Semanario La Verdad

Semanario de Tlajomulco. Noticias, información veraz, de lo que sucede en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga, y lo más relevante del Área Metropolitana de Guadalajara, Jalisco. México. Contacto en Twitter @LaVerdadPrensa

Día uno de la nueva normalidad

Karen Ortega

El incremento en el tráfico de la ciudad fue el principal indicador de que los tapatíos regresaban a su vida cotidiana con la “nueva normalidad”, esa en la que se busca la reactivación económica a pesar de que el país se encuentra con 31 estados en rojo, a excepción de Zacatecas, única entidad con indicador naranja dentro del Semáforo Nacional del COVID-19.

Se estima que para este primer día se reabrieron el 65% de los negocios, lo que es aproximadamente 75 mil comercios en Jalisco, esto lo informó Alejandro Guzmán Larralde, titular de la Coordinación General Estratégica de Crecimiento y Desarrollo Económico. 

En el centro de la ciudad de Guadalajara varios comercios que mantuvieron sus locales cerrados desde que inició la campaña de “Quédate en casa” recibieron de nuevo a sus clientes, quienes a la entrada sanitizaban sus zapatos, recibían gel antibacterial y un chequeo de temperatura, tal y como lo indican las medidas preventivas establecidas por la Secretaria de Salud y el Gobierno del Estado.

Todo esto dentro de cada negocio, sin embargo en las calles la sana distancia no es respetada, pues se pudieron observar familias completas acompañadas de niños, además de que la portación de cubre bocas no se realizaba de manera correcta o simplemente fue omitida por los ciudadanos.

Sin duda, se espera que esta nueva normalidad se lleve a cabo con responsabilidad, pues el riesgo ante el COVID-19 sigue latente y volver a detener la economía por el incremento de casos sería un retroceso al avance en el control de la pandemia que se ha mantenido en los últimos días.

Incertidumbre en la Pandemia

Quirino Velázquez

Sin duda estos son tiempos de incertidumbre. Es cierto que nos acosa el dolor, por los miles que han muerto. Es cierto que nos acosa el temor, por el riesgo en el que todos estamos. Es cierto que nos acosa el estupor, por los destrozos que van desde nuestros sistemas económicos hasta nuestros sistemas de vida.

Pero uno de los mayores acosos que estamos sufriendo es el acoso de la incertidumbre. De esa terrible mezcolanza entre el saber y el no saber. Entre el conocer y el ignorar. La incertidumbre sólo se da cuando conocemos algo, al mismo tiempo que ignoramos algo.

Así estamos frente a la pandemia actual. Sabemos que durará un tiempo, pero no sabemos cuánto. Sabemos lo que se va a deteriorar, pero no sabemos cuánto. Por eso, el número de muertes, de meses y de quiebras, hasta ahora es terreno exclusivo tan sólo de los pronosticadores y brujos.

Si a eso le sumamos, que la prensa internacional en días recientes señaló que parece que la estrategia mexicana de combate al coronavirus es como un avión volando en la noche, sin ruta, sin luces, sin coordenadas, sin instrucciones, sin saber dónde aterrizar ni cómo hacerlo, nos lleva a más y más incertidumbre.

Las notas publicadas en tres importantes diarios internacionales (El País, The Wall Street Journal y The New York Times), apuntan y dan cuenta (según ellos) que en México hay: falta de datos confiables y verificables; ausencia de pruebas y resultados; subregistro de infecciones y defunciones.

Seguramente, en todos los países se dan cifras negras, modelos matemáticos controvertidos, muertes que es difícil analizar y contabilizar, y México no es distinto. Pero aquí esos problemas se agravan porque se tomó la decisión temprana de no testear (someter algo a una prueba o control), no rastrear y no aislar como se hizo en lugares donde sí se está aplanando la curva. Aquí, parece que persiste una apuesta que cree posible enfrentar la crisis del coronavirus de manera excepcional, a la mexicana.

Pero, es una apuesta peligrosa porque se hace con información incompleta, limitada, inaccesible. Por los retos de recopilación y transmisión de datos vía un sistema de salud sinuoso por la corrupción y debilitado por el descuido de muchos años de prianismo. Por los múltiples motivos que explica el subsecretario López-Gatell todas las noches, y subraya con razón. Pero hay errores evadidos y debilidades esquivadas. Tienen que ver con la ausencia de pruebas masivas y la renuencia a aplicarlas. Tienen que ver con la falta de mecanismos para detectar rápidamente a infectados y aislarlos. No sabemos dónde están, dónde estuvieron o cómo contener el contagio más allá de la sana distancia y el confinamiento parcial.

