Alfonso García Sevilla

Los órganos autónomos fueron creados a partir de la década de los 90 ante la perdida de legitimidad de las instituciones del Estado, basta recordar que el aquel entonces Instituto Federal Electoral (IFE) nace después de la controvertida “caída del sistema” de la elección de 1988, donde los comicios eran sancionados por la Secretaría de Gobernación, en ese entonces dirigida por Manuel Barttlet Díaz, actual director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y que le dio el triunfo al candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari, sobre el aspirante del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas, en lo que se refiere a uno de los procesos más desaseados y oscuros de la historia contemporánea del país.

Actualmente, el presidente López Obrador ha dejado de manifiesto su desdén hacia el INE, al señalarlo de que es el aparato de organización de elecciones más caro del mundo y, además, no es capaz de garantizar elecciones limpias.

Cierto, el INE perdió autonomía cuando quedaron a merced de otros poderes, me explico, su conformación pasa por el Congreso Federal (y los congresos locales en los estados) mismos que en los últimos años los han tomado como un botín para reparto de “cuotas a cuates”, son conformados por los intereses de los partidos políticos y obviamente los consejeros, presidentes y autoridades de este, están sujetos a lo que les ordenen los que les dieron la chamba, que por cierto es muy bien remunerada.

Asimismo, su presupuesto anual depende aun del proyecto que el ejecutivo envíe al congreso para su aprobación, por lo que en la realidad NO se garantiza su “autonomía”.

La visión del actual presidente sobre el INE aún pasa por la cuestionada elección del 2006, donde perdió ante Felipe Calderón por una nariz, de donde se desprendió la toma de Paseo de la Reforma durante meses y hoy pareciera ser que con sus recurrentes declaraciones en contra de organismos autónomos, pretende volver a los viejos tiempos de control total de las actividades del Estado, lejos de buscar su eficiencia y autonomía, ante su amago de que más adelante presentará la estructura del INE y el salario total que perciben, y buscar reajustar las estructuras para evitar las duplicidades,

Creo que lo que hace falta es una reforma que realmente garantice su autonomía y haga eficiente su funcionamiento, que sea garante de la limpieza y transparencia en los procesos electorales y que en realidad su conformación no pase por los partidos representados en los congresos. No se vale regresar al pasado y menos en una institución de las características del Instituto Nacional electoral.

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