Época de partidos o de líderes

Quirino Velázquez

Me encuentro en un receso obligatorio de actividades debido a la pandemia que vivimos y un intrascendente malestar sufrido. He aprovechado estos días para leer y releer, como diría Jorge Luis Borges.

Con ese preámbulo entro a materia. Desde que inició su decadencia el sistema monárquico, a partir de la Revolución Francesa, el poder político se ha focalizado en dos protagonistas. En ocasiones, en los partidos y, en otras, en los líderes.

Los partidos políticos requieren ideología, oferta, organización, estructura, legalización, recursos, arraigo, prestigio y hasta institucionalidad. Los líderes requieren circunstancias y suerte. Un partido requiere de años para consolidarse. El líder requiere de trabajo y tiempo, conocer sus circunstancias y saber aprovecharlas. Quizá, por eso, el sacerdote franciscano español Pedro Manero decía que “lo difícil no es aprovechar la oportunidad, sino saber cuál es la oportunidad”.

Al respecto de líderes, les cuento, que hace algunos días un grupo de jóvenes y futuros políticos y políticas (todos, todas de Tlajomulco, estudiantes, emprendedores, ninguno y ninguna mayor a los 25 años) se me acercó para platicar de política y me preguntaron (entre otras cosas) ¿qué se necesitaba para ser un verdadero líder? Les dije que yo estaba muy limitado para responderles, pero, a mi modesto saber y entender, entre otros factores, el verdaderolíderrequería tener profetas y apóstoles.

Luego vino la otra pregunta: ¿por qué profetas y apóstoles? Mi respuesta fue muy sencilla: el líder necesita de ambos, porque no le beneficia hablar sobre sí mismo. Son otros los que tienen que hacerlo por él. Autoelogiarse es muy malo (síndrome del yoyo), no es refinado, no es inteligente, no es gratificante y políticamente es contraproducente. Por eso se requiere de los profetas, que son los que preparan el terreno en el que habrá de surgir el líder y, por eso, se requieren los apóstoles, que son los que trabajan la cosecha de lo que el líder sembró.

Para explicarme (cómo lo hice con aquellos jóvenes), usaré, con todo respeto, un ejemplo: Jesús de Nazaret tuvo sus profetas, algunos muy remotos como Isaías que anunció la venida de Cristo. Pero otros fueron más cercanos, como Juan El Bautista, que preciso al decir, primero, que el tiempo ya se acercaba. Segundo, que el mesías ya había llegado y ya estaba entre ellos. Y, por último, que lo identifica, lo señala y lo devela. Pero todos ellos hablaron porJesús y no fue Jesús quien habló por sí mismo. De la misma manera, fueron los apóstoles los que dieron cuenta y fe de Jesús. De su vida, de sus prodigios, de su pasión y de su resurrección.

En la política sucede algo muy parecido. Los profetas del líder son los que proclaman lo que se requiere y a quién se requiere; los apóstoles son los “siervos” del líder, es decir, son todos aquellos hombres y mujeres escogidos por líder (para que se unieran a él) que trasmiten su mensaje. En otras palabras, son los que “hacen la talacha” a nombre del líder.

Ahora bien, en ocasiones, el líder utiliza el “tapujo”de partido político que, en realidad, no es más que una pantalla para pretextar o para simular. Por ejemplo, el partido Nazi era, en realidad, Adolfo Hitler, sin más ni menos. En otros casos, como el peronismo en Argentina, el líder trasciende en partido e, incluso, el año pasado (2019) triunfó electoralmente, a 74 años de su creación y a 46 de la muerte de su fundador. Nasser (principal líder político árabe de su época) destronó la monarquía y nacionalizó el Canal de Suez. Por otra parte, el partido comunista de Lenin trascendió muchas décadas. Europa y Estados Unidos han tenido partidos muy bien cimentados, pero pocos líderes reales que resalten más allá del quehacer burocrático.

En México, como en todos los países, hemos escrito nuestra propia historia. Hemos tenido épocas de líderes y épocas de partidos. También hemos tenido tiempos de nada.

Pero habrá que recordar que la historia nos dice que el fenómeno del liderazgo puede desbarrancarse en la pérdida, principalmente por tres motivos: la impotencia, la ignorancia o la indolencia. Es decir, porque no pudo, porque no supo o porque no quiso.

La impotencia proviene de su propia debilidad o de la fuerza de los que se le oponen. Porque no instaló la gobernabilidad, porque no asumió el liderazgo o porque no utilizó sus capacidades. O porque no se lo permitieron.

La ignorancia proviene de la falta de pericia, de la ausencia de información o de la incapacidad política. Porque no aprendió su oficio, porque no entrenó sus aptitudes o porque no entendió su encargo. Porque creyó, por ejemplo, que los impuestos o la pobreza son temas de la economía y no asuntos de la política.

La indolencia proviene de las pocas ganas, de los pocos esfuerzos y de los pocos trabajos. Porque se tardó, porque se distrajo o porque se desperdició. Porque se dedicó a lo que le gustaba y no a lo que lo obligaba. Porque nunca pensó lo que su pueblo quería, necesitaba o soñaba.

A su vez, se puede extraviar en lo imaginario, por tres motivos: porque se ilusionó, porque se engañó o porque se entercó. Es decir, porque no despertó, porque no aterrizó o porque no aceptó.

Todo lo anterior se da en lo que se llama liderazgo político.

Pero, parce que hoy en día, ha cesado el tiempo de los partidos y ha llegado la época de los líderes. Ejemplo Andrés Manuel López Obrador y Enrique Alfaro Ramírez, ambos al frente y con sus respectivos tapujos Morena y MC.

Desde luego, en ningún lugar ni tiempo han existido un líder ni un partido omnipotentes. Unos y otros pueden lo que pueden y son impotentes en el resto. Pero, para medio poder más que menos, un partido necesita una idea, un programa y un equipo. Para ello mismo, los líderes necesitan, además de profetas y apóstoles, de un pretexto, que debe ser sólido. De un enemigo real, que debe tener culpas. Y de un enemigo ficticio, para todo lo que se ofrezca. 

Mito o realidad. Leyenda o verdad. Eso es lo que rodea a los verdaderos líderes. A los buenos y a los malos. Así pasó con Hitler, De Gaulle, Churchill, Mao, Castro, Madero, Perón, Lenin, Nasser, Gandhi, Roosevelt, por mencionar algunos liderazgos políticos mundiales y desde luego, así pasara con AMLO y Alfaro por mencionar a dos de esta época.

Finalizo diciendo que, quizá por la terrible pandemia que nos azota, parce que éste no es época de partidos, sino de líderes. Mal para los que no tienen ni partido ni líderes, porque ello significa que no tienen política.

PD. Me enteré de la renuncia del Rodolfo Flores González a la Coordinación de Participación Ciudadana y Construcción de Comunidad del Ayuntamiento de Tlajomulco. No sé si dejó su cargo por que cometió un error o porque fue víctima de una canallada política. Ambas causas lamentables. Siempre he considerado y seguiré considerando a Rodolfo un buen hombre, un buen político y un buen servidor público. Lo conocí allá por el año 2010 en la administración municipal de Tlajomulco que encabezó el hoy gobernador Enrique Alfaro Ramírez y cómo colaborador cercano del hoy Senador y dirigente nacional de Movimiento Ciudadana Clemente Castañeda Hoeflich. Ojalá pronto se reincorpore a la política y al servicio público.         

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