista, que preciso al decir, primero, que el tiempo ya se acercaba. Segundo, que el mesías ya había llegado y ya estaba entre ellos. Y, por último, que lo identifica, lo señala y lo devela. Pero todos ellos hablaron porJesús y no fue Jesús quien habló por sí mismo. De la misma manera, fueron los apóstoles los que dieron cuenta y fe de Jesús. De su vida, de sus prodigios, de su pasión y de su resurrección.

En la política sucede algo muy parecido. Los profetas del líder son los que proclaman lo que se requiere y a quién se requiere; los apóstoles son los “siervos” del líder, es decir, son todos aquellos hombres y mujeres escogidos por líder (para que se unieran a él) que trasmiten su mensaje. En otras palabras, son los que “hacen la talacha” a nombre del líder.

Ahora bien, en ocasiones, el líder utiliza el “tapujo”de partido político que, en realidad, no es más que una pantalla para pretextar o para simular. Por ejemplo, el partido Nazi era, en realidad, Adolfo Hitler, sin más ni menos. En otros casos, como el peronismo en Argentina, el líder trasciende en partido e, incluso, el año pasado (2019) triunfó electoralmente, a 74 años de su creación y a 46 de la muerte de su fundador. Nasser (principal líder político árabe de su época) destronó la monarquía y nacionalizó el Canal de Suez. Por otra parte, el partido comunista de Lenin trascendió muchas décadas. Europa y Estados Unidos han tenido partidos muy bien cimentados, pero pocos líderes reales que resalten más allá del quehacer burocrático.

En México, como en todos los países, hemos escrito nuestra propia historia. Hemos tenido épocas de líderes y épocas de partidos. También hemos tenido tiempos de nada.

Pero habrá que recordar que la historia nos dice que el fenómeno del liderazgo puede desbarrancarse en la pérdida, principalmente por tres motivos: la impotencia, la ignorancia o la indolencia. Es decir, porque no pudo, porque no supo o porque no quiso.

La impotencia proviene de su propia debilidad o de la fuerza de los que se le oponen. Porque no instaló la gobernabilidad, porque no asumió el liderazgo o porque no utilizó sus capacidades. O porque no se lo permitieron.

La ignorancia proviene de la falta de pericia, de la ausencia de información o de la incapacidad política. Porque no aprendió su oficio, porque no entrenó sus aptitudes o porque no entendió su encargo. Porque creyó, por ejemplo, que los impuestos o la pobreza son temas de la economía y no asuntos de la política.

La indolencia proviene de las pocas ganas, de los pocos esfuerzos y de los pocos trabajos. Porque se tardó, porque se distrajo o porque se desperdició. Porque se dedicó a lo que le gustaba y no a lo que lo obligaba. Porque nunca pensó lo que su pueblo quería, necesitaba o soñaba.

A su vez, se puede extraviar en lo imaginario, por tres motivos: porque se ilusionó, porque se engañó o porque se entercó. Es decir, porque no despertó, porque no aterrizó o porque no aceptó.

Todo lo anterior se da en lo que se llama liderazgo político.

Pero, parce que hoy en día, ha cesado el tiempo de los partidos y ha llegado la época de los líderes. Ejemplo Andrés Manuel López Obrador y Enrique Alfaro Ramírez, ambos al frente y con sus respectivos tapujos Morena y MC.

Desde luego, en ningún lugar ni tiempo han existido un líder ni un partido omnipotentes. Unos y otros pueden lo que pueden y son impotentes en el resto. Pero, para medio poder más que menos, un partido necesita una idea, un programa y un equipo. Para ello mismo, los líderes necesitan, además de profetas y apóstoles, de un pretexto, que debe ser sólido. De un enemigo real, que debe tener culpas. Y de un enemigo ficticio, para todo lo que se ofrezca. 

Mito o realidad. Leyenda o verdad. Eso es lo que rodea a los verdaderos líderes. A los buenos y a los malos. Así pasó con Hitler, De Gaulle, Churchill, Mao, Castro, Madero, Perón, Lenin, Nasser, Gandhi, Roosevelt, por mencionar algunos liderazgos políticos mundiales y desde luego, así pasara con AMLO y Alfaro por mencionar a dos de esta época.

Finalizo diciendo que, quizá por la terrible pandemia que nos azota, parce que éste no es época de partidos, sino de líderes. Mal para los que no tienen ni partido ni líderes, porque ello significa que no tienen política.

PD. Me enteré de la renuncia del Rodolfo Flores González a la Coordinación de Participación Ciudadana y Construcción de Comunidad del Ayuntamiento de Tlajomulco. No sé si dejó su cargo por que cometió un error o porque fue víctima de una canallada política. Ambas causas lamentables. Siempre he considerado y seguiré considerando a Rodolfo un buen hombre, un buen político y un buen servidor público. Lo conocí allá por el año 2010 en la administración municipal de Tlajomulco que encabezó el hoy gobernador Enrique Alfaro Ramírez y cómo colaborador cercano del hoy Senador y dirigente nacional de Movimiento Ciudadana Clemente Castañeda Hoeflich. Ojalá pronto se reincorpore a la política y al servicio público.         

Avión presidencial, a escena

Alfonso García Sevilla

La distracción como una forma de manipulación mediática, según Nahom Chomsky, se basa en entretener la atención del público de la información verdaderamente importante como pueden ser las decisiones políticas y económicas que afectan al conjunto de la ciudadanía. Esto se consigue desviando la atención de la gente con un montón de informaciones que no son relevantes con las que diariamente bombardean los medios de comunicación.
Un distractor muy efectivo que ha utilizado exitosamente la 4T es el avión presidencial. Ante un escenario adverso, como lo enfrentamos en este 2020 con más de 43 mil muertes por Covid-19 y los casi 60 mil homicidios violentos, la pérdida del empleo de 12.5 millones de mexicanos y la economía cayendo estrepitosamente sin un plan de reactivación inmediato, se agrava con los daños que sufren estados del norte del país por los efectos que ha dejado el huracán “Hanna”.
Sin embargo, para AMLO estos hechos no ameritan su atención. En la mañanera de este lunes, realizada en el ex hangar presidencial, teniendo como fondo el avión “José María Morelos”, del que refirió ser una representación de “cómo se mal gobernaba en el país durante todo el periodo neoliberal. Es un ejemplo de los excesos que se cometieron. Es ostentación”, afirmó.
“Para que no haya duda o malas interpretaciones, el propósito de hacer esta conferencia con el avión de fondo, es para dar a conocer al pueblo de México cómo se mal gobernaba al país, de cómo había lujos en el gobierno durante todo el periodo neoliberal. Se le daba la espalda al pueblo, sobre todo a la gente humilde, y los altos funcionarios vivían colmados de privilegios de atenciones. Era un gobierno de ricos, para ricos con un pueblo pobre”. Remató el presidente.

Hace alrededor de dos años, más de 30 millones de votantes le otorgaron a Andrés Manuel el aplastante triunfo en las urnas, hace dos años la gente harta de los excesos generados en el sexenio de Peña Nieto, tales como Odebretch, la Estafa Maestra, la Casa Blanca, el poco efectivo combate a la corrupción, a la inseguridad, al crimen organizado, al poco crecimiento económico, y un largo etcétera, optaron por un cambio radical, no votaron para que sistemáticamente les recordarán los malos gobiernos pasados, eso de sobra lo sabía la gente, votaron porque en AMLO veían la esperanza de un cambio verdadero, con soluciones a todo lo que los gobiernos “neoliberales”, habían hecho mal en el país, sin embargo, a dos años de distancia, la 4T está más ocupada en la rifa de un avión y seguir con la cantaleta de los anteriores corruptos neoliberales enemigos del pueblo, con lo que demuestran que aún no encuentran soluciones de fondo para los grandes temas que aquejan al país.

Servidores que no sirven.

“El poder político, es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”

Esta semana me quedé sumergida en un limbo de ideas ante un municipio surrealista, donde parece que nuestros gobernantes viven en Narnia y nosotros en un escenario digno de una película de terror. Creo que entre tantos temas que surgieron esta semana me fue reflexivo y extenso el tratar de juntarlos en una sola opinión. Les confieso que a ratos me disgusta y entristece tener que hablar de la realidad en la que al igual que ustedes también vivo. La diferencia entre nosotros y aquellos que nos dirigen es que el vivir en una utopía donde se benefician del erario público, no es tan incómodo como vivir en Chulavista o lomas del mirador, ellos vienen a ver el mundo real únicamente con el interés de que podeamos seguirlos manteniendo en su burbuja repleta de comodidades. El problema principal de todos los gobiernos es el cinismo y la hipocresía con la que su discurso refiere a lo mucho que los desfavorecidos les importamos, es muy interesante ver como cada tres años les resultamos importantes mientras

durante su administración somos atendidos con indiferencia o disgusto.
No es que me encante hablar mal del ayuntamiento, el periódico es local por eso enfoco la crítica a ese sector, pero en general mi observación refiere a todos los políticos que hacen alarde de los privilegios que consiguieron en el ayuntamiento como si se tratara de superación personal.

Cada sujeto es libre de hacer con su salario lo que le plazca, lo que no es válido es el discurso clasista que muchos funcionarios emplean y es que muchos utilizan la fotografía en comunidades marginadas como prueba de su sencillez y humildad, cuando el resto de su administración gozan de sus elevados sueldos y presumen en sus redes cirugías, ropa costosa y carros de lujo. “Es la contradicción más miserable que un servidor pueda hacer.”
¿Recuerdan cuando los políticos de la vieja escuela subían a sus redes fotografías en grupos alardeando de su poder?

Aquellos grupos fanfarrones que surgieron desde la administración de Alfaro y ya echaron raíces en el ayuntamiento como si se tratara de hacer antigüedad o quizá sea la espera de tanto compromiso político con el que se manejan. Muchos se van a envejecer ahí esperando que les den la candidatura o de menos una regiduría. Pero mientras tanto uno puede verlos compartiendo sus fotos en grupos, un par de cervezas y alardear de su poderío y el salario que pagamos nosotros los ciudadanos.

El asunto aquí es que mientras ellos proyectan sus ambiciones en redes sociales, nosotros nos hemos convertido a nivel nacional en uno de los municipios más violentos. Tenemos en Tlajomulco la fosa con más cadáveres de Jalisco y somos a nivel nacional uno de los lugares con mayor número de desaparecidos. Pero mientras los de abajo vivimos esta realidad, los que se enriquecieron con nosotros comparten sus publicidades compradas de excelentes gobiernos y tienen el descaro de asegurar que vivimos bien pues eso les garantiza a ellos seguir viviendo de su cómodo salario aunque eso implique que la realidad esté acabando con la gente en estado de vulnerabilidad.

Funcionarios sin educación ni conciencia de lo que implica su trabajo hacen comentarios en redes como:
“El pobre es pobre porque quiere”
“Entre menos calles pavimentadas tenga una colonia menos creen en el covid”
“Gente ignorante que no se queda en sus casas se merecen el contagio”
“Ojalá se extingan por mensos”
Y la más popular salida de boca del gobernador cuando nos llamó pendejos.
En el momento en el que los gobiernos comprendan que más que llenarse los bolsillos, su misión es crear los escenarios donde todas esas personas de las que se burlan o expresan con desprecio puedan tener los mismos derechos y beneficios que ellos, en un municipio justo vamos a vivir.
Personalmente no pierdo la esperanza de ver un municipio justo, que lo que escribo para ustedes genere conciencia social, que dejemos de divinizar y darle espacio a políticos arrogantes que pasarían toda su vida viviendo del dinero público.
Las transformaciones sociales ocurren y sé que estamos viviendo uno de los momentos más transformadores de la sociedad. Me enorgullece ser parte de eso y coincidir con ustedes que me leen y comparten mis escritos, porque si lo hacen asumo que estamos en el mismo camino y aspiramos a crear una sociedad justa.
Si nos duele vivir entre fosas, servicios a medias, indiferencia de funcionarios, no cerremos los ojos a continuar dando oportunidades sin cambio.
¡Vamos a empoderarnos como sociedad!

Cómo ver en política

Quirino Velázquez

El poeta británico Lord Byron decía que: el pasado es el mejor profeta del futuro porque mucho nos anuncia de lo que va a pasar. Yo también creo, que el futuro es el mejor intérprete del presente porque, si logramos imaginar nuestro porvenir, podemos diagnosticar nuestro acontecer.

Por eso, debemos triangular algunos sucesos del pasado con la contingencia del presente y con la resultante hipotética del futuro.

Ese es el método que hoy utiliza la geriatría (parte de la medicina que se ocupa de las enfermedades propias de la vejez) preventiva. Mientras más sabemos de las enfermedades que padeceremos cuando viejos mejor podremos acondicionar nuestros hábitos conductuales cuando jóvenes. Algo así debiera ser más frecuente en la política.

Desde luego que no se trata de hacerle al adivino sino de utilizar datos duros y proyecciones sensatas. La geriatría preventiva parte de una premisa conocida y comprobada. De manera ineludible, vamos a envejecer. De hecho, nuestro envejecimiento comienza el día de nuestro nacimiento. No existe la eterna juventud. Luego, entonces, no menospreciemos ni desperdiciemos la previsión en la juventud.

Es insensato no ver hacia el futuro y que nos parezca más importante descifrar quién será y de quiénes se rodeará el próximo presidente, que entender cómo será y cómo vivirá la próxima generación. Saber si seremos ricos o mendigos, sabios o imbéciles, civilizados o salvajes, honestos o bandoleros, justos o sátrapas, modernos o cavernarios, cosmopolitas o arrabaleros.

