Nuestra corrupción

Por Ángeles Arredondo

Martes 30 de julio del 2019

Usualmente escribimos de las fallas o actos de corrupción en el gobierno, sin embargo, en esta ocasión hablaremos de nuestra propia corrupción e indiferencia, que practicamos día con día.
Existen muchos estudios sobre la calidad de la participación ciudadana y cada uno de nosotros podríamos cuestionarnos hasta donde llega nuestra solidaridad ante la incapacidad del gobierno de dar solución a las problemáticas sociales, los ciudadanos han tenido que organizarse para tratar de resolver de forma inmediata y con muchas limitaciones los conflictos y urgencias sociales.
Todos los días encontramos publicaciones en redes sociales sobre causas que necesitan ser apoyadas: niños con Cáncer, personas desaparecidas, abuelos olvidados, perros maltratados, mujeres abusadas y muchas otras tragedias, sin embargo cuando reflexionamos sobre los resultados de lo que llamaríamos calidad de la participación ciudadana, podemos encontrar que la mayoría de los mexicanos, a pesar de nuestro ánimo solidario, hemos pasado por tan diversas y complicadas situaciones de vida, que nuestra primera reacción ante quien comenté un abuso es el coraje y la indignación, esa es la primera muestra natural de lo que todos hemos sentido.
Simplemente, hoy veía un comentario de una madre que señalaba cómo su hijo había sido golpeado por otro menor y que no pudo hablar con la madre para pedir se le corrigiera, pero qué pasa cuando el niño, el joven o el adulto son producto de ese dolor e indiferencia, o de la violencia en sus hogares, ¿quién puede corregirlo?, ¿su propio agresor?, la madre que lo abusa, lo rechaza o lo abandona, si aspiramos a tener una mejor sociedad, necesitamos tener la tolerancia y el amor al prójimo para en primera instancia pedir no solo un castigo, sino preguntar a quién es víctima de sus propias circunstancias si podemos hacer algo por él.
Dicen que es más difícil dar tiempo que dinero, porque al final el tiempo es oro, pero ya sea con recursos económicos o con nuestra disposición no debería de existir un mexicano que no participe en una buena causa, en una asociación civil o si nosotros hemos sido los agresores en cualquier sentido, tener la disposición de corregir nuestros actos.
Lo que muestran los indicadores es que los grandes niveles de desconfianza alcanzan a todos los sectores de la sociedad, el religioso, el académico, el familiar, el político e inclusive las instituciones que deberían velar por nuestra seguridad; esto ha hecho que la gente participe poco o que incluso critique con o sin razón causas sociales (el Teletón es un ejemplo) sin embargo somos incapaces de organizar algo de esa magnitud, pero podríamos llegar a destruirlo con solo el descrédito.
México necesita limpiar sus heridas, crecer el sentimiento no solo de solidaridad que siempre demostramos en las tragedias, sino también recordar que los políticos y funcionarios son producto de nuestras familias y de nuestra sociedad, solo en la medida que logremos un cambio verdadero en la célula base, tendremos no solo buenos profesionistas sino buenos seres humanos.
Pongámonos el reto de involucrar a nuestras familias en redes de apoyo, digamos no a la corrupción y denunciémosla, seamos capaces de observar y preguntar a quien está a nuestro lado si necesita apoyo, la indiferencia y la apatía combinada con la agresividad con la que la mayoría reacciona en la calle solo genera más conflicto, se necesita fortalecer una cultura de paz y de superación personal, para que tengamos como sociedad una vida plena.

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