Retrato hablado, así te vemos Guadalajara

Foto: Armando Parvool
Texto: Víctor Hugo Ornelas

Con nueve kilómetros de longitud y conformada por los escurrimientos que recorren las grietas de los cerros que la rodean, la Laguna de Cajititlán, ubicada en el poblado del mismo nombre, perteneciente al municipio de Tlajomulco, es un sitio único en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

La laguna esconde en la profundidad de sus aguas historias y leyendas que alimentan su majestuosidad, recorrerla en una lancha o caminar a sus orillas es saludar a la naturaleza, pero más allá de todo aquello, el mejor regalo que guarda este vaso lacustre son sus atardeceres.

La mezcla de colores cálidos que invaden el cielo se reflejan de manera fiel en un espejo de agua que por momentos parece inerte, como si se detuviera a contemplar la luz que de manera altanera se dispersa sobre el firmamento.

La Laguna de Cajititlán se mantiene imponente, lucha y sobrevive ante los errores y embates del hombre, es un cuerpo de agua con vestigios prehispánicos que se alimenta del cielo y de la tierra. Sinónimo de vida, de historia y tradición, le inunda el misticismo y la acoge la fe.

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