Quirino Velázquez

Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió hacerla de “Víctor Frankenstein” y creó a Morena lo hizo utilizando distintas partes diseccionadas de figuras históricas de la izquierda, personajes puros que nunca habían militado en otro instituto político, cascajos de otros partidos y sujetos de muy dudosa reputación. Por eso no sorprende que esa especie de experimento de la política mexicana, que consiguió dar vida a una criatura de aspecto “partidoide” de nombre Morena, carezca de sentido de identidad y se parezca más bien al monstruo (con adaptaciones contemporáneas y a la mexicana) de de la novela de Mary Shelley de 1818 Frankenstein.

Quizá por ese origen, la unión es una palabra que no está en el diccionario “morenista” porque el único tornillo que los enlaza es el residente de Palacio Nacional, y cuando les falta ese tornillo, literalmente, enloquecen. En no pocas ocasiones su propio creador se ha avergonzado de su monstruo y con razón.

Con esas condiciones, la elección de la dirigencia de Morena se convirtió en una verdadera batalla campal, donde los “dimes, diretes, codazos y denuncias” ha sido la letra de cambio. El actual presidente (interino) Alfonso Ramírez Cuéllar denunció penalmente a su antecesora, Yeidckol Polevnsky, por que pagó obras que no fueron realizadas, desvió dinero y desfalcó al partido. Por su parte, el añoso Porfirio Muñoz Ledo, en lo que pareciera un en un acto de inestabilidad emocional, se declaró “presidente legítimo de Morena” (hágame usted el favor) y acusó a su correligionario Mario Delgado ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (Fepade) por uso indebido de recursos. Y para no variar, Delgado (dirigiéndose al veterano legislador) señaló que “no se puede dirigir este movimiento sentado en un sillón, enojado con la vida y despotricando de todo”. Lo que se ve es que en Morena “se llevan fuerte”.

En la anarquía “morenista”, el Instituto Nacional Electoral (INE), sin deberla ni temerla, es el que ha tenido que pagar los platos rotos de ese partido “variopinto” donde sus miembros son incapaces de ponerse de acuerdo para elegir a sus dirigentes. En efecto, la imposibilidad de que el “monstruo” creado por AMLO actuara civilizadamente hizo que pidieran la intervención del INE como árbitro y éste decidió realizar dos encuestas en la que nadie quedó satisfecho. En lo que sí se parecen en Morena es que ahí no saben reconocer resultados de ningún tipo.

Así, por resolutivo del Consejo General del INE, el día viernes 16 de octubre se llevará a cabo el levantamiento de la nueva encuesta para determinar, entre Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado Carrillo, quién ocupará el cargo de presidente de la casa del “monstruo”. Y el 24 de octubre se presentará el informe y difusión de resultados. Lo más seguro, por como son los “morenistas”, que no se acepte, por el perdedor (yo creo que será Muñoz Ledo), ese resultado. 

Pero como quiera que sea, en próximos días se sabrá quién ganó la tercera encuesta y quien será el presidente nacional de Morena (a ver si ahora sí). En la última encuesta hubo un empate técnico entre Muñoz Ledo y Mario Delgado. Este último ha demostrado que la lealtad al presidente y a su padrino político Marcelo Ebrard está sobre todas las cosas, incluyendo su propio prestigio e imagen. Les ha ofrecido como ofrenda la Cámara de Diputados, sometiendo a una parte del Poder Legislativo a los deseos del Ejecutivo.

El último eslabón de esta cadena de entreguismo fue cuando movió cielo y tierra para que se aprobara la desaparición de 109 fideicomisos tal y como fue ordenado desde la Silla del Águila. Escucho a investigadores, científicos y artistas antes de la terminación de los fideicomisos con el objeto de atenuar el golpe. Tenerlo dirigiendo Morena finalmente coronaría su obediencia y les abriría terreno a los planes futuristas del flamante Canciller.

