El proceso electoral que arranca y sus retos en 2021

Ya comenzó formalmente el Proceso Electoral Federal 2020-2021, que será el más grande y el más complejo de nuestra historia.

Quirino Velázquez

El más grande, porque se está convocando a las urnas a casi 95 millones de ciudadanas y ciudadanos; se instalarán más de 164 mil casillas; se visitará a unos 12 millones de ciudadanos en sus domicilios con el fin de reclutar a cerca de 1. 5 millones funcionarios de casilla; y se organizará elecciones concurrentes (federales y procesos locales) en las 32 entidades del país para renovar más de 21 mil cargos públicos.

El más complejo, porque los grandes problemas nacionales siguen presentes y continúan erosionando nuestro tejido social y, en consecuencia, nuestra convivencia democrática. La pobreza y la desigualdad ofensiva siguen ahí, agravadas ahora con la compleja situación económica que azota al país y al mundo, recordándonos que, luego de más de un siglo, la justicia social que prometió la Revolución Mexicana sigue siendo un aciago pendiente. La corrupción y la impunidad que la alimenta sigue lacerando la desconfianza en la política y en las instituciones y genera una peligrosa antipatía con la cosa pública. Y la inseguridad sigue lastimando la convivencia pacífica y civilizada que supone una democracia.

A todo ello se suma la incertidumbre y temor que trajo consigo la peor pandemia del último siglo, que nos ha obligado a reinventar la vida social y a modificar radicalmente nuestras prácticas y modos de convivencia.

Así, las campañas políticas no podrán tener la parafernalia como ha ocurrido desde la era democrática moderna. Esto podría contribuir a que no se derroche dinero de manera tan indecorosa, como se hacía antaño.

Sin embargo, el riesgo de un abstencionismo histórico es inminente. La polarización, el hecho de que se elija a 15 gobernadores y la participación diaria del presidente AMLO deberían hacer suponer que será un proceso bastante movido, pero el Covid-19 amenaza y pone en riesgo el ánimo de los electores.

A partir de la inauguración del proceso electoral, muchos discursos cambiarán drásticamente. Porque toda esa imaginaria colectiva de la “4T” y la “oposición” dejará de ser hipótesis y fantasmas. Ahora se tendrán rostros y nombres, de uno y otro bando.

Conoceremos si como ciudadanos hemos aprendido la lección de escoger correctamente a nuestros gobernantes y representantes. Si analizaremos a las personas o nos moveremos solo por la afición a los colores partidistas. Recordemos también que será la primera ocasión en la que los diputados federales podrán ser reelectos y que, en el caso de Jalisco, los diputados y munícipes también lo podrán ser, por lo que se enfrentarán al premio o castigo de los electores.

El show de las elecciones en México ha comenzado. Arrancó como un huracán, negando el registro, por parte del INE, al partido del nefasto expresidente Felipe Calderón “México Libre”.

En este contexto, el proceso electoral 2020-21 ha dado formal inicio. Como poderoso remolino, que aspira todo lo que pulula a su derredor, la contienda por una gubernatura, un escaño, una presidencia municipal o regiduría se vuelve irresistible para muchos. Como todas las elecciones intermedias, los pronósticos se arremolinan para indicar derroteros que podrán cumplirse o, tal vez, quedar truncados. Pero las ambiciones usualmente se desbocan en persecución de horizontes, posiciones y certezas que, por lo regular, quedan cortos. Aun así, se forma una avalancha de sentires que llegan a traicionar los principios y la honorabilidad de aquellos que aspiran a ser electos. Ocupar una curul en la Cámara de Diputados (federal o local), la silla en palacio de gobierno (en el caso donde habrá elecciones para gobernador) o en palacio municipal se torna un asiento predilecto de cualquier sujeto que merodea por los alrededores.

