Víctor Hugo Ornelas

Según la ciencia existen condiciones biológicas que nos permiten diferenciar entre los machos y las hembras en una especie, fisonomía, pares de cromosomas, genitales, tamaño del individuo, etc. Hablamos de condiciones irrefutables que, salvo extrañas excepciones, también aplican en el ser humano y eso es algo que debemos entender tanto hombres como mujeres. Biológicamente no somos iguales

Por otra parte, en términos sociales, hasta el momento no he podido encontrar ni un solo documento, al menos en nuestro país, que condicione los derechos y obligaciones de los ciudadanos tomando como base el sexo de cada uno de estos, nada que pueda determinar que las leyes deban aplicarse de manera diferente, ya sea a favor o en contra a un hombre o una mujer.

Y lo anterior es muy sencillo de entender, cuando hablamos de un crimen las consecuencias son exactamente las mismas sin importar el sexo de quien lo cometió, un asesinato tiene como resultado la muerte ya sea que el arma utilizada fuera empuñada por uno u otro de los sexos.

Piense que usted es un juez que está escuchando el testimonio de una asesina que trata de explicar las razones de su crimen, entonces de pronto ella dice: “perdón, es que me salí de control porque estaba en mi periodo menstrual”. Estoy seguro que está razón importará un carajo, nadie en sus cabales podría pensar que el motivo es justificable y determinaría poner de inmediato a la pobre mujer en libertad.

Ahora, ya que tenemos la idea clara pensemos en otro escenario, en el que la víctima ahora es una jovencita que sufrió de violación y al momento de hacer la correspondiente declaración para interponer la denuncia, el agente que le atiende le pregunta “¿Oiga, pero usted qué ropa traía?” en alusión a que la acción pudo haber sido provocada.

El planteamiento es igual de absurdo que en el ejemplo anterior, el de una reacción hormonal de cada uno de los sexos, la mujer que argumenta cometer el crimen cuando tenía alteraciones por su periodo menstrual y el hombre que argumenta la violación por estar alterado hormonalmente por el atuendo de su víctima. El primer caso expuesto jamás ha ocurrido, sin embargo, el segundo sí, he atestiguado dicho escenario al menos en tres ocasiones con diferentes protagonistas.

A ese tipo de cosas es a las que se deben enfrentar las mujeres, si la vida es complicada para cualquier persona, agregue unas rayitas más cuando de una mujer se trata. Si el transporte público resulta un calvario por el costo, los tiempos de recorrido y las condiciones de viaje, tomen en cuenta que las mujeres viven exactamente lo mismo, pero habrá que agregar que deben soportar a sujetos que por alguna extraña razón, en su cabeza creen que es una buena idea repegar sus partes a las de una chica.

Si la escuela resulta complicada por la cantidad de tareas, los horarios incompatibles con una oportunidad laboral y el costo de las colegiaturas, tomen en cuenta que las mujeres padecen exactamente lo mismo, pero además deben lidiar y soportar el acoso de sus compañeros de salón y sus maestros.

Un ambiente laboral donde los salarios son bajos, las prestaciones mínimas o nulas, la incertidumbre es pan de todos los días y las horas se vuelven largas es una constante para el grueso de la población, una población también integrada por mujeres, que además de lo anterior deben soportar salarios más bajos que el de los hombres y sumar el hecho de que las oportunidades se distribuyen de manera favorable y con prioridad al sexo masculino.

Sostener una familia es cada vez más complicado, el tiempo que se puede dedicar a los hijos es reducido porque la prioridad es cumplir con un trabajo para poder garantizar el alimento, algo que se torna en un infierno cuando la mujer debe de enfrentar también la violencia proporcionada por alguien que juró amarla y respetarla, pero que saca provecho de su superioridad física para maltratarla, dominarla y someterla.

Aunque en el papel es diferente, cada escenario que vemos en la vida real resulta más complicado para las mujeres que para los hombres, quienes aún tenemos el descaro de sorprendernos cuando las vemos salir a las calles y exigir igualdad de condiciones, no biológicas, esas ya entendimos que no dependen de nosotros, pero sí sociales, las cuales presentan un abismo entre géneros porque así lo hemos determinado.

Se critican sus movimientos, pero no entendemos que las hemos orillado a utilizar y gritar frases que no debería ser necesario pronunciar porque tendrían que estar sobre entendidas, las empujamos a tal abismo que ahora recurren a desaparecer todo un día para hacerse visibles.

Un día que tendría que estar destinado a celebrarlas, ellas lo utilizan para pedir lo que los hombres tenemos y que, por alguna extraña razón, en determinado momento de la historia establecimos que nos pertenece de manera exclusiva. Las diferencias entre hombres y mujeres son evidentes si de biología hablamos, pero al tocar base en lo social, no hay nada que nos haga distintos, salvo la ignorancia, los prejuicios y la falta de respeto con la que podamos actuar los unos y los otros.

Si aun conscientes de lo anterior no pensamos apoyarlas, entonces no debemos estorbarles, porque entendamos que su lucha y la dimensión de la misma ha sido generada por nuestro fracaso como colectivo.

1 pensamiento sobre “Es nuestra culpa, no de ellas

  1. Muy buena nota,aunque no agrada mucho en mayoría las mujeres si son sometidas,y si acaso algunas son malas creo q seria un porcentaje muy bajo de 100% el 6% serian malas en caso de los hombres si lo se porque a diario tuve amigos y vi escenas de un 100% existe fácil sin dudar un 80% de sumisión hacia la mujer y por otra parte es cierto muchas mujeres trabajan de tu a tu y reciben menos dinero y algunas q son de trabajos de limpieza no perciben mas d 100$ pesos por un horario laboral de 7 horas diarias eso si es una cosa difícil.

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