Por otra parte, ante la incertidumbre generada por los datos que sí tenemos (los casos de Covid-19 siguen en aumento a nivel nacional: están sumándose un promedio de 3,000 contagios diarios, las cifras más altas registradas en el país desde que empezó la pandemia), este lunes (1° de Junio) termina la Jornada de Sana Distancia y comienza a su vez, el regreso a la “nueva normalidad”, como llaman las autoridades a la apertura paulatina de algunas industrias y otras actividades que será determinada por un semáforo de 4 colores (rojo, naranja, amarillo y verde) que indicara los parámetros a tomar en cuenta para retomar las actividades. Eso es lo que en teoría será o debería ser, pero parece que cada estado del país ha tomado por su cuenta el cuándo, cómo y dónde reactivar la “nueva normalidad”.

Probablemente, la “nueva normalidad” no será lo que pensábamos que iba a ser cuando nos pidieron que nos encerráramos para protegernos del covid-19. Muchos creen que la “nueva normalidad” será un periodo de rabia donde van a hacer explosión todas las emociones que se acumularon desde que inició la cuarentena. Y toda esta frustración, todo este dolor son ya una mina de oro para el oportunismo ideológico, político y comercial (no más cómo anda en “chinga” el sátrapa de Felipe Calderón).

Así las cosas, todo parece como extraído de un cuento de ciencia ficción, mientras más tiempo corre, la incertidumbre sobre los efectos del Covid-19 parecen multiplicarse en vez de solucionarse.

En este marco de incertidumbre que vivimos por el coronavirus, muy poco ayuda el clima de polarización en el que se encuentra inserto el país. A diferencia de otras coyunturas adversas, esta epidemia es aprovechada por unos y otros para tratar sacar raja confrontando.

El Covid-19 ha hecho emerger a la superficie las grietas de una nación fracturada. Un país quebrantado por la desigualdad, la violencia, la inseguridad y la agudización de diferencias entre federación y estados. A estas dolencias se suma ahora, también, la incertidumbre política por la división y la falta de canales de dialogo que detona la polarización.

Como país, es momento de reflexión. El futuro de México no puede fincarse en el divorcio y las diferencias irreconciliables entre grupos políticos y elites gubernamentales; con puentes de comunicación rotos, ni con ciudadanos con posturas tan antagónicas que van desde la organización de manifestaciones ridículas de “ricachones” (como dijo Tousaint) en auto para que el presidente deje el cargo y otros a pie que lo aclaman. Lo que yo creo que no se debe pasar por alto, es que el temor y rencor que expresan las élites económicas y partidarias adversas a López Obrador no debe llevar a perder de vista que la lucha política dentro de las instituciones es el único dique contra la violencia social.

Pero, en mala hora el presidente López Obrador anunció que reactivará sus giras a los estados cuando el país no necesita activismo político (eso que se lo deje a los partidos) ni mensajes confusos, sino acuerdos con los gobernadores y conciliación en los distintos frentes abiertos por la confrontación. El país requiere de una inyección de confianza y propuestas políticas para saber que hay y que emergerá después de la crisis.

Hasta hoy sólo sabemos que nuestro mundo va a cambiar, pero no sabemos cuánto cambiarán nuestra vida, nuestro entretenimiento, nuestro consumo, nuestra productividad, nuestro vicio, nuestro ocio, nuestra religión, nuestro humanismo, nuestra comunicación, nuestra información, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra seguridad, nuestra desigualdad, nuestra justicia, nuestra educación, nuestra ciencia, nuestra salud, nuestra economía, nuestra sociedad, nuestra política, nuestros políticos y mil cosas más.

Finalmente, sin duda ésta es la pandemia de la incertidumbre, pero la prolongación de la crisis debe llamar a todos a recapacitar y colaborar en sintonía, sino se perderán las oportunidades para contener, después, un país polarizado que pude provocar que suceda algo muy feo, algo exactamente tan terrible como la epidemia de odio, violencia y manipulación que ya comenzamos a ver en los medios, las redes y en las manifestaciones. ¡Aguas!

Que nadie nos calle si nuestras voces gritan «justicia».

Fabiola Serratos

Resultado de la pandemia que nos ha permitido la reflexión sobre la desigualdad con la que a lo largo de cientos de años hemos vivido.

Hace una semana narré con gratitud y admiración lo que con mucho esfuerzo hemos construido, esa autonomía muy crítica de la que muchos ciudadanos se están empapando, la elaboración de espacios libres y donde nos hemos asegurado de la protección de nuestra comunidad.

