Nuevas sociedades. ¿La normalidad?

Fabiola Serratos

Quizá la pregunta más insistente en estas últimas semanas es la que exige una respuesta para poder integrarnos a lo que hasta hace tres meses era lo cotidiano.

La respuesta del Dr. Gatell a esta interrogante fue “Nunca.” Muchos mantienen la incertidumbre después del cierre de sus negocios o haber quedado sin empleo, pero no todo es malo en esta pérdida de normalidad que la pandemia ha dejado. Si reflexionamos la autonomía e independencia de las comunidades es algo que no debería perderse y que es quizá lo mas valioso que pudiéramos rescatar.

Hemos visto como todo lo que nos acontece se politiza para beneficiar a unos cuantos, pero también hemos aprendido a salir por nosotros y los que forman parte de los grupos más afectados.

En esta crisis hemos entendido (y sino lo hemos hecho es momento de analizarlo) la terrible desigualdad social que compone nuestro país. Pero tener conciencia de clase no solo es reconocer nuestras propias desventajas sino también nuestros privilegios, donde quizá nos reconocemos vulnerables ante los de arriba, pero estamos también obligados a reconocer las desventajas de los que todavía son menos favorecidos que nosotros.

Estas últimas semanas rescato y reconozco la maravillosa organización social con la que muchos laboramos para tratar de rescatarnos y rescatar a nuestros vecinos. Organizaciones nacionales e internacionales han tenido más participación en lo social que nuestro mismo gobierno, que aunque pretencioso anuncia sus nuevas deudas para salvar al estado las comunidades marginadas continúan en abandono.

Después de algunas semanas donde la organización social brindara para su comunidad una solidaridad armónica y desinteresada, algunos funcionarios hicieron su labor al ponerse en comunicación con los líderes de estas acciones que sin ningún tipo de financiamiento mas que la organización de sus propias voluntades lograron. Encuentran en el trabajo social de los otros una oportunidad de protagonismo y de acercamiento que “algunos” visualizan como capital político y otros más como una forma posible de acercarse a la comunidad. Al darme cuenta de esto pensé en aquellas reflexiones que Sócrates hace sobre la obligación de mantener la cercanía con la gente.

La mayoría de los ayuntamientos no goza la cercanía con su pueblo (a menos que exista un interés de popularizarse) no se involucra en sus necesidades, no genera vínculos ni participación con ellos, han sido contados los funcionarios arriesgados que sin buscar su protagonismo han generado sus propios grupos de participación y han salido a la calle a vivir la crisis real de la pandemia. Otros más como si se tratase de una campaña han asistido a comunidades vulnerables por su fotografía de buen altruista.

Pero una de las consecuencias de la cual me siento deleitada es el despertar de muchos ciudadanos que se han sabido vulnerables, que reconocen la tragedia que significa cerrar los ojos y aceptar el mismo tipo de política que no fue capaz de rescatar, sostener y garantizar la estabilidad de sus ciudadanos.

Sería tremendo castigo condenarnos a nosotros mismos votando de nuevo por personajes que hoy brillaron por su ausencia, que con arrogancia cerraron negocios y de forma cínica intentaron convencernos de su preocupación y sacrificio para garantizar la deuda que tenemos con ellos en épocas de campaña.

¿Pero qué somos nosotros cómo comunidad en todo esto?
Demostraremos tenernos los unos a los otros, a saber quienes de nuestros vecinos fueron más afectados, las madres, los hijos, los estudiantes en desventaja por falta de tecnología, los desempleados, los inmigrantes que quedaron varados en el municipio. Somos los que no pudieron quedarse en casa, lo que en un acto de rebeldía nos cuidamos a nosotros mismos demostrando la gran fortaleza que tenemos. Demostramos también que las cosas más necesarias las construimos y nos las dimos nosotros mismos, nos reconocimos como vecinos, como compañeros pero también como apoyo.
En una ola de bendiciones compartimos y le dijimos a muchos políticos que sus millones no nos impresionan, “No necesitamos su condicionada misericordia” le dijimos a muchos de la clase política que nuestra dignidad pese al hambre no esta en venta.

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