CORONAVIRUS: Quién pagará el inevitable costo político-electoral de la pandemia?

Quirino Velazquéz

La política no es algo elemental y sencillo, sino que es algo muy complejo y complicado. Sobre todo, en un país tan enredado como el nuestro. Con población y territorio muy grandes. Con desigualdades muy marcadas. Con perversiones estructurales muy arraigadas. Con sistemas políticos de sostén muy fracturados. Con un gobierno federal que, a un año y poco más de cuatro meses de asumir el cargo, aún no logra encarrilarse y con una oposición que, en el tiempo mencionado, aún no logra cimentarse.

Así, la política no es fácil de entender y más aún porque después de la pandemia que hoy vivimos el mundo habrá cambiado definitivamente y las circunstancias ya no serán las mismas. Habrá que adaptarse a una situación inédita y, al mismo tiempo, lidiar con las inercias y los obstáculos impuestos por quienes creen que todo esto se convertirá en una anécdota. No es cierto. Nos esperan tiempos difíciles: depresión económica, tensión social y polarización política.

Por eso no es de dudarse que a las lamentables pérdidas de vidas humanas y al golpe mayor que le dará a la economía de los mexicanos la crisis del Covid-19 tendrá también repercusión en lo político-electoral.

En efecto, a decir de muchos analistas, partir de cómo manejen esta pandemia los gobernantes de todos los partidos políticos y de lo acertado o errático de las decisiones que tomen, tendrán o un costo político en forma de votos de castigo o bien un reconocimiento de sus gobernados en las urnas.

Recordemos que estamos en el año previo a una elección vital, sobre todo para el proyecto político de la llamada 4ta transformación nacional que se juega en los comicios intermedios del 2021 la mayoría en la Cámara de Diputados. Y hoy más que nunca, en medio de una crisis que pone en jaque a los gobiernos de todo el mundo con una recesión económica aún incuantificable y que exhibirá la efectividad y la capacidad o la ineficiencia e incapacidad de los líderes y gobernantes para proteger y rescatar a sus ciudadanos de los efectos de esta pandemia, los escenarios político-electorales también cambiarán cuando pase esta emergencia.

Sin duda, México no estará exento de estos fenómenos sociales y políticos que causará el coronavirus. Se va a formar en nuestro país un caldo de cultivo electoral, a partir del encuentro funesto entre la crisis económica con crisis sanitaria. El resultado de oleadas de desempleados por el cierre de empresas, sistemas de salud pública colapsados, pérdidas de seres queridos y la evaluación inevitable de cómo cada autoridad enfrentó la crisis y ayudó o no a sus ciudadanos conformarán ese caldo de cultivo y de cómo se exprese políticamente al momento de las urnas dependerá el rumbo y el futuro político del país.

Por ahora, aún en medio de la contingencia, los políticos no dejan de hacer cálculos y de pensar en las elecciones. Esos políticos que también no son fácil de entender. Que en mucho se parece a los jugadores de póker. Porque no sabemos si esos jugadores se conducen con verdad o con mentira. Y eso permite que alguien, mal provisto con un modestísimo par de doses pueda vencer a los que tienen poderosísimos full o póker.

Veamos pues por ejemplo que la 4ta trasformación, al definir la forma en que su gobierno responderá ante esta emergencia y los apoyos que otorgará con los recursos públicos, decidió apostar clara y decididamente por su base social y política-electoral más leal: los beneficiarios de sus programas para el bienestar.

Adultos mayores, jóvenes sin empleo, madres solteras, campesinos y familias en pobreza, son primordialmente a los que el presidente va a apoyar en esta emergencia, junto con los propietarios de changarros y negocios familiares, la mayor parte de ellos en la informalidad. Por eso la clase media y los pequeños y medianos empresarios, hasta el momento no han entrado en los apoyos del gobierno federal, porque (según alguien de Morena) no son vistos como votantes seguros.

Son 22 millones de beneficiarios de programas para el bienestar, la cifra que hoy manejan en la coordinación federal de la materia y a la que apuestan para ganar las elecciones de 2021. Esa estructura la piensan movilizar electoralmente a partir de 266 zonas regionales (divididas a partir de los 300 distritos electorales) y 10 mil comités de bases. Aseguran (según fuentes internas de Morena) que el presidente les había puesto una meta de 30 millones de beneficiarios para 2021, pero problemas de operación e incluso algunos casos de corrupción que se detectaron en el manejo de los apoyos sociales impidieron llegar a la meta.

El único problema (nada menor) que tienen los cálculos felices que hacen los morenos, es que para bajar esos votos y aterrizarlos en las urnas en 2021 necesitarán un partido político fuerte, unido y organizado con una estructura real, que hoy por hoy está lejos de así verse Morena. Pero sin dudad le ayuda mucho en estos momentos a la 4ta trasformación que también hoy por hoy no se ve una oposición fuerte ni figuras o líderes opositores que estén surgiendo como contrapeso (excepto el gobernador de Jalisco, que hay la lleva).

Asimismo, los opositores hacen sus cálculos políticos-electorales a partir de lo que dejará el Covid-19 después de su funesto paso. Ya antes de la emergencia sanitaria se estaba fraguando y negociado, para el 2021, un polo opositor, una “súper-alianza” electoral entre PAN, PRI, MC y PRD, para enfrentar a Morena en los comicios intermedios, pero ahora, el escenario que dejará la pandemia va a facilitar (según ellos) y a mejorar las perspectivas para esa coalición electoral que sí puede representar, en el 2021, un riesgo real para la 4ta transformación y su proyecto.

Dirigentes formales de los partidos opositores son los que comenzaron impulsando e intentando negociar el frente opositor, pero ahora también los gobernadores de oposición entrarán en escena y con el apoyo de los estados el tema cobra otra dimensión. Recordemos cómo fue que el funesto Enrique Peña Nieto conformó su fuerza y su mediática candidatura presidencial a partir del apoyo de los gobernadores del PRI que hicieron un frente común para apoyar al mexiquense y derrotar al PAN en el 2012.

El cálculo de la “super-alianza” opositora es simple y su estrategia va por partes: primero quitarle a Morena la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados en 2021, y a partir de ahí, en el 2024 “sacar a AMLO y a Morena del Palacio Nacional”. Hace apenas unos meses los mismos líderes opositores veían esos objetivos como “muy complicados”, hoy que la popularidad del presidente ya bajó (según ellos) del 50% de aprobación y que sus decisiones y su actuación en esta pandemia ha sido errática (también según ellos), ya no lo ven tan complicado. A ver si no resultan como los malos jugadores de póker: “puro blof”.

Pero que no se le olvide a Morena y sus aliados (PV, PT y ES) y ni a los de la “súper-alianza” (PAN, PRI, MC y PRD) lo que bien decía Don Jesús Reyes Heroles: “La política es ciencia de aproximación, no es ciencia exacta”, lo que significa que una cosa es lo que se piensa hacer en política, otra la que suceda.

Lo que yo sí creo que es cierto, es que alguien pagará el inevitable costo político-electoral de la pandemia. Cómo dijera un pariente ya fallecido (Jesús Chávez): “Para allá vamos”.

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