Nacional

A los amigos, Justicia y Gracia

Alfonso García Sevilla


El primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador, desde su campaña prometió qué de ganar la elección presidencial, acabaría con la corrupción, cáncer que ha carcomido las estructuras de las instituciones del país y que se ha arraigado en la cultura popular del mexicano.

De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción 2019 de Transparencia Internacional, México es aún la nación peor evaluada entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en la posición 36 de 36 países miembros.

Rescato el hecho de que se mejoró un punto (ante los datos y la inercia de un lustro en tobogán, es un respiro saberlo) en comparación al 2019, sin embargo, es primordial que se den más señales de que el combate a la corrupción no se debe de quedar en el discurso, que esta administración efectivamente va con todo para, al menos, seguirla conteniendo.

Pendientes hay varios que deben de resolverse con sanciones severas, y que el mandatario mediáticamente ha señalado, desde los culpables del huachicoleo en todos sus niveles, la presunta corrupción en el fallido aeropuerto de Texcoco, el caso Odebrecht, y, entre muchas otras más, la reciente crisis por el desabasto de medicamentos, de la cual el propio AMLO justificó: «No querían dejar el negocio y no quieren dejar de robar, pero se tienen que acostumbrar a la nueva realidad, ya no hay corrupción, todos a portarnos bien, a actuar con rectitud e integridad».

Señalamientos ha hecho muchos, acciones de fondo para dar certeza de que se combatirá, pocas. Lamentablemente el caso de las propiedades descubiertas a su director de la CFE, Manuel Bartlett por 800 millones de pesos y el pronto carpetazo por la Función Pública, en similitud con el caso “Casa Blanca” de Peña Nieto, así como la reciente exoneración y compra de medicamentos a una de las empresas del ex súper delegado de Jalisco, Carlos Lomelí, por 128 millones de pesos, nos dejan ver que se seguirá con el doble discurso de “A los amigos justicia y gracia; a los enemigos la ley a secas”.

AMLO debe entender que la popularidad que goza principalmente está sustentada en su reiterado discurso en contra de la corrupción, de la “mafia del poder”, de los saqueadores del país, donde prometía combatirla y como lo dijo, “barrerla como las escaleras, de arriba hacia abajo» y a un año de su gestión, se ven pocos avances de acuerdo a la magnitud por él reconocida, del problema.

Espero y sinceramente, no sea otro sexenio perdido en la lucha contra la corrupción.

Partidos políticos en 2020

Tiempo de contar…

“La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa” -Guillermo O’Donnell-

Quirino Velázquez

Es innegable que el proceso electoral de 2018 fue una elección crítica, todavía está por verse si la nueva clase gobernante logrará dar continuidad a su proyecto político para realmente llevar a cabo una nueva era política en el país, o si solamente fue una elección desviada. Sin embargo, a partir de un ejercicio analítico sobre los partidos políticos no es descabellado aventurase a señalar que se está en la antesala de un nuevo sistema de partidos.

Si bien es cierto que aquel proceso electoral modifico los equilibrios en el sistema de partidos. El surgimiento de un partido que podría convertirse en hegemónico (MORENA), el debilitamiento de las que fueran las tres principales fuerzas políticas en los últimos veinte años (PAN, PRI y PRD) y el probable registro de nuevos partidos, por lo menos modificará el funcionamiento del sistema de partidos.

Por otra parte, muchos piensan y dicen que los partidos políticos no sirven y que eso ha quedado demostrado durante los últimos años. Lo que, si es cierto es que desde hace tiempo pocas instituciones han sufrido un desprestigio tan fuerte como los partidos políticos que se supondría representan uno de los pilares más importantes en los que se asienta nuestra democracia.

El malestar hacia los partidos es grande y ha sido bien ganado. Si bien tomó años el poder construir un sistema que permitiera la competencia entre diferentes fuerzas políticas, al lograr cierto equilibrio entre tres partidos tradicionales, estas fuerzas prefirieron enfrascarse en sus dinámicas internas que en atender los cambios de la sociedad que les mantenía en el poder. PAN, PRI y PRD llegaron a aglutinar más del 80% de la votación total, el resto de los partidos gravitaron alrededor de ellos durante casi 20 años y estuvo en sus manos la construcción del Estado mexicano que conocemos hoy en día, con todos sus aciertos y sus muchísimas fallas. No es extraño entonces que estos tres partidos (PAN, PRI y PRD) se encuentren en crisis internas tan graves después de la elección que les arrojó de su zona de confort.

Pero el problema no se restringe a los tres mencionados, sino que de fondo todos los partidos que hay, en este inicio del 2020, en México están teniendo dificultades muy grandes para poder decirse representantes de los intereses y confianza de (por lo menos) una parte de la ciudadanía.

De entrada, hay que plantear que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se ha desfondado por sus pugnas internas y carencia de liderazgos (los Chuchos dejan mucho que desear), lo que apunta a que se mantenga, si acaso, en un espacio marginal para las elecciones federales del 2021 (independientemente de que decida ceder su registro a un grupo de cuadros de la dirigencia priista que han renunciado a la militancia en el tricolor) porque carece en su mayoría de una base social que le aporte un nuevo electorado para reposicionarlo como el representante de la izquierda mexicana que era. En Jalisco, el sol azteca está más muerto, es decir, putrefacto.

