Alfonso García Sevilla

Bien dicen que las crisis sacan lo mejor o lo peor de los individuos, nos desnudan y exhiben nuestra realidad, el ser individual que suma a una colectividad y define una marca, una esencia, una identidad.

Esta crisis del coronavirus ha mostrado una sociedad mexicana apática, abúlica, valemadrista y poco confiada de la ciencia y de sus autoridades, privilegiando las múltiples teorías conspiratorias por encima de la realidad que ha puesto de rodillas a países de primer mundo en Europa, así como a los Estados Unidos, “nos quieren engañar con algo que no existe y que es un invento de…. Para romper la economía de lo países y endeudar a México”, entre muchos de los “argumentos” que analistas de redes sociales que no cuenta con ningún tipo de preparación académica o profesional en el tema, sostienen como una verdad absoluta.

Esto se ve reflejado en el estudio de movilidad de Google, México está en el sótano en cuanto a la reducción de la movilidad en espacios públicos, ya que, en promedio, los mexicanos redujeron 35.4% sus movimientos en espacios públicos como centros comerciales, restaurantes, cines, tiendas, farmacias, parques, playas, transporte y lugares de trabajo; mientras que solamente aumentó un 11% la estadía en los hogares.

Asimismo, el inicio de semana santa sigue poniendo las vacaciones y los viajes por encima del encierro en aras de mantener la salud. Impresionante la cantidad de viajeros que pretenden alcanzar los destinos turísticos ante la necesidad de quedarse en casa y evitar un contagio masivo que desencadene una crisis nunca vista en el sistema de salud mexicano, que, dicho sea de paso, no está en condiciones de hacerle frente.

Ante este escenario, solo queda que el pensamiento mágico que privilegia el mexicano, de rezos y encomiendas, nos pueda evitar un trance mayor, de enfermos, muertos y, sobre todo, una crisis social de repercusiones más allá de las manos de las autoridades de cualquier ámbito.

Ante ello, resulta preocupante, pero no extraño, que el jefe del ejecutivo federal, ante la tormenta que cruzamos, mantenga el discurso político intacto, y que no vire acorde a la realidad que enfrentamos. No cabe duda que la necedad y las credos de la sociedad, están bien reflejadas en el mandatario federal, solo nos queda esperar las consecuencias en el corto plazo y el juicio histórico que como país enfrentaremos por nuestras omisiones y creencias, por encima de la ciencia y el sentido común.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: