Fabiola Serratos

Resulta que en semanas anteriores varios medios de comunicación expusieron el problema de los servicios en zona valle. A lo que casi enseguida respondieron algunos funcionarios públicos justificando nuevamente la falta de atención. Y es que algunos servidores han llegado a un cinismo tal que de fotografías y juntas vecinales hacen alarde de un trabajo excelente, cuando sabemos es incompleto o mal hecho. 

Sabemos de la carente educación que la mayor parte de los servidores y funcionarios tiene. Pero exponer su ignorancia y mediocridad en sus redes sociales es terrible, pues nos deja en evidencia la clase de gobierno que tenemos.

Una funcionaria pública recalca “que no es el gobierno sino la gente cochina que ha decidido vivir así”

Misma gente cochina que en su momento sirvieron como acarreados para el partido que hoy gobierna y ella trabaja. Es muy común que los servidores digan que mientras se tenga buena voluntad no son necesarios los estudios y supongo que desde ahí comenzamos a ver las prioridades de que quienes están encargados de nuestro municipio. 

La buena voluntad surge de la experiencia y esa no siempre es lo correcto para los demás. Sería primordial conozcan como mínimo ética e historia y comprendan que un gobierno no solo tiene como trabajo el recoger basura y posar en fotos.

-Es obligación de todos los gobiernos crear los escenarios y sistemas que ayuden al progreso de sus comunidades.

Es absurdo y ridículo que los funcionarios no conozcan como mínimo una teoría de sistemas que les haga entender la verdadera función de su cargo. No son activistas, no son reyes ni mártires sacrificándose por su entorno, son representantes y organizadores de un municipio y quizá no lo han comprendido porque no tienen ni idea de lo que implica gobernar, se han quedado en las labores comunitarias con las que “chapulinearon” al hueso. 

Últimamente en todo el país, las redes sociales se han visto abarrotadas de comentarios clasistas misóginos, homofóbicos y racistas por parte de funcionarios públicos. Tlajomulco no ha sido la excepción pues la gran mayoría de nuestros representantes o empleados parecen más influencers que verdaderos y coherentes servidores. Y dirán que dentro de la vida personal cada quien puede exponer lo que le plazca. Pero lo cierto es que desde la intimidad uno puede conocer realmente a quienes nos representan y si sus principios son tan reales como predican o como tenemos conocido en la política son viles máscaras publicitarias.

Que un ciudadano promedio se aferre a la libertad de expresión como permiso para decir falacias es un tanto entendible. Pero que un funcionario pretenda justificar sus opiniones con tal cosa es imperdonable.

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