Nacional

Nuevas sociedades. ¿La normalidad?

Fabiola Serratos

Quizá la pregunta más insistente en estas últimas semanas es la que exige una respuesta para poder integrarnos a lo que hasta hace tres meses era lo cotidiano.

La respuesta del Dr. Gatell a esta interrogante fue “Nunca.” Muchos mantienen la incertidumbre después del cierre de sus negocios o haber quedado sin empleo, pero no todo es malo en esta pérdida de normalidad que la pandemia ha dejado. Si reflexionamos la autonomía e independencia de las comunidades es algo que no debería perderse y que es quizá lo mas valioso que pudiéramos rescatar.

Hemos visto como todo lo que nos acontece se politiza para beneficiar a unos cuantos, pero también hemos aprendido a salir por nosotros y los que forman parte de los grupos más afectados.

En esta crisis hemos entendido (y sino lo hemos hecho es momento de analizarlo) la terrible desigualdad social que compone nuestro país. Pero tener conciencia de clase no solo es reconocer nuestras propias desventajas sino también nuestros privilegios, donde quizá nos reconocemos vulnerables ante los de arriba, pero estamos también obligados a reconocer las desventajas de los que todavía son menos favorecidos que nosotros.

Estas últimas semanas rescato y reconozco la maravillosa organización social con la que muchos laboramos para tratar de rescatarnos y rescatar a nuestros vecinos. Organizaciones nacionales e internacionales han tenido más participación en lo social que nuestro mismo gobierno, que aunque pretencioso anuncia sus nuevas deudas para salvar al estado las comunidades marginadas continúan en abandono.

Después de algunas semanas donde la organización social brindara para su comunidad una solidaridad armónica y desinteresada, algunos funcionarios hicieron su labor al ponerse en comunicación con los líderes de estas acciones que sin ningún tipo de financiamiento mas que la organización de sus propias voluntades lograron. Encuentran en el trabajo social de los otros una oportunidad de protagonismo y de acercamiento que “algunos” visualizan como capital político y otros más como una forma posible de acercarse a la comunidad. Al darme cuenta de esto pensé en aquellas reflexiones que Sócrates hace sobre la obligación de mantener la cercanía con la gente.

La mayoría de los ayuntamientos no goza la cercanía con su pueblo (a menos que exista un interés de popularizarse) no se involucra en sus necesidades, no genera vínculos ni participación con ellos, han sido contados los funcionarios arriesgados que sin buscar su protagonismo han generado sus propios grupos de participación y han salido a la calle a vivir la crisis real de la pandemia. Otros más como si se tratase de una campaña han asistido a comunidades vulnerables por su fotografía de buen altruista.

Pero una de las consecuencias de la cual me siento deleitada es el despertar de muchos ciudadanos que se han sabido vulnerables, que reconocen la tragedia que significa cerrar los ojos y aceptar el mismo tipo de política que no fue capaz de rescatar, sostener y garantizar la estabilidad de sus ciudadanos.

Sería tremendo castigo condenarnos a nosotros mismos votando de nuevo por personajes que hoy brillaron por su ausencia, que con arrogancia cerraron negocios y de forma cínica intentaron convencernos de su preocupación y sacrificio para garantizar la deuda que tenemos con ellos en épocas de campaña.

¿Pero qué somos nosotros cómo comunidad en todo esto?
Demostraremos tenernos los unos a los otros, a saber quienes de nuestros vecinos fueron más afectados, las madres, los hijos, los estudiantes en desventaja por falta de tecnología, los desempleados, los inmigrantes que quedaron varados en el municipio. Somos los que no pudieron quedarse en casa, lo que en un acto de rebeldía nos cuidamos a nosotros mismos demostrando la gran fortaleza que tenemos. Demostramos también que las cosas más necesarias las construimos y nos las dimos nosotros mismos, nos reconocimos como vecinos, como compañeros pero también como apoyo.
En una ola de bendiciones compartimos y le dijimos a muchos políticos que sus millones no nos impresionan, “No necesitamos su condicionada misericordia” le dijimos a muchos de la clase política que nuestra dignidad pese al hambre no esta en venta.

La Estupidez

Quirino Velazquéz

Forzado por la cuarenta y una enfermedad en mis vías respetarías (no es el Covid-19) que me aqueja desde hace dias y que me impiden salir de mi vivienda, me he puesto a leer y ahora estoy leyendo un libro de Giancarlo Livraghi (autor y ejecutivo publicitario italiano, graduado en filosofía en la Universidad de Milán, reportero, editor y bibliógrafo) que se titula El Poder de la Estupidez. He tomado de él diversas ideas y me ha provocado algunas propias. Pero, además, me ha invitado a escribir este texto que pareciera ser una apología de la estupidez. Lo que he recibido del libro y lo que he pensado lo resumo en los siguientes puntos:

Primero, Albert Einstein sostuvo: “hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el universo; y de lo segundo no estoy completamente seguro” y sentó las bases para teorías y leyes en el infinito mundo de la humanidad.

Segundo, es aceptar que la estupidez es poderosa porque puede dañar a todos los individuos. Equivocadamente le atribuimos más maleficios a la perversidad que a la estulticia porque creemos que hay más villanos que estúpidos. Robert Heinlein (escritor estadounidense de ciencia ficción) aconseja no subestimar el poder de los tontos.

Tercero, es aceptar que es muy difícil conceptualizar la estupidez porque, como dice Walter Pitkinm (escritor y profesor universitarios estadounidense) no existe una definición científica de la estupidez ni de la inteligencia. Es por ello que, frecuentemente, los genios sean considerados como estúpidos, por una mayoría necia.

Cuarto, es comprender su funcionamiento y, así, podremos controlar sus efectos. Esto ya se practica mucho en la actualidad con lo que hemos conocido como el “Plan B” que no es otra cosa que el reconocimiento de nuestra falibilidad (riesgo o posibilidad de engañarse o errar una persona). Lawrence Peter(pedagogo y escritor canadiense) elaboró un famoso principio referido al nivel humano de incompetencia.

Quinto, es de reconocer que la soberbia es una forma de estupidez. La asimetría de la mente es menor que la de la riqueza, el poder o la sabiduría. Hay que tener presente que existe menor desigualdad entre el más genial y el más cretino que la que existe entre el más rico y el más pobre o entre el más poderoso y el más débil o entre el más sabio y el más ignorante. Por eso, el hombre privilegiado está blindado frente al muy miserable, al muy frágil o al muy iletrado, pero está muy expuesto ante el muy estúpido. No reconocerlo es la soberbia que perdió a Maximiliano Robespierre (abogado, escritor, orador y político francés apodado “el Incorruptible”) cuando les declaró la guerra a los funcionarios rateros.

Sexto, es aceptar que la confianza es una forma de estupidez. Es la que impide la visión previsora, la disposición reactiva o la reconversión estratégica. Es la que llevó al dictador Porfirio Díaz a menospreciar a Francisco I. Madero, primero en sus modestas aspiraciones a la gubernatura de Coahuila y, después, a desestimar su campaña antirreeleccionista, más tarde convertida en convocatoria insurreccional.

Séptimo, es admitir que la inexperiencia es una forma de estupidez. Es la que nos puede invitar a ser trapecistas, domadores o políticos pensando que es muy fácil dominar a la gravedad, a la fiera o a la sociedad. Es la que desestima la adversidad, la contrariedad o la imposibilidad. Es la que llevó al famoso emperador francés Napoleón Bonaparte hasta Moscú estando persuadido y proclamando que el clima era idéntico en toda Europa.

Octavo, es asumir que el olvido es una forma de estupidez. Es el que nos hace volver a tropezar con la misma piedra. El que nos lleva a repetir los mismos errores y a suponer que, en nuevas ocasiones, producirán distintos efectos. Es el que empujó al también famosísimo político, militar y dictador alemán Adolfo Hitler a olvidar la enseñanza napoleónica y traicionar a Rusia, atacándola para convertirla de aliada en enemiga.

Noveno, es asentir que la imprudencia es una forma de estupidez. Por ello los abuelos nos recomendaban no pelear contra los estúpidos porque éstos son muchos, lo mismo que nos enseñó el gran cantautor, poeta, escritor y filósofo argentino Facundo Cabral con su frase «a lo que más temo es a los pendejos, porque son muchos, y eligen hasta el presidente» Esa imprudencia fue la autora del retorno inexplicable del que fuera emperador de México Agustín de Iturbide y de su marcha directa al paredón.

Decimo, es que desde luego todos sabemos que, dentro de nosotros, vive un estúpido. Pero también es cierto que nos molesta reconocerlo. A partir de no aceptarlo, muchas veces tratamos de sostener nuestras estupideces en lugar de rectificarlas. Esa terquedad transforma una estupidez venial en una forma peligrosa de estupidez.

Por lo anterior, también habrá que decir que los inteligentes cometen estupideces y ello nos obliga a no confundir las estupideces con los estúpidos. Es peligroso creer que un hombre es tonto porque hace tonterías o que un hombre inteligente no se equivoca. Y, a la inversa, en toda la historia de la humanidad, la mitad de las mejores ideas, de los más grandes avances y de las supremas hazañas se han debido a hombres de luces muy modestas, es decir, no muy inteligentes.

En fin, me he divertido mucho leyendo. Pero también me divertí mucho recordando algunas de mis propias estupideces. Muchas de ellas las he reconocido hasta públicamente. Hay una que cometí hace casi una década cuando elaboré el Reglamento de Proyectos de Inversión y de Prestación de Servicios del Municipio de Tlajomulco (aprobado en la administración 2010-2012) con cuyas normas se realizó el proyecto del actual llamado CAT (Centro Administrativo Tlajomulco). Es estúpido porque, para muchos, al amparo de ese reglamento, se cometió un gran timo. Pero nadie lo ha arreglado. Han pasado casi cuatro presidentes. A pasado el tiempo y esas reglas sigue idénticas, intactas y, vigentes. Por eso me tranquiliza mucho saber que, en mis estupideces, no estoy tan solo.

Finalmente, dice la sátira brasileña del Barón de Itararé (Apparício Fernando de Brinkerhoff fue un periodista, escritor y pionero en el humor político brasileño) que: “si hay idiotas en el poder es por que quienes lo eligieron están bien representados”, dejando evidencia de que la estupidez es internacional.

Cuentas de Cuento

Alfonso García Sevilla

La recaudación fiscal en México es de tan solo el 17% del Producto Interno Bruto, siendo el más bajo de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) mientras que países como Francia y Dinamarca recaudan alrededor del 45%.

La informalidad en la economía de nuestro país es de 31.3 millones de personas, según datos del Inegi, de una población económicamente activa de 58 millones, esto es, poco menos de 20 por ciento de la gente que trabaja lo hace en un empleo donde se le retiene el respectivo impuesto.

Obvio que, a mayor recaudación, mayor gasto genera un gobierno y más posibilidades de bienestar tiene de otorgar a sus habitantes. Entre más empresas inviertan en el país, más empleos se obtienen y se elevan las tasas recaudatorias. Algo realmente urgente en México,

Esto viene a colación por la nueva ocurrencia del partido Morena, que pretende darle facultades al Inegi, quien «debe entrar, sin ningún impedimento legal, a revisar el patrimonio inmobiliario y financiero de todas las personas. Cada dos años debe de dar cuenta de los resultados que arroja la totalidad de los activos con los que cuenta cada mexicano», con el fin, argumenta su presidente, Alfonso Ramírez Cuellar, «de medir la concentración de la riqueza en nuestro país. Tenemos miles de millones de dólares que constituyen una riqueza totalmente inobservada. Ya no se trata solo de dar cuenta del ingreso y el gasto de las familias y las personas.

Medir la pobreza en México es un gran avance. Ahora se demanda, con urgencia, medir también la desigualdad y la concentración de la riqueza».
Lo anterior pasa por encima de dos artículos constitucionales que velan porque los derechos de los ciudadanos no resulten afectados debido a procedimientos ilícitos cometidos por la autoridad, el 14 de seguridades jurídicas en la relación del Estado con sus ciudadanos y el 16, mismo que señala textualmente: «Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento” ¿Se viene una iniciativa para ponernos a merced del Estado autoritario? ¿Y los mecanismos para evitar y castigar la evasión para cuándo se depuran y actualizan?

