La violencia que no importa.

Fabiola Serratos

“Yo nunca he sido capaz de averiguar qué es exactamente el feminismo: solo sé que la gente me llama feminista cuando expreso sentimientos sobre la desigualdad entre hombres y mujeres…”

Como cada semana me gusta narrarles un poco de cómo es que llegan a mí las opiniones y reflexiones que comparto con ustedes. En la universidad aprendí que se puede entender mejor un escrito si se conoce la condición del autor. A mis últimas notas varios lectores pusieron nombres y momentos en específico que no meramente fueron la razón de mis escritos. Sin embargo, agradezco mucho la interactividad y la forma en la que la reflexión lleva a los espectadores a poner mis letras a reconocer que en nuestro entorno existen muchas desigualdades e injusticias.

Es de noche, me acompaña uno de mis tres gatos, un blues que suena con la voz de Ella Fitzgerald y un vaso con agua. He dado varias vueltas para poder elegir la forma de hablar de un tema que parece invisible y que sé después de esto me ganaré un par de etiquetas (ojalá sean nuevas pues las moralistas ya no me son relevantes ). Justo y de forma elegante termino una discusión con un hombre en redes sociales, aunque cuando se tiene conocimiento de lo que se considera como violencia de género parece interminable el poder encontrar la igualdad sin que cada ejercicio de nuestra búsqueda resulte en el aumento de la violencia. Lamentablemente muchas personas continúan normalizando este tipo de situaciones agresivas que únicamente se ejercen en contra nuestra (el desprestigio moral).

Hace un par de días me comprometí con varias mujeres para escribir mi pensar en lo ocurrido con las declaraciones de exfuncionarios que hacían apología de la violencia en las mujeres con sus comentarios. Para serles honesta la política ha sido uno de los espacios más violentos que he conocido. Todo aquello que me había predispuesto a vivir después de la publicación de mi segunda novela de corte erótico no llegó a ser tan severo como mi muy breve participación en la política. Este año he trabajado en una tercer novela fruto de la reflexión y dolorosas experiencias que he rescatado de ese hecho.

Las mujeres dentro de estos espacios se les juzga principalmente por las situaciones personales, por ejemplo su capacidad de llevar la maternidad o se les exige la pulcra virtud que jamás se cuestiona a un hombre. Relaciones afectivas, ideología o decisiones, se nos cuestiona absolutamente todo o se nos aplican castigos disfrazados de apoyo para nuestro crecimiento porque se sienten con el derecho de decirnos cómo hacer política como si las mujeres deseáramos hacer el mismo tipo de política corrupta.

He de confesarles que en los dos últimos años he perdido amistades importantes que desearon disponer de mis decisiones personales y me hicieron sentir como poco virtuosa cuando defendí mi destino. Pero mi libertad y valentía no son las de otras mujeres cuya valiosa participación queda en el olvido por temor a perder la credibilidad o la virtud por la que muchos años creyeron debían demostrar (virtud que siempre termina beneficiando a otros más que a nosotras mismas).

Algunas de mis compañeras dentro de la política han tenido miedo de denunciar agresiones y discriminación por la posibilidad de ser evidenciadas con adjetivos que las descalifiquen, porque a las mujeres nos denigran hasta por no saber cocinar y consideran tal hecho como una falta grave contra el ideal de buena mujer.

“Si no tiene orden en su casa no sabe manejar otras cosas, sino lleva un orden en sus deberes de mujer tampoco puede hacer algo más”
Pude rescatar de muchas de las publicaciones de esta semana dos cosas importantes : Los hombres en ningún espacio deben permitirse usar el ejemplo de la integridad de las mujeres con adjetivos vulgares pero enmascarados de metáforas, estamos viviendo una transformación en la que no se trata de sentirse o no ofendidos por todo como han llamado a la generación de cristal, sino que por situaciones de poder somos el país numero uno de Latinoamérica con más feminicidios.

No podemos darnos el lujo de simplificar o minimizar nuestras palabras cuando la política resulta ser el espacio más violento para las mujeres y el que principalmente debe luchar por erradicarla, para que ésta como une ejemplo pueda emplearse en toda la sociedad. Por otro lado, nosotras debemos saber el justo momento en que la política puede usarnos para ser el escudo de los hombres que peleando su posicionamiento nos llegan a utilizar como la masa que ejercerá el golpe que ellos canallamente no enfrentarán pero serán como los cobardes que se esconden bajo las faldas de su madre.

En el último mes que su servidora ha sido atacada por redes sociales encuentro curioso el caso de que entre todas las posibilidades en las que se me pudiera ofender fuera únicamente las de carácter personal, como si estuviera obligada a rendir cuenta de mi personalidad, nunca tuve una crítica a mi trabajo o profesión, además a tales difamaciones se añadió un tono bastante interesante de minimización y exclusión. “No eres buena mujer porque no pudiste resolver tales cosas” que comparándolas con las actividades de un hombre en ese caso hubieran sido justificadas e incluso hasta apoyadas.

Esta violencia parece exagerada y qué no existe, que es una desventura luchar por cosas tan simples y sin sentido pero que terminan siendo la causa de otras violencias. De algunas de las víctimas que hemos recibido en el colectivo que presido la mayoría de las mujeres o niñas que sufrieron abuso sexual fueron obligadas a convivir con su agresor bajo la ideología y obligación del perdón, minimizando su trauma, porque ademas de considerarse que nuestro sufrimiento no es tan grave, encima tenemos la responsabilidad de perdonar a quienes nos lastiman o nos convertimos en poco tolerantes e histéricas.

Me siento eufórica, es mi nota más larga en mucho tiempo y no sé si llegue a tener la misma lectura que las otras que han sido revolucionarias, pero desde mi análisis social y experiencia no me queda mas que aferrarme al ideal de que en algún tiempo existirán convivencias, lugares justos y dignos para nuestra participación y que un día no muy lejano viviremos en un mundo equitativo donde los derechos sean para todas y no los privilegios de unos cuantos. Sueño con un espacio dónde no nos desvaloricen por nuestras ideologías o acuerdos y dónde nunca más nos vean como un personaje cuya capacidad más vital se encuentra en lo privado (hogar y familia) se valore y respete la capacidad que tiene para también dirigirse en lo público.

“Algún día viviéremos en una sociedad donde se entenderá que las mujeres no vamos a pedir permiso para construir nuestro destino.”

A todas mis compañeras que hacen política, a las funcionarias que han desafiado la violencia y con dignidad son la representación de nuestras voces, infinitas gracias. Desde mis letras y el activismo hago mi parte para ver un futuro donde estemos todas.

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