Día: 13 de febrero de 2020

¡Chapulines y se ofenden!

Hace días un comentario en redes sociales me dio para un análisis un poco más detallado sobre los chapulines. Sí, sobre aquellos rostros que hemos visto figurar en casi todos los partidos políticos y aunque en resumidas cuentas sabemos que se debe al interés del “hueso” y el enriquecimiento, me nació el interés de compartirles la incongruencia vergonzosa con la que brincan de un lado a otro.

Suponemos entonces que cada partido político tiene una derecha o una izquierda y que cada uno tiene principios peculiares.

Yo apostaba en mi publicación a la educación y a la necesidad de tener gobernantes preparados que comprendieran que en el municipio ese tema es terrible y está en abandono. Lo qué enseguida disgustó algunas personas militantes de un partido de izquierda, entonces indagué hasta comprender que la mayoría de los chapulines no tienen idea alguna de lo que refiere su posición, ni los principios de su partido.

Me encontré con comentarios basados principios religiosos, doble moral y que incluso se mencionaba que el éxito refería a una posición económica donde la educación académica no era necesaria. Cómo habrán de saber algunos soy de profesión filósofa y eso me hubiera dado mucho material para iniciar un debate que por evidentes razones consideré en desventaja e innecesario.

Lo que sí pude rescatar fue la intención de entablar con más saltarines ese tema y efectivamente me encontré con las mismas contradicciones.
En el municipio los viejos partidos políticos no representan principios, no representan nada más que una cortina de hipocresía en la que saltan de un lado a otro con la pretensión de salvar el privilegio. No se aferran a la ideología que profesan. Un día son una derecha conservadora y otro día son una izquierda revolucionaria. Incluso podemos decir que Tlajomulco dio vida a una nueva ideología.

Aquí son “conservadores cerdos capitalistas de izquierda” siempre y cuando convenga.

Me gustaría recomendarles que reflexionemos sobre todos esos rostros incongruentes, que hoy serán de limón, que parece de piña y sabe amargo. Porque presunción de buenas acciones veremos como cada elección.
¿Quienes son?
¿Qué hacen?
¿Cuáles su profesión?
¿De verdad representan los ideales de su partido?

Porque cuando se ha andado de partido en partido lo cierto es que no se tiene una ideología fija y por lo tanto la argumentación de la buena voluntad no es más que una excusa y método de manipulación sobre valorada. “El que cree que la educación es cara no sabe lo que cuesta la ignorancia”

El Poder y la Soberbia

Tiempo de contar…

“La soberbia es una discapacidad que suele afectar a infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”. -José de San Martín-

Quirino Velázquez

Aquiles creía que era hijo de Zeus. Pero no lo era. Aquiles creía que era todopoderoso. Pero no lo era. Aquiles creía que era invencible e inmortal. Pero no lo era. Muchos hombres, particularmente los que se dedican a la política, de todos los tiempos han creído que son como Aquiles. Pero no lo son. Esa patología la han llamado el Síndrome de Aquiles. También se le ha conocido como mareo de altura o alpinismo de ladrillo.

En la historia inacabada de la política, el poder y la soberbia o la soberbia y el poder, se acompañan dando lugar a gobernantes que, alimentándose de ambos factores, pierden el horizonte de su condición transitoria y llegan a creer que nunca dejaran el cargo y hasta inmortales se creen. Son muchos los casos en que por accidente o sin accidente alguien deviene en gobernante, se instaura en el poder con un discurso de humildad y de servicio para terminar erigiéndose en sátrapa devorador de los dineros de su propio pueblo. Mucho de ello tiene que ver con la creencia de la eternidad y de que nunca menguará su poder.

Un ejemplo de la mezcla de esa soberbia con el poder lo dio Napoleón Bonaparte cuando logró que el Papa fuese de Roma a París especialmente para coronarlo en la catedral de Notre Dame. Pero en la ceremonia Napoleón tomó la corona en sus manos y se coronó él mismo con los símbolos imperiales frente al Papa, mostrando así una mezcla de poder y soberbia para destacarse por encima de todos los ahí presentes, incluido, desde luego, el representante de Dios en la Tierra.