Sin duda estamos viviendo un momento histórico donde todo aquello que considerábamos extinto regresa recordándonos la vulnerabilidad de muchas personas, una revolución a nivel mundial donde muchos no estamos dispuestos a continuar permitiendo la represión y la falsa justicia que promueven nuestros gobiernos.

Luego de ver las marchas que dejaron vestido en llamas a Minneapolis el maestro Carlos Machado investigador Mexicano escribe en sus redes sociales “Minneapolis arde en llamas, como arde el racismo que mata la integridad de las sociedades, como arde la maldita supremacía de los privilegiados, como arden los cientos de años en los que las comunidades vulnerables han sido menospreciadas, reprimidas, abusadas, violentadas torturadas y reprimidas”

En nuestro país no es un tanto distinta la rebelión contra aquellos que por años han fomentado a través del racismo, las clases sociales y la desigualdad entre personas. La raza, la condición, el sexo y muchas otras cosas nos han sido a los menos favorecidos vendidas con falsos principios que vienen a poner por encima de nuestra dignidad aquellos que se enriquecen y favorecen del trabajo de los de abajo.

Aquí en Jalisco no ha sido distinto, vivimos nuestra propia guerra, nuestras propias marchas, mientras el gobierno endeuda como nunca al estado miles de comerciantes y personas salen a las calles a exigir la reapertura de sus negocios y mostrando el repudio merecido al actual gobernado. Muchas familias han quedado sin empleo y mientras aquellos que consiguieron sus privilegios con los impuestos de su pueblo promovieron el quédate en casa y más tarde hicieron su campaña entregando donaciones, la conciencia de clases y el poder que como pueblo tenemos relució valiente. Cierto es que nuestra gente también está agotada de trabajar duro para otros, de mirar el ir y venir de políticos que se llenan los bolsillos de riqueza y la boca de las más grandes mentiras, quizá un racismo como tal no hemos vivido, pero sí un espeluznante clasismo.

El mundo nos exige un cambio una nueva normalidad en la que no podemos permitir callen o condicionen nuestras voces.

Hablando desde lo personal puedo decirles que tras el acoso recibido en el último mes reconozco que también es una desigualdad en la participación pública el ser mujer, la vida personal es exhibida con un morbo particular que lleva la etiqueta de chantaje para guardar silencio ante lo sucedido con millones de mujeres en México y exponer públicamente las nefastas intenciones de los políticos corruptos que de la noche a la mañana se han enriquecido a costa de la gente. Cuando se ha vivido desde el nacimiento en la clase media baja una aprende a ser consciente de los privilegios que no se tienen y de cómo nuestras carencias son de mucha utilidad para otros.

Somos los obreros, los empleados, los sometidos, somos quienes sostienen a las clases altas, pero también hemos sido los que han mantenido a la clase política en la condición de riqueza en la que ahora vive. Esta transformación social hoy nos exige más que nunca no ser cómplices de la corrupción, unir nuestras fuerzas para combatir aquello que ha denigrado a muchos grupos sociales, la igualdad y la equidad vienen exigidas por movimientos valientes de voces guerreras que no están dispuestas nunca más a callar.

Sin olvidar que los gobiernos siempre han sabido criminalizar los movimientos que exclaman justicia, los invito a conocer a todos aquellos valientes que han salido a defender nuestra libertad a las calles, hoy se pintan de llamas algunos estados, otros más de pancartas y marchas, pero todos bajo la lucha de la desigualdad.

¿Qué nunca más se vean silenciadas nuestras peticiones, nuestras voces, nuestros gritos de justicia!

La crisis de los partidos políticos

Quirino Velázquez

Hablar de la “crisis” de los partidos políticos parece a estas alturas un lugar común. En los últimos tiempos, ni su existencia ni su rol parecen aceptados y menos aún considerados como algo obvio. Lo cierto es que los partidos son fundamentales para la democracia, pero también son vistos como los causantes del deterioro del funcionamiento de la misma. En otras palabras, dichos institutos, indispensables para la actividad política, no gozan de cabal salud ni tampoco de buena fama pública.

En efecto, nuestro sistema político y de gobierno ha encumbrado dudas sobradas en torno al déficit de representatividad de los partidos políticos y su capacidad de interlocución y conducción social. Por un lado, observamos tendencias gubernamentales que promueven el debilitamiento de estas organizaciones (a través del clientelismo oficia) y, por otro lado, es indudable que en la actualidad tienen un muy bajo margen de aceptación y, por lo tanto, un bajo umbral de legitimación ante la sociedad y la opinión pública.

Se cree con razón, que la crisis de los partidos no es un síndrome sino la más pura expresión de un sistema político vetusto, anquilosado y enfermo que agoniza frente al dinamismo y la exigencia de la ciudadanía que demanda refundar la institucionalidad para hacer funcional nuestro sistema político.

También se opina, que a causa de la crisis por la que atraviesan, se ha profundizado la pérdida de la interlocución histórica de los partidos, ya que de intelectuales orgánicos se volvieron ignorantes políticos y gigantes de piedra, que en su verticalidad vieron sólo los intereses de sus cúpulas, dejando al margen del poder a sus militancias y simpatizantes y subsisten ajenos a la conducción política de la sociedad.

Por eso, se piensa que la debacle institucional de los partidos políticos se debe, en gran parte, al manejo cupular que se hace de ellos. Esa utilización de los partidos contribuyó a minarlos desde su interior y los debilita frente a otros. Además, los partidos dejaron de ampliar (realmente) su base de afiliados y simpatizantes: No formaron cuadros ni liderazgos. Y, desafortunadamente, tampoco sobran los incentivos para que la ciudadanía busque integrarse a un partido político, pues, de entrada, como se dice popularmente “caen gordos” y los dirigentes (de cualquier nivel) no resultan conocidos. Cuando debería ser todo lo contrario.

Así, con malas prácticas como el abandono de tareas básicas, la inacción y la indolencia, los partidos políticos han dejado paulatinamente de representar a los ciudadanos; además, se nota una negación de identidad de los partidos como tales, lo que contribuye a su desprestigio, ya que casi nadie, se animan a nombrarlos, ahora son espacios y no partidos. Parece que existe hasta vergüenza de los mismos dirigentes y eso es una forma de minimizar o denigrar la propia institución que se supone que ellos lideran.

La mayor parte de la ciudadanía más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de los gobernantes en turno emanado de sus filas (ejemplo: López Obrador o lopezobradorismo en vez de Morena), lo que demuestra un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa.

Pero su distanciamiento y falta de credibilidad social es algo tan preocupante como urgente de resolver. Un examen crítico del escenario donde se mueven los partidos conduce necesariamente a la necesidad de fortalecer las estructuras internas de éstos, ya que la personalización, verticalidad y la falta de trabajo serio, ha sido el factor inequívoco del marasmo en que hoy se encuentran y que ha propiciado la fractura orgánica y el abandono tácito y expreso de sus filas.

Las cifras no mienten, según datos del Instituto Nacional Electoral (INE) de enero de 2019 al mismo mes de 2020, los partidos políticos perdieron más del 70% de sus militantes durante la depuración del padrón de afiliados: el PRI perdió el 76% de sus militantes; el PRD tuvo una reducción del 75% en el mismo rubro; mientras que los listados del PT y MC se redujeron en 51%. En el caso del PAN la reducción en sus militantes fue del 38% y para Morena del 12% (no obstante, que tuvo miles de afiliación es que nunca registraron); sólo “curiosamente” el PVEM fue quien tuvo un incremento del 51%.

Las más de 10 millones 600,000 cancelaciones de registros que realizó el INE durante ese tiempo fueron producto de un proceso de depuración y de duplicidades de afiliación resultantes del procedimiento de construcción de nuevos partidos políticos nacionales.

También, la crisis de ideología de los partidos ha generado una serie de transformaciones en la relación de estas instituciones con su electorado. La más visible e importante es la confusión ciudadana. En la práctica, para el ciudadano común, las diferencias ideológicas de tan sutiles son invisibles, no hay distinciones concretas ni palpables entre un partido y otro; las propuestas y/o programas de gobierno de los partidos cada vez se asemejan más. Por ende, la confusión ideológica ahonda la distancia entre el ciudadano y el partido político y renueva el ciclo de desconfianza social hacia estas instituciones.

Aunado a todo lo anterior, habremos de agregar que existe una notoria disociación partido-candidato, que sin dudad es obra de la crisis de credibilidad de los partidos. Producto de este hecho, aparecen así una serie de personajes políticos que sutil o explícitamente se alejan de las siglas de los partidos, dejando atrás la época de las campañas de partidos para dar paso a las campañas personales, donde la exaltación de la persona es la parte medular para la captación del voto ciudadano.

Resulta obvio que en el momento actual los partidos políticos se han alejado sustancialmente de sus responsabilidades sociales y políticas originales. Han dejado de cumplir sus funciones centrales de agregación de intereses, de servir como canales de comunicación, de promoción de la participación y de determinación de la política y la organización del gobierno.

Ante la pérdida de sus funciones propias, los partidos han quedado limitados a la competencia en el escenario electoral; se convirtieron en organizaciones momificadas o esqueléticas orientadas a no figurar en nada y preocupadas, de manera exclusiva, por su sobrevivencia. A ello se suma un creciente desprestigio de la clase política, a causa de la corrupción, el clientelismo y la inoperancia. Producto de esta situación se generan procesos de antipatía, los cuales se manifiestan en la pérdida de identificación partidista, el declinar de la concurrencia electoral y de la membresía y la desconfianza. 

