“somos tan fuertes como unidos estemos o tan débiles como divididos estemos”

Fabiola Serratos

En esta ocasión más que una crítica he sido reflexiva, hoy por la mañana mientras leía las notas y comentarios de lo acontecido en el municipio, me encontré con un encabezado repleto de soberbia y tremenda indiferencia.
“No hemos cometido errores”
palabras del presidente municipal quien en su informe adornó la realidad que verdaderamente acontece a Tlajomulco, mientras los empleados del ayuntamiento de cuyas adulaciones depende su trabajo, compartían y halagaban el informe que se dio en vivo, en Santa Fe encontraban el cadáver de un hombre lanzado a un canal, en San Sebastián un hombre fue linchado por abusar de una niña y lastimar a su hermano de ocho años, en temas de seguridad no hay nada que esconder, como tampoco en servicios que ayuden a mejorar los escenarios de las colonias en marginación. Las personas han normalizado tanto los homicidios, los robos, las fosas etc. que incluso se puede ver en redes la forma sarcástica con la que se toma ser un municipio con los primeros lugares en violencia.
Afirmar con seguridad que no existen errores es una negación ofensiva para los ciudadanos
Cuando desde lo personal vivimos en negación caemos en idealizaciones fantásticas, donde la soberbia o el miedo de enfrentar nuestros problemas nos llevan al aislamiento y a un grupo reducido que nos haga afirmar nuestro autoengaño, así mimo sucede también a un nivel social. Los grupos que necesitan tal fantasía niegan exista otra realidad, pues la comodidad se encuentra en el privilegio al que se aferran y del cual dependen sus vidas cómodas.
Quienes verdaderamente respetan y aprecian el trabajo, son críticos consigo y con su equipo de trabajo, enfrentan y cambian realidades, pero mientras en comunidades salir a trabajar es una odisea de riesgo, mientras fraccionamientos se manifiestan por falta de apoyo, hoy escuchamos a un gobierno presuntuoso, egocéntrico y déspota que afirma no existen problemas de gravedad.

Conocer los discursos de fantasía que solo algunos celebran, nos lleva
a despertar nuestra conciencia, la invitación a saber que ningún gobierno se sostiene encima de ciudadanos que se educan a sí mismos, que asumen su responsabilidad ciudadana enterándose de su entorno, siendo críticos, reflexivos y objetivos, porque mientras renegamos de la educación de ésta depende la calidad de los gobiernos que ponemos al frente de nuestras vidas.
La política no puede ser vista con fe, ni fanatismo, pues en ésta existen los disfraces, las acciones interesadas y los discursos falsos, donde los colores cambian y los políticos corren de un partido a otro para continuar tomando cargos. Votamos por partidos distintos pero por las mismas personas e ignoramos nuestra responsabilidad ciudadana de ver más allá de la desesperación o las amistades que puedan asegurar su trabajo. De nuestra responsabilidad depende el cambiar las circunstancias.
¿En manos de quién las dejaremos?
Hay cosas que no tienen precio, como la dignidad humana y esa es la que ahora debe surgir de todos nosotros.

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