¿Y LAS CUENTAS DEL TREN?

Alfonso García Sevilla

Corrían los últimos días de los mandatos de los ejecutivos federal, Enrique Peña Nieto, y del estatal, Aristóteles Sandoval, cuando en un acto a todas luces fuera de toda lógica y demagógico, inauguraron las pruebas de la Línea 3 del tren ligero de Guadalajara, para lo cual develaron una placa… Así como lo lee.
Derivado de ese acto, el entonces gobernador electo del estado, Enrique Alfaro, señaló las fallas en los neoprenos de las columnas del tren, a lo que Peña Nieto contestó “Lo importante no es señalar la falla sino corregirla (…) Y hoy que este tren entra en la etapa de prueba precisamente las pruebas son para detectar cualquier falla que hubiese y que las empresas constructoras cuyos representantes hoy aquí se encuentran y agradezco su presencia”.
Corría el mes de diciembre de 2018. 19 meses después de las primeras pruebas, Andrés Manuel López Obrador, presidente de México y Enrique Alfaro, gobernador del estado, inauguraron a marchas forzadas la obra, misma que a una semana de hacerlo, presentó fallas que dejó varados varios vagones, obligando a los usuarios a abandonarlos y terminar su recorrido a pie. Asimismo, la estación “Santuario” permanecerá cerrada hasta a fines del mes por la conclusión de trabajos.
Vale la pena cuestionarse si esta obra realmente era lo que la ciudad necesitaba para mejorar su movilidad, si no fue un caro capricho de la pasada administración, ya que, en el mismo trayecto, se había planteado la línea 2 del macrobús, que hubiera salido mucho más barato, se hubiera construido en mucho menor tiempo con menos pérdidas económicas -que el presidente de la Cámara de Comercio de Guadalajara, Xavier Orendáin de Obeso, estimó en más 750 millones de pesos por el cierre de negocios y la caída en las ventas, particularmente en el Centro Histórico-mención aparte la afectación a la calidad de vida de los vecinos aledaños a la obra y daños al patrimonio arquitectónico.
Después del júbilo de los mandatarios y de la gente que abarrotó la primera semana los andenes del tren, debe venir la rendición de cuentas; el presupuesto inicial de 17 mil millones se duplicó, así como el tiempo de construcción, que fue de un sexenio, sin que a la fecha se tenga el por qué.
Es incuestionable que hubo sobrecostos derivado de factores ajenos a una obra de estas características, por lo que cobra una mayor relevancia su aclaración y castigo a los que permitieron que así fuera, si se quiere dar la señal de que el combate a la corrupción va en serio, y que no quede en el anecdotario de los anales de la impunidad de otra obra más que beneficio a unos cuantos a costa del erario,

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