La decadencia que sufren debería ser suficiente lección histórica para concebir en los partidos un nuevo desempeño que implique reasumir los dos papeles centrales en una democracia: por una parte, la función social como responsables de la estimulación de la opinión pública y la socialización de la política y, por otra, la función institucional como parte instrumental de la conformación de los órganos del estado y el poder público.

Finalmente, frente la desoladora realidad partidista, existe en contra partida la gran posibilidad y la gran oportunidad de reconstrucción de los institutos políticos. En próxima entrega les contaré sobre ello.

¿Qué depara la «Nueva Normalidad»?

Karen Ortega

El 01 de junio está cada vez más cercano, fecha en la que se busca la reactivación económica en el estado de Jalisco, sin embargo la ciudadanía no ha sido totalmente consiente del suceso histórico por el que está atravesando, entre declaraciones gubernamentales confusas y actos cívicos que van desde mostrar lo mejor y lo peor como mexicanos, se encuentra la incertidumbre por el futuro.

Dentro de todas las medidas sanitarias establecidas por los especialistas de la salud, en los últimos días ha sido tema el cómo se va a continuar viviendo dentro de una nueva “normalidad”, esa en la que el cubre bocas se convertirá en un artículo indispensable para evitar la propagación y el contagio del virus del COVID-19.

Recientemente, la Secretaria del Trabajo dio a conocer los “Lineamientos técnicos de seguridad sanitaria en el entorno laboral” donde las empresas y sus empleados deben seguir una vez que regresen a laborar. La mujeres deberán usar en cabello recogido y evitar la portación de joyas (anillos, collares) y para los hombres, estará prohibido el bigote y la barba, medidas que se suman al lavado constante de manos, evitar tocarse la cara, mantener la sana distancia (1.5 metros), así como el compartir objetos entre personas (celulares, bolígrafos, herramientas, entre otros).

Todo esto se convierte en un respiro para las grandes empresas, ya que acatando cada una de estas indicaciones sus actividades iniciarán a la brevedad, sin embargo, existe otro panorama  en el que en varios locales de la ciudad comienzan a observase de manera repetida lonas con la frase “Se Renta”, misma que indica que muchos comerciantes no están logrando sobrevivir ante esta pandemia, pues el pago por los espacios donde ofrecían sus productos no se detuvo y esto traerá como consecuencia el desempleo acompañado del incremento en la pobreza nacional.

Pese a pandemia, La Generala sigue su andar

Karen Ortega/Guadalajara

Patrona de Zapopan y considerada la virgen de las pandemias, es en Jalisco una de las más importantes representantes del catolicismo, el amor de sus fieles y la tradición la obligan a no parar en sus recorridos, incluso en medio de una pandemia.

El 20 de mayo iniciaron los tradicionales recorridos de la Virgen de Zapopan a las iglesias de la Arquidiócesis de Guadalajara, La Generala desfiló entre feligreses que con su cubrebocas, la ven pasar desde el marco de una puerta, una ventana o un balcón, pues se encuentra activa la fase 3 de la emergencia sanitaria por el COVID-19.

Antonio Gutiérrez Montaño, vocero de la Arquidiócesis, mencionó que los recorridos se realizarán en las calles cercanas a las iglesias que tenían programada la visita de la virgen durante este año 2020, mismos que concluyen el 12 de octubre con la Romería.

El inicio de cada visita comienza a las 5 de la tarde, sin embargo la imagen no permanecerá en el templo, por lo que se invita a la población a no adornar las calles, ni a acompañar a la imagen, sólo podrán observarla a la distancia, esto con el fin de evitar aglomeraciones.

Cabe señalar que la Virgen de Zapopan es para la mayoría de los Tapatíos un símbolo de fe y esperanza, es por esto que su andar por la Ciudad de Guadalajara no se verá afectado, teniendo un periodo de visitas que será histórico por las circunstancias.

Nuevas sociedades. ¿La normalidad?

Fabiola Serratos

Quizá la pregunta más insistente en estas últimas semanas es la que exige una respuesta para poder integrarnos a lo que hasta hace tres meses era lo cotidiano.

La respuesta del Dr. Gatell a esta interrogante fue “Nunca.” Muchos mantienen la incertidumbre después del cierre de sus negocios o haber quedado sin empleo, pero no todo es malo en esta pérdida de normalidad que la pandemia ha dejado. Si reflexionamos la autonomía e independencia de las comunidades es algo que no debería perderse y que es quizá lo mas valioso que pudiéramos rescatar.

Hemos visto como todo lo que nos acontece se politiza para beneficiar a unos cuantos, pero también hemos aprendido a salir por nosotros y los que forman parte de los grupos más afectados.

En esta crisis hemos entendido (y sino lo hemos hecho es momento de analizarlo) la terrible desigualdad social que compone nuestro país. Pero tener conciencia de clase no solo es reconocer nuestras propias desventajas sino también nuestros privilegios, donde quizá nos reconocemos vulnerables ante los de arriba, pero estamos también obligados a reconocer las desventajas de los que todavía son menos favorecidos que nosotros.

Estas últimas semanas rescato y reconozco la maravillosa organización social con la que muchos laboramos para tratar de rescatarnos y rescatar a nuestros vecinos. Organizaciones nacionales e internacionales han tenido más participación en lo social que nuestro mismo gobierno, que aunque pretencioso anuncia sus nuevas deudas para salvar al estado las comunidades marginadas continúan en abandono.

Después de algunas semanas donde la organización social brindara para su comunidad una solidaridad armónica y desinteresada, algunos funcionarios hicieron su labor al ponerse en comunicación con los líderes de estas acciones que sin ningún tipo de financiamiento mas que la organización de sus propias voluntades lograron. Encuentran en el trabajo social de los otros una oportunidad de protagonismo y de acercamiento que “algunos” visualizan como capital político y otros más como una forma posible de acercarse a la comunidad. Al darme cuenta de esto pensé en aquellas reflexiones que Sócrates hace sobre la obligación de mantener la cercanía con la gente.

La mayoría de los ayuntamientos no goza la cercanía con su pueblo (a menos que exista un interés de popularizarse) no se involucra en sus necesidades, no genera vínculos ni participación con ellos, han sido contados los funcionarios arriesgados que sin buscar su protagonismo han generado sus propios grupos de participación y han salido a la calle a vivir la crisis real de la pandemia. Otros más como si se tratase de una campaña han asistido a comunidades vulnerables por su fotografía de buen altruista.

Pero una de las consecuencias de la cual me siento deleitada es el despertar de muchos ciudadanos que se han sabido vulnerables, que reconocen la tragedia que significa cerrar los ojos y aceptar el mismo tipo de política que no fue capaz de rescatar, sostener y garantizar la estabilidad de sus ciudadanos.

Sería tremendo castigo condenarnos a nosotros mismos votando de nuevo por personajes que hoy brillaron por su ausencia, que con arrogancia cerraron negocios y de forma cínica intentaron convencernos de su preocupación y sacrificio para garantizar la deuda que tenemos con ellos en épocas de campaña.

¿Pero qué somos nosotros cómo comunidad en todo esto?
Demostraremos tenernos los unos a los otros, a saber quienes de nuestros vecinos fueron más afectados, las madres, los hijos, los estudiantes en desventaja por falta de tecnología, los desempleados, los inmigrantes que quedaron varados en el municipio. Somos los que no pudieron quedarse en casa, lo que en un acto de rebeldía nos cuidamos a nosotros mismos demostrando la gran fortaleza que tenemos. Demostramos también que las cosas más necesarias las construimos y nos las dimos nosotros mismos, nos reconocimos como vecinos, como compañeros pero también como apoyo.
En una ola de bendiciones compartimos y le dijimos a muchos políticos que sus millones no nos impresionan, “No necesitamos su condicionada misericordia” le dijimos a muchos de la clase política que nuestra dignidad pese al hambre no esta en venta.

La Estupidez

Quirino Velazquéz

Forzado por la cuarenta y una enfermedad en mis vías respetarías (no es el Covid-19) que me aqueja desde hace dias y que me impiden salir de mi vivienda, me he puesto a leer y ahora estoy leyendo un libro de Giancarlo Livraghi (autor y ejecutivo publicitario italiano, graduado en filosofía en la Universidad de Milán, reportero, editor y bibliógrafo) que se titula El Poder de la Estupidez. He tomado de él diversas ideas y me ha provocado algunas propias. Pero, además, me ha invitado a escribir este texto que pareciera ser una apología de la estupidez. Lo que he recibido del libro y lo que he pensado lo resumo en los siguientes puntos:

Primero, Albert Einstein sostuvo: “hay dos cosas infinitas: la estupidez humana y el universo; y de lo segundo no estoy completamente seguro” y sentó las bases para teorías y leyes en el infinito mundo de la humanidad.

Segundo, es aceptar que la estupidez es poderosa porque puede dañar a todos los individuos. Equivocadamente le atribuimos más maleficios a la perversidad que a la estulticia porque creemos que hay más villanos que estúpidos. Robert Heinlein (escritor estadounidense de ciencia ficción) aconseja no subestimar el poder de los tontos.

Tercero, es aceptar que es muy difícil conceptualizar la estupidez porque, como dice Walter Pitkinm (escritor y profesor universitarios estadounidense) no existe una definición científica de la estupidez ni de la inteligencia. Es por ello que, frecuentemente, los genios sean considerados como estúpidos, por una mayoría necia.

Cuarto, es comprender su funcionamiento y, así, podremos controlar sus efectos. Esto ya se practica mucho en la actualidad con lo que hemos conocido como el “Plan B” que no es otra cosa que el reconocimiento de nuestra falibilidad (riesgo o posibilidad de engañarse o errar una persona). Lawrence Peter(pedagogo y escritor canadiense) elaboró un famoso principio referido al nivel humano de incompetencia.

Quinto, es de reconocer que la soberbia es una forma de estupidez. La asimetría de la mente es menor que la de la riqueza, el poder o la sabiduría. Hay que tener presente que existe menor desigualdad entre el más genial y el más cretino que la que existe entre el más rico y el más pobre o entre el más poderoso y el más débil o entre el más sabio y el más ignorante. Por eso, el hombre privilegiado está blindado frente al muy miserable, al muy frágil o al muy iletrado, pero está muy expuesto ante el muy estúpido. No reconocerlo es la soberbia que perdió a Maximiliano Robespierre (abogado, escritor, orador y político francés apodado “el Incorruptible”) cuando les declaró la guerra a los funcionarios rateros.

Sexto, es aceptar que la confianza es una forma de estupidez. Es la que impide la visión previsora, la disposición reactiva o la reconversión estratégica. Es la que llevó al dictador Porfirio Díaz a menospreciar a Francisco I. Madero, primero en sus modestas aspiraciones a la gubernatura de Coahuila y, después, a desestimar su campaña antirreeleccionista, más tarde convertida en convocatoria insurreccional.

Séptimo, es admitir que la inexperiencia es una forma de estupidez. Es la que nos puede invitar a ser trapecistas, domadores o políticos pensando que es muy fácil dominar a la gravedad, a la fiera o a la sociedad. Es la que desestima la adversidad, la contrariedad o la imposibilidad. Es la que llevó al famoso emperador francés Napoleón Bonaparte hasta Moscú estando persuadido y proclamando que el clima era idéntico en toda Europa.

Octavo, es asumir que el olvido es una forma de estupidez. Es el que nos hace volver a tropezar con la misma piedra. El que nos lleva a repetir los mismos errores y a suponer que, en nuevas ocasiones, producirán distintos efectos. Es el que empujó al también famosísimo político, militar y dictador alemán Adolfo Hitler a olvidar la enseñanza napoleónica y traicionar a Rusia, atacándola para convertirla de aliada en enemiga.

Noveno, es asentir que la imprudencia es una forma de estupidez. Por ello los abuelos nos recomendaban no pelear contra los estúpidos porque éstos son muchos, lo mismo que nos enseñó el gran cantautor, poeta, escritor y filósofo argentino Facundo Cabral con su frase «a lo que más temo es a los pendejos, porque son muchos, y eligen hasta el presidente» Esa imprudencia fue la autora del retorno inexplicable del que fuera emperador de México Agustín de Iturbide y de su marcha directa al paredón.

Decimo, es que desde luego todos sabemos que, dentro de nosotros, vive un estúpido. Pero también es cierto que nos molesta reconocerlo. A partir de no aceptarlo, muchas veces tratamos de sostener nuestras estupideces en lugar de rectificarlas. Esa terquedad transforma una estupidez venial en una forma peligrosa de estupidez.

Por lo anterior, también habrá que decir que los inteligentes cometen estupideces y ello nos obliga a no confundir las estupideces con los estúpidos. Es peligroso creer que un hombre es tonto porque hace tonterías o que un hombre inteligente no se equivoca. Y, a la inversa, en toda la historia de la humanidad, la mitad de las mejores ideas, de los más grandes avances y de las supremas hazañas se han debido a hombres de luces muy modestas, es decir, no muy inteligentes.

En fin, me he divertido mucho leyendo. Pero también me divertí mucho recordando algunas de mis propias estupideces. Muchas de ellas las he reconocido hasta públicamente. Hay una que cometí hace casi una década cuando elaboré el Reglamento de Proyectos de Inversión y de Prestación de Servicios del Municipio de Tlajomulco (aprobado en la administración 2010-2012) con cuyas normas se realizó el proyecto del actual llamado CAT (Centro Administrativo Tlajomulco). Es estúpido porque, para muchos, al amparo de ese reglamento, se cometió un gran timo. Pero nadie lo ha arreglado. Han pasado casi cuatro presidentes. A pasado el tiempo y esas reglas sigue idénticas, intactas y, vigentes. Por eso me tranquiliza mucho saber que, en mis estupideces, no estoy tan solo.

Finalmente, dice la sátira brasileña del Barón de Itararé (Apparício Fernando de Brinkerhoff fue un periodista, escritor y pionero en el humor político brasileño) que: “si hay idiotas en el poder es por que quienes lo eligieron están bien representados”, dejando evidencia de que la estupidez es internacional.

Entre apps y streaming, las opciones de ocio

Ángel Cárdenas

Thomas Heredia

Disponible en YOUTUBE

Otra vez con un poco de música pero ahora desde la producción, Si algún día te has interesado por hacer música o saber cómo se crea la misma este canal te resultará muy atractivo, Thomas Heredia es un chavo que disfruta de hacer vídeos mostrando lo mucho que puede lograr desde su estudio montado en casa, realmente interesante y sin duda algo que recomiendo.

EXTRACTION

Disponible en NETFLIX

En estos días quizá busques acción como genero para poder entretenerte y si ese es el caso, Te contaré un poco sobre esta cinta donde el protagonista es Chris Hemsworth y su tarea es rescatar el hijo de un poderoso narco en Bangladés, cosa que se le complicará pues su vida estará en riesgo durante toda la trama, sin duda realmente atrapantes y con una historia realmente buena, búscala ya.

Spotify

Disponible en GOOGLE PLAY/APP STORE

Por último el día de hoy, te recomendarte esta aplicación que te servirá de radio y donde podrás encontrar toda la música que te imagines, Spotify te permite buscar cualquier artista y escuchar sin música incluso sin necesidad de Internet, deberías darle una oportunidad si en tu celular tu repertorio ya sufrió el paso del tiempo.

Cuentas de Cuento

Alfonso García Sevilla

La recaudación fiscal en México es de tan solo el 17% del Producto Interno Bruto, siendo el más bajo de los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) mientras que países como Francia y Dinamarca recaudan alrededor del 45%.

La informalidad en la economía de nuestro país es de 31.3 millones de personas, según datos del Inegi, de una población económicamente activa de 58 millones, esto es, poco menos de 20 por ciento de la gente que trabaja lo hace en un empleo donde se le retiene el respectivo impuesto.

Obvio que, a mayor recaudación, mayor gasto genera un gobierno y más posibilidades de bienestar tiene de otorgar a sus habitantes. Entre más empresas inviertan en el país, más empleos se obtienen y se elevan las tasas recaudatorias. Algo realmente urgente en México,

Esto viene a colación por la nueva ocurrencia del partido Morena, que pretende darle facultades al Inegi, quien «debe entrar, sin ningún impedimento legal, a revisar el patrimonio inmobiliario y financiero de todas las personas. Cada dos años debe de dar cuenta de los resultados que arroja la totalidad de los activos con los que cuenta cada mexicano», con el fin, argumenta su presidente, Alfonso Ramírez Cuellar, «de medir la concentración de la riqueza en nuestro país. Tenemos miles de millones de dólares que constituyen una riqueza totalmente inobservada. Ya no se trata solo de dar cuenta del ingreso y el gasto de las familias y las personas.

Medir la pobreza en México es un gran avance. Ahora se demanda, con urgencia, medir también la desigualdad y la concentración de la riqueza».
Lo anterior pasa por encima de dos artículos constitucionales que velan porque los derechos de los ciudadanos no resulten afectados debido a procedimientos ilícitos cometidos por la autoridad, el 14 de seguridades jurídicas en la relación del Estado con sus ciudadanos y el 16, mismo que señala textualmente: «Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento” ¿Se viene una iniciativa para ponernos a merced del Estado autoritario? ¿Y los mecanismos para evitar y castigar la evasión para cuándo se depuran y actualizan?

La 4T anda extraviada en su modelo económico, así lo demuestran las recientes decisiones de la cancelación del aeropuerto en Texcoco, el cierre de paso a industrias formales como la cervecera en Baja California y la penosa negativa a la industria de las energías limpias. No es santificando la pobreza ni persiguiendo, al estilo Robin Hood a los ricos, como se logra el bienestar de todos.

Se deben idear mecanismos que permitan transitar a un modelo de bienestar que frene y revierta la informalidad y al crimen organizado. Esperemos que esta ocurrencia, por el bien de México, no prospere y quede en eso… es una anécdota más de esta administración.

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