Y el presidente lo sabe, lo sabe

Quirino Velazquéz

Parece que el presidente de la República no pude vivir sin enfrentar complots. Desde que empezó abiertamente a buscar la presidencia, Andrés Manuel López Obrador ha denunciado ser víctima de confabulaciones organizados para cerrarle el paso, para evitar que se pueda convertir en el paladín de la justicia que imagina es, al grado de que su manera de pronunciar la palabra, sin la t final, ha sido uno de los caballitos de batallan de quienes se mofan de su manera de hablar.

Así, entiende AMLO al mundo y esa forma de razonar, con rasgos paranoides, ha sido una de sus ventajas competitivas en su carrera política. La historia está llena de ejemplos que nutren la teoría planteada en ciernes por el gran Elías Canetti (pensador búlgaro y escritor en lengua alemana, Premio Nobel de Literatura en 1981) y desarrollada después, entre otros, por el politólogo Robert S. Robins (autor del libro: Paranoia política: la psicopolítica del odio) de que las personalidades paranoides suelen ser especialmente exitosas en la política.

De ahí que los demagogos paranoides suenen convincentes a la gente y logran muchos seguidores, creyentes en el mundo binario del bien y el mal. Solo las formas encolerizadas de paranoia son patológicas, y en algunos casos pasan inadvertidas cuando las poseen los políticos, lo que explica la elevación de tiranos atroces, asesinos compulsivos. Pero nunca, ni los casos menos graves, resultan en gobiernos virtuosos y con frecuencia son muy poco eficaces para reducir la violencia; incluso, al contrario, la suelen agravar.

Lo anterior viene a cuento porque explica, lo que para muchos, es la farsa del pasado martes, cuando el presidente AMLO presentó (en la “mañanera”) la prueba de un supuesto complot opositor: un “documento confidencial” (hágame usted el cabrón favor) en el que se planteaba la estrategia para unir fuerzas de todos los partidos contrarios a su Gobierno (Bloque Opositor Amplio), con el apoyo de los intelectuales, empresarios y medios de comunicación que se han mostrado más críticos respecto al Gobierno, para “desplazar a Morena de la mayoría de la Cámara de Diputados en 2021 y revocar el mandato presidencial en 2022”. Yo creo que desplazar al partido del gobierno y del control de la Cámara baja por la vía democrática es legal y valido pensarlo y planearlo, cual complot. Revocar el mandato de AMLO a través del mecanismo propuesto por él y legalmente aprobado para tal efecto también es legal y valido cavilarlo. Cual pinche complot.

Pero la fabricación resultó tan burda que fracasó en la cuna y ni las tropas vociferantes de los fanáticos del gobierno insistieron en su malevolencia en las redes después de unos minutos. El documento “confidencial” más bien parece un burdo artificio de los que hacía la tristemente célebre Dirección Federal de Seguridad (DFS) de los tiempos priistas. Imagino que algún genio de la oficina de comunicación de la Presidencia de la República vendió la idea de que era un buen momento para cambiar el foco de atención del público del desastre en el que está entrando México. Aunque el presidente alardea de un supuesto éxito en el control de la epidemia que es envidia del mundo, los datos muestran que la curva no se aplana y la reactivación parcial prematura que ha incitado con la irresponsabilidad de su gira de la semana pasada (en medio de una pandemia y una tormenta tropical, para hacer el ridículo al darle el banderazo de salida a una locomotora chatarra en representación del supuestamente futurista tren maya que, después supimos, va a usar motores de diésel, a la vanguardia de la tecnología mundial) solo ha contribuido a agravar la situación.

Así, la farsa de la conjura imaginaria ha dejado como unos necios no a los supuestos conspiradores, sino a quienes urdieron la falsificación al estilo de los Protocolos de los Sabios de Sion (es un libelo antisemita​​​ publicado por primera vez en 1902 cuyo objetivo era justificar ideológicamente los saqueo y matanza que sufrían los judíos en la Rusia zarista) pero sin talento. Mientras tanto, el desempleo crece de manera aterradora, como lo explicó Jonathan Heath, subgobernador del Banco de México en un artículo muy comprensible esta misma semana, según el cual el desempleo real supera ya los 25 puntos porcentuales, tasa nunca antes alcanzada en México, mientras que la brecha laboral superaría el 50 por ciento, cuando en marzo andaba por el 20. Una crisis laboral escalofriante, como bien dice el subgobernador del Banco de México.

La farsa sería cómica si no mostrara signos funestos. El tono con el que comenzaron a difundirla era amenazante: ahí estaban las pruebas de la traición a la patria, del delito de lesa majestad. Se subrayaron las aviesas intenciones de cabildear en Washington e involucrar al INE y al TEPJ. El gran poder podría con ese pretexto enderezar las baterías contra los traidores, los cangrejos, los vende patria conservadores, y justificaría su andanada contra el órgano electoral que tanto molesta. Además de desviar la atención de los temas que muestran la ineptitud gubernamental para lidiar con la crisis, el chisme podría usarse como espada de Damocles (frase popular que debemos a un historiador griego y que hasta hoy se utiliza para referirse a un peligro inminente, aludiendo a una espada que pende sobre nuestra cabeza y que en cualquier momento caerán sobre nosotros) contra la oposición. Por fortuna, la chapuza acusa y fue tan grande, desde el nombre del supuesto “Bloque Opositor Amplio”, que todo quedó en una rítmica canción de la famosa Sonora Santanera “La boa”.

Ya en otros momentos AMLO ha hablado de conjuras y listas “negras” de opositores entre las cúpulas empresariales, medios y periodistas que, ante el nuevo embate, se apresuraron a saltar del patíbulo que se construye hacia la elección de 2021. Algún gobernador y dirigentes políticos esta vez no picaron el anzuelo y encontraron la sátira como vacuna contra la polarización con la parodia de la clásica canción de La boa a sus supuestas aspiraciones de derribar al gobierno.

La verdad poco debería extrañar que los partidos hagan alianzas para disputar el poder como norma de su actividad política dentro de la ley, como es buscar ganar el Congreso o el revocatorio de mandato que denunció el presidente AMLO. Lo que, en todo caso, debía preocupar es la decisión del mandatario de meterse de lleno en la contienda electoral del 2021, cuando el país no ha logrado “domar” la pandemia ni conoce la profundidad del túnel de la crisis económica en camino; o quizá eso explique que con tanta anticipación haya optado por velar armas y mostrarse en campaña, aunque no salga en la boleta.

Si la revelación del plan desestabilizador del BOA generó memes y la burla a través del tema musical cantado de la Sonora Santanera, la decisión del presidente AMLO de implicarse personalmente refleja su preocupación por el impacto de la crisis en la intención de voto a Morena y en la aprobación presidencial, que difícilmente podrá sustraerse de la crítica al manejo de la pandemia y la depresión económica. Ningún complot podrá desviar la atención de los datos que arrojen esas realidades en 2021 y el presidente lo sabe, lo sabe…como dice la Santanera.

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