El Partido Acción Nacional (PAN) se debate, de igual forma, en diferencias de percepción y de criterio, razón por la cual no ha podido materializar la unidad, que sigue siendo una asignatura pendiente. La detención de quien fuera secretario de Seguridad Púbica con Felipe Calderón y director de la Agencia Federal de Investigación, que pretendió emular al Federal Bureau of Investigation de Estados Unidos, Genaro García Luna, ha pegado en la línea de flotación de la derecha mexicana, que continúa pasmada ante ello y seguramente lo seguirá estando, con el efecto dominó que esa detención en Estados Unidos ha traído consigo.

Al PAN le ha sido imposible desmarcarse de los gobiernos del “bembo” Vicente Fox y “comandante borolas” Felipe Calderón, que no son precisamente activos, sino pasivos para el histórico partido de la derecha mexicana. Y, más todavía, si García Luna resulta culpable de los delitos imputados la situación para el PAN se volvería de pronóstico reservado. Ese pasivo, más los que se vayan sumando en el corto y mediano plazos, colocará a los panistas en una posición compleja para seguir siendo competitivos en los comicios de 2021. Además, Acción Nacional no solamente enfrenta fuertes divisiones internas, sino que tiene ante sí la eminente aparición del partido político México Libre, con el cual rivalizará por capturar a los votantes que se ubican a la derecha del espectro político, que tendrá entre sus seguros liderazgos al “comandante borolas” Felipe Calderón y a Margarita Zavala, actores que por su peso específico atraerán a militantes panistas inconformes. El blanquiazul en Jalisco se encuentra en un estado muy crítico de salud (semi muerto) absorbido por el Alfarismo.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), por su parte, vive una crisis sistémica a raíz de los diferendos surgidos por la unción del gobernador con licencia de Campeche Alejandro “Alito” Moreno como presidente de su Comité Ejecutivo Nacional. Que además no solamente carga con una elevada percepción de corrupción, también pareciera que sus liderazgos no se han recuperado del duro golpe propinado por Morena en julio de 2018 y no saben hacia dónde conducir el partido. En su calvario, también ha sufrido abundantes escisiones que lo hacen ser una inviable alternativa para recuperar el poder. En Jalisco, el PRI parece ser más espectro que un instituto político.

El Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no es en el sentido estricto un partido político, sino una alianza de diversos movimientos y actores políticos, cuyo principal referente sigue siendo el presidente AMLO, por lo que es previsible que siga atrayendo a actores, fundamentalmente locales que se han movido en otras fuerzas políticas, que busquen un espacio con posibilidad de triunfo político.

La condición preocupante en Morena es que, si las historias de agravios al interior son ciertas, entonces se verá un proceso de lucha interna que derive en un proceso de división y descomposición paulatina, como la que vivió el PRD desde su fundación. Morena hasta hace poco ha exhibido una política de cerrazón, división y resta, justo al contrario de lo que debe hacer un partido que ha ganado el gobierno de la República. Sólo comentaré que le pidan a Dios para que no se les vaya AMLO porque si se va “adiós mi gabán”. En Jalisco, a los morenos no se le ve ni pies ni cabeza.

El Partido Movimiento Ciudadano (MC) si bien parece que ha llevado a cabo un proceso de “entreveramiento generacional” al que se refería el ideólogo priista Jesús Reyes Heroles. La palabra de su “líder” de facto Dante Delgado todavía es definitiva, también lo es que Clemente Castañeda, piensan con cabeza propia y sus prendas profesionales los avalan como líder emergente con formación.

Movimiento Ciudadano quiso marcar una línea clara para alejarse de los partidos tradicionales como PAN, PRI o PRD. Pero en Jalisco no se ve así. La violencia (que se insiste en que la culpa fue de los gobiernos anteriores) y algunas políticas públicas fallidas del gobierno lo mantiene, supuestamente, como uno de mediana popularidad (media tabla para abajo) en México. El partido naranja en Jalisco, aún con la aparente baja de popularidad de sus gobiernos, tiene, si no se equivocan, con que competir.

De la demás chiquilla (PT, PVEM, PES etc) les cuento en otra ocasión.

Así también se espera que, a nivel nacional, nazca a la vida jurídica el partido del expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, México Libre, tocado por el efecto de la detención de García Luna por presuntos nexos con el narcotráfico. Aun así, México Libre busca atraer el voto del PAN. En Jalisco aún no se le ve presencia.

Del mismo modo, el Partido Redes Sociales Progresistas, que encabeza Fernando González, el yerno de la maestra Elba Esther Gordillo, ha logrado hacer un efectivo control de daños después de haber sufrido una lucha intestina protagonizada por su exlíder Juan Iván Peña. Tampoco en Jalisco aún se le ve presencia.

A nivel estatal se perfilan dos nuevos partidos políticos «Somos un Bosque o el del Arbolito» como se le conoce al posible partido político estatal Futuro, impulsado por el ex diputado Pedro Kumamoto y la agrupación «Hagamos», ligada a la Universidad de Guadalajara. Ambos aún no merecen mayorees comentarios.

Lo cierto es que ningún partido es perfecto ni monolítico, ninguno está exento de rivalidades internas, intrigas, incongruencias, oportunismo, corrupción, ni liderazgos torpes o irresponsables. Ninguno. Pero sin una pluralidad de partidos relativamente fuertes y estables, la democracia es inviable. Así lo demuestra la experiencia desde que existen los regímenes democráticos.

Pero también es cierto que la evolución política en México se caracteriza por la momificación de los partidos políticos, proceso que impone una narrativa con un cuestionamiento de fondo: ¿hasta dónde llegará la simulación y el inmovilismo de los partidos, que, sin compromiso social, siguen al garete?