Además, simultáneamente, se desarrolla otro drama paralelo a la contienda electoral: la disputa por la presidencia nacional de Morena. Esta presidencia no es cualquier puesto a elegir, sino, precisamente, el de mayor peso partidario y político de la actualidad. Uno que representa y responde por la mayoría de las legislaturas. Y lo que estará en disputa el año entrante, en verdad, no sólo serán escaños legislativos, gubernaturas o municipios, sino el destino y la continuidad de un proyecto político.

Es por eso que la presidencia de Morena adquiere una importancia crucial. Ahí se concentrará el tifón que indicará hacia dónde habrá de girar la visión nacional. Ahí se esculpirán las consignas que, puestas en práctica, habrán de tener resonancia en múltiples ámbitos de la vida organizada del país. Luego entonces la lucha por escoger a quien dirigirá sus derroteros, durante este crucial periodo, adquiere significación especial.

Morena ha perdido aire ideológico en los últimos años si es que algún día, en efecto, lo tuvo. Guiado por la fuerza gravitacional de un intento transformador, no pudo hacer otra cosa que seguir tal huella. Incapaz de levantarse por su propia voluntad para darle continuidad y horizonte a la aventura, se refugió en posiciones de trincheras. Se afilió, sin realmente fuerza, a la energía derramada por el lopezobradorismo. Ha sido un movimiento que tal vez concentró sus abundantes capacidades en asuntos de menor traza. Unos, marcados por copiosos pleitos y rivalidades internas. Disputas que le impidieron aglutinar a sus agremiados tras cuestiones trascendentes. No ha podido conjuntarlos y, menos aún, animarlos a visualizar lo que al país le espera delante de las crisis actuales.

Yo no sé quién vaya ser el nuevo dirigente nacional de Morena, ojalá no vaya ser Porfirio Muñoz Ledo quien, además de su muy avanzada edad, fue colaborador del “burro” Vicente Fox (PAN), ha sido presidente del PRI y del PRD. Es decir, es un ajonjolí de todos los moles que ya mal puede hablar y de plano no puede caminar. Viejo “coyote” y pragmático Muñoz Ledo por sus características tiene más posibilidades y debería buscar más bien llegar al infierno (a donde sin duda llegará) que a la presidencia de Morena. Y no porque tenga algo en contra de las personas de la tercera edad (en esas ando) pero el octogenario Porfirio por decoro debería darle oportunidad a jóvenes y no tan jóvenes que entran en la disputa (Gibrán Ramírez, Antonio Attolini, Mario Delgado, Javier Hidalgo y un puño más) y que desde luego tienen mejor perfil que él. En fin, esa es cosa de los Morenos que a decir verdad no inician el proceso electoral muy bien que digamos.

Finalmente, no deberá transcurrir mucho tiempo de que se produzca la información que definirá quién(es) estará(n) en uno de los frentes de batalla y quién(es) en el lado contrarios para, entonces sí, comenzar a hacer un análisis de prospectiva serio de cara a los comicios por venir que, amén de ser los más grandes y complejos de las últimas décadas, serán también los que de manera más clara aportarán a definir el futuro de México…

Concluyo, a propósito del proceso electoral que ya arrancó, con lo dicho por el presidente AMLO durante su conferencia matutina del pasado martes: Vamos a estar fisgoneando el gasto en estados y municipios si vemos que están utilizando dinero de presupuesto del gasto estatal para entregar despensas o comprar votos lo vamos a denunciar” (pero no dijo nada del gasto federal).

PD. José Gabriel Velazquez y Rosina Chavira asumieron la dirigencia municipal del Partido Movimiento Ciudadano (MC) en Tlajomulco. No es un reto menor dadas las condiciones de todos los partidos políticos, que como vehículo de representación y gobernanza han perdido credibilidad ante la opinión pública, porque lucen deteriorados, agotados, descoloridos y anémicos (y no por la pandemia), en un momento en que nuestra democracia demanda que los partidos se reinventen, se sacudan y se renueven, para que sigan siendo quienes tomen las iniciativas ante un régimen cada vez más cerrado. “No es el hecho, sino lo que significa el hecho”.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: