Don Jesús Reyes Heroles

Tiempo de contar…

Quirino Velázquez

Pasó totalmente desapercibido el aniversario del natalicio (3 de abril 1921) y del fallecimiento (19 de marzo de 1985) del que fuera un destacado político, jurista, historiador y académico mexicano y uno de los más conspicuos ideólogos de la posrevolución: Don Jesús Reyes Heroles.

Sin dudad, Don Jesús es una figura infaltable en los estudios sobre el liberalismo en México, en la historia de la política contemporánea de nuestro país y en el análisis del desarrollo de la democracia mexicana.

He de confesar que he sido entusiasta lector Don Jesús, que murió en 1985, a los 63 años, víctima de un lento suicidio: el cigarro y el alcohol (cáncer de pulmón y cirrosis hepática) Además, reconozco en don Jesús a un símbolo ilustrado del sistema político mexicano, al que sin duda se esmeró en servir y en tratar de reformar.

Don Jesús siempre fue austero (odiaba el golf, los carros de colección, los yates y cualquier otro lujo propio del típico político) y era severo hasta la ignominia. Una vez leí que corrió de una cena a un subordinado, frente a los demás comensales, luego de lanzarle indirectas hasta el momento en que sirvieron los platillos: “yo no como con traidores, váyase de aquí”.

Su hijo, Federico Reyes Heroles ha escrito páginas curiosas sobre su peculiar padre: un día como cualquier otro, don Jesús pidió a su esposa y sus dos hijos que se sentaran en la sala de su casa. Desencajado, les soltó la mala nueva: “me voy a morir”. Luego se marchó de su casa para citarse con el Presidente Miguel de la Madrid (su antiguo alumno de facultad). Don Jesús le dio su renuncia como Secretario de Educación y se fue resignado a morirse. Una muerte prematura. ¿Pero cuál muerte de un ser humano que no sea un criminal, no es siempre prematura?

Quizá a la actual clase política le sea conveniente estudiar y conocer parte de la historia de nuestro México y sobre todo conocer personajes de la talla de Don Jesús Reyes Heroles. Veracruzano ilustre que supo poner las palabras en su lugar para orientar y definir el camino de la política y los políticos.

Como ya les conté, fue historiador, académico, jurista y por supuesto político que enfrentó retos sobre su conducta y su forma de pensar. Hombre sin más objetivo que la claridad de su mente y sus conceptos de la vida política.

Hombre de frases, de discursos y de sermones. Hombre claridoso y en ocasiones rudo, hombre que la historia quizá no le haya dado aún el mérito que se merece, algo natural en esos personajes que dicen más de la cuenta, mucho más de lo que la clase política gusta escuchar.

El motivo de sacar a relucir (en este tiempo de crisis por el coronavirus) a Don Jesús Reyes Heroles es muy sencillo, entre más problemas tenga un país como México, más importante recordar a quienes han dado alguna receta para mejorar pero pocos la recuerdan.

Hombre de aforismos, me refiero a esas frases breves y doctrinales, con tendencia poética y literaria que no siempre coinciden con el común de los mortales.

Algunos de esos aforismos de Don Jesús quedaron plasmados para la historia y ojalá que algunos políticos los rescaten para no seguir equivocándose.

A los jóvenes (independientemente de la edad) les dedicó las siguientes palabras don Jesús: “Se es joven, si se está lejos de la docilidad y el servilismo, si se cree en la solidaridad y en la fraternidad. Se es joven, cuando nunca se admite la vida acabada, cumplida; cuando nunca se cree estar ante algo perfecto; cuando se quiere transformar y no conservar; cuando se tiene la voluntad de hacer y no de poseer; cuando se ve siempre hacia adelante; cuando la rebeldía frente a lo indeseable no ha terminado; cuando se mantiene el anhelo por el futuro y se cree todo lo posible. Cuando todo eso se posee, se pueden tener mil años y ser joven”

“Sin emplear la cabeza muchas cosas se pueden hacer, pero no política”. Frase valiosa, que se relaciona con la anterior, porque un político que “emplea la cabeza”, es un político consolidado, con sensibilidad, valores e inteligencia y jamás podrá ser manipulado ni influenciado por inercias perversas o a realizar algo contrario a los principios y obligaciones a lo que la ley y su cargo le obliga.

Otro aforismo, “No olvidemos que nunca hay ausencia de poder. El poder que pierde el Estado, un partido, una clase o un grupo, lo obtiene casi automáticamente otros grupos, partidos o clases”. Así es, sin grandes romanticismos, hoy está Morena en el poder a nivel federal, MC a nivel estatal, mañana quien sabe, todo es parte de esa transición de la que nos habló Don Jesús.

Yo creo que los mejores textos de Don Jesús son sus discursos, con ese estilo entre Baltasar Gracián y Carl Marx, que cuajó fórmulas (casi consignas) condensadas, precisas, filosas, del tipo: “Para que no medre la política de la fuerza, hagamos que impere la fuerza de la política”, “Una sociedad sólo conserva en la medida que puede cambiar, pero, a la vez, una sociedad sólo cambia en la medida en que puede conservar”. O como su ingeniosa teoría del “progreso regresivo” que en el nombre lo dice todo. Sus discursos políticos son verdaderos ensayos sobre los problemas nacionales.

Y para despedir estos pensamientos del político veracruzano me quedo con este mensaje que no solo es para aquellos que militan en un partido, sino también para quienes gustan del poder.

“Los negocios no se compadecen con la política. Los hombres de negocios y los políticos ni deben confundirse, ni menos caer en la doble función. Ni los negocios deben llevar a la política, ni la política a los negocios”.

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