¡Chapulines y se ofenden!

Hace días un comentario en redes sociales me dio para un análisis un poco más detallado sobre los chapulines. Sí, sobre aquellos rostros que hemos visto figurar en casi todos los partidos políticos y aunque en resumidas cuentas sabemos que se debe al interés del “hueso” y el enriquecimiento, me nació el interés de compartirles la incongruencia vergonzosa con la que brincan de un lado a otro.

Suponemos entonces que cada partido político tiene una derecha o una izquierda y que cada uno tiene principios peculiares.

Yo apostaba en mi publicación a la educación y a la necesidad de tener gobernantes preparados que comprendieran que en el municipio ese tema es terrible y está en abandono. Lo qué enseguida disgustó algunas personas militantes de un partido de izquierda, entonces indagué hasta comprender que la mayoría de los chapulines no tienen idea alguna de lo que refiere su posición, ni los principios de su partido.

Me encontré con comentarios basados principios religiosos, doble moral y que incluso se mencionaba que el éxito refería a una posición económica donde la educación académica no era necesaria. Cómo habrán de saber algunos soy de profesión filósofa y eso me hubiera dado mucho material para iniciar un debate que por evidentes razones consideré en desventaja e innecesario.

Lo que sí pude rescatar fue la intención de entablar con más saltarines ese tema y efectivamente me encontré con las mismas contradicciones.
En el municipio los viejos partidos políticos no representan principios, no representan nada más que una cortina de hipocresía en la que saltan de un lado a otro con la pretensión de salvar el privilegio. No se aferran a la ideología que profesan. Un día son una derecha conservadora y otro día son una izquierda revolucionaria. Incluso podemos decir que Tlajomulco dio vida a una nueva ideología.

Aquí son “conservadores cerdos capitalistas de izquierda” siempre y cuando convenga.

Me gustaría recomendarles que reflexionemos sobre todos esos rostros incongruentes, que hoy serán de limón, que parece de piña y sabe amargo. Porque presunción de buenas acciones veremos como cada elección.
¿Quienes son?
¿Qué hacen?
¿Cuáles su profesión?
¿De verdad representan los ideales de su partido?

Porque cuando se ha andado de partido en partido lo cierto es que no se tiene una ideología fija y por lo tanto la argumentación de la buena voluntad no es más que una excusa y método de manipulación sobre valorada. “El que cree que la educación es cara no sabe lo que cuesta la ignorancia”

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