“El hambre y la falta de educación crean sociedades resentidas.”

A casi ya un mes de declararse la alerta sanitaria que ha liberado lo mejor y lo peor de cada persona un montón de reflexiones sociales nos ha traído consigo el encierro.

El pasado 1 de abril se hicieron las clausuras oficiales por parte del ayuntamiento y aunque la mayoría de los funcionarios fueron comprensivos y delicados en explicar la causa de las medidas sanitarias, no faltaron los arrogantes y corruptos que generaron pánico en comerciantes que dependen de sus ventas al día para alimentar a sus familias.

Nosotros pudimos verlos desde el bulevar santa fe donde personas que ni siquiera ejercen como empleados del ayuntamiento pero pertenecen a los grupos de acarreo de algunos pseudo-políticos, intimidaron a las personas con advertencias, personalmente me resulta difícil comprender que hace dos años esas mismas personas buscaran soluciones para los comerciantes con tal de adquirir su confianza y su voto y ahora de manera soberbia les advierten los castigos disponibles.

Todo gobierno, debe por obligación tener un plan de ejecución que garantice la seguridad de los ciudadanos, pero no solo en la cuestión sanitaria sino también económica y es que los gobiernos a falta de educación mínima de los funcionarios con cargos relevantes y de decisión parece que improvisan. (Aun así tienen el cinismo de pagar millones en publicidad que los haga figurar como excelente gobierno) Ni ética, ni economía, ni administración, ni mucho menos teoría de sistemas y principios básicos que pudieran utilizarse para evitar tener que castigar a las personas con la clausura de sus negocios.

Aunque ya está de más hacer una crítica a nuestro gobierno pues sabemos que la única red de apoyo con la que cuentan es la de su nomina y la presión con la que piden a sus empleados hablen maravillas de ellos. (Fuera de eso nadie en su sano juicio diría que tenemos un buen gobierno) esta semana es muy importante hacer una reflexión de la gente que ni siquiera tiene acceso a las redes sociales, las que parecen inexistentes, las que ya no saben si hay pandemia o no, porque lo la pregunta del día es
¿Habrá de comer ?

Puedo contarles desde mi experiencia como activista que ha sido infinidad de mensajes pidiendo apoyo para poder alimentarse. Desde el colectivo que presido, la angustia de las madres solteras que han quedado sin su negocio o sin su empleo comienza a ser desesperada. Para las personas que ya de por sí era complicado mantener sus ingresos, la situación se pone más difícil con cada día que pasa.

La desesperación y la agresividad es aun más intensa, la poca ayuda que llega es exigida, es incluso hasta menospreciada, las gente está lastimada, enojada, consumida por una incertidumbre por lo que pasara mañana. Habrán de imaginar mi enojo cuando miro las publicaciones de la realeza que invita a quedarse en casa mientras los activistas desde donde la posibilidad nos permite no nos damos abasto para poder ayudar a quienes no saben si tendrán algo en la mesa.

¿Cómo podemos exigirle calma al hambre?
Esto es solo el inicio de la rabia social, que tarde que temprano se manifestara en agresión, el hambre y la falta de educación son los peores enemigos de un convivencia social.

A los más privilegiados o los menos desfavorecidos, no solo nos corresponde pensar en compartir lo que por fortuna o esfuerzo nos llega, sino también involucrarnos en la pedagogía y la sustentabilidad de nuestros compañeros. Es decir apoyar en su desarrollo personal, pues quizá consigamos quitar el hambre un par de días pero ésta volverá tarde que temprano.

El verdadero apoyo también consiste en hacer sujetos independientes y libres, pero por supuesto y es bien sabido que los gobierno es lo que menos desean, entre mas necesidad tenga un pueblo mas sencillo será someterlo con promesas en cada época de campaña. Las viejas mañas no se actualizan pero nosotros desde la ciudadanía si podemos conscientizar, y hacer valer lo que nuestra gente merece por el solo hecho de ser personas y no números en estadísticas.

“Nuestro aguante ha sido digno”
Si algo he de reconocer y valorar es la enorme fuerza que como sociedad tenemos, nosotros, los de abajo, los que difícilmente podemos realizar una carrera universitaria, donde las madres limpian casas ajenas, salen a vender sus servicios desde sus negocios o por catalogo para alimentar a sus hijos y donde los hijos rolan turnos para poder pagarse sus estudios, donde los padres son obreros mal pagados, donde las horas fuera de casa vuelve a los matrimonios desconocidos.

(Para los menos congruentes, para los que la desesperación y Vanidad se combinó con la ignorancia y desesperación por encontrar riqueza y posición económica esos que ahora son políticos vendidos o ladrones. Para ellos no hay lugar en la dignidad social.)

Yo confío en la gente que me rodea, la que de una manera sobrenatural sostiene a los de arriba y se sostiene a sí misma, somos nosotros la fuerza de un país y para poder cambiar nuestro entorno injusto, basta con encaminar la rabia, la frustración, que no es entre nosotros sino con los que nos han traicionado, utilizado y engañado.
Somos nosotros contra lo improvisado, somos quienes ahora tienen la opción o no de cambiar el rumbo de las cosas, de quitarnos las cadenas que solo han beneficiado a unos cuantos y comenzar a ver por los nuestros.

2 pensamientos sobre “Nosotros los de abajo

  1. Felicidades por tu columna. Es tan cierto lo que expresas.
    Nos hace falta cultura para saber discernir lo que nos conviene o no.
    Hoy en día hay más formas de cultivar nuestra cultura, pero muchos usamos esas herramientas para hacer alarde de nuestra escasa cultura.
    Gracias por tus letras que a mas de uno les hará meditar sobre toda esta situacion.

  2. No hay gobierno que mantenga su sonrisa ante el ciudadano, cuento el voto ya se obtuvo, esos dientes pelones se vuelven colmillos con sed de poder y riqueza pasando sobre cualquiera que se ponga frente a ellos.

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