Mes: septiembre 2020

Morena, pero hay un límite

Quirino Velázquez

Conforme se consolidaba la figura de Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial, millones de personas se acercaron al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para afiliarse al partido en ascenso, fundado en 2014. Se estima que más de 3 millones de personas fueron registradas como militantes entre 2014 y 2017, año en el que Morena cerró las afiliaciones. Pero “curiosamente” en febrero de 2020, cuando concluyo el tiempo que el INE aprobó para que los partidos, en un plazo de un año, depuraran, sistematizar y actualizaran sus padrones de militantes, en Morena había, solamente, 317 mil 595 militantes.

A más de dos años después de ganar la presidencia de la Republica, la mayoría en las dos Cámaras del Congreso de la Unión, la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, ahora con siete gubernaturas, la mayoría en 20 congresos estatales y múltiples cargos municipales, Morena no ha podido pasar por un proceso de renovación de sus órganos de dirección.

Sin duda hay cosas que ocurren en Morena que no pueden explicarse siendo el partido en el poder. Pero viendo que en la administración federal existen otras situaciones inexplicables (ejemplo el manejo de la pandemia), no hay que sorprenderse mucho.

Así, entre el “impasse” del coronavirus y la crisis económica, pasó casi desapercibido que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó al INE que se haga una encuesta abierta a militantes y simpatizantes para elegir al nuevo dirigente del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), tras muchos meses de batallas internas por la dirigencia.

En efecto, pugnas internas, ambiciones políticas, incongruencias ideológicas, incumplimientos estatutarios, intereses de grupo y otros vicios más impidieron a Morena, de acuerdo a sus calendario y estatutos, renovar su dirigencia nacional desde el pasado año.

La carencia de un padrón formal de integrantes, canceló la posibilidad de una elección interna legítima, ordenada, y creíble que diera al partido en el poder un nuevo comité ejecutivo nacional sólido que se encargara de preparar las elecciones del 2021, las más grandes de la historia.

Falla tras falla, error tras error y conflicto interno tras conflicto interno, ha convertido a Morena en una rebatinga en la que se vislumbra como claro perdedor al propio partido que llegará a las elecciones del primer domingo de junio próximo como una mezcla de intereses y grupos, no como una alternativa político ideológica que dé soporte al gobierno de la 4T.

Cierto, en el hoy partido dominante no existen incentivos para el acuerdo y la negociación, después de haber tenido tres dirigencias (una fuerte la de AMLO, otra muy cuestionada la de Yeidckol Polevnsky y una muy gris la Alfonso Ramírez), han transitado por un sinfín de desencuentros que han agravado sus grietas y discrepancias.

Hace más de un año desde Palacio Nacional les sugirieron abiertamente cual tendría que ser la solución “hagan una encuesta”, sin embargo, no hubo posibilidades de acuerdo, se ignoró el diálogo y la posibilidad de crear un balance entre las fuerzas internas para llegar a una solución medianamente aceptable (en política no existen las soluciones perfectas).

El que el partido en el poder no sea capaz de acordar un cambio de dirigencia, genera incertidumbre en el actuar de sus ejecutivos federal, locales y municipales, también trastoca su representación en el legislativo y ello afecta, quiérase o no, a la República en su totalidad.

Contrario a lo que dicta la lógica partidista, la cúpula dominante de Morena decidió cerrar la posibilidad de nuevas afiliaciones, aseguraban que con ello se impedía que intereses ajenos a su proyecto intervinieran en su vida interna, cosa extraña, simpatizantes y ciudadanía en general se quedaron sin la oportunidad de adherirse al proyecto político que había arrasado en su primera elección. Al mismo tiempo, en Morena se formó una extraña amalgama de cacicazgos locales y gremiales, y hoy esta “atiborrado” de mercenarios políticos principalmente venidos del viejo y corrupto PRI.

Además, decidieron detener el desarrollo de su escuela interna de cuadros, grave error, sus principales políticos habían emigrado a los primeros y segundos niveles de la administración pública federal, sus fuerzas básicas necesitaban entrenamiento y capacitación en muchos temas, no la recibieron, decidieron entonces organizar “grupos de defensa” en muchos y variados distritos, sin embargo, ello impide la profesionalización de la militancia, necesaria en toda organización política, sobre todo la que se encuentra en el poder.

Ante la falta de un liderazgo fuerte, corrientes internas se fueron balcanizando. Cabe recordar que “origen es destino”, un día sí y otro también aparecían grupúsculos sin nombre pero que obedecían a un político encumbrado, algo muy parecido a lo que sucedió al interior del mal recordado PRD (hoy en etapa terminal), incluso lo prohibieron, pero no hicieron caso a sus propias reglas. A todo lo anterior se añade la presión que a diario hacen los famosos “fundadores”, aquellos que sienten tener un mejor derecho que los demás y que a toda costa han impedido la renovación de las élites internas de ese partido.