Las condiciones políticas están dadas para que los partidos políticos resurjan desde la democratización de sus estructuras, la fuerza vital de sus militantes y el valor de la dignidad humana, argumentos primigenios que han perdido y que hoy expresan en este sórdido sigilo inaudito, que los tiene en la oscuridad y como auténticas momias. A ver que pasa…

Mientras tanto, bien lo decía el que fuera un destacado politólogo argentino Guillermo O’Donnell: “La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa”.

Cómo evaluar buenos gobiernos

Alfonso García Sevilla

La Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico define a los buenos gobiernos como aquellos que cumplen con las siguientes características:

Participación, Legalidad, Transparencia, Responsabilidad, Consenso, Equidad, Eficacia y Eficiencia y Sensibilidad. Cumpliendo lo anterior, se asegura que la corrupción será mínima, y el proceso de la toma de decisiones se hace buscando el consenso de todos, tomando en cuenta a la minoría y sus peticiones, así como a la voz de los más desfavorecidos.

También se trabaja para implementar políticas públicas de estado que garanticen cubrir las necesidades presentes y futuras de la sociedad.

Dicho lo anterior, un buen gobierno no busca confrontar ni dividir a los actores políticos y sociales, ni imponer su visión a rajatabla sobre la sociedad, mucho menos evadir su responsabilidad en los temas torales que afectan sistemáticamente a sus gobernados y la rendición de cuentas y la transparencia debe ser una constante desde la toma de decisiones hasta la evaluación de los recursos ejercidos.

Los grandes males de muchos países, incluyendo a México, son debido a sus malos gobiernos. Las decisiones se toman de manera cupular, el ejercicio público no involucra a la sociedad y quien es electo para ejercer cargos de elección popular lo sigue considerando como un legado patrimonialista, más que un mandato de los ciudadanos para buscar mejoras a las condiciones de todos. De esta manera el gasto de los recursos públicos es discrecional, opaco y privilegia la nómina administrativa sobre la inversión en servicios, así como se acapara la adjudicación de obra a compromisos de campaña con los mecenas.

Le invito amigo lector, a que se tome un tiempo y evalúe, por usted mismo, si el gobierno de su municipio, estado o el federal cumplen con los principios fundamentales de un buen gobierno. De usted depende que las cosas mejoren en función de la evaluación que de ellos de haga y de la participación responsable que todos tomemos en los asuntos de interés público.

Comprometiendo el futuro

Alfonso García Sevilla

El 3 de diciembre del 2010, cuando tenía 14 años de edad, fue detenido en Morelos por elementos del Ejército Edgar Jiménez Lugo, ‘El Ponchis’ o ‘El niño sicario’, cuya historia refiere que comenzó a consumir drogas y a asesinar por encargo a los 11 años, proveniente de una familia disfuncional, las calles fueron su escuela, refugio y hogar.

Entre enero y agosto de 2019, fueron detenidos 2.135 adolescentes. La Red Por los Derechos de la Infancia en México (Redim), señala que 7.000 niñas, niños y adolescentes están desparecidos en México. En suma, en México 4 niños y adolescentes desaparecen por minuto, mientras 3 son asesinados principalmente por arma de fuego.

Según Redim, el diciembre de 2006 a marzo de 2019, se registraron 19.000 niñas, niños y adolescentes víctimas de homicidio intencional. El dato más llamativo es que ocho de cada 10 fueron víctimas de arma de fuego, lo que significa que fueron asesinados o murieron en medio de un enfrentamiento con organizaciones rivales o con las fuerzas del orden.

Por otra parte, En su informe ’Niñas, niños y adolescentes víctimas del crimen organizado en México’, presentado en noviembre pasado, la CNDH puntualizó que la actual situación de violencia es consecuencia de problemáticas estructurales que resultan «devastadoras» para los menores y donde se asegura que las niñas, niños y adolescentes constituyen uno de los grupos más vulnerables, una muestra de ello es que los asesinatos de menores de edad casi se han triplicado y alrededor de 30,000 de ellos engrosan las filas del crimen organizado.

En México, el grueso de la población carcelaria es joven: el 34.7 por ciento tiene entre 18 y 29 años de edad. Si hablamos de adolescentes, 4 mil 500 son internados cada año, en promedio, en algún centro de reclusión por cometer delitos graves.

El caso reciente del niño que acabó con la vida de su maestra en Coahuila y posteriormente se suicidó, viene a recordarnos la realidad que miles de niños mexicanos viven día a día, la ausencia de atención desde casa, el bombardeo incesante por todos los medios de la violencia como forma de resolver los conflictos y la falta de valores en su formación.

Asimismo, desde el gobierno y conocedores de esa realidad, no se han diseñado políticas públicas que redunden programas escolares que atiendan y orienten de manera eficaz las conductas violentas de los educandos.

Una sociedad que no cuida a sus niños es una sociedad que pone en riesgo su futuro y en este contexto, no garantiza que seamos capaces de lograr en el corto plazo la anhelada paz que en los últimos años nos ha robado también, el crimen organizado.

¿Futuro femenino?

Fabiola Serratos

Entre miles de manifestaciones en todo el mundo, vivimos el 2018 como algo que se queda a lo largo de la historia en las luchas femeninas.

Así como en muchas de las olas del movimiento de nuestras antecesoras feministas la búsqueda de la libertad y la independencia parece no terminar. Entre más se consigue transformar los derechos igualitarios más crece la violencia en nuestra contra.

