Nacional

DERECHOS A HUMANOS

Alfonso García Sevilla

Cualquier estudiante de Ciencia Política, Derecho, Sociología, Historia o carrera afín a las ciencias sociales conoce los orígenes del Estado y su fin primordial de conservar la vida de sus habitantes, la seguridad. De ahí se desprende el uso legítimo de la fuerza pública para la defensa de la nación ante amenazas externas e internas. Nadie puede hacer uso de la fuerza para someter a otro si no es el Estado mismo.

En estos términos, cito la obra de J. J. Rousseau, en “el Contrato Social”, que es fundamento del Estado actual: “cualquier malhechor, atacando el derecho social, se hace por sus maldades rebelde y traidor a la patria; violando sus leyes deja de ser uno de sus miembros; y aun se puede decir que le hace la guerra.

En tal caso la conservación del estado es incompatible con la suya; fuerza es que uno de los dos perezca; y cuando se hace morir al culpable, es menos como ciudadano que como enemigo. El proceso y la sentencia son las pruebas y la declaración de que ha roto el pacto social y de que por consiguiente ya no es un miembro del estado. Mas como ha sido reputado tal, a lo menos por su residencia, se le debe excluir por medio del destierro como infractor del pacto, o por la muerte como enemigo público; pues semejante enemigo no es una persona moral, es un hombre, y en este caso el derecho de la guerra es de matar al vencido.”

Ante ello, reproduzco también lo dicho por el presidente López Obrador, el pasado 15 de febrero, Al inaugurar el cuartel de la Guardia Nacional en el municipio de Tepatitlán de Morelos: “Sin excesos, sin autoritarismo, respetando los derechos humanos, pueden ser los delincuentes hasta familiares, hermanos, primos que se fueron por el camino equivocado de las conductas antisociales”. 

¿Podemos decir que alguien que secuestra, desuella, “pozolea”, decapita, tortura, viola, asesina y descuartiza, cuelga en puentes peatonales a sus víctimas, tiene humanidad en su ser? ¿Pueden estos seres “readaptarse” a la sociedad? Algo es cierto, en nuestro país se han incrementado los casos y la saña con la que actúan los delincuentes. Para muestra un par de botones: el feminicidio de Ingrid Escamilla y el brutal asesinato de la niña de 7 años Fátima, encontrada desmembrada en bolsas de plástico.

¿Es hora de poner en la mesa la pena de muerte contra este tipo de delincuentes? En un país donde la impunidad ronda el 90 por ciento, es imposible poder transitar a una sociedad donde prevalezca la legalidad, el orden y la armonía, sin tomar acciones de igual o mayor magnitud, de la mano con procesos de reeducación y sobre todo, prevención, misma que a los gobernantes no les interesa o no les alcanza la vista, para implementar.

Usted amigo lector ¿qué opina?

La cuarta Utópica

Alfonso García Sevilla

Se cumplieron 103 años de nuestra Carta Magna, concebida como la primera Constitución de corte social del planeta y que albergó desde su nacimiento las causas revolucionarias que dieron pie al surgimiento de un nuevo régimen político, la tercera transformación, al establecernos como una República representativa, democrática y federal. Así pues, se consagran en ella para los aquí nacidos las Garantías Individuales (hoy derechos humanos por la reforma del 2011) y se reconocen derechos y libertades sociales tales como: el derecho a la libre expresión, asociación y tránsito, Derecho a la educación, siendo ésta otorgada por el Estado de manera laica y gratuita, a la libre profesión de cultos, a una jornada máxima de 8 horas de trabajo, acceso a una vivienda digna y a la salud, entre otros más.´

Hoy la realidad mexicana nos demuestra que desde su nacimiento, a un siglo de distancia, el espíritu del constituyente post revolucionario sigue sin verse realizado en un país justo y con oportunidades y acceso al bienestar integral del mexicano. Hoy vivimos una profunda crisis económica y social derivada de décadas de omisiones por parte de los gobiernos, de ejercer las obligaciones que les mandata la Carta Magna.

Los estudios de la OCDE no mienten, según éstos cada año en México se ensanchan la desigualdad y la pobreza extrema, en contraparte aumentan la impunidad y la corrupción, cada vez más mexicanos trabajan más para vivir igual, y contraviniendo los preceptos de jornada de 8 horas y un salario que satisfaga las necesidades sustantivas de la familia, como lo marca la Constitución, los servicios de salud no son universales ni de calidad y cada vez empeoran, basta recordar la reciente crisis que atravesamos por causa del dengue, y la incierta y tortuosa transformación del Seguro Popular al Instituto de Salud para el Bienestar, Insabi, y el rezago educativo sigue sin abatirse gracias a los recortes recurrentes por las prioridades encauzadas al asistencialismo populista.

Siguiendo con datos duros, nuestro país es el segundo más violento en América; en lo que va del sexenio de AMLO, los homicidios suman alrededor de 35 mil debido principalmente a la guerra entre grupos delincuenciales y el narco y es el lugar más peligroso del mundo para el ejercicio del periodismo, con 13 periodistas asesinados durante la presente administración.

Todo lo antes expresado se refleja en lo expuesto por organismos como la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y Amnistía Internacional, que coinciden en señalar que en nuestro país se vive una grave crisis de respeto a los derechos humanos; los casos no disminuyen y no existe castigo a las autoridades que los violentan, por lo que nuevamente nos encontramos con la cifras que señala la OCDE: Somos el país más inseguro, corrupto e impune de sus miembros.

¿Nos hace falta una nueva Constitución que mejore nuestras condiciones? No lo creo, aun con sus más de 200 reformas sigue vigente su espíritu, lo que nos hace falta son instituciones limpias, comprometidas y eficientes para resolver la problemática social, en pocas palabras, estadistas que sepan cumplir y hacer cumplirla, así como ciudadanos capaces de conocer y exigir su cumplimiento… por lo que llegamos al centenario sin el cabal cumplimiento de una Carta Magna cuyo espíritu visionario no correspondió con la capacidad y compromiso de los encargados en aplicarla. Lástima de Constitución.

¿Se cumplirá con la pretensión utópica de AMLO de que este periodo 2018-2024 sea una transformación de la envergadura de la Revolución de 1910 y nos deje un legado de la trascendencia de la Constitución de 1917? Usted amigo lector ¿Qué opina?

Analizan posible caso de Coronavirus en Tlajomulco

El paciente alertó a las autoridades sanitarias al presentar síntomas, vivió en Wuhan, regresó el 15 de enero a nuestro país.

Víctor Hugo Ornelas/Tlajomulco

La posibilidad de que exista Coronavirus en México se dio a conocer durante éste domingo, luego de que un hombre con domicilio en Tlajomulco informara a las autoridades sobre la presencia de síntomas característicos de dicha enfermedad.

Hasta el momento, la información ofrecida por las autoridades es que se trata de un hombre de 54 años de edad que estuvo expuesto a la posibilidad de contraer Coronavirus debido a que era residente de la comunidad de Wuhan, China, lugar en el que surgió el primer caso de la mencionada enfermedad.

El paciente presentó algunos síntomas que podrían encontrarse en el resfriado común, tales como secreción nasal, dolor de cabeza, dolor de garganta, tos fiebre y cuerpo cortado, sin embargo, se trata de padecimientos que también adquieren los portadores del Coronavirus, por lo que el mismo hombre de 54 años de edad, fue quien alertó a las autoridades.

El Coronavirus se propagó a finales de 2019, mientras que el paciente, con domicilio en el municipio de Tlajomulco, permaneció en China hasta el día 14 de enero, posteriormente viajó a Taipéi para tomar un vuelo a la Ciudad de México, a donde arribó el 15 de enero, para finalmente llegar a su destino el día 16 del mismo mes.

La Secretaría de Salud Jalisco, a través del área de epidemiología, tomó la muestra biológica correspondiente y la envió a la capital del país para su estudio en el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos, quien emitirá el resultado en las próximas horas.

En caso de confirmarse, se trataría del primer caso de Coronavirus en México y como protocolo, las autoridades sanitarias tendrían que dar seguimiento a las personas con las que el paciente pudo haber tenido contacto durante el periodo de tiempo transcurrido desde su regreso a México.

MORENA y los tres anteriores “grandes” partidos mexicanos

Tiempo de contar…

“Puertas abiertas para que ingresen quienes tengan algo que aportar; puerta abierta para que se vayan los oportunistas (persona que se acomoda a las circunstancias para obtener provecho, subordinando, incluso, sus propios principios), mal que sufre cualquier partido en el poder”.  -Jesús Reyes Heroles-

Quirino Velázquez

La política no es algo elemental y sencillo, sino que es algo muy confuso y difícil. Sobre todo, en un país tan enredado como el nuestro. Con población y territorio muy grandes. Con desigualdades muy polarizadas. Con perversiones estructurales muy arraigadas. Con sistemas de sostén muy fracturados. Con dos vecindades muy conflictivas. Con un gobierno que aún no logra encarrilarse y con una oposición que aún no logra cimentarse. Y para acabarla, con factores anímicos que en mucho nos estorban y que en muy poco nos inspiran.

Así, es que no es nada fácil pensar la política. Mucho más difícil es hablar de política. Pero mucho más complicado que todo lo anterior, es hacer política. Y si no lo creen pregúntenles a los partidos y en particular a Morena.

En efecto, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) se encuentra ante una de las encrucijadas decisivas de su historia, que solo podía abordar asumiendo su responsabilidad como lo que debería ser: un partido político hecho y derecho (con todas la de ley) cuya labor fundamentalmente es hacer política. Sin embargo, y muy a pesar de todo, los hechos demuestran lo contrario.

Hace algunos meses nos preguntamos si la política partidaria mexicana iba a cambiar por el hecho de que teníamos nuevo de presidente y nuevo partido en el poder. Al parecer la realidad nos dice que la política en los partidos no ha cambiado en nada.

Hagamos un pequeño repaso de la historia reciente de los partidos políticos en México.

Los anteriores “grandes” partidos mexicanos (PRI, PAN y PRD) se fueron hundiendo en su propia antinaturaleza. Todos fueron contribuyendo a su propia debacle y a su autonegación. Dejaron de ser aquello para lo que cada uno existía y quisieron convertirse en otra cosa distinta. Como en el circo: saltaron sin red y se estrellaron de manera terminal.

El PRI, que debía su origen y su existencia a un proyecto y a una promesa de bienestar y de progreso, quizás medios cumplidos durante sus primeros 40 años, no pudo procesar su paso temporal. Abrazó el gusto por un México aristocrático y desigual. Se corrompió ideológicamente. Después, se corrompió económicamente. Por último, se corrompió funcionalmente.

Al final de cuentas, en el 2018 para ser más exactos, el PRI no pudo resistir la opinión de los jóvenes. A todos los priistas los acusaron de ser rateros. A los pocos que no lo eran y a los muchos que si lo eran. La historia los enjuició al parejo. Nadie pudo (puede) defenderlos. Las nuevas generaciones los llevaron al paredón político.

El PAN, que debía su origen y su existencia a un proyecto de cambio, no pudo procesar su ineficiencia. Con el tiempo y con algunas concesiones del antiguo régimen fue logrando posiciones de poder. Primero, diputaciones y alcaldías. Más tarde, senadurías, gubernaturas y hasta la banda presidencial (con el “bembo” de Fox y el “tomandante bororlas” Calderón). Para que cambiara lo que los tricolores habían hecho mal o habían deteriorado. Para restaurar la seguridad. Para fortalecer la economía. Pero no pudieron. Todo se le fue en acusar al pasado. En renegar de los opositores (particularmente de AMLO). En deslindarse de responsabilidades y en tratar de endilgarles a otros sus ineptitudes. El cambio no llegó. La corrupción sobrevivió con más fuerza. A ella se asoció la inseguridad que aún prevalece y la ineficiencia panista. El resultado fue desastroso.

El PAN al igual que los tricolores, al final de cuentas (en el 2018) no pudo resistir la opinión de los jóvenes. A todos los acusaron de ser “pendejos”, persignados y rateros. A los pocos que no lo eran y a los muchos que si lo eran. La historia los enjuició al parejo. Su incapacidad no pudo defenderlos. Las nuevas generaciones los llevaron a la horca política.

El PRD, que debía su origen y su existencia a una oferta de salvamento, no pudo procesar su extravío. El tiempo se encargó de envejecerlo vertiginosa y prematuramente. Casi desde su nacimiento se mostró como un partido anciano y obsoleto. Rápidamente se llenó de los vicios que a los otros los habían invadido en décadas. Buscó posiciones y se burocratizó. Buscó recursos y se corrompió. Buscó un discurso y se confundió. Cuando resulto gobierno se parecía mucho al PRI. Cuando resultaba oposición se parecía mucho al PAN. Pero nunca logró una identidad propia y original.

El PRD al igual que los tricolores y los blanquiazules, al final de cuentas (en el 2018) no pudo resistir la opinión de los jóvenes. A todos los acusaron de ser salvajes e insurrectos por todo. A los pocos que no lo eran y a los muchos que si lo eran. La historia los enjuició al parejo. Su extravío no pudo defenderlos. Las nuevas generaciones los llevaron a la guillotina política.

Esos tres anteriores “grandes” partidos mexicanos habían llegado a ser verdaderos trasatlánticos de lujo. Pero el iceberg, el enemigo y la colisión que los golpeó tenían filosas puntas. Una de ellas fue su insensibilidad cupular. Malas dirigencias. Estancos de poder. Apropiación individual de la fuerza colectiva. La otra fue su incapacidad de renovación. Su mala aptitud para conectarse transgeneracionalmente. Con ambas puntas fueron golpeados, hicieron agua, no supieron sortear la marea, no tenían equipo de salvamento y naufragaron hasta tocar fondo.

Eso sí, eso tres anteriores “grandes” partidos (PRI, PAN y PRD) fueron como el famoso Titanic. Lo más suntuoso de la navegación política (gastaron y gastan mucho dinero). Pero se hundieron. Yo creo que ya no pueden rescatarse. La historia nos demuestra cómo los tres anteriores “grandes” partidos políticos mexicanos se fueron difuminando hasta casi extinguirse.