Y para rematar, uno de los actuales contendientes a la presidencia nacional, calificó a su propio partido (Morena) como un membrete sin vida, de hecho, lo son, no es que sea una organización secreta infranqueable, simplemente no hay órganos internos que le den vida, han desperdiciado casi dos años en ponerse de acuerdo solamente en la posibilidad de elegir una dirigencia y esto no pinta orgánicamente bien.

De cualquier forma, parece que habrá de surgir una nueva dirigencia, ahora por la vía de la encuesta abierta a toda la ciudadanía organizada por el INE, con todos los que ello implica y sin la garantía de que quien resulte triunfador sea respetado y obedecido en su dirección por los demás.

Treinta y cinco morenistas buscan la presidencia y treinta y seis la secretaría general, estos números revela lo fragmentado del partido y la ausencia de liderazgos verdaderos. Ni siquiera el octogenario y coyote de cepa Porfirio Muñoz Ledo con toda su estela de trabajo aglutina al número de simpatizantes necesarios para sentirse triunfador.

Están también en la búsqueda del control partidista jóvenes con consistencia ideológica, pero sin liderazgo, como Gibrán Ramírez y Antonio Attolini; políticas de cuestionable trayectoria como Yeidckol Polevnski, que ya mostro que no puede con el partido; y moderados con presencia pública nacional como el economista Mario Delgado Carrillo, entre otros muchos más.

Las encuestas darán el resultado, pero el mayor riesgo es que los grupos al interior de Morena se sigan por la libre e impidan que el partido se consolide en el proceso electoral más importante de su vida política. Al final de todo, yo creo (ojalá me equivoque) que acabarán en tribunales, y no será fácil la reconciliación.

Termino invocando palabras del joven periodista español Marc Bassets, que bien les quedan a los morenistas: “las intrigas, las frases envenenadas y las puñaladas traperas son desde tiempos inmemoriales, indisociables de la lucha por el poder, pero hay un límite….

“…Y si muero lejos de ti que digan que estoy dormida y que me traigan aquí.”

Fabiola Serratos

Después de casi un año escribiendo para ustedes, siempre guiando el enfoque de la crítica y al mismo tiempo, cerrando con una posible reflexión, la cual podría ayudarnos si trabajamos de forma colectiva en mejorar el entorno social en que vivimos.
Hoy he despertado como todas las mañanas alistando el café, de fondo Flor de Piña suena, con emoción recuerdo mi estancia en Oaxaca y mis malos intentos por aprender a bailar aquel son. Se me eriza la piel recordando mi huipil con enagua y las flores en mi cabeza. De entre todas las cosas que adoro de ser mexicana esa ha sido una de mis proyecciones favoritas, de las historias que podría contarles cuando celebramos nuestra identidad mexicana. La elotiza con la familia, el pozole, los bailes, los trajes y la convivencia familiar que muy pocos países viven.
En los últimos meses si atención y reflexión hicimos durante pandemia, pudimos notar la gran desigualad, la violencia y los problemas que nos duelen desde hace tiempo como sociedad, pero sin duda hablar de independencia es recordar las luchas sociales que poco a poco han brindado trascendencia a nuestro país, eso debería ser para nosotros inspiración y una invitación a la lucha que en pleno 2020 nos corresponde. No se trata de invisibilizar la violencia, de callar las voces de las personas que continúan buscando a sus familiares desaparecidos, tampoco de excluir la lucha de miles de mujeres que se han cansado de la opresión y los feminicidios. No se trata de guardar silencio mientras los gobiernos se enriquecen y nosotros tenemos carencias de servicios básicos, sobre todo no se trata de ignorar la forma en la que vilmente endeudaron al estado, las caras y los nombres de quienes lo hicieron y ahora hacen alabanza buscando una nueva oportunidad en candidaturas anticipadas. Si recordamos tan solo lo que un pequeño grupo bien organizado pudo llegar a lograr, nos sentiremos valientes y cuestionaremos la idea de resignación e indiferencia en la que de pronto caímos al sentir, que ninguna lucha o participación puede lograr liberarnos. Conocer la historia nos sirve como motor, como impulso para ser mas que salvadores de redes sociales, si no que debemos involucrarnos en la participación social y comunitaria, buscar la unión que construya espacios seguros y visualizar un futuro integro y digno donde “decirnos mexicanos” no incluya el desprecio a quienes dieron vida, raíces y libertad, pues aquello grandioso que somos no fue un logro de ningún gobierno, sino de nuestras familias y todas las generaciones que con trabajo, tradición y cultura son el sostén de lo que ahora somos y nuestro deber es continuar con aquello que enfrentaron, aportando nuestra parte, una donde no haya cupo para las excusas o el conformismo, sino una apropiación exquisita de la cultura que nos representa y quizá sea la única que pueda mejorar nuestra calidad de vida, si recordamos y mantenemos ese apego a nuestra pura identidad.
¡Viva México!

¿No cometemos errores?


“somos tan fuertes como unidos estemos o tan débiles como divididos estemos”

Fabiola Serratos

En esta ocasión más que una crítica he sido reflexiva, hoy por la mañana mientras leía las notas y comentarios de lo acontecido en el municipio, me encontré con un encabezado repleto de soberbia y tremenda indiferencia.
“No hemos cometido errores”
palabras del presidente municipal quien en su informe adornó la realidad que verdaderamente acontece a Tlajomulco, mientras los empleados del ayuntamiento de cuyas adulaciones depende su trabajo, compartían y halagaban el informe que se dio en vivo, en Santa Fe encontraban el cadáver de un hombre lanzado a un canal, en San Sebastián un hombre fue linchado por abusar de una niña y lastimar a su hermano de ocho años, en temas de seguridad no hay nada que esconder, como tampoco en servicios que ayuden a mejorar los escenarios de las colonias en marginación. Las personas han normalizado tanto los homicidios, los robos, las fosas etc. que incluso se puede ver en redes la forma sarcástica con la que se toma ser un municipio con los primeros lugares en violencia.
Afirmar con seguridad que no existen errores es una negación ofensiva para los ciudadanos
Cuando desde lo personal vivimos en negación caemos en idealizaciones fantásticas, donde la soberbia o el miedo de enfrentar nuestros problemas nos llevan al aislamiento y a un grupo reducido que nos haga afirmar nuestro autoengaño, así mimo sucede también a un nivel social. Los grupos que necesitan tal fantasía niegan exista otra realidad, pues la comodidad se encuentra en el privilegio al que se aferran y del cual dependen sus vidas cómodas.
Quienes verdaderamente respetan y aprecian el trabajo, son críticos consigo y con su equipo de trabajo, enfrentan y cambian realidades, pero mientras en comunidades salir a trabajar es una odisea de riesgo, mientras fraccionamientos se manifiestan por falta de apoyo, hoy escuchamos a un gobierno presuntuoso, egocéntrico y déspota que afirma no existen problemas de gravedad.

Conocer los discursos de fantasía que solo algunos celebran, nos lleva
a despertar nuestra conciencia, la invitación a saber que ningún gobierno se sostiene encima de ciudadanos que se educan a sí mismos, que asumen su responsabilidad ciudadana enterándose de su entorno, siendo críticos, reflexivos y objetivos, porque mientras renegamos de la educación de ésta depende la calidad de los gobiernos que ponemos al frente de nuestras vidas.
La política no puede ser vista con fe, ni fanatismo, pues en ésta existen los disfraces, las acciones interesadas y los discursos falsos, donde los colores cambian y los políticos corren de un partido a otro para continuar tomando cargos. Votamos por partidos distintos pero por las mismas personas e ignoramos nuestra responsabilidad ciudadana de ver más allá de la desesperación o las amistades que puedan asegurar su trabajo. De nuestra responsabilidad depende el cambiar las circunstancias.
¿En manos de quién las dejaremos?
Hay cosas que no tienen precio, como la dignidad humana y esa es la que ahora debe surgir de todos nosotros.

El proceso electoral que arranca y sus retos en 2021

Ya comenzó formalmente el Proceso Electoral Federal 2020-2021, que será el más grande y el más complejo de nuestra historia.

Quirino Velázquez

El más grande, porque se está convocando a las urnas a casi 95 millones de ciudadanas y ciudadanos; se instalarán más de 164 mil casillas; se visitará a unos 12 millones de ciudadanos en sus domicilios con el fin de reclutar a cerca de 1. 5 millones funcionarios de casilla; y se organizará elecciones concurrentes (federales y procesos locales) en las 32 entidades del país para renovar más de 21 mil cargos públicos.

El más complejo, porque los grandes problemas nacionales siguen presentes y continúan erosionando nuestro tejido social y, en consecuencia, nuestra convivencia democrática. La pobreza y la desigualdad ofensiva siguen ahí, agravadas ahora con la compleja situación económica que azota al país y al mundo, recordándonos que, luego de más de un siglo, la justicia social que prometió la Revolución Mexicana sigue siendo un aciago pendiente. La corrupción y la impunidad que la alimenta sigue lacerando la desconfianza en la política y en las instituciones y genera una peligrosa antipatía con la cosa pública. Y la inseguridad sigue lastimando la convivencia pacífica y civilizada que supone una democracia.

A todo ello se suma la incertidumbre y temor que trajo consigo la peor pandemia del último siglo, que nos ha obligado a reinventar la vida social y a modificar radicalmente nuestras prácticas y modos de convivencia.

Así, las campañas políticas no podrán tener la parafernalia como ha ocurrido desde la era democrática moderna. Esto podría contribuir a que no se derroche dinero de manera tan indecorosa, como se hacía antaño.

Sin embargo, el riesgo de un abstencionismo histórico es inminente. La polarización, el hecho de que se elija a 15 gobernadores y la participación diaria del presidente AMLO deberían hacer suponer que será un proceso bastante movido, pero el Covid-19 amenaza y pone en riesgo el ánimo de los electores.

A partir de la inauguración del proceso electoral, muchos discursos cambiarán drásticamente. Porque toda esa imaginaria colectiva de la “4T” y la “oposición” dejará de ser hipótesis y fantasmas. Ahora se tendrán rostros y nombres, de uno y otro bando.

Conoceremos si como ciudadanos hemos aprendido la lección de escoger correctamente a nuestros gobernantes y representantes. Si analizaremos a las personas o nos moveremos solo por la afición a los colores partidistas. Recordemos también que será la primera ocasión en la que los diputados federales podrán ser reelectos y que, en el caso de Jalisco, los diputados y munícipes también lo podrán ser, por lo que se enfrentarán al premio o castigo de los electores.

El show de las elecciones en México ha comenzado. Arrancó como un huracán, negando el registro, por parte del INE, al partido del nefasto expresidente Felipe Calderón “México Libre”.

En este contexto, el proceso electoral 2020-21 ha dado formal inicio. Como poderoso remolino, que aspira todo lo que pulula a su derredor, la contienda por una gubernatura, un escaño, una presidencia municipal o regiduría se vuelve irresistible para muchos. Como todas las elecciones intermedias, los pronósticos se arremolinan para indicar derroteros que podrán cumplirse o, tal vez, quedar truncados. Pero las ambiciones usualmente se desbocan en persecución de horizontes, posiciones y certezas que, por lo regular, quedan cortos. Aun así, se forma una avalancha de sentires que llegan a traicionar los principios y la honorabilidad de aquellos que aspiran a ser electos. Ocupar una curul en la Cámara de Diputados (federal o local), la silla en palacio de gobierno (en el caso donde habrá elecciones para gobernador) o en palacio municipal se torna un asiento predilecto de cualquier sujeto que merodea por los alrededores.

Además, simultáneamente, se desarrolla otro drama paralelo a la contienda electoral: la disputa por la presidencia nacional de Morena. Esta presidencia no es cualquier puesto a elegir, sino, precisamente, el de mayor peso partidario y político de la actualidad. Uno que representa y responde por la mayoría de las legislaturas. Y lo que estará en disputa el año entrante, en verdad, no sólo serán escaños legislativos, gubernaturas o municipios, sino el destino y la continuidad de un proyecto político.

Es por eso que la presidencia de Morena adquiere una importancia crucial. Ahí se concentrará el tifón que indicará hacia dónde habrá de girar la visión nacional. Ahí se esculpirán las consignas que, puestas en práctica, habrán de tener resonancia en múltiples ámbitos de la vida organizada del país. Luego entonces la lucha por escoger a quien dirigirá sus derroteros, durante este crucial periodo, adquiere significación especial.

Morena ha perdido aire ideológico en los últimos años si es que algún día, en efecto, lo tuvo. Guiado por la fuerza gravitacional de un intento transformador, no pudo hacer otra cosa que seguir tal huella. Incapaz de levantarse por su propia voluntad para darle continuidad y horizonte a la aventura, se refugió en posiciones de trincheras. Se afilió, sin realmente fuerza, a la energía derramada por el lopezobradorismo. Ha sido un movimiento que tal vez concentró sus abundantes capacidades en asuntos de menor traza. Unos, marcados por copiosos pleitos y rivalidades internas. Disputas que le impidieron aglutinar a sus agremiados tras cuestiones trascendentes. No ha podido conjuntarlos y, menos aún, animarlos a visualizar lo que al país le espera delante de las crisis actuales.

Yo no sé quién vaya ser el nuevo dirigente nacional de Morena, ojalá no vaya ser Porfirio Muñoz Ledo quien, además de su muy avanzada edad, fue colaborador del “burro” Vicente Fox (PAN), ha sido presidente del PRI y del PRD. Es decir, es un ajonjolí de todos los moles que ya mal puede hablar y de plano no puede caminar. Viejo “coyote” y pragmático Muñoz Ledo por sus características tiene más posibilidades y debería buscar más bien llegar al infierno (a donde sin duda llegará) que a la presidencia de Morena. Y no porque tenga algo en contra de las personas de la tercera edad (en esas ando) pero el octogenario Porfirio por decoro debería darle oportunidad a jóvenes y no tan jóvenes que entran en la disputa (Gibrán Ramírez, Antonio Attolini, Mario Delgado, Javier Hidalgo y un puño más) y que desde luego tienen mejor perfil que él. En fin, esa es cosa de los Morenos que a decir verdad no inician el proceso electoral muy bien que digamos.

Finalmente, no deberá transcurrir mucho tiempo de que se produzca la información que definirá quién(es) estará(n) en uno de los frentes de batalla y quién(es) en el lado contrarios para, entonces sí, comenzar a hacer un análisis de prospectiva serio de cara a los comicios por venir que, amén de ser los más grandes y complejos de las últimas décadas, serán también los que de manera más clara aportarán a definir el futuro de México…

Concluyo, a propósito del proceso electoral que ya arrancó, con lo dicho por el presidente AMLO durante su conferencia matutina del pasado martes: Vamos a estar fisgoneando el gasto en estados y municipios si vemos que están utilizando dinero de presupuesto del gasto estatal para entregar despensas o comprar votos lo vamos a denunciar” (pero no dijo nada del gasto federal).

PD. José Gabriel Velazquez y Rosina Chavira asumieron la dirigencia municipal del Partido Movimiento Ciudadano (MC) en Tlajomulco. No es un reto menor dadas las condiciones de todos los partidos políticos, que como vehículo de representación y gobernanza han perdido credibilidad ante la opinión pública, porque lucen deteriorados, agotados, descoloridos y anémicos (y no por la pandemia), en un momento en que nuestra democracia demanda que los partidos se reinventen, se sacudan y se renueven, para que sigan siendo quienes tomen las iniciativas ante un régimen cada vez más cerrado. “No es el hecho, sino lo que significa el hecho”.

Un proceso diferente

Alfonso García Sevilla


Esta semana inició oficialmente el proceso electoral 2021, mismo que se antoja será muy interesante, ya que se juega la mayoría legislativa el presidente López Obrador, además de que serán unos comicios marcados por la pandemia del Covid-19 y la crisis económica que ha dejado a su paso.
Interesante será ver si el proyecto de nación de AMLO se refrenda en las urnas, si bien es cierto el mandatario goza aún de mucha popularidad -las casas encuestadoras manejan en promedio 54 por ciento de aprobación- también es cierto que la situación actual del país no pasa por su mejor momento y aún no se ha tocado fondo. La economía pasa por un bache que ha hecho retroceder el Producto Interno Bruto en 18.9 por ciento en lo que va del año, la inseguridad y la violencia desbordadas sin freno y el sector salud sin medicinas para los enfermos de cáncer, afectando en mayor medida a los niños.
Asimismo, la oposición está diezmada y no ha encontrado la fórmula necesaria para hacerle frente. A pesar de los múltiples tropiezos de la administración federal, no hay en la clase política actual un paladín que enfrente a la 4T, el desprestigio de los políticos abona a la imagen que conserva AMLO de honestidad, vamos, la percepción de la gente sigue siendo de que pueden ser todos corruptos, menos el presidente.
Otro factor por seguir será el cómo hacer campaña ante las condiciones sanitarias por el Covid. De seguir las cosas como hasta hoy no será factible la campaña de eventos masivos, donde los aspirantes enseñan músculo para generar percepción. Los espectaculares, vallas, playeras, cilindros, pero, sobre todo, los medios y las redes se verán saturadas de publicidad política, con el consecuente hartazgo del ciudadano y las toneladas de basura que generan.
Esperemos la confirmación de alianzas locales y federales, las estrategias en materia de comunicación para defender y atacar al gobierno, las propuestas de uno y otro lado para sacar a México de la crisis, pero lo más importante será que la elección del 2021 traerá consigo el juicio sobre el desempeño de la primera mitad de AMLO ¿cuánto ganará o perderá? Esa será la cuestión principal de este proceso.

