MORENA Y SUS DILEMAS II

Tiempo de contar…

Lo que tienen que hacer es denunciar y renunciar a la violencia; entonces podrán participar en la vida política, y si no es suficiente para ellos pues será su problema, las reglas de juego no se cambian a tiros” -Felipe González-

Conforme se consolidaba la figura de Andrés Manuel López Obrador como candidato presidencial, muchos miles de personas se acercaron al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para afiliarse al partido en ascenso, fundado en 2014.

Se estima que más de 3 millones de personas fueron registradas como militantes entre 2014 y 2017, año en el que Morena cerró las afiliaciones. Pero “curiosamente” en enero de 2019, cuando el INE aprobó un acuerdo que da a los partidos un plazo de un año para depurar, sistematizar y actualizar sus padrones de militantes (del 1 de febrero de 2019 al 31 de enero de 2020) en Morena había, solamente, 317 mil 595 militantes.

A un año y medio después de ganar la Presidencia, la mayoría en las dos Cámaras del Congreso de la Unión, la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, ahora con siete gubernaturas, la mayoría en 20 congresos estatales y múltiples cargos municipales, Morena no ha pasado por un proceso de renovación de sus órganos de dirección.

Aunque el partido de AMLO ya suma más 36 millones de ciudadanos gobernados en administraciones estatales, hay cosas que ocurren en Morena que no pueden explicarse siendo el partido en el poder. Pero viendo que en la administración federal existen otras situaciones inexplicables (ejemplo lo que pasa en las “súper delegaciones”), no hay que sorprenderse mucho.

Morena va a elegir a su dirigente nacional, el primero estando en el poder. Los morenistas, fieles a su pasado, parece que han entrampado esta elección. También parece que la “institucionalización” no está en los genes de muchos de sus militantes; es más, probablemente ni siquiera quieran dejar de ser “movimiento” y se seguirán resistiendo a ser llamados “partido”. Lo cierto es que las rencillas internas van en aumento, y está latente el riesgo de dividirse en corrientes o tribus (eso sí está en el ADN de un movimiento formado principalmente por ex militantes del PRD).

Por otra parte, si lo del cambio de régimen en México es en serio (yo creo que lo es) debe ponerse atención no solamente en la transformación del gobierno y la administración pública, sino también a la del sistema de partidos y su relación con la sociedad. El pasado fin de semana, una parte de Morena demostró no estar a la altura del reto que eso implica, y que no puede plantearse reformular el sistema de partidos si el partido en el gobierno mismo no puede resolver el problema de la sucesión en la dirigencia y las disputas por el poder en su seno.

En las asambleas distritales llevadas a cabo el sábado pasado (12 de octubre), la primera parte de un proceso que culmina con la renovación de la dirigencia nacional, más de un tercio tuvo que ser cancelado por dificultades, que en algunos casos fueron violentas. Sucedió principalmente en Jalisco, pero también en otros estados y el resultado es que el conjunto del proceso está ahora viciado.

Estas asambleas, después de que buena parte de Morena eligió desoír la sugerencia de AMLO de hacer una encuesta para resolver el asunto de la dirigencia (y despresurizar el proceso), son el primer signo de perredización y un espectáculo vergonzante que tiene como resultado irremediable la posible derrota en el 2021.

En agosto pasado, el jefe político de Morena, el Presidente López Obrador, advertía que, si las ambiciones de poder de sus dirigentes lo echaban “a perder, no sólo renunciaría a él, sino que me gustaría que le cambiaran de nombre, que ya no lo usarán, porque eso nos dio la oportunidad de realizar la Cuarta Transformación”.

Habrá que ver que pasa luego de todos los conflictos y la violencia que afloraron en las asambleas distritales que Morena realizó para elegir a los delegados para su Congreso nacional, donde elegirán a su nuevo dirigente.

Jalisco fue la entidad en la que más sobresaltos y agresiones hubo. La dirigencia estatal reconoció que en los distritos 3, 5, 7, 8, 9, 10, 16 y 17, es decir, en 8 de 20 distritos, en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Puerto Vallarta, Tepatitlán, Tequila y Jocotepec irrumpieron grupos (algunos armados) a las asambleas para llevarse equipos de cómputo, listados nominales, urnas y boletas con las que se votaría por los delegados representantes de Jalisco para la renovación de la presidencia de Morena. En Guadalajara uno de estos enfrentamientos dejó saldo de seis heridos, dos de ellos graves.