Desde los malos chistes y considerar que la tradición y la cultura son tan fundamentales que dentro de aquellos asuntos que nombramos valores normalizamos muchos de los aspectos que dan origen a la violencia.

El 2020 sin duda será de desarrollo para las mujeres, a quienes esperamos ver en puestos relevantes desde la política, la cultura y el arte. Sobre todo que dentro de los centros educativos podamos encontrar principios realmente justos y equitativos.

Las mujeres tienen grandes retos, dejar para la historia un legado tan profundo que para las futuras generaciones sean la libertad y la seguridad una forma de vida y no un anhelo.

Para ello sin duda esperamos nuevas líderes surjan y que de la mano de la justicia sin compasión por la violencia y quienes la generen nos representen de formas íntegras.

MISMOS DIABLOS DIFERENTE INFIERNO

Alfonso García Sevilla

De cara a la elección del 2021 varias asociaciones políticas buscan su registro, de ellos, los más avanzados son “México Libre” del ex presidente Felipe Calderón y “Redes Sociales Progresistas” de la lideresa moral del Sindicato de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, no descarte que al obtener el registro vayan en alianza, los primeros en contra de Morena y los segundos a favor del partido del presidente López Obrador.

Este año se proyecta dar a los partidos en México 5,239 millones de pesos, lo que nos convierte en uno de los países con el sistema de partidos más caro del planeta.

Desde la ruptura del viejo régimen priista en el 2000, los mexicanos vivimos una borrachera tremenda e interminable de partidos de todas las ideologías, colores, sabores y personajes, que han dado como resultado el que desde entonces, hayan desfilado por las boletas electorales un total de 21 partidos políticos, sin dejar un legado trascendente en la democracia mexicana.

¿Realmente necesitamos en nuestro país tantos partidos y tan caros? Sin duda, NO. Los partidos en México han sido incapaces de resolver, una vez accediendo al poder, resolver los graves problemas que por décadas se han ido acumulando en detrimento de los que aquí vivimos, derivado de políticos cada vez más improvisados o incompetentes, carentes de todo compromiso con la sociedad y hambrientos de dinero y poder.

Esto se afirma al ver que los intereses de los políticos traspasan las líneas ideológicas de los partidos (¿sabrán los políticos qué es una ideología?) así pues, hay quien por seguir mamando del presupuesto ha pasado por todo el espectro ideológico e incluso, venderse como “ciudadano”, renegando de sus orígenes partidistas para garantizar posiciones en otros proyectos políticos que le dejen mayores ganancias.

De esta manera, estamos presenciando lo que nunca en los tiempos del priismo partidazo, imaginamos, ex priistas se juntan con ex panistas y ex perredistas para unirse a un ex priista y ganar los comicios federales del 2018, para tratar de corregir el cochinero de país que les “dejaron”. Lamentablemente esto seguirá hasta que los verdaderos ciudadanos no se involucren en cuestiones públicas y sigan dejando todo en manos de aquellos que hasta hoy, nos tienen en las condiciones que ellos mismos han generado y que prometen van a resolver, sin que se tenga la certeza de que así sea.

AL MENOS CUATRO RETOS DEL PRESIDENTE

“Siempre que hay un reto, también hay una oportunidad para afrontarlo, para demostrar y desarrollar nuestra voluntad y determinación”. -Dalái Lama-

Quirino Velazquez

No es fácil dirigir este país; no lo ha sido nunca y definitivamente tampoco lo es para el actual gobierno. La ambiciosa agenda social que ofreció el presidente Andrés Manuel López Obrador (al tomar posesión del cargo hace un año) no ha logrado todavía generar los consensos de gobernabilidad que su proyecto requiere.

Las encuestas revelan un promedio de 65% de apoyo social al presidente, pero por momentos, queda la impresión de no encuentra cómo convencer a sus opositores, empeñados en acusarlo de no reconocer esa otra realidad, la del México que le rechaza porque no le agrada su forma de hacer política ni mucho menos su decisión de enfrentar y terminar con el modelo de desarrollo por el cual el país está en donde está.

El presidente AMLO enfrenta una oposición que, dicho sea de paso, tampoco le seducen sus ofertas de pacificación y de mayor seguridad frente al imparable crimen organizado; una oposición que no se inmuta con el combate a la corrupción ni mucho menos con la pretensión de activar el desarrollo en el sureste del país, la región más atrasada y miserable de la república.

¿Por qué no ha sensibilizado a la oposición la propuesta presidencial de cambio? ¿Qué cosas remueve en ella? El presidente López Obrador está decidido a pasar a la historia desmontando los engranes ortodoxos que a partir de los años ochenta impulsaron el ajuste del aparato de Estado, modificaron el marco legislativo y renovaron la clase política (con la llegada de los llamados “tecnócratas sabelotodo”), así como el perfil de los servidores públicos para insertar el país por derroteros que lo vincularían al comercio exterior y al mercado globalizado acentuando la concentración de riquezas y las diferencias sociales.

Es muy posible que las dificultades de comunicar por parte de la llamada Cuarta Transformación generen resistencias, pero también es cierto que han salido a flote expresiones de un México racista, xenófobo y clasista decidido a detener la transformación anunciada y para eso parece no estaba preparado el presidente.

En el contexto de sus más de 30 años como opositor, el presidente AMLO asumió su cargo con la determinación de darle un giro ideológico hacia los temas no atendidos por el mal logrado neoliberalismo. A muchos se les olvida el papel que jugó cuando abandonó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) a través de la Corriente Democrática que en 1987 impulsó al exgobernador Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la presidente de la república, en un proceso electoral polarizado (que mucha gente afirma que ganó). En ese mismo proceso López Obrador compitió por parte del bloque opositor por la gubernatura de Tabasco y quien fuera derrotado, en una elección cerrada, por el defenestrado priista Roberto Madrazo Pintado (el mismo que compitió por el PRI por la presidencia en la elección del 2006 y reconoció, que en ese proceso gano AMLO, en entrevista publicada en El Universal 3/oct/2018).

Tener presente que la trayectoria también ha sido ideológica en la carrera de López Obrador permite entender, consecuentemente, sus compromisos políticos.

No por otra cosa dijo el año pasado que “el Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales” y que “no se seguirá desplazando a la justicia social de la agenda del gobierno”. Nadie podría estar en desacuerdo con este propósito. De hecho, durante el primer año de su gobierno se han realizado varias reformas al marco jurídico y se han reajustado programas sociales. Recuérdese la promesa de campaña donde arengaba que “por el bien de todos, primero los pobres”. Es por esto por lo que el proyecto presidencial constituye una apuesta a mediano y largo plazo, en la que deberá sortear al menos cuatro retos.

En primer lugar, la imparable violencia del crimen organizado.  El presidente AMLO ha dicho que concluyó la guerra con los cárteles, pero éstos no han dejado de pelear entre ellos por el control territorial de sus áreas de influencia, así como por sus actividades delictivas, en permanente incremento y diversificación. El recuento de muertes sigue una espiral creciente tanto como la impunidad con la cual se conducen, lo cual ha sido aprovechado por la oposición.

En segundo lugar, pueden citarse los indicadores relacionados con el manejo de la economía durante este primer año, que le generó duras críticas por parte de las agencias calificadoras, aunque otros sectores han reconocido la salud financiera del gobierno. La reducción del gasto, pero también la confrontación con algunos integrantes del sector privado han sido elementos que contribuyeron a generar un escenario de incertidumbre, el cual ahora se trata de remontar con el pacto de inversiones emergentes por parte de dicho sector.

Un tercero reto que no ha podido enfrentar con éxito el gobierno de López Obrador es la crítica, tanto periodística como en redes sociales. Existe una disputa permanente entre sus seguidores y quienes lo rechazan por influir en el ánimo de millones de espectadores de ese juego digital en el que la verdad y la mentira están expuestas las 24 horas los 365 días del año. Ejércitos de bots luchan en ambos bandos, con triunfos a favor de uno y otro, como parte de una dinámica que resulta interminable pero también insufrible. Todos los días en esta frecuencia sublimada de la opinión pública el mandatario hace malabares por posicionarse y sostenerse, partiendo de su convicción de respecto a la libertad de expresión.

El cuarto reto que el Ejecutivo debe salvar es de carácter interno y tiene que ver con los asuntos internos de su partido, el Movimiento de Renovación Nacional (Morena). Ideológicamente no hay partido, ya que los principios que un sector de Morena enarbola son rechazados por otro sector. Y sin principios no puede haber dirección mucho menos comprensión del proyecto de cambio que Andrés Manuel López Obrador está impulsando. Habrá que esperar a la renovación de la dirigencia nacional (que por cierto ni siquiera se ponen de acuerdo en la fecha, unos dicen que será en enero otros que hasta junio del año próximo) y al trabajo de reposicionamiento del partido, porque la división hasta hoy existente no le augura nada bueno. Ojalá logren priorizar el diálogo para subsanar la división en Morena ya que le corresponde ser el soporte ideológico y electoral de la Cuarta Trasformación.

Después de todo, seguramente el presidente López Obrador, para sortear los retos contados, tomará en cuenta la frase del líder espiritual del budismo tibetano y premio nobel de la paz, Dalái Lama: “Siempre que hay un reto, también hay una oportunidad para afrontarlo, para demostrar y desarrollar nuestra voluntad y determinación”.

INTERPRETACIÓN Y DATOS DE LA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

“No se entristezca tu corazón… ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre?”

Quirino Velazquez

La verdad es que ya mucho se ha dicho y escrito sobre la historia de la aparición Nuestra Señora de Guadalupe.

Por ello, en el marco de su 488 aniversario de su presencia ante Juan Diego, hoy les cuento, de manera breve, sobre la interpretación y datos realmente asombroso de la Imagen de nuestra Santísima Virgen de Guadalupe:

Cabello: Lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas es señal de virginidad. Es Virgen y Madre.

Rostro: Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza.

Manos: Sus manos están juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. La derecha es más blanca y estilizada, la izquierda es morena y más llena, podrían simbolizar la unión de dos razas distintas.

Embarazo: Su gravidez se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, corresponde a un embarazo casi en su última etapa.

Edad: Representa a una joven que su edad aproximada es de 18 a 20 años.

Estatura: La estatura de la Virgen en el ayate es de 1.43 centímetros.

El cinto: El cinto marca el embarazo de la Virgen. Se localiza arriba del vientre. Cae en dos extremos trapezoidales que en el mundo náhuatl representaban el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. En la imagen simboliza que con Jesucristo se inicia una nueva era tanto para el viejo como para el nuevo mundo.

Los rayos: La Virgen está rodeada de rayos dorados que le forman un halo luminoso o aura. El mensaje transmitido es: ella es la Madre de la luz, del Sol, del Niño Sol, del Dios verdadero, ella lo hace descender hacia el “centro de la luna” (México de nátuahl) para que allí nazca, alumbre y dé vida.

