Día: 4 de septiembre de 2020

Así va la disputa electoral

Quirino Velázquez

El próximo año el mapa político de México cambiará de colores partidistas con base en dos referencias: el respaldo o el castigo a la administración actual que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador. En el próximo proceso electoral se disputarán 21,368 cargos elección popular y 15 gubernaturas, la complejidad electoral de 2021 mostrará qué apoyo retuvo AMLO en la primera mitad de su mandato o, por el contrario, cuánto espacio recuperará la oposición.

A nueve meses de distancia de la fecha en que se llevarán a cabo (06 de junio 2021) las elecciones más grandes y complejas de nuestro país, parece que ya iniciaron las campañas electorales. Sin duda los tiempos de campaña agobian por su intensidad, pues el encono se vuelca por completo a la contienda y los gobiernos se convierten en una extensión de los partidos. Toda la atención y todos los recursos se disponen para ganar votos, se privilegian las posiciones de los compañeros y se bloquean las propuestas de los adversarios. En ausencia de instituciones sólidas, son los intereses personales (agrupados en las siglas partidarias) los que dirimen los asuntos públicos. Las diferencias se agigantan, se diluyen los matices, las ideas se hacen consignas y todo se forma y se interpreta en clave electoral.

domina perfectamente Andrés Manuel López Obrador y, a su vez, la lógica que domina al presidente. No hay gobierno sino campaña permanente y, en consecuencia, todas las decisiones se toman en clave de amigo-enemigo. Quien no comprende esta dinámica tampoco entiende el sentido de las decisiones que se han ido tomando. Los puestos no deben ocuparlos los servidores públicos profesionales sino los leales, los presupuestos no solo están para resolver problemas sino para incrementar la influencia del bando propio, los programas se diseñan para llegar al mayor número posible de electores y la narrativa del gobierno justifica todo lo anterior.

Así, aun con ese método de trabajo, en la víspera de lo que fue su Segundo Informe de Gobierno, diferentes encuestas colocaron al presidente López Obrador en franca caída de su original apoyo, particularmente el caso de la realizada por el diario Reforma, que coloca la aprobación del presidente en 56%, 22 puntos porcentuales que en la primera encuesta de evaluación del gobierno lopezobradorista realizada por el mismo medio en marzo de 2019.

En efecto, en la encuesta más reciente del periódico Reforma, el presidente López Obrador tiene una aprobación del 56% de la población. Nada mal considerando los resultados (bastante malitos) de su gobierno. Resulta que, a Morena su partido, tampoco le va mal. En la encuesta referida, cuando se pregunta “si hoy hubiera elecciones para diputado federal, ¿por quién votaría?”, el 43% de los mexicanos responde que “Morena”. Es, de lejos, el partido con mayores intenciones de voto en este momento.

Muy atrás se encuentra el PRI, en segundo lugar, con el 21% de las preferencias. Vale la pena detenerse un momento para cuestionarse cómo jugará el tricolor en las próximas elecciones. De entrada, uno pensaría que el PRI es una de las alternativas opositoras. Efectivamente, podría jugar ese papel. Posicionarse como una opción antilopezobradorista con un ojo puesto en la elección presidencial de 2024.

Por increíble que parezca, hay gente que piensan que el PRI puede regresar al poder después del cochinero de corrupción que dejó el sexenio de Peña Nieto.

También, el PRI puede jugar como uno más de los partidos satélites del lopezobradorismo. A muchos priistas les gusta estar dentro de la coalición gobernante, ya sea por compatibilidad ideológica o conveniencia a sus intereses. Uno de esos intereses es mantener la impunidad frente a actos de corrupción. Tomemos el caso hipotético de un gobernador priista de un estado donde habrá elecciones para sucederlo en 2021. Dicho gobernador sabe que tiene mucha cola que le pisen: que abusó de su poder para enriquecerse. Por un lado, puede competir fuerte para que se quede el PRI en el poder, pero corre el riesgo que lo investigue el gobierno federal y acabe en la cárcel por corrupto. Por el otro, puede dejar que gane el candidato de Morena negociando su impunidad futura. No hay que ser genio para saber que, entre ir a la cárcel o vivir tranquilamente en Vail, cuál sería la decisión de dicho gobernador.