Porfirio Muñoz Ledo, en cambio, sería una constante piedra en el zapato (garbanzo en el huarache diríamos en Tlajomulco) no sólo para Ebrard contra quien envía sus dardos venenosos, sino, además, para el propio presidente AMLO, pues el octogenario legislador no ha mostrado ningún empacho para cuestionar muchas de sus decisiones (sean buenas o malas). En pocas palabras Muñoz Ledo es auténtico “contreras”, pues el anciano diputado de ser uno de los más grandes camaleones de la política, pues lo mismo ha pertenecido al PRI, al PRD, al PT, al PARM y al PAN (con “el burro” Fox) que, a Morena, se convirtió en un crítico de su propio partido e incluso ya con muestra deficientes de lucidez se dedica a denostar a sus propios compañeros de bancada en la Cámara de Diputados, pero no a la oposición de la 4T (dicen en Morena que es como los perros corrientes: “bravo con los de casa y manso con los de afuera”). Y al decir del joven “morenista” Gibrán Ramírez, Muñoz Ledo navega entre las peligrosas aguas de la calumnia, la denigración y el ridículo”. Afirmo.

Asimismo, no podemos dejar de ver, que el multipartidista y ajado Muñoz Ledo tiene una ventaja que lo convierte en un peligro para Mario Delgado incluso para el mismo “monstruo” (Morena): no tiene nada que perder. Porque a la edad que tiene (y con el hígado muy dañado por el alcohol), ya que puede perder. Y más que estar preparado para dirigir un partido político nacional, se le ve dispuesto para “rendirle cuentas al creador”. Por eso no le tiene “miedo ni al diablo” mucho menos a Mario.

En esa rebatinga, también se está viendo el inicio de una guerra fratricida. Cuando empiecen a seleccionar a los candidatos para los distintos cargos que se disputaran en la elección del próximo año, se verá de lo que son capaces los “morenistas”. En estos momentos Morena es el partido con mayor preferencia electoral (a nivel nacional), pero esto sólo sucede porque es el partido de Andrés Manuel López Obrador, sin él, el partido quedaría desnudo y demostraría lo que en realidad es: un monstruo viviente creado por el genio político de Macuspana (“Víctor Frankenstein” en su versión adaptada a la mexicana y contemporánea).

Asimismo, vale la pena recordar que el 28 de agosto del año pasado, cuando apenas comenzaba la disputa por la dirigencia nacional de Morena, AMLO dijo: “Si el partido que ayudé a fundar se echara a perder, yo no sólo renunciaría (a él), sino que me gustaría que le cambiaran el nombre, que ya no lo usaran, porque no se debe manchar”. Dos días después, sugirió a sus correligionarios resolver el tema mediante una encuesta. Ese método tampoco ha funcionado (hasta el momento) para poner en paz a los “morenistas”.

En esas condiciones el “monstruo” se encuentra al rojo vivo, en la más seria confrontación interna de su corta existencia. Salvo que se diera una solución inesperada (los milagros en política son posibles), Morena va rumbo a un fatal desenlace de su proceso electivo. Eso hace posible que López Obrador pueda sacar la carta que insinuó hace 14 meses y “mande al diablo” al “partido que ayudé a fundar”.

Pero, pase lo que pase, no veo al presidente lidiando con una dirigencia “morenista” rejega, que cuestione sus instrucciones y le pichicatee la designación de candidatos a los diferentes cargos en 2021.

Lo que si veo, es que a estas altura en Morena las cartas ya están echadas, los nombres dados y habrá una nueva encuesta electiva dentro de un partido joven, pero que parece viejo en las prácticas político-electorales (la lucha por el poder), una acción que el Presidente de la República quería evitar, al hacer un llamado a que Morena no fuera como el resto de los partidos, pero que ante su ausencia en el liderazgo de su partido (él ha dicho que no entra en las decisiones de partido porque está ocupando su tiempo en gobernar), el “monstruo” se sigue deformando y confrontando en una lucha descarnada que amenaza con destruirlo (ojalá no) en vísperas de la contienda electoral del 2021.

Concluyo con dos frase (que le pudieran quedar a Morena), tomada de la obra más conocida de la escritora británica Mary Shelley Frankensteinque es un clásico de la literatura de terror y la novela gótica. El libro cuenta la historia de “Víctor Frankenstein”, un estudiante de medicina obsesionado con el conocimiento que consigue dar vida a una criatura hecha de la unión de distintas partes de cadáveres diseccionados: “¡Creador! ¿Por qué me hiciste vivir? ¿Por qué no perdí en aquel momento la llama de la existencia que tan imprudentemente encendiste?”. “Me parece estar andando por el borde de un precipicio, hacia el cual se dirigen miles de seres que intentan arrojarme al vacío”.

PD. Respetuosamente las y los invito a que vean y escuchen en las diferentes redes sociales LA RENDICIÓN DE CUENTAS (2 Informe de Labores) del Diputado GERARDO QUIRINO VELAZQUEZ.    

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