Partidos políticos en 2020

Tiempo de contar…

“La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa” -Guillermo O’Donnell-

Quirino Velázquez

Es innegable que el proceso electoral de 2018 fue una elección crítica, todavía está por verse si la nueva clase gobernante logrará dar continuidad a su proyecto político para realmente llevar a cabo una nueva era política en el país, o si solamente fue una elección desviada. Sin embargo, a partir de un ejercicio analítico sobre los partidos políticos no es descabellado aventurase a señalar que se está en la antesala de un nuevo sistema de partidos.

Si bien es cierto que aquel proceso electoral modifico los equilibrios en el sistema de partidos. El surgimiento de un partido que podría convertirse en hegemónico (MORENA), el debilitamiento de las que fueran las tres principales fuerzas políticas en los últimos veinte años (PAN, PRI y PRD) y el probable registro de nuevos partidos, por lo menos modificará el funcionamiento del sistema de partidos.

Por otra parte, muchos piensan y dicen que los partidos políticos no sirven y que eso ha quedado demostrado durante los últimos años. Lo que, si es cierto es que desde hace tiempo pocas instituciones han sufrido un desprestigio tan fuerte como los partidos políticos que se supondría representan uno de los pilares más importantes en los que se asienta nuestra democracia.

El malestar hacia los partidos es grande y ha sido bien ganado. Si bien tomó años el poder construir un sistema que permitiera la competencia entre diferentes fuerzas políticas, al lograr cierto equilibrio entre tres partidos tradicionales, estas fuerzas prefirieron enfrascarse en sus dinámicas internas que en atender los cambios de la sociedad que les mantenía en el poder. PAN, PRI y PRD llegaron a aglutinar más del 80% de la votación total, el resto de los partidos gravitaron alrededor de ellos durante casi 20 años y estuvo en sus manos la construcción del Estado mexicano que conocemos hoy en día, con todos sus aciertos y sus muchísimas fallas. No es extraño entonces que estos tres partidos (PAN, PRI y PRD) se encuentren en crisis internas tan graves después de la elección que les arrojó de su zona de confort.

Pero el problema no se restringe a los tres mencionados, sino que de fondo todos los partidos que hay, en este inicio del 2020, en México están teniendo dificultades muy grandes para poder decirse representantes de los intereses y confianza de (por lo menos) una parte de la ciudadanía.

De entrada, hay que plantear que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se ha desfondado por sus pugnas internas y carencia de liderazgos (los Chuchos dejan mucho que desear), lo que apunta a que se mantenga, si acaso, en un espacio marginal para las elecciones federales del 2021 (independientemente de que decida ceder su registro a un grupo de cuadros de la dirigencia priista que han renunciado a la militancia en el tricolor) porque carece en su mayoría de una base social que le aporte un nuevo electorado para reposicionarlo como el representante de la izquierda mexicana que era. En Jalisco, el sol azteca está más muerto, es decir, putrefacto.

El Partido Acción Nacional (PAN) se debate, de igual forma, en diferencias de percepción y de criterio, razón por la cual no ha podido materializar la unidad, que sigue siendo una asignatura pendiente. La detención de quien fuera secretario de Seguridad Púbica con Felipe Calderón y director de la Agencia Federal de Investigación, que pretendió emular al Federal Bureau of Investigation de Estados Unidos, Genaro García Luna, ha pegado en la línea de flotación de la derecha mexicana, que continúa pasmada ante ello y seguramente lo seguirá estando, con el efecto dominó que esa detención en Estados Unidos ha traído consigo.

Al PAN le ha sido imposible desmarcarse de los gobiernos del “bembo” Vicente Fox y “comandante borolas” Felipe Calderón, que no son precisamente activos, sino pasivos para el histórico partido de la derecha mexicana. Y, más todavía, si García Luna resulta culpable de los delitos imputados la situación para el PAN se volvería de pronóstico reservado. Ese pasivo, más los que se vayan sumando en el corto y mediano plazos, colocará a los panistas en una posición compleja para seguir siendo competitivos en los comicios de 2021. Además, Acción Nacional no solamente enfrenta fuertes divisiones internas, sino que tiene ante sí la eminente aparición del partido político México Libre, con el cual rivalizará por capturar a los votantes que se ubican a la derecha del espectro político, que tendrá entre sus seguros liderazgos al “comandante borolas” Felipe Calderón y a Margarita Zavala, actores que por su peso específico atraerán a militantes panistas inconformes. El blanquiazul en Jalisco se encuentra en un estado muy crítico de salud (semi muerto) absorbido por el Alfarismo.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), por su parte, vive una crisis sistémica a raíz de los diferendos surgidos por la unción del gobernador con licencia de Campeche Alejandro “Alito” Moreno como presidente de su Comité Ejecutivo Nacional. Que además no solamente carga con una elevada percepción de corrupción, también pareciera que sus liderazgos no se han recuperado del duro golpe propinado por Morena en julio de 2018 y no saben hacia dónde conducir el partido. En su calvario, también ha sufrido abundantes escisiones que lo hacen ser una inviable alternativa para recuperar el poder. En Jalisco, el PRI parece ser más espectro que un instituto político.

El Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) no es en el sentido estricto un partido político, sino una alianza de diversos movimientos y actores políticos, cuyo principal referente sigue siendo el presidente AMLO, por lo que es previsible que siga atrayendo a actores, fundamentalmente locales que se han movido en otras fuerzas políticas, que busquen un espacio con posibilidad de triunfo político.

La condición preocupante en Morena es que, si las historias de agravios al interior son ciertas, entonces se verá un proceso de lucha interna que derive en un proceso de división y descomposición paulatina, como la que vivió el PRD desde su fundación. Morena hasta hace poco ha exhibido una política de cerrazón, división y resta, justo al contrario de lo que debe hacer un partido que ha ganado el gobierno de la República. Sólo comentaré que le pidan a Dios para que no se les vaya AMLO porque si se va “adiós mi gabán”. En Jalisco, a los morenos no se le ve ni pies ni cabeza.

El Partido Movimiento Ciudadano (MC) si bien parece que ha llevado a cabo un proceso de “entreveramiento generacional” al que se refería el ideólogo priista Jesús Reyes Heroles. La palabra de su “líder” de facto Dante Delgado todavía es definitiva, también lo es que Clemente Castañeda, piensan con cabeza propia y sus prendas profesionales los avalan como líder emergente con formación.

Movimiento Ciudadano quiso marcar una línea clara para alejarse de los partidos tradicionales como PAN, PRI o PRD. Pero en Jalisco no se ve así. La violencia (que se insiste en que la culpa fue de los gobiernos anteriores) y algunas políticas públicas fallidas del gobierno lo mantiene, supuestamente, como uno de mediana popularidad (media tabla para abajo) en México. El partido naranja en Jalisco, aún con la aparente baja de popularidad de sus gobiernos, tiene, si no se equivocan, con que competir.

De la demás chiquilla (PT, PVEM, PES etc) les cuento en otra ocasión.

Así también se espera que, a nivel nacional, nazca a la vida jurídica el partido del expresidente Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, México Libre, tocado por el efecto de la detención de García Luna por presuntos nexos con el narcotráfico. Aun así, México Libre busca atraer el voto del PAN. En Jalisco aún no se le ve presencia.

Del mismo modo, el Partido Redes Sociales Progresistas, que encabeza Fernando González, el yerno de la maestra Elba Esther Gordillo, ha logrado hacer un efectivo control de daños después de haber sufrido una lucha intestina protagonizada por su exlíder Juan Iván Peña. Tampoco en Jalisco aún se le ve presencia.

A nivel estatal se perfilan dos nuevos partidos políticos «Somos un Bosque o el del Arbolito» como se le conoce al posible partido político estatal Futuro, impulsado por el ex diputado Pedro Kumamoto y la agrupación «Hagamos», ligada a la Universidad de Guadalajara. Ambos aún no merecen mayorees comentarios.

Lo cierto es que ningún partido es perfecto ni monolítico, ninguno está exento de rivalidades internas, intrigas, incongruencias, oportunismo, corrupción, ni liderazgos torpes o irresponsables. Ninguno. Pero sin una pluralidad de partidos relativamente fuertes y estables, la democracia es inviable. Así lo demuestra la experiencia desde que existen los regímenes democráticos.

Pero también es cierto que la evolución política en México se caracteriza por la momificación de los partidos políticos, proceso que impone una narrativa con un cuestionamiento de fondo: ¿hasta dónde llegará la simulación y el inmovilismo de los partidos, que, sin compromiso social, siguen al garete?

Las condiciones políticas están dadas para que los partidos políticos resurjan desde la democratización de sus estructuras, la fuerza vital de sus militantes y el valor de la dignidad humana, argumentos primigenios que han perdido y que hoy expresan en este sórdido sigilo inaudito, que los tiene en la oscuridad y como auténticas momias. A ver que pasa…

Mientras tanto, bien lo decía el que fuera un destacado politólogo argentino Guillermo O’Donnell: “La mayor parte de la opinión pública más que distinguir a los partidos por sus nombres, los distingue por el nombre de sus líderes, lo que demuestra es un nivel de personalización muy alto y alarmante para el futuro de una democracia representativa”.

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