Me parece que Morena, incluyendo al presidente AMLO, está en la tesitura de una alianza tácita con el PRI, el famoso “PRIMOR”. El coqueteo de ambas partes es evidente. Sino vean lo que sucedió en la Cámara de Diputados que acaba de eligir como su presidenta a la priista Dulce María Sauri (ex presidenta nacional del PRI ligada a Salinas).  

Si es así —y tomando en cuenta que el Partido Verde, el del Trabajo y Encuentro Social (que posiblemente recupere su registro) ya orbitan alrededor de Morena—, ¿cuáles alternativas opositoras reales habría en la boleta?

Está, desde luego, el PAN quien tiene el 20% de las intenciones de voto en la encuesta de Reforma. Ese no es un número nada halagüeño. Sin embargo, según la serie de encuestas del mismo periódico, trae una tendencia al alza. En marzo de 2019 tenía tan sólo el 12% de las preferencias. En la medida en que Morena ha caído (de 57% en marzo del año pasado a 43% en la actualidad), el PAN ha subido. No es casualidad, en este sentido, que desde el gobierno federal estén tratando de involucrar más a los panistas del pasado que, a los priistas, en presuntos casos de corrupción.

Pero aquí entra otro factor que todavía no puede medirse en las encuestas: los nuevos partidos que recibirán registro por parte del INE (esta semana se va a conocer cuáles). Uno de ellos será, con alta probabilidad, México Libre, el partido de varios expanistas, incluidos Margarita Zavala y su esposo el beodo nefasto expresidente Felipe Calderón. Se trata de una opción de derecha que, sin duda, le disputará votos al PAN. Eso es oro molido para Morena porque, en la medida en que se divida el voto opositor, los morenistas podrían ganar más puestos de elección popular.

Movimiento Ciudadano es un partido que sí ha jugado a ser oposición verdadera, sobre todo sus tres principales figuras, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, el hoy senador con licencia Clemente Castañeda (dirigente nacional de MC) y el sempiterno líder naranja Dante Delgado. El problema es que MC sigue siendo un partido chico a nivel nacional. En la encuesta de Reforma ni siquiera sale como opción; es parte del 10% de respuestas que se agregan en “otros”. Y si le agregamos a eso que no van a ir en coalición con otra fuerza política para las elecciones federales (según lo declarado por su dirigente nacional Clemente Castañeda) sabe Dios como les vaya. Aunque a decir verdad eso, junto con la designación de buenos candidatos puede ser una gran fortaleza electoral en los próximos comicios que los saque ya de la posición marginal que ahora tienen a nivel nacional. Yo creo que están haciendo bien en no coalicionarse con los que se conocen como “partidos tradicionales”

En dicha encuesta, hay un 6% que votarían por “independientes”. Interesante resultado de una figura política en declive que tuvo su auge en la elección de Jaime Rodríguez como gobernador de Nuevo León hace cinco años, pero que luego se desinfló como globo.

Podemos pensar que, según las encuestas, la aprobación del presidente López Obrador es un fuerte predictor del voto por Morena. Sin duda, rumbo a 2021, el factor AMLO es central. Aún sin estar en la boleta, el presidente estará en la mente de los electores, y eso juega a favor de su partido (Morena) en las elecciones intermedias, que suelen tener un rasgo plebiscitario.

Por lo pronto así están las cifras en las encuestas, pero todavía falta mucho. Lo más importante: quiénes serán los candidatos. Viendo los números de hoy, seguro que quienes sean candidatos serán fundamentales para definir la contienda del próximo año.

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