Iniciemos el salvamento y el rescate

Quirino Velázquez

Un nuevo estudio alerta que la capa de hielo de Groenlandia, que forma parte del Círculo Polar Ártico, se ha derretido de tal manera que ha llegado al punto de no retorno, incluso, si las emisiones de gases de efecto invernadero se frenaran hoy y menguara el calentamiento, el hielo continuaría reduciéndose. Los glaciares de la isla más grande del mundo están en un punto de inflexión, de acuerdo con la investigación publicada (el jueves pasado) en la revista Nature Communications Earth and Environment. Son más de 280 mil millones de toneladas métricas de hielo derretido los que Groenlandia arroja al océano cada año y eso convierte a esta isla en el mayor contribuyente del aumento global del nivel del mar.

En el sur, en la Antártida (Antártida​ o continente antártico, ​ también denominada Antártica en Chile, es el continente más austral de la Tierra. Está situada completamente en el hemisferio sur, casi enteramente al sur del círculo polar antártico y está rodeada por el océano), los científicos han hallado que las enormes capas de hielo se derriten a un ritmo cada vez mayor y hay toda la probabilidad que se acelere más en el futuro. ¿Qué significa? Que el continente helado también está arrojando agua al océano. De acuerdo con una investigación financiada por la NASA y publicada en la revista Nature Geoscience, la fusión del hielo elevará drásticamente el nivel del mar con consecuencias potencialmente catastróficas para la humanidad.

Mientras, lamentablemente, eso sucede en los casquetes polares, un gran iceberg ya golpeó al trasatlántico de la política mexicana. Lo peor, no sé sabe cuántos botes salvavidas tenemos. Por eso no sé sabe si se salvará el régimen, el partido, el gobierno, el sistema o el país. No sé sabe si se salvarán todo ello o no se salvará nada. Tampoco sé sabe a quién se quiere salvar. Es más, no sé sabe si tenemos botes salvavidas.

Pero, de tenerlos, es muy claro que el régimen podría salvarse si se pone del lado de la gente y si aplica una adecuada política nacional. Que el partido gobernante (Morena) podría salvarse si se deslinda oportunamente del gobierno en lo que no le gusta al electorado, si encuentra y elige candidatos idóneos (internos y externos) para las próximas elecciones, si diseña y aplica una estrategia inteligente, si propina un oportuno golpe político magistral (cómo parece ser el caso Lozoya), si consensa con aliados provechoso (no importa que no sean partidos) y si cuenta con la suficiente suerte.

Es muy claro que el gobierno (de los tres niveles) podría salvarse si deberás abraza una muy convincente legalidad, efectividad, gobernabilidad y honestidad. Que el sistema podría salvarse si recurre a una política económica y social que lo reconcilie con las mayorías. Que el país se salvaría si se puede reinstalar la seguridad, el desarrollo y la justicia, así como si se puede realmente atenuar o acabar con la terrible desigualdad imperante.

La historia política de la humanidad ha sido infalible en los últimos 250 años. A los periodos de ingobernabilidad generalizada y de corrupción incontrolada los ha sucedido la dictadura popular, la dictadura militar o la disolución del Estado.

Todo esto, nos trae un mensaje para los días actuales. Sabemos muy bien hacia dónde queremos llegar. Para nadie es un enigma lo que debiera ser nuestro destino en cuanto a desarrollo económico, justicia real, seguridad pública, suficiencia energética, modernización educativa, cultura integral, reordenación hacendaria, desarrollo social, salud de fondo, medio ambiente, reinserción internacional, paz verdadera, respeto tolerante, cooperación recíproca, humanismo de esencia y gobernabilidad política.

Pero de lo que no estoy tan seguro es de qué tan conscientes estamos de nuestro punto de partida. Porque es muy cierto que necesitamos una nueva visión y un nuevo ejercicio de la vida colectiva. Pero ¿qué vamos a hacer con nuestro actual trebejo (utensilio que se utiliza para realizar alguna actividad)? ¿Lo vamos a cambiar por equipamiento nuevo o tan sólo lo vamos a reparar, a decorar o a enjuagar? ¿Llamaremos al reparador o, de plano, a un nuevo proveedor? Porque algo de lo que ya no nos funciona puede tener compostura, pero algo sólo se mejora con repuesto.

Esto me ha recordado que, en mis años adolescentes, me pareció toda una hazaña la travesía del Apolo XI. Desde luego, lo fueron el descenso del módulo lunar Eagle, los informes de su piloto Edwin Aldrin jr, la caminata del comandante de la misión Neil Armstrong (primer hombre sobre la Luna) y las transmisiones desde Honeysuckle Creek (estación terrena de la NASA en Australia cerca de Canberra, y fue fundamental para el Programa Apolo). Pero, con el paso del tiempo, fue cuando me percaté que lo más importante de toda esa proeza no fue haber llegado a la Luna sino haber salido de la Tierra.

En efecto, vencer la gravedad terrestre fue el tema esencial de las travesías espaciales. Para salir del planeta, el hombre tuvo que inventar maquinarias y combustibles, instalar centros de navegación, adiestrar legiones de nuevos especialistas, descubrir muchos datos de la relación de la Tierra con el resto del espacio, así como mil cosas más. Llegar a otros lugares del cosmos fue tan sólo una consecuencia derivada del lanzamiento de la nave.

Es muy cierto. Sólo la madurez o algo que se le parece me convencieron de que, en la vida, lo más importante no es a dónde llegar sino de dónde salir como individuos, como sociedad, como gobierno, como partido, como nación (cómo entidad federativa o cómo municipio) y como especie. Descubrir o inventar lo que tendremos que disponer para salir de nuestra celda gravitacional.

Llegar al país que queremos puede llevarnos una, dos o varias generaciones. Pero lo más importante, para nosotros los actuales, no es llegar a nuestro destino de ensueño sino salir de nuestro lugar de pesadilla. Por eso, en muchas ocasiones me he preguntado si lo más importante de lo que hizo Cristóbal Colón fue haber llegado o haber partido. En ciertos momentos he creído lo primero, pero en muchos otros me he convencido de lo contrario.

Saber comprender todo esto es uno de los mayores desafíos del político y saber resolverlo es uno de los mayores atributos del buen gobernante. Vencer esas fuerzas gravitacionales representadas por el burocratismo, la insensibilidad, la apatía, los intereses, las corrupciones, los oscurantismos y las cobardías. Pero, también, saber medirlo para decidir en qué se requiere cambiar de método, de equipo, de programa, de institución o, incluso, en qué se requiere cambiar al sistema entero o al país (estado o municipio) completo.

Finalizó diciendo que: la sabia vida y la terrible pandemia nos han enseñado, primero, que todo es sumergible y es destructible. Segundo, que con la mayor rapidez nos debemos aplicar al control de daños. Tercero, a nivel nacional, estatal y municipal, que iniciemos el salvamento y el rescate.

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