Cómo ver en política

Quirino Velázquez

El poeta británico Lord Byron decía que: el pasado es el mejor profeta del futuro porque mucho nos anuncia de lo que va a pasar. Yo también creo, que el futuro es el mejor intérprete del presente porque, si logramos imaginar nuestro porvenir, podemos diagnosticar nuestro acontecer.

Por eso, debemos triangular algunos sucesos del pasado con la contingencia del presente y con la resultante hipotética del futuro.

Ese es el método que hoy utiliza la geriatría (parte de la medicina que se ocupa de las enfermedades propias de la vejez) preventiva. Mientras más sabemos de las enfermedades que padeceremos cuando viejos mejor podremos acondicionar nuestros hábitos conductuales cuando jóvenes. Algo así debiera ser más frecuente en la política.

Desde luego que no se trata de hacerle al adivino sino de utilizar datos duros y proyecciones sensatas. La geriatría preventiva parte de una premisa conocida y comprobada. De manera ineludible, vamos a envejecer. De hecho, nuestro envejecimiento comienza el día de nuestro nacimiento. No existe la eterna juventud. Luego, entonces, no menospreciemos ni desperdiciemos la previsión en la juventud.

Es insensato no ver hacia el futuro y que nos parezca más importante descifrar quién será y de quiénes se rodeará el próximo presidente, que entender cómo será y cómo vivirá la próxima generación. Saber si seremos ricos o mendigos, sabios o imbéciles, civilizados o salvajes, honestos o bandoleros, justos o sátrapas, modernos o cavernarios, cosmopolitas o arrabaleros.

Pero, para nuestra fortuna, la capacidad psíquica puede vencer a la obstrucción política. La mente es más poderosa que la vista y eso nos permite percibir lo que está oculto. La imaginación poderosa es la principal capacidad del verdadero político. Vista aguda, para ver todo lo que sucede. Visión de fondo, para ver lo que va a suceder y que aún no llega. Videncia profunda, para ver lo que los demás no pueden ver.

Pero si queremos creer que el futuro nunca llega y que la juventud o los trienios (o sexenios) son eternos y no utilizamos la previsión conductual, por lo menos utilicemos la protección de una “política de previsión” cómo dijera Romero Apis.

El verdadero político suele tener una noción muy clara de su realidad y de la de los demás. Sabe a quién tiene que asociar, seducir, vencer, separar, elogiar, criticar o destruir. Sabe en qué se debe aplicar y en qué no se debe desperdiciar. Sabe en qué tiempo debe hablar y en cuál callar. De qué manera avanzar y de qué modo esperar. Esto significa, tan solo, propiciar su buena suerte.

Por otra parte, existe un viejo refrán ranchero que aconseja no estar mirando hacia atrás cuando se está arando. Lo mismo se trate de faenar a la vieja usanza, con una yunta de bueyes que, en un moderno tractor, ahora equipados hasta con música y clima, uno tiene que ver hacia adelante para que las líneas de arado queden tan derechas como debe ser.

Este antiguo dicho tiene validez para casi todos los aspectos de la vida. En el amor, en la vida profesional y en los negocios. Pues lo mismo sucede en la política.

Hay gente que ve más su pasado que su presente y en su futuro. Esto no quiere decir que eso sea malo y que nunca veamos lo que nos ha sucedido. De la experiencia, buena y mala, se obtienen valiosos datos para obrar en el presente y en el futuro. Por eso ver nada más hacia adelante no es tan recomendable, sino mirar hacia todos lados.

Sin embargo, hay otros que, al contrario de los primeros, sólo sueñan con el futuro, olvidándose del pasado y del presente. Piensan que todo lo mejor está por venir. Es bueno que sean optimistas siempre y cuando ello no se convierta en simple ilusión, cómo el imaginarse un chingón.

Existen algunos que se regocijan más con su pasado que con su presente o con su futuro y guardan su ideal en lo que fueron.  Hay otros que, por el contrario, tienen un mayor disfrute con un ideal del porvenir que con lo que son o lo que han sido. La plenitud la encuentran en una grandeza que todavía no llega.

Por último, hay algunas cuyo ideal se encuentra en lo que son en el presente, más allá de lo que sueñen para el porvenir o de lo que recuerden de su devenir, muy complacidos con su ser actual y no tan solo con lo que recuerdan ni con lo que esperan. Su supremo ideal consiste en lo que ya son y no en lo que fueron ni en lo que serán.

Así, también sucede con los partidos políticos. Unos viven pensando en lo que fueron e hicieron durante setenta años, como el PRI. Otros, en lo que van a hacer si los dejan gobernar durante otras siete décadas, como Morena. De nuevo se aparece el necesario equilibrio entre ver en prospectiva y la visión retrospectiva.

Así, muchos políticos viven pensando no sólo en su pasado sino, incluso, en lo que creen que fue su pasado. Es por eso que muchos ex presidentes municipales, nos platican sus mentiras con una absoluta falta de memoria. Piensan que somos extranjeros tontos a los que nos pueden inventar sus historietas de éxito y de magnificencia, olvidándose que nosotros mismos fuimos testigos directos o hasta protagonistas de cuando se equivocaron, de cuando se acobardaron o cuando fracasaron y hasta de cuanto se robaron.

La política, así como la vida misma, nos obliga a poseer una mirada giroscópica. Que nos permita ver nuestro reciente con la misma nitidez que ver nuestros futuros. Saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Tener una noción exacta de lo que fuimos, de lo que somos y de los que seremos. Es decir, no sólo ver nuestro espejo sino, también repasar nuestras antiguas fotografías y, de paso, utilizar esas nuevas aplicaciones que nos permiten imaginar cómo seremos en el porvenir.

A propósito, aplica la frase del escritor, poeta, filólogo, lingüista y profesor universitario británico, creador de las populares novelas de fantasía «El Hobbit» y la trilogía de «El Señor de los Anillos» John Ronald Reuel Tolkien: “NO HAY NADA COMO MIRAR, SI QUERÉIS ENCONTRAR ALGO” (Del libro: El Hobbit).

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