“…Y si muero lejos de ti que digan que estoy dormida y que me traigan aquí.”

Fabiola Serratos

Después de casi un año escribiendo para ustedes, siempre guiando el enfoque de la crítica y al mismo tiempo, cerrando con una posible reflexión, la cual podría ayudarnos si trabajamos de forma colectiva en mejorar el entorno social en que vivimos.
Hoy he despertado como todas las mañanas alistando el café, de fondo Flor de Piña suena, con emoción recuerdo mi estancia en Oaxaca y mis malos intentos por aprender a bailar aquel son. Se me eriza la piel recordando mi huipil con enagua y las flores en mi cabeza. De entre todas las cosas que adoro de ser mexicana esa ha sido una de mis proyecciones favoritas, de las historias que podría contarles cuando celebramos nuestra identidad mexicana. La elotiza con la familia, el pozole, los bailes, los trajes y la convivencia familiar que muy pocos países viven.
En los últimos meses si atención y reflexión hicimos durante pandemia, pudimos notar la gran desigualad, la violencia y los problemas que nos duelen desde hace tiempo como sociedad, pero sin duda hablar de independencia es recordar las luchas sociales que poco a poco han brindado trascendencia a nuestro país, eso debería ser para nosotros inspiración y una invitación a la lucha que en pleno 2020 nos corresponde. No se trata de invisibilizar la violencia, de callar las voces de las personas que continúan buscando a sus familiares desaparecidos, tampoco de excluir la lucha de miles de mujeres que se han cansado de la opresión y los feminicidios. No se trata de guardar silencio mientras los gobiernos se enriquecen y nosotros tenemos carencias de servicios básicos, sobre todo no se trata de ignorar la forma en la que vilmente endeudaron al estado, las caras y los nombres de quienes lo hicieron y ahora hacen alabanza buscando una nueva oportunidad en candidaturas anticipadas. Si recordamos tan solo lo que un pequeño grupo bien organizado pudo llegar a lograr, nos sentiremos valientes y cuestionaremos la idea de resignación e indiferencia en la que de pronto caímos al sentir, que ninguna lucha o participación puede lograr liberarnos. Conocer la historia nos sirve como motor, como impulso para ser mas que salvadores de redes sociales, si no que debemos involucrarnos en la participación social y comunitaria, buscar la unión que construya espacios seguros y visualizar un futuro integro y digno donde “decirnos mexicanos” no incluya el desprecio a quienes dieron vida, raíces y libertad, pues aquello grandioso que somos no fue un logro de ningún gobierno, sino de nuestras familias y todas las generaciones que con trabajo, tradición y cultura son el sostén de lo que ahora somos y nuestro deber es continuar con aquello que enfrentaron, aportando nuestra parte, una donde no haya cupo para las excusas o el conformismo, sino una apropiación exquisita de la cultura que nos representa y quizá sea la única que pueda mejorar nuestra calidad de vida, si recordamos y mantenemos ese apego a nuestra pura identidad.
¡Viva México!

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