A raíz de aquello, emergieron nuevas corrientes, pero sobre todo nuevas agrupaciones, como Morena, para el ejercicio de la política. Morena podrían haber carecido de innovación ideológica y hasta programática. Pero representaban el atractivo de una alternativa confiable y respetable para los nuevos electores mexicanos. Sin embargo, parce que resultó casi igual que los otros (corrupción, ineficiencia, rijosidad, insensibilidad de su cúpula, etc.) por lo que no se le adivina futuro transexenal.

Así las cosas, se acerca la elección del 2021 (la elección más grande, más compleja
y probablemente con la mayor cantidad de partidos disputándose 17 gubernaturas, la cámara de diputados, numerosos congresos locales y centenares de municipios) y, como ya quedó evidenciado, Morena no existe como partido. No son capaces ni de organizar una elección interna porque, en realidad, solamente parecen ser una enorme masa de voluntades que se nutre de la autoridad moral y política que tiene el presidente AMLO. Sin su liderazgo, Morena no existiría y muchos no hubieran alcanzado los espacios que ahora ocupan (incluyendo algún regidor de Tlajo que ni en su corral lo hacían).

La encrucijada de Morena no puede terminar bien. Llama la atención que un partido joven, que ha alcanzado tales cotos de poder, esté enfrascado en una lucha interna tan virulenta, tan dura, con posiciones tan antagónicas en donde, incluso, lo que parece ser la única razón de ser del movimiento reconvertido en partido, la afinidad en torno al presidente López Obrador quien por momentos se ve ignorado.

La verdad, no hay modo con Morena. Sigue atrapado en un movimiento que, no partido, en el que prevalece el enfrentamiento y la lucha, implacable, por el poder. El domingo 26 de enero se dio otro capítulo de su incapacidad para asumirse como partido político y se refleja en dos vías: la distancia de AMLO con Morena, que él creó, y la incapacidad del partido para asumirse como tal.

En el Congreso de ese domingo, eligieron a Alfonso Ramírez Cuéllar (“La Polla” cómo se le conoce) cómo su presidente interino, lo que la presidenta en funciones, Yeidckol Polevnsky, desconoció, confirmando no la división, sino el enfrentamiento que, sólo la mano de López Obrador, aunque no quiera, podrá resolver.

Pero ese penoso acontecimiento parece no preocuparle al dueño, fundador y principal accionista del partido en el poder, argumentando que él no tiene por qué participar en el proceso de elección del dirigente de su partido. ¿Cuál es la línea para nombrar a los dirigentes del partido?, se preguntó el presidente AMLO en la mañanera. Y él mismo se respondió: La línea es que no hay línea, que se resuelva de manera democrática. ¡Por mí que se agarren a chingadazos!, quiso decir.

Aunque suene demasiado anticipado, muchos analistas, incluso encumbrados morenistas, dicen que lo que está en juego hoy en Morena es su candidatura presidencial para 2024. Bertha Luján y Alfonso Ramírez Cuéllar son claramente dos piezas clave en el equipo político de Claudia Sheinbaum. Los demás aspirantes a dirigir el partido pertenecen a otros grupos políticos. Mario Delgado, incondicional de Marcelo Ebrard, y Alejandro Rojas Díaz Durán, del equipo político de Ricardo Monreal. Por su parte Yeidckol Polevnsky corre por la libre de la mano de los hijos el mandamás, identificada como una de las responsables de la crisis por su afán de querer ser presidenta de la República. Se dice que ellos y otros más han convertido a este partido, en un botín de las ambiciones e intereses personales antes que en instrumento político para el fortalecimiento de la democracia en el país.

Por lo pronto Morena tiene hoy dos presidentes, y al mismo tiempo, ninguno. El presidente Andrés Manuel López Obrador, su creador, fundador y dueño no ha sido capaz de poner orden en el interior de su movimiento. El problema es que, con su actual crisis interna, Morena envía el mensaje de que es igual que los demás partidos. Sus grupos internos se disputan el poder, la militancia y las prerrogativas. Ojalá no se les olvide la historia de los tres anteriores “grandes” partidos mexicanos.

Morena debería hacerle caso al ideólogo Don Jesús Reyes Heroles cuando dijo: “Puertas abiertas para que ingresen quienes tengan algo que aportar; puerta abierta para que se vayan los oportunistas (Persona que se acomoda a las circunstancias para obtener provecho, subordinando, incluso, sus propios principios), mal que sufre cualquier partido en el poder” 

A los amigos, Justicia y Gracia

Alfonso García Sevilla


El primer mandatario, Andrés Manuel López Obrador, desde su campaña prometió qué de ganar la elección presidencial, acabaría con la corrupción, cáncer que ha carcomido las estructuras de las instituciones del país y que se ha arraigado en la cultura popular del mexicano.

De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción 2019 de Transparencia Internacional, México es aún la nación peor evaluada entre los integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en la posición 36 de 36 países miembros.

Rescato el hecho de que se mejoró un punto (ante los datos y la inercia de un lustro en tobogán, es un respiro saberlo) en comparación al 2019, sin embargo, es primordial que se den más señales de que el combate a la corrupción no se debe de quedar en el discurso, que esta administración efectivamente va con todo para, al menos, seguirla conteniendo.

Pendientes hay varios que deben de resolverse con sanciones severas, y que el mandatario mediáticamente ha señalado, desde los culpables del huachicoleo en todos sus niveles, la presunta corrupción en el fallido aeropuerto de Texcoco, el caso Odebrecht, y, entre muchas otras más, la reciente crisis por el desabasto de medicamentos, de la cual el propio AMLO justificó: «No querían dejar el negocio y no quieren dejar de robar, pero se tienen que acostumbrar a la nueva realidad, ya no hay corrupción, todos a portarnos bien, a actuar con rectitud e integridad».

Señalamientos ha hecho muchos, acciones de fondo para dar certeza de que se combatirá, pocas. Lamentablemente el caso de las propiedades descubiertas a su director de la CFE, Manuel Bartlett por 800 millones de pesos y el pronto carpetazo por la Función Pública, en similitud con el caso “Casa Blanca” de Peña Nieto, así como la reciente exoneración y compra de medicamentos a una de las empresas del ex súper delegado de Jalisco, Carlos Lomelí, por 128 millones de pesos, nos dejan ver que se seguirá con el doble discurso de “A los amigos justicia y gracia; a los enemigos la ley a secas”.

AMLO debe entender que la popularidad que goza principalmente está sustentada en su reiterado discurso en contra de la corrupción, de la “mafia del poder”, de los saqueadores del país, donde prometía combatirla y como lo dijo, “barrerla como las escaleras, de arriba hacia abajo» y a un año de su gestión, se ven pocos avances de acuerdo a la magnitud por él reconocida, del problema.

Espero y sinceramente, no sea otro sexenio perdido en la lucha contra la corrupción.

Partidos políticos en 2020

Tiempo de contar…

“La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa” -Guillermo O’Donnell-

Quirino Velázquez

Es innegable que el proceso electoral de 2018 fue una elección crítica, todavía está por verse si la nueva clase gobernante logrará dar continuidad a su proyecto político para realmente llevar a cabo una nueva era política en el país, o si solamente fue una elección desviada. Sin embargo, a partir de un ejercicio analítico sobre los partidos políticos no es descabellado aventurase a señalar que se está en la antesala de un nuevo sistema de partidos.

Si bien es cierto que aquel proceso electoral modifico los equilibrios en el sistema de partidos. El surgimiento de un partido que podría convertirse en hegemónico (MORENA), el debilitamiento de las que fueran las tres principales fuerzas políticas en los últimos veinte años (PAN, PRI y PRD) y el probable registro de nuevos partidos, por lo menos modificará el funcionamiento del sistema de partidos.

Por otra parte, muchos piensan y dicen que los partidos políticos no sirven y que eso ha quedado demostrado durante los últimos años. Lo que, si es cierto es que desde hace tiempo pocas instituciones han sufrido un desprestigio tan fuerte como los partidos políticos que se supondría representan uno de los pilares más importantes en los que se asienta nuestra democracia.

El malestar hacia los partidos es grande y ha sido bien ganado. Si bien tomó años el poder construir un sistema que permitiera la competencia entre diferentes fuerzas políticas, al lograr cierto equilibrio entre tres partidos tradicionales, estas fuerzas prefirieron enfrascarse en sus dinámicas internas que en atender los cambios de la sociedad que les mantenía en el poder. PAN, PRI y PRD llegaron a aglutinar más del 80% de la votación total, el resto de los partidos gravitaron alrededor de ellos durante casi 20 años y estuvo en sus manos la construcción del Estado mexicano que conocemos hoy en día, con todos sus aciertos y sus muchísimas fallas. No es extraño entonces que estos tres partidos (PAN, PRI y PRD) se encuentren en crisis internas tan graves después de la elección que les arrojó de su zona de confort.

Pero el problema no se restringe a los tres mencionados, sino que de fondo todos los partidos que hay, en este inicio del 2020, en México están teniendo dificultades muy grandes para poder decirse representantes de los intereses y confianza de (por lo menos) una parte de la ciudadanía.

De entrada, hay que plantear que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se ha desfondado por sus pugnas internas y carencia de liderazgos (los Chuchos dejan mucho que desear), lo que apunta a que se mantenga, si acaso, en un espacio marginal para las elecciones federales del 2021 (independientemente de que decida ceder su registro a un grupo de cuadros de la dirigencia priista que han renunciado a la militancia en el tricolor) porque carece en su mayoría de una base social que le aporte un nuevo electorado para reposicionarlo como el representante de la izquierda mexicana que era. En Jalisco, el sol azteca está más muerto, es decir, putrefacto.