La luna: La Virgen de Guadalupe está de pie en medio de la luna, y no es casual que la palabra México en nátuahl son “Metz – xic – co” que significan “en el centro de la luna”. También es símbolo de fecundidad, nacimiento, vida. Marca los hilos de la fertilidad femenina y terrestre.

La flor de cuatro pétalos o Nahui Ollin: es el símbolo principal en la imagen de la Virgen, es el máximo símbolo nátuahl y representa la presencia de Dios, la plenitud, el centro del especio y del tiempo. En la imagen presenta a la Virgen de Guadalupe como la Madre de Dios y marca el lugar donde se encuentra Nuestro Señor Jesucristo en su vientre.

El ángel: Un ángel está a los pies de la Guadalupana con ademán de quien acaba de volar. Las alas son como de águila, asimétricas y muy coloridas, los tonos son parecidos a los del pájaro mexicano tzinitzcan que Juan Diego recordó, anunciándole la aparición de la Virgen de Guadalupe. Sus manos sostienen el extremo izquierdo de la túnica de la Virgen y el derecho del manto.

Tiene cualidades que son imposibles de replicar humanamente: Hecha principalmente de fibras de cactus, una tilma era típicamente de muy baja calidad y tenía una superficie áspera, haciéndola muy difícil de usar, mucho menos pintar sobre ella una imagen que perdurase. Sin embargo, la imagen aún se conserva intacta y los científicos que la han estudiado insisten en que no se usó ninguna técnica previa para adecuar la superficie.

La superficie donde se aprecia a la Virgen de Guadalupe es muy suave, como la seda. La parte en donde no está la imagen sigue siendo áspera y tosca.

Más todavía. Los expertos en fotografía infrarroja que estudiaron la tilma a fines de la década de 1970 determinaron que no había trazos de pincel, sino una imagen que fue plasmada completa al mismo tiempo.

Esto, junto con una calidad iridiscente de cambiar ligeramente de colores dependiendo del ángulo en el que una persona la observa. Además, se determinó que la coloración de la imagen no tiene elementos animales o minerales. Los colorantes sintéticos no existían en 1531.

Los ojos: Los ojos de la Virgen de Guadalupe constituyen uno de los grandes enigmas para la ciencia, como han constatado los estudios del ingeniero José Aste Tönsmann, del Centro de Estudios Guadalupanos de México.

Si bien sus dimensiones son microscópicas, el iris y las pupilas de los ojos de la imagen tienen impresa al menos la imagen sumamente detallada de trece personajes. Las mismas personas están presentes tanto en el ojo izquierdo como en el derecho, con diferentes proporciones, al igual que sucede en los ojos de un ser humano que refleja los objetos que tiene en frente.

El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe es la escena en la que Juan Diego mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes en la estancia el manto con la misteriosa imagen. Era el 9 de diciembre de 1531.

No es pintura: Según las conclusiones del estudio, reveladas por Aste Tönsmann, nos encontramos ante una imagen “que no ha sido pintada con mano de hombre”.

Ya en el siglo XVIII se realizaron pruebas científicas que mostraban cómo era imposible pintar una imagen así en un tejido de esa textura. De hecho, con el pasar del tiempo, las fibras del “ayate” o “tilma” que utilizaban los indios se degradan. Normalmente no deberían durar más de veinte años. Sin embargo, la imagen está impresa desde hace casi 500 años.

Parece ser prácticamente indestructible: Dos eventos distintos han amenazado la imagen a través de los siglos. Uno de ellos ocurrió en 1785 y el otro en 1921.

En 1785 un trabajador estaba limpiando el recubrimiento de vidrio cuando accidentalmente derramó solvente de ácido nítrico sobre una gran porción de la imagen. La imagen y el resto de la tilma, que debió haberse corroído casi instantáneamente por el derrame, se auto-restauró con el paso de 30 días, y permanece intacta hasta el día de hoy, con solo unas pequeñas manchas en lugares en donde no está la imagen.

En 1921, un sujeto anticlerical escondió 29 varas de dinamita en un jarrón de rosas y lo puso ante la imagen dentro de la Basílica de Guadalupe. Cuando la bomba explotó, casi todo, desde el piso y el reclinatorio de mármol voló. La destrucción alcanzó incluso a ventanas a 150 metros de distancia. Sin embargo, la imagen y el vidrio a su alrededor permanecieron intactos. El único daño que ocurrió cerca a la tilma fue en un pesado crucifijo de bronce, que terminó doblado hacia atrás.

Concluyo con la hermosa frase “No se entristezca tu corazón… ¿acaso no estoy yo aquí, que soy tu madre?”, que le dijo la Santísima Virgen de Guadalupe al afligido Juan Diego un 12 de diciembre de 1531.

PISADOS…

Alfonso García Sevilla

Poco esperanzadores resultados de un mejor país arroja la evaluación Programa de Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) donde la mitad de los mexicanos de 15 años no alcanza niveles suficientes para desenvolverse en la sociedad: 45% no logra los aprendizajes suficientes en Lectura, 56% en Matemáticas y 47% en Ciencias, resultados que no han sufrido variaciones significativas en los últimos doce años.

Cabe recordar que durante el sexenio de Peña, con bombo y platillo se anunció una reforma educativa que pretendía aumentar la calidad de la educación básica, reflejándose esto en los resultados de las evaluaciones internacionales como PISA y aumentar la matrícula y la calidad de la educación media superior y superior. No cumplió y la actual administración la acaba de derogar.

Y esto se agrava ya que según el INEGI, de cada 100 niños que ingresan a primaria solo 8 concluirán una carrera universitaria, asimismo, según datos de la OCDE, solo el 38 por ciento de los estudiantes universitarios concluyen sus estudios.

Nuestros políticos no han entendido que una verdadera transformación del país inicia con la educación, la cual debe ser integral, transversal y tendiente a desarrollar todas las capacidades del individuo. Así como atacar las causas de la deserción escolar y contar con planteles modernos y que cubran las necesidades de los educandos.

Ante ello y lo poco que se destina en este rubro en el presupuesto de egresos de la federación 2020, así como la ausencia de una reforma que transforme radicalmente el modelo educativo en nuestro país, pasaremos otro sexenio sin un cimiento sólido que siente las bases para realmente lograr una “transformación” significativa en la sociedad.

AMLO-ALFARO semejanzas o mera coincidencia

 “Los dos presumen que les guía la buena fe; ambos se asumen como la última esperanza del pueblo, pero deberían tener presente que las buenas conciencias también se extravían, cuando sucumben a los arrebatados de un poder sin freno y sin contrapesos”. -Pedro Mellado-

Quirino Velazquez

El presidente de México, le ha dicho “linduras” al gobernador de Jalisco como “traidorzuelo”, «farsante» y «amigo de Carlos Salinas».

Por su parte, el gobernador de Jalisco, ha sido uno de los actores políticos que más han alzado la voz para criticar decisiones del presidente AMLO. Así lo hizo en dias pasados durante la ceremonia de inauguración de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara 2019 en donde afirmo que: “Aquí no podemos guardar silencio, cuando se pretende imponer una idea monolítica de lo que significa lo nacional. El futuro de México se debe construir desde la lógica de la pluralidad, del respeto a quienes piensan distinto a nosotros, partiendo de la premisa de que nuestro silencio hoy, por miedo o por displicencia, nos cobrara una factura mañana. No más silencio, no más cabezas agachadas, eso no le sirve a México”.

Pero López Obrador y Alfaro no son opuestos en todo. Por el contrario, existen semejanzas en sus respectivas carrereas políticas y la forma de gobernar de ambos políticos.

A un año de iniciados los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Enrique Alfaro Ramírez, la ocasión es propicia para contar de sus semejanzas, que pudieran ser meras coincidencia, en la carrera política de ambos mandatarios. Aquí repasamos algunos aspectos que muestran esos parecidos, aunque sus circunstancias son distintas.

Origen político. AMLO y Alfaro tienen su origen político como militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI); y ambos han ocupado cargos públicos de elección popular gracias al Partido de la Revolución Democrática (PRD). AMLO como Jefe del Gobierno del Distrito Federal (2000-2005) y Alfaro como Presidente Municipal de Tlajomulco (2009-2012), los niveles de aprobación de ambos, en esos periodos, fueron los más altos registrados en dichos cargos.   

Persistente ante las derrotas. Algo que caracteriza a uno y otro mandatario, es que sin dudad son persistentes y no se amilanan ante las derrotas. Antes de ganar sus actuales cargos públicos sufrieron sendas derrotas. AMLO perdió en dos ocasiones 2006 y 2012 (aunque en el 2006 se afirma que gano) las elecciones por la presidencia de México. Alfaro perdió la presidencia de Tlajomulco (2003) y la gubernatura (2012).  

Liderazgos. Prácticamente desde la fundación del partido Morena (julio 2014) y la llegada del mandatario estatal al partido Movimiento Ciudadano (2012), AMLO y Alfaro han sido el centro donde gravitan sus respectivos partidos (a nivel nacional y a nivel estatal respectivamente). No se concibe, hasta hoy, que dichos partidos pudieran subsistir en la arena política sin el liderazgo y presencia de uno y otro político. Hoy día los dos partidos (Morena y MC) son la primera fuerza política en sus respectivos ámbitos de gobierno.       

Elecciones 2018. En julio de 2018, un poco más de treinta millones de mexicanos eligieron por primera vez en la historia contemporánea de México, a un presidente de la República de un partido diferente el PRI y el PAN: Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena. En el mismo proceso electoral, pero en la elección local, Enrique Alfaro Ramírez, también históricamente, fue electo gobernador de Jalisco por un partido (MC) distinto al PRI y al PAN. Rompiendo (a nivel nacional y a nivel estado) ambos políticos con la alternancia del bipartidismo hasta ese entonces dominante (el detestable prianismo).

Los contundentes triunfos de Andrés Manuel López Obrador y de Enrique Alfaro Ramírez en 2018 dejaron inmediatamente un enorme lugar vacío en el escenario político nacional y estatal: el suyo, el de los líderes de la oposición.

Ambos mandatarios tienen (hasta hoy) en sus respectivos ámbitos territoriales (nacional y estatal) en una extrema debilidad al PAN y el PRI y casi en la extinción PRD (otrora partidos dominantes). Es decir, prácticamente no tienen oposición partidaria.

También se puede decir que a nivel nacional el partido MC tiene una presencia marginal y carece de la representatividad necesaria para erigirse como una oposición con peso legislativo y social. A nivel estatal Morena aún no se distingue como un partido opositor organizado, es decir, Morena como oposición necesita hacerse oír, para debatir, criticar, denunciar, investigar, ilustrar a la opinión pública, mostrar cuál es la “politique de rechange” (política alternativa) y ejercer su derecho a convertirse en mayoría. Pero la verdad en Jalisco Morena no se oye.

Lo que yo creo y me parece preocupante es que, con la ausencia de la oposición a nivel nacional y a nivel Jalisco, se está creando un vacío peligroso en el mapa de los contrapesos políticos necesarios en una democracia.

