Los buenos somos más, pero en silencio nadie nos escucha…

Fabiola Serratos

Muchos hemos perdido la cuenta de día de cuarentena que estamos viviendo, hemos aprendido hacer nuevas rutinas y es que somos tan adaptables que nuestra historia es el relato mágico de todo lo que hemos sido capaces de soportar.

Hoy quisiera relatarles de una forma más personal mí vivencia como activista en esta pandemia, he decidido escribir una nota cómo un llamado de auxilio y conciencia a todos mis colegas activistas del país, que aunque breve nos comunicamos sabemos que de la mano vamos por el ideal de un país justo e inclusivo, es cierto que nuestros anhelos parecieran una utopía difícil de alcanzar pues nos han robado mucha de la esperanza que teníamos.

Hace días escribí para ustedes una nota titulada “Nuestro tóxico gobierno” deseaba exponer la relación más tóxica vivida en México, esa que tiene a millones de mexicanos sumergidos en la dependencia y un abandono dónde en elecciones los detalles vienen a reconquistar la relación que tiene como único interés seguir manteniendo el poder y control de manera indignante. Muchos de los mensajes que habían llegado a mis redes como evidencia de todo lo que desde la pandemia se vive entre gobierno y ciudadanos eran premisa para evidenciar el abuso y oportunismo con el que funcionarios aprovecharon para hacer campaña un año antes de lo establecido.

Mi querida Susana Ochoa ( Líder y vocera política) exponía en una conferencia la doble moral e intención con la que funcionarios estaban negociando su capital político a través de la entrega de despensas y programas sociales. Yo hice algo similar en mis últimas columnas trayendo consigo infinidad de advertencias y amenazas por evidenciar tales cosas y es que muchos funcionarios quizá NO han comprendido su posición con respecto a la política, su trabajo no consiste en amedrentar activistas que amenacen con su popularidad y la forma en la que se busca entablar una relación con la ciudadanía en la que siendo la causa primera de la pobreza en el país también se conciban a sí mismos como la solución.

Desde la presentación de Diana (Mi última novela) me prometí que jamás censuraría mis letras por aquellos que por hipócritas se ofendieran. La libertad es para mí la virtud más sagrada a la que cualquier escritor o pensador puede aferrarse. Sin embargo y ya decidida a compartir con ustedes lo que no sólo me ocurrió a mí sino a distintos líderes defensores de sus comunidades tuve que pausar mis ideas por algunos días encontrando la reflexión adecuada para ustedes.

Desde hace años en nuestro país se viven intensas agresiones contra activistas, incluso aquellos que se han interpuesto en intereses políticos y/o económicos han sido desaparecidos y con ellos la justicia de su representación. Jalisco no ha sido diferente y lo he vivido ejemplos cercanos con algunos colegas de San Gabriel, Puerto Vallarta, Ahualulco y ahora en mi Tlajomulco.

No todos los activistas han recibido amenazas o advertencias de formas explícitas o directas, perfiles falsos con los que generan este tipo de actos son bastos, incluyendo en comentarios en los que participan seguidores o asistentes de funcionarios. Dudé mucho en exponer el tema, pero también me recordé que pertenezco a una generación dónde ignorar o callar nuestra voz no es una virtud y que al ser representante y expositora de la

No violencia contra las mujeres hacerme amante del miedo me convierte en cómplice de la violencia, qué por amor a la filosofía y las artes sería terrible hacer intrascendente la historia trasparente de nuestro país. Me negué rotundamente a ser quién calla y aunque esto recién inicia tengo un compromiso conmigo y con mi sociedad, no cómo una héroe sino cómo mujer y ciudadana.

No es un secreto que en nuestro país hablar de política tiene como sinónimo la palabra corrupción, nadie tiene algún referente armonioso de ésta y aunque la juventud representa una posibilidad de cambiar la situación de la política actual, hay un panorama demasiado violento que parece imposible de cambiar; pues en algunas comunidades se continúa creyendo que un buen funcionario es el que “Roba pero deja robar” y la dignidad de nuestra humanidad se ve doblegada por una despensa o programa social, pero esto no es culpa de quienes se ven obligados a ceder por recibir cuando la pobreza y la necesidad pesan más que cualquier otra cosa.

Comprendase que esas mismas personas que hoy parece brindan auxilio tienen desde su posición la decisión o no de cambiar las condiciones de millones de mexicanos y qué a nosotros los que tenemos una labor dentro de la comunicación y la reflexión se nos viene buscando formas de desprestigio que no irrumpan con la oportunidad de hacer su campaña política.

Hasta hace unos días iba únicamente a enfocarme en aquellos mensajes de ciudadanos acosados para que mostraran su gratitud públicamente o que bien callaran alguna de sus públicas quejas contra los ayuntamientos. Pero después de ventilar algunas irregularidades vinieron hacia mí persona contantes acosos de perfiles falsos y comentarios incomodos por parte de asistentes de funcionarios. Incluso mensajes a colegas y compañeros de trabajo donde con engaños intentaron desprestigiar mi labor como activista y columnista. Una de las casas comunitarias que presido se vio agredida, además de que los números personales de varias voluntarias en mi colectivo fueron exhibidos en redes y más tarde los acosos se hicieran vía whatsapp. Cómo a muchos activistas las advertencias han comenzado de formas sutiles, indicando que las posibilidades de una guerra sucia puede aproximarse de no detener nuestras letras.

En México existen dos causas importantes de desapariciones “las mujeres y los activistas” y como es notorio soy ambas, en una lucha constante por probar que nadie debería ser sometido por el miedo y por quienes se supone están para garantizar el crecimiento y desarrollo de una ciudadanía. Por eso exhorto a todas y todos mis compañeros del activismo a lo largo del país, con quienes los vínculos por distintas luchas han hecho desde lo posible nuestro país tenga un poco de libertad. Los invito desde el inicio de cualquier tipo de acoso se exponga el riesgo, ningún tipo de violencia debe ser tolerado ni silenciado. ¡Es una gran mentira que guardar silencio es un acto de prudencia! cuándo somos en Americalatina uno de los países con mas desaparecidos. ¡Si uno alza la voz, que se unan todas! y en un acto de rebeldía con quienes por años nos han manipulado que todas la luchas sociales se vuelvan una, pues dispersas solo han permitido que los tiranos ejerzan más violencia al intentar a pagar los deseos de justicia de muchos ciudadanos y luchadores sociales.
“Hasta que la dignidad se nos haga costumbre y la libertad una virtud de todos”

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