El Partido Acción Nacional (PAN) se debate, de igual forma, en diferencias de percepción y de criterio, razón por la cual no ha podido materializar la unidad, que sigue siendo una asignatura pendiente. La detención de quien fuera secretario de Seguridad Púbica con Felipe Calderón y director de la Agencia Federal de Investigación, que pretendió emular al Federal Bureau of Investigation de Estados Unidos, Genaro García Luna, ha pegado en la línea de flotación de la derecha mexicana, que continúa pasmada ante ello y seguramente lo seguirá estando, con el efecto dominó que esa detención en Estados Unidos ha traído consigo.

Al PAN le ha sido imposible desmarcarse de los gobiernos del “bembo” Vicente Fox y “comandante borolas” Felipe Calderón, que no son precisamente activos, sino pasivos para el histórico partido de la derecha mexicana. Y, más todavía, si García Luna resulta culpable de los delitos imputados la situación para el PAN se volvería de pronóstico reservado. Ese pasivo, más los que se vayan sumando en el corto y mediano plazos, colocará a los panistas en una posición compleja para seguir siendo competitivos en los comicios de 2021. Además, Acción Nacional no solamente enfrenta fuertes divisiones internas, sino que tiene ante sí la eminente aparición del partido político México Libre, con el cual rivalizará por capturar a los votantes que se ubican a la derecha del espectro político, que tendrá entre sus seguros liderazgos al “comandante borolas” Felipe Calderón y a Margarita Zavala, actores que por su peso específico atraerán a militantes panistas inconformes. El blanquiazul en Jalisco se encuentra en un estado muy crítico de salud (semi muerto) absorbido por el Alfarismo.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), por su parte, vive una crisis sistémica a raíz de los diferendos surgidos por la unción del gobernador con licencia de Campeche Alejandro “Alito” Moreno como presidente de su Comité Ejecutivo Nacional. Que además no solamente carga con una elevada percepción de corrupción, también pareciera que sus liderazgos no se han recuperado del duro golpe propinado por Morena en julio de 2018 y no saben hacia dónde conducir el partido. En su calvario, también ha sufrido abundantes escisiones que lo hacen ser una inviable alternativa para recuperar el poder. En Jalisco, el PRI parece ser más espectro que un instituto político.

El Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no es en el sentido estricto un partido político, sino una alianza de diversos movimientos y actores políticos, cuyo principal referente sigue siendo el presidente AMLO, por lo que es previsible que siga atrayendo a actores, fundamentalmente locales que se han movido en otras fuerzas políticas, que busquen un espacio con posibilidad de triunfo político.

La condición preocupante en Morena es que, si las historias de agravios al interior son ciertas, entonces se verá un proceso de lucha interna que derive en un proceso de división y descomposición paulatina, como la que vivió el PRD desde su fundación. Morena hasta hace poco ha exhibido una política de cerrazón, división y resta, justo al contrario de lo que debe hacer un partido que ha ganado el gobierno de la República. Sólo comentaré que le pidan a Dios para que no se les vaya AMLO porque si se va “adiós mi gabán”. En Jalisco, a los morenos no se le ve ni pies ni cabeza.

El Partido Movimiento Ciudadano (MC) si bien parece que ha llevado a cabo un proceso de “entreveramiento generacional” al que se refería el ideólogo priista Jesús Reyes Heroles. La palabra de su “líder” de facto Dante Delgado todavía es definitiva, también lo es que Clemente Castañeda, piensan con cabeza propia y sus prendas profesionales los avalan como líder emergente con formación.

Movimiento Ciudadano quiso marcar una línea clara para alejarse de los partidos tradicionales como PAN, PRI o PRD. Pero en Jalisco no se ve así. La violencia (que se insiste en que la culpa fue de los gobiernos anteriores) y algunas políticas públicas fallidas del gobierno lo mantiene, supuestamente, como uno de mediana popularidad (media tabla para abajo) en México. El partido naranja en Jalisco, aún con la aparente baja de popularidad de sus gobiernos, tiene, si no se equivocan, con que competir.

De la demás chiquilla (PT, PVEM, PES etc) les cuento en otra ocasión.

Así también se espera que, a nivel nacional, nazca a la vida jurídica el partido del expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, México Libre, tocado por el efecto de la detención de García Luna por presuntos nexos con el narcotráfico. Aun así, México Libre busca atraer el voto del PAN. En Jalisco aún no se le ve presencia.

Del mismo modo, el Partido Redes Sociales Progresistas, que encabeza Fernando González, el yerno de la maestra Elba Esther Gordillo, ha logrado hacer un efectivo control de daños después de haber sufrido una lucha intestina protagonizada por su exlíder Juan Iván Peña. Tampoco en Jalisco aún se le ve presencia.