Inicio de la actual gestión. López Obrador y Alfaro iniciaron sus respectivas gestiones en diciembre pasado: López Obrador el día 1; Alfaro, el día 6. Ambos también decidieron comenzar con actos multitudinarios: en su toma de protesta, López Obrador encabezó un encuentro en el Zócalo ante miles de personas, mientras que Alfaro estuvo en la Plaza Liberación, ubicada entre el Congreso local y el Palacio de Gobierno.

Las “aplanadoras” legislativas. Otro punto en común es que los partidos de ambos políticos tienen mayoría en sus correspondientes legislativos (Morena en el plano nacional y MC en el local), lo que les facilita tomar decisiones y sacar reformas.

En el Congreso de la Unión, la “aplanadora” de Morena ha logrado aprobar temas como las reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, la llamada ‘Ley Taibo’ y el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF). Dentro del Congreso de Jalisco, MC ha recurrido a esa misma estrategia para impulsar sus asuntos.

La “Cuarta Transformación Nacional” y la “Refundación de Jalisco”. Ambos políticos propusieron cambios profundos y radicales.

López Obrador ha expresado: “Dijimos que se habían llevado a cabo en la historia de nuestro país tres transformaciones: la Independencia, la Reforma, la Revolución, y que nosotros íbamos a llevar a cabo la Cuarta Transformación de la vida pública de México, dijimos también que íbamos a lograr esta transformación sin violencia, de manera pacífica. Dijimos que iba a ser una transformación ordenada, pero profunda y radical”.

Enrique Alfaro refiere: “Refundación es ruptura con el viejo régimen por la vía del acuerdo social para construir un nuevo orden institucional que nos permita enfrentar con eficacia los desafíos del presente y del futuro. Así de simple, así de complejo. Para nosotros, la Refundación es garantizar a los jaliscienses un gobierno e instituciones que respeten la ley. Pero también, construir juntos una sociedad organizada y protegida por la ley. Es el replanteamiento de las relaciones que Jalisco tiene en todos sus niveles y dimensiones, principalmente sociedad y gobierno”.

Austeridad, sueldos y vehículos. Otro aspecto en común es que los dos políticos defienden una política de austeridad. A nivel nacional, López Obrador y Morena incluso lograron aprobar una ley de salarios máximos que establece que, salvo excepciones, ningún funcionario puede ganar más que el presidente de la República. A nivel local, Alfaro se ha pronunciado por acabar “con los vicios y abusos” en las esferas de gobierno, en particular en el Poder Judicial.

Además, tanto uno como otro han decidido dejar de trasladarse en aeronaves oficiales. López Obrador incluso puso en venta el avión presidencial (ese que ni Obama tenia) y viaja en vuelos comerciales. En tanto, Alfaro puso a disposición de la Secretaría de Salud el helicóptero que sus antecesores usaban como transporte. “(Es) un helicóptero que se usó durante mucho tiempo para que el gobernador se paseara, para que el gobernador, por evitarse unos minutos, se gastara el dinero de los jaliscienses en lujos que hoy no tienen justificación”, dijo al respecto.

Opinión de Pedro Mellado y Felipe Cobián. El destacado periodista y agudo articulista de Jalisco Pedro Mellado Rodríguez (por cierto, amigo de Don Enrique Alfaro Anguiano padre del gobernador) no hace mucho (noviembre de 2018) escribió un interesante artículo de opinión titulado “AMLO Y ALFARO, REPELENTE SIMILITUD”. En él nos cuenta lo siguiente:

“Se parecen tanto, son tan iguales, fuertes y en ocasiones sumamente ásperos… Los mueven propósitos similares: uno pretende llevar a cabo la ‘refundación’ de Jalisco y el otro está obsesionado con la ‘cuarta transformación de la República’.

“Los dos son controladores, dominadores, ejercen el poder de manera vertical: no tienen colaboradores, sólo subordinados, y quienes no se someten a su voluntad o sintonizan con sus deseos, se convierten en contrincantes que deben ser combatidos con vigor.

“Comparten una singular repugnancia por las críticas y por sus críticos: para uno, algunos medios convencionales de comunicación -que en algún momento han expresado puntos de vista que le desagradan- son “basura”; para el otro son “prensa fifí”, sensacionalista y amarillistas, divulgadora de mentiras, en defensa de intereses perversos vinculados a poderes ilegítimos”.

Por otra parte, otro destacado periodista de Jalisco Don Felipe Cobián Rosas respecto de ambos políticos, en un artículo titulado “AMLO Y ALFARO, TAN IGUALES, TAN DIVERGENTES” apuntó: “Quién lo pudiera creer. Andrés Manuel López Obrador y Enrique Alfaro Ramírez son tan parecidos, pero divergen y están peleados. Ambos, al principio, caminaron juntos por la misma senda de la política y hasta parecían bien avenidos. El particular carácter de cada uno, tan contrarios a la autocrítica y tan susceptibles a la crítica de la opinión pública; autoritarios en el fondo; apasionados de la política, persistentes, tercos u obstinados hasta el fin”.   

Termino diciendo que más allá de la semejanzas o meras coincidencias de López Obrador y Enrique Alfaro, comparto la opinión del periodista Pedro Mellado, cuando anotó: “Los dos presumen que les guía la buena fe; ambos se asumen como la última esperanza del pueblo, pero deberían tener presente que las buenas conciencias también se extravían, cuando sucumben a los arrebatados de un poder sin freno y sin contrapesos”.   

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