Víctor Hugo Ornelas/Tlajomulco

Quienes aseguran que el gobierno municipal de Tlajomulco con su actual administración no va hacia ninguna parte, están equivocados, en realidad nos han demostrado que si tiene una ruta, que está muy bien trazada y su destino es bastante claro: el fracaso.

En la última década, Tlajomulco acaparó el protagonismo en el Área Metropolitana de Guadalajara en diferentes ámbitos, principalmente por su creciente densidad poblacional y desarrollo urbano, además, se convirtió en el epicentro de un movimiento político que hoy es primera fuerza en la entidad.

Sin embargo, lo anterior se ha ido diluyendo, a poco más de un año de que Salvador Zamora asumiera el cargo como alcalde, los pasos que ha dado la demarcación han sido en retroceso, incluso al interior de la agrupación política, pues en ese lapso de tiempo se ha fracturado la estructura emecista y se ha reducido el nivel de aceptación del partido naranja en la localidad. Ahora, el protagonismo del municipio en la ciudad es por la violencia, inseguridad, corrupción y carencia de servicios públicos.

Los números que se pueden encontrar en el propio portal de transparencia del gobierno municipal no podrían ser mejor reflejo del caos administrativo que impera en Tlajomulco, las últimas dos administraciones mantuvieron la plantilla laboral en un estimado de 3 mil 900 empleados con un gasto de 55 millones de pesos mensuales para el pago de sus honorarios. Para el mes de enero del presente año el número se incrementó a 4 mil 579 trabajadores, mientras que el pago mensual de salarios reflejó un gasto de 71 millones de pesos.

El incremento en la plantilla laboral no se refleja en la operación del municipio, no se puede ver en el mantenimiento de vialidades, jardines o espacios públicos y eso se debe a que muchos de esos nuevos puestos son administrativos, es decir, solamente saturan oficinas, claro ejemplo es el archivo municipal, donde la plantilla laboral apenas llega a los 15 empleados y de ellos, uno es director, cuatro son jefes y uno supervisor.

En Tlajomulco se confunde la fortaleza y firmeza con el autoritarismo, los empleados municipales se desempeñan bajo constante acoso laboral, hay amenazas y se les amedrenta, se les cuestionan sus comentarios y se monitorea su actividad en redes sociales, pero el doble discurso dice que viven preocupados por el respeto de los derechos humanos.

Al ciudadano no se le resuelve nada y de manera irónica quienes se llevan las malas caras y los reclamos de la gente son los servidores públicos que menos ganan y más trabajan. La molestia generalizada se pretende contrarrestar con anuncios publicitarios en redes sociales de supuestos logros que no son más que obligaciones municipales menores, ninguna que pueda catalogarse como algo que prevalecerá en la posteridad.

Si pudiéramos enumerar los logros del alcalde en la actual administración reduciríamos la lista a comer tamales con simpatizantes políticos el día de la candelaria, ganar un premio por engorda de ganado y organizar unas cabalgatas, con “amigos”, tal como él mismo lo publicó, en los tres casos, dudo mucho que se trate de temas que le importen y le aporten a los ciudadanos. Fuera de ello sus anuncios han estado vacíos, políticas públicas sin seguimiento, infructuosas y maquilladas.

La imagen del presidente municipal luce desgastada y débil, al menos por el momento no podría compararse con Enrique Alfaro, Ismael del Toro o Alberto Uribe, se ha devaluado a tal grado que personas como el secretario Omar Cervantes o la regidora Isabel Palos piensan que pueden llegar a ocupar dicho cargo y ya se anotan para candidatos, cuando el primero en mención parece habérsele olvidado que no ha hecho otra cosa más allá de servir y adular a quienes han sido sus jefes desde que llegó al municipio para así ganarse el lugar que hoy ostenta.

En tanto que la regidora, bueno, farsante es una palabra adecuada para alguien que busca sacar provecho personal en cada paso que da mientras engaña a la gente al decir que trabaja sin parar durante el día y noche, pero se dedica únicamente a levantar reportes para mantener un capital político, a crecer sus negocios personales y hacer oídos sordos en temas importantes durante las sesiones del pleno.

Si existiera una verdadera oposición en el municipio ya habrían hecho pedazos al actual gobierno, un gobierno que no hace mas que «nadar de muertito» y que parece vivir al día, un gobierno que para guardar las apariencias habla de que buscará una “reelección” pero que en el fondo saben que su realidad no les alcanza para poder asomar la cara en el siguiente proceso, un gobierno que comenzó el “año de Hidalgo” desde el primer año de mandato y que de seguir como hasta hoy, lo único que podremos esperar, serán cosas peores.

1 pensamiento sobre “Cabalgando al fracaso

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