La actitud que mostro Napoleón es una mezcla de prepotencia, orgullo, presunción, jactancia, vanidad y desde luego la esencia del soberbio: un gran deseo de estar por encima de los demás. El comportamiento de Napoleón me ha tocado verlo en muchos políticos, que tras un tiempo de haber recibido el poder parece que se transforman y se llenan de soberbia.

Les cuento que alguna vez (cuando aún no había reelección) un presidente municipal de Tlajomulco me preguntó cuál debería ser el mejor año de su trienio. Sin la menor duda, le contesté que el cuarto año. Me fijó su mirada y esbozó una sonrisa fingida cómo si hubiera oído un chiste malo. Y es que, en el fondo, no me creyó.

En aquella ocasión, el presidente municipal me vio con desdén y no como lo que era, y sigo siendo, un aprendiz de la política, pero realista. Ese presidente se dedicó, por completo, tan sólo a su presente. Sin embargo, hoy está convencido de que no le habrá de alcanzar su futuro para pagar todo lo que le quieren cobrar. No lo aprecian, no lo emulan y no lo respetan. Me duele mucho haber acertado.

Hubiera querido decirle al presidente que los tres años deberían ser la siembra de una cosecha final. Que, si así lo hiciera, el cuarto año sería aquel en el que más lo apreciaran, más lo emularan y más lo respetaran. El año en que lo extrañaran y en el que lo presumieran. El año en el que, ya no siendo funcionario, todos se sintieran orgullosos de su amistad, de su presencia o de su compañía.

Ahora bien, se afirma que el poder hace a la esencia de la vida política, implicando una relación de mando y obediencia. Tener poder es la posibilidad de producir consecuencias intencionalmente en otro u otros, a través de ciertos medios físicos o ideales. El poder político siempre se desarrolla entre seres humanos. El poder es una energía que logra la obediencia por medio de promesas de premios o amenazas de castigos. También se afirma que el poder, particularmente el poder político, es mágico, magnético, obsesionante, adictivo, envicia y puede ser fatal si no se sabe manejar, o mejor dicho controlar.

Es sabido que cuando el poder pierde el sentido de servir y el poderoso lo utiliza para servirse de los demás se convierte en un hombre soberbio que no escucha, únicamente acepta la adulación más no la crítica que le hacen ver sus errores. La adulación es parte de la vida del poderoso que pierde el piso y se sube al ladrillo, cuando la soberbia se apodera de la política se pierde la política como vocación de servicio. En el ejercicio del poder sobran los aduladores y los conversos radicalizados.

Decía Tomas de Aquino que “Sólo la soberbia y la envidia son pecados puramente espirituales, que pueden competer a los demonios”. Por su parte, Ramiro de Maeztu expresaba que el pecado del diablo es la soberbia, no porque sea muy malo, sino porque se cree muy bueno. De allí se deriva un poder putativo (que es considerado como propio o legítimo sin serlo). Si yo soy bueno, entonces soy superior y todos deben obedecerme. De la imaginaria bondad se pasa al sofisma de la prepotencia. Robespierre llegó a tener la soberbia de creer en su humildad, porque no se consideraba un hombre superior sino, tan sólo, un “Dios” menor. Otro tanto tiene que ver con la ilusión de la omnipotencia.

También la desmesura suele manifestarse en la borrachera del ejercicio del poder. Ese fenómeno se expresa en el viejo aforismo referido por Ángeles Mastretta: “El poder ofusca a los inteligentes y a los pendejos los vuelve locos”.

No tengo la menor duda, porque la historia así lo dice y además porque lo he visto, que el poder marea a los políticos inteligentes, pero, a los “pendejos”, los enloquece, la soberbia es un signo inequívoco de este mal. tal como diría el general jalisciense Marcelino García Barragán que nos dejó muchas lecciones de honor y de sabiduría.

La “soberbia política” es muy fácilmente diagnosticable toda vez que el gobernante presenta los siguientes síntomas: es egocéntrico; muestra una confianza desmedida en sí mismo; es imprudente; se siente superior a los demás; le otorga una desmedida importancia a su imagen; ostenta sus lujos; es excéntrico; se preocupa porque sus rivales sean vencidos a costa de cualquier cosa; no escucha a los demás; es monotemático; se siente iluminado y aunque falle, no lo reconoce.

En este camino, muchos pensadores opinan que se debe volver a recuperar una virtud (y una actitud) que la declinante política parecía haber olvidado: la humildad. Ese es el antídoto para combatir la soberbia. Por lo tanto, el político debe admitir sus errores y asumir su responsabilidad. Debe evitar aparentar ante los demás que lo sabe todo y, en consecuencia, debe aprender a decir con humildad “no lo sé”.

Lamentablemente la experiencia ajena nunca es extrapolable y menos aún sirve de guía para quien desde el poder cree que lo puede todo y contra todos. Cuando aquel político se dé cuenta de la realidad será tarde y le pasará quizás, metafóricamente hablando, lo mismo que le aconteció al héroe de la guerra de Troya (Aquiles). Aquiles creía que era hijo de Zeus. Pero no lo era. Aquiles creía que era todopoderoso. Pero no lo era. Aquiles creía que era invencible e inmortal. Pero no lo era.

Finalizo con la innegable la frase del militar y político rioplatense y uno de los libertadores de Argentina, Chile y Perú, José Francisco de San Martín y Matorras: “La soberbia es una discapacidad que suele afectar a infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder”.

Con Festival GDLUZ inicia celebración por fundación de Guadalajara

Karen Ortega/Guadalajara


A dos días del aniversario 478 de la Fundación de la Ciudad de Guadalajara, inicia el festival GDLuz que en este 2020 tiene como eje temático la “Cultura mexicana” misma que se desarrolla a lo largo de una extensión de dos kilómetros, incluyendo por primera vez Ciudad Creativa Digital y el Paseo Alcalde, desde los Dos templos hasta la Catedral Metropolitana.

En esta cuarta edición, se espera la asistencia de más de un millón de personas, mismas que podrán disfrutar de más de 50 atracciones, entre las que destacan el video mapping, pirotécnica, performance, música en vivo e iluminación ambiental, además de la gastronomía mexicana que se podrá encontrar en la Plaza de Armas.

Desde el miércoles 12 hasta el domingo 15 de febrero, los tapatíos y turistas tanto nacionales como extranjeros podrán apreciar este espectáculo multimedia en un horario de 7:30 pm a las 11:00 pm. con las diferentes actividades distribuidas a lo largo del Centro Histórico de Guadalajara.

Eventos principales:
 Espectáculo Catedral acompañado por la Banda Municipal y Ballet Folclórico (8:00 pm – 9:00 pm – 10 pm)
 Show Agave Multimedia en la Plaza de Armas (8:00 pm – 9:00 pm – 10 pm)
 Show Ballet Clásico en la explanada del Museo Cabañas (8:00 pm – 9:00 pm – 10 pm)

Las principales recomendaciones para asistir a este evento las enlistamos a continuación:
 Evitar el uso de bicicletas dentro de la zona ya que es un evento 100% peatonal.
 Para agilizar el flujo de las personas se recomienda no llevar carriolas.
 Es permitido el uso de cámaras y/o celulares pero evitando el uso del flash.

Es importante señalar el cierre de las calles en la zona, es por esto que la Policía Vial, así como los Organizadores del evento, hacen la recomendación del uso del transporte público, por lo que el SITEUR ha informado la ampliación en sus horarios de servicio en el Tren Ligero,
Macrobús, así como las líneas 1 y 2 del SITREN.

Tren Ligero: Ultima salida de terminales Auditorio, Periférico Sur y Tetlán 11:45 pm

Macrobús: Ultima salida de terminales Mirador y Fray Angelico 11:40 pm

SITREN: Ultima salida L1 – Júarez 12:05 am / L2 – Tetlán 12:20 am

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