A nivel estatal se perfilan dos nuevos partidos políticos «Somos un Bosque o el del Arbolito» como se le conoce al posible partido político estatal Futuro, impulsado por el ex diputado Pedro Kumamoto y la agrupación «Hagamos», ligada a la Universidad de Guadalajara. Ambos aún no merecen mayorees comentarios.

Lo cierto es que ningún partido es perfecto ni monolítico, ninguno está exento de rivalidades internas, intrigas, incongruencias, oportunismo, corrupción, ni liderazgos torpes o irresponsables. Ninguno. Pero sin una pluralidad de partidos relativamente fuertes y estables, la democracia es inviable. Así lo demuestra la experiencia desde que existen los regímenes democráticos.

Pero también es cierto que la evolución política en México se caracteriza por la momificación de los partidos políticos, proceso que impone una narrativa con un cuestionamiento de fondo: ¿hasta dónde llegará la simulación y el inmovilismo de los partidos, que, sin compromiso social, siguen al garete?

Las condiciones políticas están dadas para que los partidos políticos resurjan desde la democratización de sus estructuras, la fuerza vital de sus militantes y el valor de la dignidad humana, argumentos primigenios que han perdido y que hoy expresan en este sórdido sigilo inaudito, que los tiene en la oscuridad y como auténticas momias. A ver que pasa…

Mientras tanto, bien lo decía el que fuera un destacado politólogo argentino Guillermo O’Donnell: “La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa”.

Cómo evaluar buenos gobiernos

Alfonso García Sevilla

La Comisión Económica y Social de las Naciones Unidas para Asia y el Pacífico define a los buenos gobiernos como aquellos que cumplen con las siguientes características:

Participación, Legalidad, Transparencia, Responsabilidad, Consenso, Equidad, Eficacia y Eficiencia y Sensibilidad. Cumpliendo lo anterior, se asegura que la corrupción será mínima, y el proceso de la toma de decisiones se hace buscando el consenso de todos, tomando en cuenta a la minoría y sus peticiones, así como a la voz de los más desfavorecidos.

También se trabaja para implementar políticas públicas de estado que garanticen cubrir las necesidades presentes y futuras de la sociedad.

Dicho lo anterior, un buen gobierno no busca confrontar ni dividir a los actores políticos y sociales, ni imponer su visión a rajatabla sobre la sociedad, mucho menos evadir su responsabilidad en los temas torales que afectan sistemáticamente a sus gobernados y la rendición de cuentas y la transparencia debe ser una constante desde la toma de decisiones hasta la evaluación de los recursos ejercidos.

Los grandes males de muchos países, incluyendo a México, son debido a sus malos gobiernos. Las decisiones se toman de manera cupular, el ejercicio público no involucra a la sociedad y quien es electo para ejercer cargos de elección popular lo sigue considerando como un legado patrimonialista, más que un mandato de los ciudadanos para buscar mejoras a las condiciones de todos. De esta manera el gasto de los recursos públicos es discrecional, opaco y privilegia la nómina administrativa sobre la inversión en servicios, así como se acapara la adjudicación de obra a compromisos de campaña con los mecenas.

Le invito amigo lector, a que se tome un tiempo y evalúe, por usted mismo, si el gobierno de su municipio, estado o el federal cumplen con los principios fundamentales de un buen gobierno. De usted depende que las cosas mejoren en función de la evaluación que de ellos de haga y de la participación responsable que todos tomemos en los asuntos de interés público.

Comprometiendo el futuro

Alfonso García Sevilla

El 3 de diciembre del 2010, cuando tenía 14 años de edad, fue detenido en Morelos por elementos del Ejército Edgar Jiménez Lugo, ‘El Ponchis’ o ‘El niño sicario’, cuya historia refiere que comenzó a consumir drogas y a asesinar por encargo a los 11 años, proveniente de una familia disfuncional, las calles fueron su escuela, refugio y hogar.

Entre enero y agosto de 2019, fueron detenidos 2.135 adolescentes. La Red Por los Derechos de la Infancia en México (Redim), señala que 7.000 niñas, niños y adolescentes están desparecidos en México. En suma, en México 4 niños y adolescentes desaparecen por minuto, mientras 3 son asesinados principalmente por arma de fuego.

Según Redim, el diciembre de 2006 a marzo de 2019, se registraron 19.000 niñas, niños y adolescentes víctimas de homicidio intencional. El dato más llamativo es que ocho de cada 10 fueron víctimas de arma de fuego, lo que significa que fueron asesinados o murieron en medio de un enfrentamiento con organizaciones rivales o con las fuerzas del orden.

