La Cuarta Transformación y AMLO

«EL CAMBIO ES LA ÚNICA COSA INMUTABLE». -Arthur Schopenhauer-

Quirino Velazquéz

Ante el reclamo social, el movimiento encabezado por el presidente Andrés Manuel López Obrador concibió, como salida a la grave situación del país, propiciar cambios para la transformación de México.

Los gobiernos (prianistas) anteriores llevaron a la nación a la decadencia. Durante muchos años el sistema propició el dispendio de los recursos públicos, el abuso de poder y la impunidad. El statu quo oficial fue la corrupción.

Revertir esta situación es muy complicado, pero no imposible. Demanda grandes esfuerzos y seguro tomará tiempo. Implica decisiones que se enfrentarán a poderosísimas resistencias, pero debe realizarse porque el sistema anterior ya dio de sí: hacer lo mismo es como no hacer nada. Por lo mismo, reconducir la administración pública precisa reconformar los fines de las instituciones.

Para propiciar las condiciones de cambio, ineludiblemente habra que modificar la manera de enfrentar la corrupción. El sistema que los gobiernos anteriores adoptaron y preservaron protegió a los servidores públicos que estuvieron involucrados en los nefastos actos de esta naturaleza.

Desde el gobierno del expresidente Carlos Salinas de Gortari los delitos relacionados con hechos de corrupción cometidos por funcionarios públicos dejaron de ser considerados graves. El 10 de enero de 1994 se modificó el artículo 194 del Código Federal de Procedimientos Penales para establecer un catálogo de delitos graves que no permiten la libertad del inculpado durante su proceso. Dentro de él no se incluyeron los delitos cometidos por los servidores públicos.

Salinas de Gortari hizo esta reforma anticipando que las autoridades subsecuentes investigarían y procesarían a funcionarios de su administración. Pero los presidentes posteriores tampoco consideraron graves los delitos de los servidores públicos: Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto no modificaron el sistema. Así, cualquier funcionario de su período que estuviera involucrado en actos de corrupción mantuvo el beneficio de seguir un proceso penal en libertad.

El Sistema Nacional Anticorrupción, creado en el gobierno de Peña Nieto, no contribuyó de manera sustancial al combate a la corrupción. Eludió el problema de fondo y se inclinó hacia la instauración de procedimientos de naturaleza administrativa, meramente regulatorios, pero sin implementar prácticas que de verdad inhibieran la corrupción y que además la sancionaran puntualmente.

Ya en el gobierno de López Obrador se decidió hacer un cambio contundente en este sentido: el 12 de abril de 2019 se modificó el artículo 19 constitucional para incluir como delitos de prisión preventiva oficiosa los cometidos por hechos de corrupción.

Ahora quienes participen en delitos de corrupción deberán seguir su proceso privados de la libertad. La finalidad es evitar su fuga (lo que en gobiernos anteriores sucedía recurrentemente), y también mandar un mensaje de ataque a las condiciones que posibilitaban la impunidad.

Las reformas a los artículos 22 y 73 de la Constitución, que se publicaron el 14 de marzo de 2019, modificaron los términos de la extinción de dominio, lo cual consiste en que el Estado puede adquirir los derechos de los bienes que sean productos o instrumentos de determinados delitos. Con esta reforma el actual gobierno incluyó, entre otros, los delitos relacionados en hechos de corrupción.

En concreto: las nuevas reglas consisten en que los servidores públicos implicados en actos de corrupción tendrán que seguir su proceso en prisión preventiva, y que los bienes involucrados en estos actos ya son susceptibles de pérdida por parte de quien los detente, en favor del Estado.

Cierto es que la transformación a la que ha convocado el presidente López Obrador tiene como virtud principal la necesidad, pues es imposible imaginar el futuro del país repitiendo las viejas formas del PRIAN de gobernar y reproduciendo los mismos vicios. Nadie en su sano juicio podría suponer siquiera que los graves problemas que vive México pueden ser afrontados siguiendo las pautas que los agigantaron. Sin embargo, el mayor defecto de la convocatoria presidencial es que todo emana, transita y termina en el control y la decisión individual de quien convoca. Todo este episodio de la historia de México está teniendo un actor único y una sola voz.

Que no se nos olvide, ninguna de las grandes transformaciones que ha vivido el país ha sido obra de un solo hombre: todas fueron acción colectiva, fraguadas con mucho esfuerzo, con muchas contradicciones y mucho tiempo. Ninguna llegó exactamente al lugar que se había propuesto y todas atravesaron por momentos de traición y derrota; pero ninguna podría incluirse en la biografía de una sola persona. Las grandes páginas de las trasformaciones de México han sido escritas por muchos y muy buenos autores.

La paradoja que nos hace reflexionar sobre cómo el tiempo cambia las cosas y las personas sin que podamos hacer absolutamente nada para detener este proceso, no lo dice el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, en su frase: «El cambio es la única cosa inmutable».

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