Pero, para nuestra fortuna, la capacidad psíquica puede vencer a la obstrucción política. La mente es más poderosa que la vista y eso nos permite percibir lo que está oculto. La imaginación poderosa es la principal capacidad del verdadero político. Vista aguda, para ver todo lo que sucede. Visión de fondo, para ver lo que va a suceder y que aún no llega. Videncia profunda, para ver lo que los demás no pueden ver.

Pero si queremos creer que el futuro nunca llega y que la juventud o los trienios (o sexenios) son eternos y no utilizamos la previsión conductual, por lo menos utilicemos la protección de una “política de previsión” cómo dijera Romero Apis.

El verdadero político suele tener una noción muy clara de su realidad y de la de los demás. Sabe a quién tiene que asociar, seducir, vencer, separar, elogiar, criticar o destruir. Sabe en qué se debe aplicar y en qué no se debe desperdiciar. Sabe en qué tiempo debe hablar y en cuál callar. De qué manera avanzar y de qué modo esperar. Esto significa, tan solo, propiciar su buena suerte.

Por otra parte, existe un viejo refrán ranchero que aconseja no estar mirando hacia atrás cuando se está arando. Lo mismo se trate de faenar a la vieja usanza, con una yunta de bueyes que, en un moderno tractor, ahora equipados hasta con música y clima, uno tiene que ver hacia adelante para que las líneas de arado queden tan derechas como debe ser.

Este antiguo dicho tiene validez para casi todos los aspectos de la vida. En el amor, en la vida profesional y en los negocios. Pues lo mismo sucede en la política.

Hay gente que ve más su pasado que su presente y en su futuro. Esto no quiere decir que eso sea malo y que nunca veamos lo que nos ha sucedido. De la experiencia, buena y mala, se obtienen valiosos datos para obrar en el presente y en el futuro. Por eso ver nada más hacia adelante no es tan recomendable, sino mirar hacia todos lados.

Sin embargo, hay otros que, al contrario de los primeros, sólo sueñan con el futuro, olvidándose del pasado y del presente. Piensan que todo lo mejor está por venir. Es bueno que sean optimistas siempre y cuando ello no se convierta en simple ilusión, cómo el imaginarse un chingón.

Existen algunos que se regocijan más con su pasado que con su presente o con su futuro y guardan su ideal en lo que fueron.  Hay otros que, por el contrario, tienen un mayor disfrute con un ideal del porvenir que con lo que son o lo que han sido. La plenitud la encuentran en una grandeza que todavía no llega.

Por último, hay algunas cuyo ideal se encuentra en lo que son en el presente, más allá de lo que sueñen para el porvenir o de lo que recuerden de su devenir, muy complacidos con su ser actual y no tan solo con lo que recuerdan ni con lo que esperan. Su supremo ideal consiste en lo que ya son y no en lo que fueron ni en lo que serán.

Así, también sucede con los partidos políticos. Unos viven pensando en lo que fueron e hicieron durante setenta años, como el PRI. Otros, en lo que van a hacer si los dejan gobernar durante otras siete décadas, como Morena. De nuevo se aparece el necesario equilibrio entre ver en prospectiva y la visión retrospectiva.

Así, muchos políticos viven pensando no sólo en su pasado sino, incluso, en lo que creen que fue su pasado. Es por eso que muchos ex presidentes municipales, nos platican sus mentiras con una absoluta falta de memoria. Piensan que somos extranjeros tontos a los que nos pueden inventar sus historietas de éxito y de magnificencia, olvidándose que nosotros mismos fuimos testigos directos o hasta protagonistas de cuando se equivocaron, de cuando se acobardaron o cuando fracasaron y hasta de cuanto se robaron.

La política, así como la vida misma, nos obliga a poseer una mirada giroscópica. Que nos permita ver nuestro reciente con la misma nitidez que ver nuestros futuros. Saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Tener una noción exacta de lo que fuimos, de lo que somos y de los que seremos. Es decir, no sólo ver nuestro espejo sino, también repasar nuestras antiguas fotografías y, de paso, utilizar esas nuevas aplicaciones que nos permiten imaginar cómo seremos en el porvenir.

A propósito, aplica la frase del escritor, poeta, filólogo, lingüista y profesor universitario británico, creador de las populares novelas de fantasía «El Hobbit» y la trilogía de «El Señor de los Anillos» John Ronald Reuel Tolkien: “NO HAY NADA COMO MIRAR, SI QUERÉIS ENCONTRAR ALGO” (Del libro: El Hobbit).

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