El llamado “delegado presidente” de Morena en Jalisco (Hugo Rodríguez), dijo que “atentar contra los procesos de participación de manera violenta resalta lo peor del pasado” y que esos hechos buscaban “dañar la imagen de nuestro partido y al dificultar la participación, pretenden entorpecer los procesos de elección”. Pidió a autoridades estatales y federales una investigación de los hechos y a la dirigencia nacional la reposición de las asambleas.

Hay, sin embargo, otras conjeturas que ven en estos ataques y en el nivel de violencia que se registró en Jalisco una abierta disputa interna por el poder en el partido entre dos grupos los fundadores originales de Morena en la entidad (encabezados por el Senador Alejandro Peña Villa quien fue o es “enlace” del comité nacional de Morena en Jalisco) y el grupo que aglutina gente que llegó posteriormente y que gravitan en torno a la figura del ex candidato de este partido a la gubernatura del Estado (Dr. Carlos Lomelí Bolaños), quien dejó de ser desde el pasado junio el “súper delegado” en Jalisco al ser investigado por conflictos de interés en la venta de medicinas a los gobiernos federal y estatales.

Del reemplazante de Dr Lomelí, Armando Zazueta Hernández, dicen muchos morenistas que “no canta mal las rancheras” ya que la propios y extraños le señalan y critican que ha llenado la estructura de la “súper delegación” con una red de familiares que van desde su esposa y sus amigos(as), hasta sus primos y que ha utilizado los programas federales para “posicionar diversas personas en puntos estratégicos para obtener un beneficio electoral y de estructura con fines netamente político electorales” (edición 2240 de la revista Proceso).

Pareciera que negocios, corrupción y nepotismo, se han conjuntado en la estructura de Morena en Jalisco. Nadie debería extrañarse entonces que, en Guadalajara, Zapopan y otros municipios jalisciences las asambleas terminaran a tiros.

Son diversos los dilemas de Morena y falta mucho para saber cómo concluirá su proceso interno. El propio Presidente López Obrador, parece hoy, un poco o un mucho alejado de las vicisitudes internas de su partido, pero sólo él tiene autoridad suficiente como para poner orden en un proceso que, fácilmente, puede salirse de las manos de sus protagonistas y vulnerar la gobernabilidad de ese partido y hasta del país mismo.

No sobra volver a decir que una de las razones por las cuales ganó Morena, fue por López Obrador. Todo se organizó y se desarrolló en función del hoy Presidente de la Republica. Morena fue el instrumento para la creación de un gran movimiento que permitió sumar, sin distingos políticos, a una gran cantidad de ciudadanos. Es muy probable que muchos en Morena sigan viendo y viéndose como un movimiento social, pasando por alto la importancia de organizarse en función de un partido político con todo lo que ello implica.

Las abiertas diferencias ante la próxima elección o reelección de su Comité Ejecutivo, si bien tienen que ver con diferentes concepciones del partido, también tienen que ver con que en Morena no se han dado a la tarea de construir un partido. No tienen un padrón confiable para conocer mínimamente cuántos militantes tienen. Los líos van a crecer porque para desarrollar la elección necesitan tener bases firmes para ver quién puede participar en ella, bien saben que están sistemáticamente en el centro de la atención pública, a lo que se suman los llamados “adversarios”.

Finalmente, es cierto que ningún partido político gobierna eficazmente si no es capaz de gobernarse a sí mismo. Y en Morena, el partido en el Gobierno de la República, se han sucedido signos de desgobierno que el pasado fin de semana se tradujeron en balazos, robos, golpes, cruce de insultos, desorganización, influencia de servidores públicos y hasta ausencia de militantes; y presencia e infuencia de miembros de otras fuerzas políticas (partidos).

Por lo pronto aplica la frase del expresidente español Felipe González: Lo que tienen que hacer es denunciar y renunciar a la violencia; entonces podrán participar en la vida política, y si no es suficiente para ellos pues será su problema, las reglas de juego no se cambian a tiros”.

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