Así va la disputa electoral

Quirino Velázquez

El próximo año el mapa político de México cambiará de colores partidistas con base en dos referencias: el respaldo o el castigo a la administración actual que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador. En el próximo proceso electoral se disputarán 21,368 cargos elección popular y 15 gubernaturas, la complejidad electoral de 2021 mostrará qué apoyo retuvo AMLO en la primera mitad de su mandato o, por el contrario, cuánto espacio recuperará la oposición.

A nueve meses de distancia de la fecha en que se llevarán a cabo (06 de junio 2021) las elecciones más grandes y complejas de nuestro país, parece que ya iniciaron las campañas electorales. Sin duda los tiempos de campaña agobian por su intensidad, pues el encono se vuelca por completo a la contienda y los gobiernos se convierten en una extensión de los partidos. Toda la atención y todos los recursos se disponen para ganar votos, se privilegian las posiciones de los compañeros y se bloquean las propuestas de los adversarios. En ausencia de instituciones sólidas, son los intereses personales (agrupados en las siglas partidarias) los que dirimen los asuntos públicos. Las diferencias se agigantan, se diluyen los matices, las ideas se hacen consignas y todo se forma y se interpreta en clave electoral.

domina perfectamente Andrés Manuel López Obrador y, a su vez, la lógica que domina al presidente. No hay gobierno sino campaña permanente y, en consecuencia, todas las decisiones se toman en clave de amigo-enemigo. Quien no comprende esta dinámica tampoco entiende el sentido de las decisiones que se han ido tomando. Los puestos no deben ocuparlos los servidores públicos profesionales sino los leales, los presupuestos no solo están para resolver problemas sino para incrementar la influencia del bando propio, los programas se diseñan para llegar al mayor número posible de electores y la narrativa del gobierno justifica todo lo anterior.

Así, aun con ese método de trabajo, en la víspera de lo que fue su Segundo Informe de Gobierno, diferentes encuestas colocaron al presidente López Obrador en franca caída de su original apoyo, particularmente el caso de la realizada por el diario Reforma, que coloca la aprobación del presidente en 56%, 22 puntos porcentuales que en la primera encuesta de evaluación del gobierno lopezobradorista realizada por el mismo medio en marzo de 2019.

En efecto, en la encuesta más reciente del periódico Reforma, el presidente López Obrador tiene una aprobación del 56% de la población. Nada mal considerando los resultados (bastante malitos) de su gobierno. Resulta que, a Morena su partido, tampoco le va mal. En la encuesta referida, cuando se pregunta “si hoy hubiera elecciones para diputado federal, ¿por quién votaría?”, el 43% de los mexicanos responde que “Morena”. Es, de lejos, el partido con mayores intenciones de voto en este momento.

Muy atrás se encuentra el PRI, en segundo lugar, con el 21% de las preferencias. Vale la pena detenerse un momento para cuestionarse cómo jugará el tricolor en las próximas elecciones. De entrada, uno pensaría que el PRI es una de las alternativas opositoras. Efectivamente, podría jugar ese papel. Posicionarse como una opción antilopezobradorista con un ojo puesto en la elección presidencial de 2024.

Por increíble que parezca, hay gente que piensan que el PRI puede regresar al poder después del cochinero de corrupción que dejó el sexenio de Peña Nieto.

También, el PRI puede jugar como uno más de los partidos satélites del lopezobradorismo. A muchos priistas les gusta estar dentro de la coalición gobernante, ya sea por compatibilidad ideológica o conveniencia a sus intereses. Uno de esos intereses es mantener la impunidad frente a actos de corrupción. Tomemos el caso hipotético de un gobernador priista de un estado donde habrá elecciones para sucederlo en 2021. Dicho gobernador sabe que tiene mucha cola que le pisen: que abusó de su poder para enriquecerse. Por un lado, puede competir fuerte para que se quede el PRI en el poder, pero corre el riesgo que lo investigue el gobierno federal y acabe en la cárcel por corrupto. Por el otro, puede dejar que gane el candidato de Morena negociando su impunidad futura. No hay que ser genio para saber que, entre ir a la cárcel o vivir tranquilamente en Vail, cuál sería la decisión de dicho gobernador.

Me parece que Morena, incluyendo al presidente AMLO, está en la tesitura de una alianza tácita con el PRI, el famoso “PRIMOR”. El coqueteo de ambas partes es evidente. Sino vean lo que sucedió en la Cámara de Diputados que acaba de eligir como su presidenta a la priista Dulce María Sauri (ex presidenta nacional del PRI ligada a Salinas).  

Si es así —y tomando en cuenta que el Partido Verde, el del Trabajo y Encuentro Social (que posiblemente recupere su registro) ya orbitan alrededor de Morena—, ¿cuáles alternativas opositoras reales habría en la boleta?

Está, desde luego, el PAN quien tiene el 20% de las intenciones de voto en la encuesta de Reforma. Ese no es un número nada halagüeño. Sin embargo, según la serie de encuestas del mismo periódico, trae una tendencia al alza. En marzo de 2019 tenía tan sólo el 12% de las preferencias. En la medida en que Morena ha caído (de 57% en marzo del año pasado a 43% en la actualidad), el PAN ha subido. No es casualidad, en este sentido, que desde el gobierno federal estén tratando de involucrar más a los panistas del pasado que, a los priistas, en presuntos casos de corrupción.

Pero aquí entra otro factor que todavía no puede medirse en las encuestas: los nuevos partidos que recibirán registro por parte del INE (esta semana se va a conocer cuáles). Uno de ellos será, con alta probabilidad, México Libre, el partido de varios expanistas, incluidos Margarita Zavala y su esposo el beodo nefasto expresidente Felipe Calderón. Se trata de una opción de derecha que, sin duda, le disputará votos al PAN. Eso es oro molido para Morena porque, en la medida en que se divida el voto opositor, los morenistas podrían ganar más puestos de elección popular.

Movimiento Ciudadano es un partido que sí ha jugado a ser oposición verdadera, sobre todo sus tres principales figuras, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, el hoy senador con licencia Clemente Castañeda (dirigente nacional de MC) y el sempiterno líder naranja Dante Delgado. El problema es que MC sigue siendo un partido chico a nivel nacional. En la encuesta de Reforma ni siquiera sale como opción; es parte del 10% de respuestas que se agregan en “otros”. Y si le agregamos a eso que no van a ir en coalición con otra fuerza política para las elecciones federales (según lo declarado por su dirigente nacional Clemente Castañeda) sabe Dios como les vaya. Aunque a decir verdad eso, junto con la designación de buenos candidatos puede ser una gran fortaleza electoral en los próximos comicios que los saque ya de la posición marginal que ahora tienen a nivel nacional. Yo creo que están haciendo bien en no coalicionarse con los que se conocen como “partidos tradicionales”

En dicha encuesta, hay un 6% que votarían por “independientes”. Interesante resultado de una figura política en declive que tuvo su auge en la elección de Jaime Rodríguez como gobernador de Nuevo León hace cinco años, pero que luego se desinfló como globo.

Podemos pensar que, según las encuestas, la aprobación del presidente López Obrador es un fuerte predictor del voto por Morena. Sin duda, rumbo a 2021, el factor AMLO es central. Aún sin estar en la boleta, el presidente estará en la mente de los electores, y eso juega a favor de su partido (Morena) en las elecciones intermedias, que suelen tener un rasgo plebiscitario.

Por lo pronto así están las cifras en las encuestas, pero todavía falta mucho. Lo más importante: quiénes serán los candidatos. Viendo los números de hoy, seguro que quienes sean candidatos serán fundamentales para definir la contienda del próximo año.

Voces que no tienen precio.

“Nada más violento para un gobierno que un pueblo que alza la voz”

Fabiola Serratos

Después de varias semanas de ausencia en las letras, nuevamente comparto para ustedes reflexiones que surgen de conversaciones y visitas que realizo a lo largo de Tlajomulco. Tengo varios días ya eligiendo los temas adecuados y es que en las últimas semanas muchas han sido las cosas de las cuales podemos hacer una crítica. Las personas se encuentra hastiadas, se acabaron los tiempos de silencio y de aguante, hay dignidades que no tienen precio y hay luchas sociales que no las detienen ofertas laborales o compadrazgos.
Mientras Tlajomulco se hunde en la violencia donde en el último mes no ha pasado un solo día sin que las noticias locales y los grupos de seguridad no confirmen algún tipo de homicidio.

Nuestros representantes dentro del gobierno, continúan haciendo campañas plantando arbolitos, repartiendo despensas o en comedores comunitarios. No terminan de comprender que hacer figurar sus A.C. Y movimientos altruistas no ha garantizado, ni mejorado las condiciones que como responsabilidad tienen, las calles de todo Tlajomulco están decoradas con baches, la falta de alumbrado ha creado escenarios perfectos para la delincuencia, la mayoría de los habitantes han normalizado la violencia y otros más han decidido tomar justicia por su cuenta linchando delincuentes.
La responsabilidad del verdadero trabajo político de nuestros representantes está ausente, vacía y carente de lo que verdaderamente compete el trabajo de gobierno y esto es fácil de asimilar porque estamos a un par de meses de iniciar precampañas y es mas sencillo hacerse publicidad como activistas que como políticos.
Los coordinadores y jefes de zona cargan con la responsabilidad de justificar las soluciones que desde el cabildo quedan congeladas, las iniciativas no pasan de los escritorios o las transmisiones en vivo de algunos regidores. Aunque tengo que recalcar QUE NO TODOS (para evitar herir susceptibilidades) en cargos de decisiones son pocos los representantes que salen a las calles a escuchar y dar soluciones a las comunidades que prometieron representar. Pues algunos custodiados o rodeados de asistentes evaden conversaciones con los ciudadanos.
Los pretextos más comunes.
“Aun no entrega la constructora”
“No hay suficientes elementos de seguridad”
“Estamos viendo el problema”
Entre muchos más.
Se ha vuelto común el ignorar a los ciudadanos, que hasta no unirse y alzar la voz se le da la seriedad a sus problemas que pasan de una dependencia a otra entre excusas.
A aquellos servidores públicos que se toman en serio su trabajo como tal y buscan el dar prontas respuestas agradecemos y entendemos la lucha que enfrentan dentro de un ayuntamiento de pretextos, sin embargo aquellos que continúan desde hace casi 3 años haciendo campaña que los posicione a un mejor cargo, aquellos trepadores y arribistas que viven de su cinismo y las mentiras que predican, les recordamos que en pleno 2020 hay personas que no se deslumbran con engaños y tampoco consideran el volver a ser representados por personas como ustedes.
Es cierto que para que un municipio mejore la calidad de vida de sus habitantes debe existir un trabajo en conjunto, pero también sabemos que después de varias administraciones, muchos trabajaron más por llenarse los bolsillos que por mejorar la vida y el entorno de los habitantes de Tlajomulco. La responsabilidad más grande la tenemos nosotros como ciudadanos pues seremos nosotros con nuestra elección quienes vuelvan a condenarse o aspirar a ser representados por personas que realmente comprendan que hacer campañas eternas no es trabajar por Tlajomulco.

¿Qué sigue?

Alfonso García Sevilla

Se llegó, se rebasó y continuamos padeciendo el escenario catastrófico que Hugo López Gatell, subsecretario de salud federal, predijo acerca de la pandemia del Covid-19: 65 mil muertos, exhibiendo un endeble andamiaje para prevenir esta tragedia, más cuando el propio funcionario tan solo consideraba que el número de víctimas sería, según lo dio a conocer el 27 de febrero, sería de “12,500 personas que podrían perder la vida con un intervalo tan de amplio como justamente el límite de 6,000, que podría llegar hasta cerca de 25,000 o 30,000”.

Gatell ha fracasado rotundamente, y para muestra varios botones:
Decretó el fin de la jornada de sana distancia, cuatro semanas después, se duplicó el número de defunciones, en una curva que hasta hoy no se aplana; estableció una vocería caracterizada por la incongruencia, no generó contenidos ni mensajes de utilidad que permitieran movilizar a la población y a las autoridades de manera efectiva a favor de la salud; nunca estableció una coordinación tendiente a la cooperación con gobernadores en pro de la salud de los mexicanos y se prestó —como denunció el gobernador de Jalisco— al manejo político del semáforo epidemiológico; fracasó su “modelo centinela” porque aseguró que serviría para contabilizar los casos de contagio grave, pero el Registro Nacional de Población y el exceso de mortalidad dan constancia de que sus números no cuadran; además de negarse a promover el uso de cubrebocas, práctica que ha comprobado reducir el contagio. Peor aún, al comienzo de la crisis aseguró que México había aprendido de los errores cometidos por otros países y que aquí nunca pasaría lo mismo, cuando la tragedia es muy grande.

Pero sin duda, son los 65 mil 241 muertos por Covid la evidencia más contundente del fracaso de la 4T en el manejo de la pandemia y de Hugo López Gatell como responsable del barco. Los hechos nos exhiben a un funcionario incapaz de establecer estrategias congruentes a la realidad del país, incapaz de dejar el ego de lado y coordinarse con gobernadores, ausente de sensibilidad y sin capacidad de reacción ante los desbordados números que se dice, podrían superar los 100 mil muertos en este año, sin que tengamos cambios radicales e inteligentes en el manejo de esta crisis sanitaria, ni en el encargado de hacerle frente.
Mi resto:

Exponenciales índices de violencia, percepción de corrupción que no cesa y una economía en una caída histórica marcan el segundo informe de gobierno de AMLO. Será interesante esperar si hay autocritica o si como de costumbre sigue en el camino del autoelogio y con otros datos sigue evadiendo la realidad que México enfrenta.

A %d blogueros les gusta esto: