AL MENOS CUATRO RETOS DEL PRESIDENTE

“Siempre que hay un reto, también hay una oportunidad para afrontarlo, para demostrar y desarrollar nuestra voluntad y determinación”. -Dalái Lama-

Quirino Velazquez

No es fácil dirigir este país; no lo ha sido nunca y definitivamente tampoco lo es para el actual gobierno. La ambiciosa agenda social que ofreció el presidente Andrés Manuel López Obrador (al tomar posesión del cargo hace un año) no ha logrado todavía generar los consensos de gobernabilidad que su proyecto requiere.

Las encuestas revelan un promedio de 65% de apoyo social al presidente, pero por momentos, queda la impresión de no encuentra cómo convencer a sus opositores, empeñados en acusarlo de no reconocer esa otra realidad, la del México que le rechaza porque no le agrada su forma de hacer política ni mucho menos su decisión de enfrentar y terminar con el modelo de desarrollo por el cual el país está en donde está.

El presidente AMLO enfrenta una oposición que, dicho sea de paso, tampoco le seducen sus ofertas de pacificación y de mayor seguridad frente al imparable crimen organizado; una oposición que no se inmuta con el combate a la corrupción ni mucho menos con la pretensión de activar el desarrollo en el sureste del país, la región más atrasada y miserable de la república.

¿Por qué no ha sensibilizado a la oposición la propuesta presidencial de cambio? ¿Qué cosas remueve en ella? El presidente López Obrador está decidido a pasar a la historia desmontando los engranes ortodoxos que a partir de los años ochenta impulsaron el ajuste del aparato de Estado, modificaron el marco legislativo y renovaron la clase política (con la llegada de los llamados “tecnócratas sabelotodo”), así como el perfil de los servidores públicos para insertar el país por derroteros que lo vincularían al comercio exterior y al mercado globalizado acentuando la concentración de riquezas y las diferencias sociales.

Es muy posible que las dificultades de comunicar por parte de la llamada Cuarta Transformación generen resistencias, pero también es cierto que han salido a flote expresiones de un México racista, xenófobo y clasista decidido a detener la transformación anunciada y para eso parece no estaba preparado el presidente.

En el contexto de sus más de 30 años como opositor, el presidente AMLO asumió su cargo con la determinación de darle un giro ideológico hacia los temas no atendidos por el mal logrado neoliberalismo. A muchos se les olvida el papel que jugó cuando abandonó el Partido Revolucionario Institucional (PRI) a través de la Corriente Democrática que en 1987 impulsó al exgobernador Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la presidente de la república, en un proceso electoral polarizado (que mucha gente afirma que ganó). En ese mismo proceso López Obrador compitió por parte del bloque opositor por la gubernatura de Tabasco y quien fuera derrotado, en una elección cerrada, por el defenestrado priista Roberto Madrazo Pintado (el mismo que compitió por el PRI por la presidencia en la elección del 2006 y reconoció, que en ese proceso gano AMLO, en entrevista publicada en El Universal 3/oct/2018).

Tener presente que la trayectoria también ha sido ideológica en la carrera de López Obrador permite entender, consecuentemente, sus compromisos políticos.

No por otra cosa dijo el año pasado que “el Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales” y que “no se seguirá desplazando a la justicia social de la agenda del gobierno”. Nadie podría estar en desacuerdo con este propósito. De hecho, durante el primer año de su gobierno se han realizado varias reformas al marco jurídico y se han reajustado programas sociales. Recuérdese la promesa de campaña donde arengaba que “por el bien de todos, primero los pobres”. Es por esto por lo que el proyecto presidencial constituye una apuesta a mediano y largo plazo, en la que deberá sortear al menos cuatro retos.

En primer lugar, la imparable violencia del crimen organizado.  El presidente AMLO ha dicho que concluyó la guerra con los cárteles, pero éstos no han dejado de pelear entre ellos por el control territorial de sus áreas de influencia, así como por sus actividades delictivas, en permanente incremento y diversificación. El recuento de muertes sigue una espiral creciente tanto como la impunidad con la cual se conducen, lo cual ha sido aprovechado por la oposición.

En segundo lugar, pueden citarse los indicadores relacionados con el manejo de la economía durante este primer año, que le generó duras críticas por parte de las agencias calificadoras, aunque otros sectores han reconocido la salud financiera del gobierno. La reducción del gasto, pero también la confrontación con algunos integrantes del sector privado han sido elementos que contribuyeron a generar un escenario de incertidumbre, el cual ahora se trata de remontar con el pacto de inversiones emergentes por parte de dicho sector.

Un tercero reto que no ha podido enfrentar con éxito el gobierno de López Obrador es la crítica, tanto periodística como en redes sociales. Existe una disputa permanente entre sus seguidores y quienes lo rechazan por influir en el ánimo de millones de espectadores de ese juego digital en el que la verdad y la mentira están expuestas las 24 horas los 365 días del año. Ejércitos de bots luchan en ambos bandos, con triunfos a favor de uno y otro, como parte de una dinámica que resulta interminable pero también insufrible. Todos los días en esta frecuencia sublimada de la opinión pública el mandatario hace malabares por posicionarse y sostenerse, partiendo de su convicción de respecto a la libertad de expresión.

El cuarto reto que el Ejecutivo debe salvar es de carácter interno y tiene que ver con los asuntos internos de su partido, el Movimiento de Renovación Nacional (Morena). Ideológicamente no hay partido, ya que los principios que un sector de Morena enarbola son rechazados por otro sector. Y sin principios no puede haber dirección mucho menos comprensión del proyecto de cambio que Andrés Manuel López Obrador está impulsando. Habrá que esperar a la renovación de la dirigencia nacional (que por cierto ni siquiera se ponen de acuerdo en la fecha, unos dicen que será en enero otros que hasta junio del año próximo) y al trabajo de reposicionamiento del partido, porque la división hasta hoy existente no le augura nada bueno. Ojalá logren priorizar el diálogo para subsanar la división en Morena ya que le corresponde ser el soporte ideológico y electoral de la Cuarta Trasformación.

Después de todo, seguramente el presidente López Obrador, para sortear los retos contados, tomará en cuenta la frase del líder espiritual del budismo tibetano y premio nobel de la paz, Dalái Lama: “Siempre que hay un reto, también hay una oportunidad para afrontarlo, para demostrar y desarrollar nuestra voluntad y determinación”.

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