La 4T anda extraviada en su modelo económico, así lo demuestran las recientes decisiones de la cancelación del aeropuerto en Texcoco, el cierre de paso a industrias formales como la cervecera en Baja California y la penosa negativa a la industria de las energías limpias. No es santificando la pobreza ni persiguiendo, al estilo Robin Hood a los ricos, como se logra el bienestar de todos.

Se deben idear mecanismos que permitan transitar a un modelo de bienestar que frene y revierta la informalidad y al crimen organizado. Esperemos que esta ocurrencia, por el bien de México, no prospere y quede en eso… es una anécdota más de esta administración.

Que siempre sí

Alfonso García Sevilla

Se da a conocer el día de hoy, la determinación del presidente López Obrador de regresar a las fuerzas armadas a las calles, a realizar funciones de seguridad pública, bajo las órdenes de la Guardia Nacional.

La crisis que vivimos en materia de salud, derivada de la pandemia del covid-19, ha distraído momentáneamente la atención de los medios y la sociedad del tremendo problema que venimos arrastrando desde hace una década en materia de inseguridad y que lejos de ponerle un freno, día a día se agudiza más, aquí varios botones de muestra:

En la autopista Puebla- Veracruz, un grupo de alrededor de 15 delincuentes fuertemente armados, bloquearon la vía y despojaron de sus pertenencias a los usuarios de esta. Fueron varias horas sin que la autoridad reaccionara.

En Zapopan, Jalisco, un grupo de encapuchados con armas largas se dedicaron a repartir despensas a nombre del Cártel Jalisco Nueva Generación, específicamente de su líder “El Mencho”, sin ser molestados.

Asimismo, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la cifra de homicidios rebasa los 10,000 casos durante los primeros tres meses del 2020, siendo ajustes de cuentas entre grupos criminales, narcodisputas y robos con violencia las causas del incremento en los índices.

Hoy, ante esta dura realidad, se reconoce que la problemática en esta materia no la detendrá la Guardia Nacional, los programas sociales, los abrazos, los detentes y se vuelve a echar mano del Ejército y la Marina para combatir al crimen organizado, contradiciendo (una vez más) los hechos y dichos de AMLO durante su campaña y en los meses de su administración. Seguramente Felipe Calderón y Peña Nieto han de estar celebrando esta decisión.

Sumado a ello, los gobiernos estatales poco o nada han avanzado en el tema, por lo que urge que sea la coordinación y disciplina la que supla a la división por conveniencias políticas de los ámbitos federal, estatal y municipal en aras de lograr una pacificación del país.

Felipe Calderón la gente no lo olvida.

Quirino Velazquéz

La detención en diciembre de 2019 de Genaro García Luna en Estados Unidos, ex secretario de Seguridad Pública en el periodo del espurio gobierno de Felipe Calderón (Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa), acusado de tráfico de drogas, declaraciones falsas y recibir sobornos de millones de dólares del cártel de Sinaloa, es apenas la punta del iceberg de una serie de cuentas pendientes con la justicia del ilegitimo ex presidente y su círculo íntimo, derivadas de la administración que convirtió a México en un narco-estado. 

El clamor porque se haga justicia ante los abusos y crímenes de Felipe Calderón apenas comienza. Emergen testimonios que habían sido ocultados y son hilos de una gran madeja que poco a poco se va deshilando.

Recientemente el pasado 4 de mayo, la periodista Anabel Hernández, aseguró que el narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, alias “La Barbie” refirió que el fementido expresidente Felipe Calderón encabezaba directamente reuniones con jefes del narco; también se ha sabido que otro intermediario suyo con los capos de la droga fue el general Mario Arturo Acosta Chaparro, acusado de tortura y desaparición forzada de 143 personas en la guerra sucia de los 70´s.

Felipe Calderón usurpo la presidencia gracias al fraude electoral de 2006, instrumentado, entre otras modalidades, desde las entrañas del IFE. Un ejemplo es el caso “Hildebrando 117” nombre de usuario de Diego Hildebrando Zavala Gómez del Campo, hermano de Margarita Zavala (Margarita Ester Zavala Gómez del Campo) esposa del tristemente célebre beodo Felipe Calderón, que encabezó la digitalización del padrón electoral oficial y con esa información (ya en la campaña panista) desarrolló un software para usar ilegalmente datos de los votantes.

Por un “supuesto” escaso margen de 233 mil votos Felipe Calderón oficialmente “ganó”, más bien despojó, la presidencia de la República, “haiga sido como haiga sido” dijo, en aquel tiempo, con cinismo. Ni el IFE ni Felipe Calderón aceptaron un recuento “voto por voto”, lo que confirmó la sospecha de un fraude electoral de gran magnitud y que después con declaraciones del que fuera presidente del PRI nacional Humberto Moreira Valdés se reconfirmara el gran timo cometido por Calderón y pandilla. Como muestra de ese indígnate fraude cuando tomó protesta en la Cámara de Diputados entró, literalmente, por la puerta de atrás, rodeado de cercos, antimotines y el otrora Estado Mayor Presidencial. 

Para intentar legitimarse Felipe Calderón lanzó la supuesta “guerra contra el narco” que acabó en desastre nacional con un saldo de al menos 120 mil muertos y 14 mil desaparecidos (de acuerdo a cifras del propio Sistema Nacional de Seguridad Pública).

La película “El Infierno” (2010) protagonizada por Damián Alcázar ilustra la terrible realidad del sexenio calderonista: Un verdadero infierno sin ley, caracterizado por la exclusión de los jóvenes de empleo y educación; la degradación de las instituciones; la corrupción; la impunidad para los delincuentes; y la edificación de un entramado político-financiero que pavimentó la vía a grupos criminales para controlar regiones enteras del país, bajo la cortina de una falaz guerra. “El Infierno” del régimencalderonista estuvo marcado por sucesos trágicos, no aclarados, ni juzgados con imparcialidad. No podrá haber transformación en México sino se atienden esas heridas abiertas, que significan diversos expedientes para enjuiciar al usurpador Felipe Calderón. 

Algunos ejemplos:

El 4 de noviembre de 2008 murieron Juan Camilo Mouriño (que era secretario de gobernación) y coincidentemente José Luis Santiago Vasconcelos ex titular de la SIEDO y uno de los cerebros más respetados de la lucha contra la delincuencia organizada, el jet donde viajaban se estrelló en la Ciudad de México, en un “accidente”. El 11 de noviembre de 2011 falleció en otro “accidente” de helicóptero Francisco Blake Mora, que también fue titular de gobernación. Durante el sexenio del usurpador hubo 5 secretarios de gobernación, la inestabilidad y los crímenes entre la clase política también fueron su signo.

El 5 de junio de 2009 se incendió la Guardería ABC en Sonora, fallecieron 49 niños y 106 resultaron heridos. En el expediente está implicada Marcia Matilde Gómez del Campo, propietaria de la misma y prima de Margarita Zavala. 

El 11 de octubre de 2009 Calderón decretó la extinción de Luz y Fuerza del Centro, en la perspectiva de la privatización de la industria eléctrica. Mediante un proceso ilegal se mandó a la calle a más de 44 mil trabajadores del SME. El operador del golpe fue el ominoso Javier Lozano, entonces secretario de trabajo y previsión social.

El escritor Carlos Monsiváis describió así el gobierno de Calderón en 2009: “Luego de su triunfo tan cuestionable, el presidente Felipe Calderón no ha conseguido la credibilidad necesaria y ha perdido incluso una parte sustancial de sus apoyos en la derecha tradicional”. Durante su gestión, el inicuo gobernante se fue quedando solo.

El 31 de enero de 2010 María de la Luz Dávila perdió a sus dos hijos de 19 y 15 años, en una masacre que cobró la vida de 16 estudiantes cuando celebraban una fiesta, en Villas de Salvárcar, Cd. Juárez. Felipe Calderón dijo que la matanza había sido “entre narcos”, lo que fue impugnado públicamente por la Sra. Dávila, pues el usurpador lejos de hacer justicia se auto justificaba de manera cínica.

El 7 de enero de 2012 Calderón inauguró “La Estela de Luz”, cuyo costo inicial se estimó en 398 millones pesos, pero se elevó a más de mil 304 millones de pesos y tardó 15 meses más de lo planeado para ser concluida. En julio de ese año compró el avión presidencial (aquel que ni Obama tenia) por 218 millones de dólares. Antes de concluir su periodo se dio tiempo para amedrentar a los promotores de una demanda ante Corte Internacional de La Haya suscrita por 27 mil ciudadanos que lo acusaron de crímenes de lesa humanidad (ataques generalizados o sistemáticos contra la población civil).

Otras pistas del binomio Calderón-García Luna se leen en “Una novela criminal” (2018) escrita por Jorge Volpi, obra que documenta con rigor historiográfico la verdad sobre la farsa que montó el régimen calderonista para acusar a Florence Cassez de pertenecer a una banda de secuestradores, en un acto propagandístico difundido en televisión con la complicidad de Carlos Loret de Mola y la participación de Isabel Miranda de Wallace. 

Hoy Felipe Calderón se muestra como un hiperactivo twittero que ha pretendido usar la pandemia del coronavirus para tratar reposicionarse políticamente, pero poco o nada dice de su legado sexenal: violaciones sistemáticas a los derechos humanos, instancias de impartición de justicia corrompidas, masacres, privatizaciones, endeudamientos, fraudes políticos y económicos, asesinatos de funcionarios, obras y gastos faraónicos a costa del erario, auge de fosas comunes y clandestinas, decenas de miles de muertos y desaparecidos

Felipe Calderón juega a la amnesia selectiva, pero la gente no olvida.

Absolutismo en el tiempo del Coronavirus

Quirino Velázquez

Leí hace unos días, que unos periodistas del Financial Times (periódico de origen británico especializado en noticias de negocios y economía) le preguntaban en entrevista al Presidente de Francia, Emmanuel Macron, si alguna vez se imaginó gobernar en una crisis de la dimensión de la actual, con efectos tan devastadores para la salud y la economía de la población. Macron respondió que no, que él no suele fantasear sobre escenarios posibles, pues prefiere estar alerta frente a los problemas que se presentaran a cada momento, porque un gobernante eficaz es aquel que sabe responder ante las situaciones siempre complejas y cambiantes que la realidad presenta.

También he leído que hace años, cuando presidía el Gobierno de España, Felipe González comentó que el buen gobernante no es aquel que nunca mete la pata (algo por lo demás imposible) sino el que la sabe sacar con rapidez.

Tanto el francés Macron como el español González pertenecen a la categoría de políticos razonables, pragmáticos, que entienden las limitaciones que el entorno social y natural, cargado de incertidumbres, imponen a la política y a la gestión gubernamental. En campaña los candidatos suelen proponer horizontes utópicos que nunca se pueden cumplir plenamente, pero los gobernantes sensatos suelen plantearse objetivos alcanzables y saben cuándo cambiar de rumbo si los acontecimientos lo requieren.

Eso no implica que no tengan principios o que carezcan de proyectos claros: he leído que Felipe González encabezó una gran transformación del Estado español para adecuarlo a Europa y para desarrollar una red de bienestar al tiempo que impulsó la modernización de las infraestructuras; durante los años de su Gobierno se consolidó el nuevo régimen democrático, producto, a su vez, no de un delirio personal sino de un gran pacto social y político. También he leído que Macron ha ido avanzando en su proyecto de reforma institucional, aunque ha debido enfrentar con flexibilidad obstáculos enormes, de amplio tradicionalismo social.

Por eso, sin duda se abrigan esperanzas que las circunstancias fatales que nos están rodeando por el Covid-19 podrían producir, a pesar de todo, un efecto favorable para la vida política de México. Es tan evidente que los problemas que nos amenazan no podrán ser resueltos con los medios habituales, que muy probablemente estemos ante la oportunidad de renovar radicalmente las formas de participación, deliberación y organización políticas que, de alguna manera, han detenido el futuro del país y de nuestro estado. Comprendo que esto es exactamente lo que ofrecieron el presidente AMLO y el Gobernador Alfaro para ganar las elecciones: la 4ta transformación de México y la refundación de Jalisco. Pero a estas alturas de los respectivos sexenios, alguien podría pensar que han preferido el camino del absolutismo (sistema de gobierno absoluto, en el cual el poder reside en una única persona que manda sin rendir cuentas a un parlamento o la sociedad en general), apoyados por sus concernientes hegemónicos partidos.

Hay quien considera que los ejecutivos (federal y estatal) lo han puesto en términos bíblicos elementales: “quien no está conmigo, está contra mí”. Que no cabe ninguna posibilidad de disentir sin confrontar, pues las decisiones que va tomando tienen siempre como justificación el número de votos que reunieron en la insurrección electoral que los llevó al poder y como extensión, el futuro luminoso que sobrevendrá gracias a su voluntad. Que no hay argumentos sino descalificaciones, que no hay datos sino especulaciones y que no hay ninguna capacidad para escuchar, excepto el eco de sus voces. Que lo que al principio

parecía una estrategia diseñada para armar la autoridad moral de sus proyectos, se convirtió en una práctica cotidiana de polarización deliberada, destinada a separar de tajo a los federales y estatales, a los rebeldes y obedientes, a los malos y buenos, aquellos y estos.

Sin embargo, la magnitud de las dificultades que ensombrecen al país y desde luego a nuestra entidad federativa, está sacando del letargo a quienes creían que la política era cosa de unos cuantos políticos profesionales. Un error que produjo otros errores, como la creencia generalizada de que la política era una actividad inevitablemente sucia que corrompía a quienes la practicaban; o como la idea según la cual, la representación equivalía al dominio colectivo y al uso arbitrario y abusivo de la autoridad. Fue a esa mecánica de oligarquías añejas y mañosas a la que se opusieron como líderes sociales, con tanta valentía como visión, el ahora presidente López Obrador y el ahora gobernador Alfaro: confrontaron a los líderes de los partidos tradicionales y al régimen que produjeron y se convirtieron, por méritos propios e indiscutibles, en los portavoces del desencanto generalizado por la corrupción y los magros y contradictorios resultados ofrecidos durante décadas del PRIAN. Ambos propusieron la dignificación de la política, rescatándola del absolutismo y de quienes la habían convertido en patrimonio de unos cuantos, para beneficio de otros tantos.

Hace apenas un par de años, todavía era difícil suponer que sería el mismo presidente y el mismo gobernador quienes descalificarían acremente a quienes participan de la vida pública con voz propia y libertad, y quienes descalificarían a quienes critican sus decisiones o la hegemonía acrítica (el concepto se utiliza para calificar a aquello que no dispone de perspectiva crítica) de sus partidos. Y durante meses (16), se han quejado de quienes se atreven a disentir o criticar, tratando de meterlos a todos en el mismo saco. Los ejecutivos, sus voceros oficiales y oficiosos (especialmente los mandatarios) han infectado la deliberación y parece que han vuelto aquellos tiempos clásicos del PRI, en los que todo el aparato del Estado se ponía al servicio de la voz y de la voluntad del mandatario.

Para concluir sólo diría que bueno fuera que, en este tiempo de pandemia y decisiones difíciles, nuestros ejecutivos leyeran, entendieran, aprendieran y practicaran la teoría de John Locke, filósofo y médico inglés, considerado como uno de los más influyentes pensadores del empirismo (teoría filosófica que enfatiza el papel de la experiencia y la evidencia) y conocido como el “Padre del Liberalismo Clásico” quien representa la oposición radical entre un modelo de Estado liberal y otro absolutista, el cual es desarrollado en su teoría de la resistencia a la tiranía. Locke parte de una serie de categorías como son la de un individuo libre, igual y racional, la del pacto como elemento fundador del poder político y la de la representación política; pero con la justificación del derecho del pueblo a resistirse de manera legítima contra los detentadores del poder. Que no se sorprendan (el presidente y el gobernador): si honraran su memoria y su propia trayectoria, se sumarían gustosos a quienes han decidido oponerse, abierta y francamente, al absolutismo. Al menos que en su desempeño sigan la hipótesis absolutista del filósofo ingles Thomas Hobbes.

#QuédateEnCasa

Estancados

Alfonso García Sevilla

Sin seriedad ni compromiso firme para combatir la corrupción se encuentra el Estado Mexicano, no solamente hoy, sino desde su etapa post revolucionaria y por lo que se ve, la actual “cuarta transformación”, tampoco tiene vistos de que le quiera entrar con todo al tema.

Para muestra las declaraciones del presidente López Obrador en torno a las ventajosas adjudicaciones que diversas secretarías de estado le han dado a los Barttlet, por 162 millones de pesos, donde dice “Pero lo que quiero destacar, lo que está en el fondo ese esa afán de querer debilitar a nuestro gobierno. Les molesta mucho la transformación. Ellos quisieran que continuara el mismo régimen de corrupción, de injusticias, de privilegios, eso es el fondo de todo. Estamos ante la disyuntiva, y sí, considero que no hay medias tintas, es corrupción o transformación”.

Sin embargo, explicó, la Secretaría de la Función Pública tiene que llevar a cabo una investigación, y sancionar, si así lo considera, a quienes resulten responsables. Al más puro estilo de lo acontecido en la sexenio de Peña Nieto con la investigación de la Casa Blanca a Virgilio Andrade.

Cabe recordar que el Índice de Percepción de Corrupción 2019 (IPC), nos ubica como país en el lugar 130 de los 180 países evaluados, y como la nación peor calificada (36 de 36) entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Pasa el tiempo y no se ven grandes avances en la lucha contra la corrupción, a pesar de los casos escandalosos, y siguen abundando los pretextos y las culpas a las anteriores administraciones. No se trata de desestabilizar al gobierno, se trata de exhibir y presionar para que se combata realmente la corrupción y a los corruptos.

Grandes retos se tienen en esta materia, que al año, pesos más pesos menos, nos cuesta a los mexicanos, según varios estudios realizados por la OCDE y la UNAM, alrededor de 21.9 millones de millones de pesos anuales, a esperar que la actual administración cumpla con su promesa de combatirla y erradicarla. ¿Usted cree que así se será? Yo lo dudo.

El Coronavirus y los liderazgos políticos

Quirino Velázquez

El hombre es un animal político, como decía Aristóteles. La política abarca todas las actividades de la vida pública de los ciudadanos y sus consecuencias invaden la vida privada, la seguridad, la educación y todos los aspectos de la vida, incluyendo la economía y la salud.

Así, la emergencia sanitaria detonada por la aparición del Covid-19 ha trastocado la vida de todos. El aislamiento en casa, el trabajo a distancia, la escuela virtual, el lavado de manos, la sanitización constante y el uso del tapabocas de quienes tienen que poner un pie en la calle, forma parte de los nuevos hábitos adquiridos. La emergencia sanitaria ha cambiado de tajo planes y prioridades. Ha cambiado también la forma y el fondo de las decisiones políticas.

En efecto, la crisis de sanidad y económica que ha provocado la pandemia del coronavirus en nuestro país tiene múltiples rostros políticos. Nos ha quedado ya muy claro que las carencias en el sector salud (federal y estatal) han evidenciado años de descuido y saqueo y, principalmente, de ser considerado como un botín político por los gobiernos (federal y estatal) de aquel mal recordado PRIANISMO. Por otro lado, los especialistas nos advierten que la crisis económica en la que nos encontramos será como una vorágine que devorará las ilusiones políticas y la estabilidad de las finanzas públicas y privadas durante los próximos años.

Por ello, un buen liderazgo político es hoy más decisivo que nunca ante la incertidumbre de futuro, en un momento en el que el poder político es más difícil de ejercer con eficacia y, por consiguiente, más fácil de extraviar. De las decisiones u omisiones, del gobierno federal y del gobierno estatal, depende la vida de millones, como en tiempos de guerra. Quienes lo entiendan pueden abrir oportunidades, los que no, cerrarán el horizonte a sus ciudadanos. Estos son temores que recorren México y Jalisco.

¿Pero qué tipo de liderazgo se ocupa?

La flexibilidad y la imaginación para generar respuestas a las difíciles acumulaciones de la realidad, más que los principios inflexibles y el aferramiento a los grandes proyectos políticos, es lo que hace virtuosos a los líderes políticos en las democracias, donde el diálogo y la negociación son parte del arreglo mismo y donde se entiende que no existe una razón única, sino razones que necesitan contrastarse y conciliarse constantemente. Cuando un líder gobernante se pretende como el único depositario de la racionalidad en una comunidad política, entonces se asoma la cabeza de la serpiente del autoritarismo, con sus males intrínsecos, y a lo largo de la historia hay pruebas suficientes de como a grandes terquedades, surgidas de la visión megalómana de la razón, suelen corresponder grandes desastres sociales.

Frente a los líderes razonables siempre encontramos a los líderes iluminados, quienes están completamente seguros de la certeza de sus objetivos, que confían absolutamente en sus intuiciones, por encima de cualquier conocimiento técnico, y se imaginan a sí mismos como los salvadores de la patria, destinados a cumplir con un papel heroico que cambie el rumbo de la historia. Es evidente que se trata de personajes con una visión extraviada de sí mismos y de la realidad en la que se desempeñan, pero que suelen ser exitosos en la política porque son muy hábiles a la hora de manipular las emociones sociales, sobre todo en tiempos de crisis o después de grandes fracasos. El miedo, la fe, los instintos comunitarios, suelen ser el alimento de los líderes carismáticos que arrastran tras de sí esperanzas de redención.

Los iluminados suelen ser tercos; de hecho, conciben la terquedad como virtud, pues suele ocurrir que su obstinación es lo que les ha permitido enfrentar los fracasos en su camino al poder. Sin embargo, si la terquedad es virtud en una carrera política, suele ser catastrófica a la hora de gobernar, sobre todo cuando se carece de habilidad para procesar la información que produce la realidad cambiante y para adecuar las estrategias y los objetivos.

Lo cierto es que esta crisis del coronavirus está exhibiendo de cuerpo entero a los líderes políticos; está descarnando su entraña ética, pero también su talento (o la falta de él), su sensibilidad, su empatía, su comprensión de la complejidad social.

Las respuestas ante la crisis y sus resultados en el corto y mediano plazo van a marcar, en nuestra democracia, los destinos de los políticos que hoy están en el poder y de sus partidos y coaliciones. Yo creo que ninguno va a salir del todo bien librado (ni el nuevo partido oficial, ni la raquítica y convenenciera oposición), pero la manera en la que se reduzca el daño va a ser producto de decisiones políticas, que requieren de flexibilidad y capacidad de adaptación. Los políticos mexicanos se enfrentarán al electorado cuando pase la tormenta, más pronto que tarde, y el liderazgo se consolidará o se renovará, para diseñar las salidas en la siguiente ronda. A nivel federal y local habrá las elecciones en el 2021, cuyos procesos electorales empiezan en septiembre y octubre de este año (casi cuando se ande terminado lo más duro de la crisis sanitaria y en plena recesión económica). En los comicios del 2021 la sociedad evaluará si prefieren a los obstinados o a los creativos y flexibles.

Por lo pronto, se ve, lamentablemente, que la terquedad oficial de nuestros líderes les nubla la capacidad de análisis de la realidad y que no están tomando decisiones con base en los hechos, sino en función de sus objetivos políticos inmediatos. Sus ideas misionales parecen irrenunciables y todo hecho de la realidad que las contradiga es eliminado del análisis. Solo se retroalimentan de los signos que refuerzan su respectiva misión. Los fallos son culpa de los malvados conservadores o en su caso de la ineficiente federación. Ellos vinieron a redimir. Van derecho y no se quitan, y si le pegan se desquitan.

Ojalá que la pertinacia de nuestros líderes (federal y estatal) nos conduzca a buen puerto, ellos tienen legitimidad electoral por cuatro y medio años más. Es urgente, sin embargo, que ambos tengan contrapesos democráticos en serio. Y, sobre todo, que en esta crisis le hagan caso al Director de la Organización Mundial de la Salud Tedros Adhanom Gebreyesus cuando dice: “Dejen de politizar el coronavirus, si no quieren ver más bolsas con cadáveres. No se puede utilizar el COVID-19 para ganar puntos políticos, no hay necesidad. Hay muchas otras formas de probarse a sí mismos, este virus no es el que debe ser utilizado para eso. Es como jugar con fuego. La unidad nacional es esencial si nos importa la gente. Por favor, trabajemos más allá de partidos políticos, ideologías, creencias, cualquier diferencia que tengamos, tenemos que comportarnos”.

Don Jesús Reyes Heroles

Tiempo de contar…

Quirino Velázquez

Pasó totalmente desapercibido el aniversario del natalicio (3 de abril 1921) y del fallecimiento (19 de marzo de 1985) del que fuera un destacado político, jurista, historiador y académico mexicano y uno de los más conspicuos ideólogos de la posrevolución: Don Jesús Reyes Heroles.

Sin dudad, Don Jesús es una figura infaltable en los estudios sobre el liberalismo en México, en la historia de la política contemporánea de nuestro país y en el análisis del desarrollo de la democracia mexicana.

He de confesar que he sido entusiasta lector Don Jesús, que murió en 1985, a los 63 años, víctima de un lento suicidio: el cigarro y el alcohol (cáncer de pulmón y cirrosis hepática) Además, reconozco en don Jesús a un símbolo ilustrado del sistema político mexicano, al que sin duda se esmeró en servir y en tratar de reformar.

Don Jesús siempre fue austero (odiaba el golf, los carros de colección, los yates y cualquier otro lujo propio del típico político) y era severo hasta la ignominia. Una vez leí que corrió de una cena a un subordinado, frente a los demás comensales, luego de lanzarle indirectas hasta el momento en que sirvieron los platillos: “yo no como con traidores, váyase de aquí”.

Su hijo, Federico Reyes Heroles ha escrito páginas curiosas sobre su peculiar padre: un día como cualquier otro, don Jesús pidió a su esposa y sus dos hijos que se sentaran en la sala de su casa. Desencajado, les soltó la mala nueva: “me voy a morir”. Luego se marchó de su casa para citarse con el Presidente Miguel de la Madrid (su antiguo alumno de facultad). Don Jesús le dio su renuncia como Secretario de Educación y se fue resignado a morirse. Una muerte prematura. ¿Pero cuál muerte de un ser humano que no sea un criminal, no es siempre prematura?

Quizá a la actual clase política le sea conveniente estudiar y conocer parte de la historia de nuestro México y sobre todo conocer personajes de la talla de Don Jesús Reyes Heroles. Veracruzano ilustre que supo poner las palabras en su lugar para orientar y definir el camino de la política y los políticos.

Como ya les conté, fue historiador, académico, jurista y por supuesto político que enfrentó retos sobre su conducta y su forma de pensar. Hombre sin más objetivo que la claridad de su mente y sus conceptos de la vida política.

Hombre de frases, de discursos y de sermones. Hombre claridoso y en ocasiones rudo, hombre que la historia quizá no le haya dado aún el mérito que se merece, algo natural en esos personajes que dicen más de la cuenta, mucho más de lo que la clase política gusta escuchar.

El motivo de sacar a relucir (en este tiempo de crisis por el coronavirus) a Don Jesús Reyes Heroles es muy sencillo, entre más problemas tenga un país como México, más importante recordar a quienes han dado alguna receta para mejorar pero pocos la recuerdan.

Hombre de aforismos, me refiero a esas frases breves y doctrinales, con tendencia poética y literaria que no siempre coinciden con el común de los mortales.

Algunos de esos aforismos de Don Jesús quedaron plasmados para la historia y ojalá que algunos políticos los rescaten para no seguir equivocándose.

A los jóvenes (independientemente de la edad) les dedicó las siguientes palabras don Jesús: “Se es joven, si se está lejos de la docilidad y el servilismo, si se cree en la solidaridad y en la fraternidad. Se es joven, cuando nunca se admite la vida acabada, cumplida; cuando nunca se cree estar ante algo perfecto; cuando se quiere transformar y no conservar; cuando se tiene la voluntad de hacer y no de poseer; cuando se ve siempre hacia adelante; cuando la rebeldía frente a lo indeseable no ha terminado; cuando se mantiene el anhelo por el futuro y se cree todo lo posible. Cuando todo eso se posee, se pueden tener mil años y ser joven”

“Sin emplear la cabeza muchas cosas se pueden hacer, pero no política”. Frase valiosa, que se relaciona con la anterior, porque un político que “emplea la cabeza”, es un político consolidado, con sensibilidad, valores e inteligencia y jamás podrá ser manipulado ni influenciado por inercias perversas o a realizar algo contrario a los principios y obligaciones a lo que la ley y su cargo le obliga.

Otro aforismo, “No olvidemos que nunca hay ausencia de poder. El poder que pierde el Estado, un partido, una clase o un grupo, lo obtiene casi automáticamente otros grupos, partidos o clases”. Así es, sin grandes romanticismos, hoy está Morena en el poder a nivel federal, MC a nivel estatal, mañana quien sabe, todo es parte de esa transición de la que nos habló Don Jesús.

Yo creo que los mejores textos de Don Jesús son sus discursos, con ese estilo entre Baltasar Gracián y Carl Marx, que cuajó fórmulas (casi consignas) condensadas, precisas, filosas, del tipo: “Para que no medre la política de la fuerza, hagamos que impere la fuerza de la política”, “Una sociedad sólo conserva en la medida que puede cambiar, pero, a la vez, una sociedad sólo cambia en la medida en que puede conservar”. O como su ingeniosa teoría del “progreso regresivo” que en el nombre lo dice todo. Sus discursos políticos son verdaderos ensayos sobre los problemas nacionales.

Y para despedir estos pensamientos del político veracruzano me quedo con este mensaje que no solo es para aquellos que militan en un partido, sino también para quienes gustan del poder.

“Los negocios no se compadecen con la política. Los hombres de negocios y los políticos ni deben confundirse, ni menos caer en la doble función. Ni los negocios deben llevar a la política, ni la política a los negocios”.

CORONAVIRUS: Quién pagará el inevitable costo político-electoral de la pandemia?

Quirino Velazquéz

La política no es algo elemental y sencillo, sino que es algo muy complejo y complicado. Sobre todo, en un país tan enredado como el nuestro. Con población y territorio muy grandes. Con desigualdades muy marcadas. Con perversiones estructurales muy arraigadas. Con sistemas políticos de sostén muy fracturados. Con un gobierno federal que, a un año y poco más de cuatro meses de asumir el cargo, aún no logra encarrilarse y con una oposición que, en el tiempo mencionado, aún no logra cimentarse.

Así, la política no es fácil de entender y más aún porque después de la pandemia que hoy vivimos el mundo habrá cambiado definitivamente y las circunstancias ya no serán las mismas. Habrá que adaptarse a una situación inédita y, al mismo tiempo, lidiar con las inercias y los obstáculos impuestos por quienes creen que todo esto se convertirá en una anécdota. No es cierto. Nos esperan tiempos difíciles: depresión económica, tensión social y polarización política.

Por eso no es de dudarse que a las lamentables pérdidas de vidas humanas y al golpe mayor que le dará a la economía de los mexicanos la crisis del Covid-19 tendrá también repercusión en lo político-electoral.

En efecto, a decir de muchos analistas, partir de cómo manejen esta pandemia los gobernantes de todos los partidos políticos y de lo acertado o errático de las decisiones que tomen, tendrán o un costo político en forma de votos de castigo o bien un reconocimiento de sus gobernados en las urnas.

Recordemos que estamos en el año previo a una elección vital, sobre todo para el proyecto político de la llamada 4ta transformación nacional que se juega en los comicios intermedios del 2021 la mayoría en la Cámara de Diputados. Y hoy más que nunca, en medio de una crisis que pone en jaque a los gobiernos de todo el mundo con una recesión económica aún incuantificable y que exhibirá la efectividad y la capacidad o la ineficiencia e incapacidad de los líderes y gobernantes para proteger y rescatar a sus ciudadanos de los efectos de esta pandemia, los escenarios político-electorales también cambiarán cuando pase esta emergencia.

Sin duda, México no estará exento de estos fenómenos sociales y políticos que causará el coronavirus. Se va a formar en nuestro país un caldo de cultivo electoral, a partir del encuentro funesto entre la crisis económica con crisis sanitaria. El resultado de oleadas de desempleados por el cierre de empresas, sistemas de salud pública colapsados, pérdidas de seres queridos y la evaluación inevitable de cómo cada autoridad enfrentó la crisis y ayudó o no a sus ciudadanos conformarán ese caldo de cultivo y de cómo se exprese políticamente al momento de las urnas dependerá el rumbo y el futuro político del país.

Por ahora, aún en medio de la contingencia, los políticos no dejan de hacer cálculos y de pensar en las elecciones. Esos políticos que también no son fácil de entender. Que en mucho se parece a los jugadores de póker. Porque no sabemos si esos jugadores se conducen con verdad o con mentira. Y eso permite que alguien, mal provisto con un modestísimo par de doses pueda vencer a los que tienen poderosísimos full o póker.

Veamos pues por ejemplo que la 4ta trasformación, al definir la forma en que su gobierno responderá ante esta emergencia y los apoyos que otorgará con los recursos públicos, decidió apostar clara y decididamente por su base social y política-electoral más leal: los beneficiarios de sus programas para el bienestar.

Adultos mayores, jóvenes sin empleo, madres solteras, campesinos y familias en pobreza, son primordialmente a los que el presidente va a apoyar en esta emergencia, junto con los propietarios de changarros y negocios familiares, la mayor parte de ellos en la informalidad. Por eso la clase media y los pequeños y medianos empresarios, hasta el momento no han entrado en los apoyos del gobierno federal, porque (según alguien de Morena) no son vistos como votantes seguros.

Son 22 millones de beneficiarios de programas para el bienestar, la cifra que hoy manejan en la coordinación federal de la materia y a la que apuestan para ganar las elecciones de 2021. Esa estructura la piensan movilizar electoralmente a partir de 266 zonas regionales (divididas a partir de los 300 distritos electorales) y 10 mil comités de bases. Aseguran (según fuentes internas de Morena) que el presidente les había puesto una meta de 30 millones de beneficiarios para 2021, pero problemas de operación e incluso algunos casos de corrupción que se detectaron en el manejo de los apoyos sociales impidieron llegar a la meta.

El único problema (nada menor) que tienen los cálculos felices que hacen los morenos, es que para bajar esos votos y aterrizarlos en las urnas en 2021 necesitarán un partido político fuerte, unido y organizado con una estructura real, que hoy por hoy está lejos de así verse Morena. Pero sin dudad le ayuda mucho en estos momentos a la 4ta trasformación que también hoy por hoy no se ve una oposición fuerte ni figuras o líderes opositores que estén surgiendo como contrapeso (excepto el gobernador de Jalisco, que hay la lleva).

Asimismo, los opositores hacen sus cálculos políticos-electorales a partir de lo que dejará el Covid-19 después de su funesto paso. Ya antes de la emergencia sanitaria se estaba fraguando y negociado, para el 2021, un polo opositor, una “súper-alianza” electoral entre PAN, PRI, MC y PRD, para enfrentar a Morena en los comicios intermedios, pero ahora, el escenario que dejará la pandemia va a facilitar (según ellos) y a mejorar las perspectivas para esa coalición electoral que sí puede representar, en el 2021, un riesgo real para la 4ta transformación y su proyecto.

Dirigentes formales de los partidos opositores son los que comenzaron impulsando e intentando negociar el frente opositor, pero ahora también los gobernadores de oposición entrarán en escena y con el apoyo de los estados el tema cobra otra dimensión. Recordemos cómo fue que el funesto Enrique Peña Nieto conformó su fuerza y su mediática candidatura presidencial a partir del apoyo de los gobernadores del PRI que hicieron un frente común para apoyar al mexiquense y derrotar al PAN en el 2012.

El cálculo de la “super-alianza” opositora es simple y su estrategia va por partes: primero quitarle a Morena la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en 2021, y a partir de ahí, en el 2024 “sacar a AMLO y a Morena del Palacio Nacional”. Hace apenas unos meses los mismos líderes opositores veían esos objetivos como “muy complicados”, hoy que la popularidad del presidente ya bajó (según ellos) del 50% de aprobación y que sus decisiones y su actuación en esta pandemia ha sido errática (también según ellos), ya no lo ven tan complicado. A ver si no resultan como los malos jugadores de póker: “puro blof”.

Pero que no se le olvide a Morena y sus aliados (PV, PT y ES) y ni a los de la “súper-alianza” (PAN, PRI, MC y PRD) lo que bien decía Don Jesús Reyes Heroles: “La política es ciencia de aproximación, no es ciencia exacta”, lo que significa que una cosa es lo que se piensa hacer en política, otra la que suceda.

Lo que yo sí creo que es cierto, es que alguien pagará el inevitable costo político-electoral de la pandemia. Cómo dijera un pariente ya fallecido (Jesús Chávez): “Para allá vamos”.

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