Por otra parte, En su informe ’Niñas, niños y adolescentes víctimas del crimen organizado en México’, presentado en noviembre pasado, la CNDH puntualizó que la actual situación de violencia es consecuencia de problemáticas estructurales que resultan «devastadoras» para los menores y donde se asegura que las niñas, niños y adolescentes constituyen uno de los grupos más vulnerables, una muestra de ello es que los asesinatos de menores de edad casi se han triplicado y alrededor de 30,000 de ellos engrosan las filas del crimen organizado.

En México, el grueso de la población carcelaria es joven: el 34.7 por ciento tiene entre 18 y 29 años de edad. Si hablamos de adolescentes, 4 mil 500 son internados cada año, en promedio, en algún centro de reclusión por cometer delitos graves.

El caso reciente del niño que acabó con la vida de su maestra en Coahuila y posteriormente se suicidó, viene a recordarnos la realidad que miles de niños mexicanos viven día a día, la ausencia de atención desde casa, el bombardeo incesante por todos los medios de la violencia como forma de resolver los conflictos y la falta de valores en su formación.

Asimismo, desde el gobierno y conocedores de esa realidad, no se han diseñado políticas públicas que redunden programas escolares que atiendan y orienten de manera eficaz las conductas violentas de los educandos.

Una sociedad que no cuida a sus niños es una sociedad que pone en riesgo su futuro y en este contexto, no garantiza que seamos capaces de lograr en el corto plazo la anhelada paz que en los últimos años nos ha robado también, el crimen organizado.

¿Futuro femenino?

Fabiola Serratos

Entre miles de manifestaciones en todo el mundo, vivimos el 2018 como algo que se queda a lo largo de la historia en las luchas femeninas.

Así como en muchas de las olas del movimiento de nuestras antecesoras feministas la búsqueda de la libertad y la independencia parece no terminar. Entre más se consigue transformar los derechos igualitarios más crece la violencia en nuestra contra.

Desde los malos chistes y considerar que la tradición y la cultura son tan fundamentales que dentro de aquellos asuntos que nombramos valores normalizamos muchos de los aspectos que dan origen a la violencia.

El 2020 sin duda será de desarrollo para las mujeres, a quienes esperamos ver en puestos relevantes desde la política, la cultura y el arte. Sobre todo que dentro de los centros educativos podamos encontrar principios realmente justos y equitativos.

Las mujeres tienen grandes retos, dejar para la historia un legado tan profundo que para las futuras generaciones sean la libertad y la seguridad una forma de vida y no un anhelo.

Para ello sin duda esperamos nuevas líderes surjan y que de la mano de la justicia sin compasión por la violencia y quienes la generen nos representen de formas íntegras.

MISMOS DIABLOS DIFERENTE INFIERNO

Alfonso García Sevilla

De cara a la elección del 2021 varias asociaciones políticas buscan su registro, de ellos, los más avanzados son “México Libre” del ex presidente Felipe Calderón y “Redes Sociales Progresistas” de la lideresa moral del Sindicato de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, no descarte que al obtener el registro vayan en alianza, los primeros en contra de Morena y los segundos a favor del partido del presidente López Obrador.

Este año se proyecta dar a los partidos en México 5,239 millones de pesos, lo que nos convierte en uno de los países con el sistema de partidos más caro del planeta.

Desde la ruptura del viejo régimen priista en el 2000, los mexicanos vivimos una borrachera tremenda e interminable de partidos de todas las ideologías, colores, sabores y personajes, que han dado como resultado el que desde entonces, hayan desfilado por las boletas electorales un total de 21 partidos políticos, sin dejar un legado trascendente en la democracia mexicana.

¿Realmente necesitamos en nuestro país tantos partidos y tan caros? Sin duda, NO. Los partidos en México han sido incapaces de resolver, una vez accediendo al poder, resolver los graves problemas que por décadas se han ido acumulando en detrimento de los que aquí vivimos, derivado de políticos cada vez más improvisados o incompetentes, carentes de todo compromiso con la sociedad y hambrientos de dinero y poder.

Esto se afirma al ver que los intereses de los políticos traspasan las líneas ideológicas de los partidos (¿sabrán los políticos qué es una ideología?) así pues, hay quien por seguir mamando del presupuesto ha pasado por todo el espectro ideológico e incluso, venderse como “ciudadano”, renegando de sus orígenes partidistas para garantizar posiciones en otros proyectos políticos que le dejen mayores ganancias.

De esta manera, estamos presenciando lo que nunca en los tiempos del priismo partidazo, imaginamos, ex priistas se juntan con ex panistas y ex perredistas para unirse a un ex priista y ganar los comicios federales del 2018, para tratar de corregir el cochinero de país que les “dejaron”. Lamentablemente esto seguirá hasta que los verdaderos ciudadanos no se involucren en cuestiones públicas y sigan dejando todo en manos de aquellos que hasta hoy, nos tienen en las condiciones que ellos mismos han generado y que prometen van a resolver, sin que se tenga la certeza de que así sea.

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