DEMOCRACIA SIN PARTICIPACIÓN

Por Quirino Velázquez 

Lunes 24 de junio de 2019

“LOS MALOS GOBERNANTES SON ELEGIDOS POR LOS BUENOS CIUDADANOS QUE NO VOTAN” –George Jean Nathan-

Si bien el argumento se ha vuelto recurrente, no deja de preocupar el hecho de que los votantes no salgan a ejercer su derecho de elegir a sus gobernantes cuando los procesos no son tan atractivos como sí lo es una elección presidencial o federal, donde la contienda se vuelve muy competitiva por el calibre de los cargos a elegir. Dicen los políticos que no son lo mismo unos comicios para elegir presidente del País o senadores y diputados federales que elecciones locales o estatales que atraen en menor medida el interés del pueblo.
Algo sucede en México que la participación de los ciudadanos en procesos electorales disminuye mucho cuando “se cae” el interés por lo público y sus consecuencias para los electores, cuando los gobernantes se vuelven “absolutistas” en sus decisiones. Pareciera que el ciudadano pierde el interés por participar activamente en las decisiones públicas cuando quien toma esas decisiones lo hace de manera unilateral, apelando al principio de que “el pueblo soy yo”.
Y es que en cualquier País civilizado y democrático del mundo preocuparía el hecho de que la gente no fuera a las urnas cuando hay procesos electorales. Pareciera que en el nuestro regresamos a los viejos tiempos del “paternalismo político” en el que los gobernantes prefieren “alejar” al ciudadano de las decisiones públicas con el fin de ejercer un mayor control de la vida política y tomar dichas decisiones por él, con tal de no ser exigidos, ni mucho menos para rendirle cuentas al pueblo que dicen “representar”.
Lo sucedido en seis Estados donde hubo elecciones locales, dos de ellas para gobernador (Baja California y Puebla), muestra el poco interés de los ciudadanos en los procesos electorales que necesariamente “repercutirán” en su vida cotidiana, sobre todo en estos tiempos de inseguridad y descomposición social que estamos viviendo.
¿Qué influye en la actitud del votante para que se vuelva apático y poco interesado en un proceso democrático que tendrá impacto inmediato en su vida diaria?
Ya lo advertía un día después de los comicios el propio presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, viejo lobo de los “mares políticos”: “Aquí hay que estudiar qué está pasando. No lo adelanto, acabo de hablar con el presidente del Instituto Nacional Electoral para ver si hacemos un seminario para estudiar con seriedad y, en su caso, hacer las reformas electorales que sean necesarias. Vamos a empezar a discutir ese tema”.
Porfirio Muñoz Ledo afirmó que los índices de abstencionismo registrados en el proceso electoral en seis entidades, celebrado en junio pasado, no son alentadores y recuerdan las cifras del antiguo régimen. Y fue más allá: “la Cuarta Transformación necesita no sólo plazas llenas, sino urnas llenas”. Recordó que el abstencionismo registrado en los comicios de Puebla, Baja California, Durango, Tamaulipas, Quintana Roo y Aguascalientes fue del 77 por ciento.
Algunos analistas hablan ya del “desencanto democrático”, a 6 meses del nuevo régimen. Es claro que los votantes van a las urnas a ejercer un derecho de cambiar o ratificar, en su caso, el modelo político en el que viven. Si ven beneficios lo ratifican en las urnas; si no ven cambios inmediatos o ya no acuden a votar, lo hacen en sentido contrario a como han vivido en los últimos meses o años. Por lo menos, ésa ha sido la interpretación que se le dio al viraje político ocurrido en México el primero de julio del 2018.
Entonces, ¿cómo leer lo que sucedió en estas seis entidades? No cabe duda que el análisis tiene diversas aristas. Pero para tener un análisis más certero hay que partir del sentimiento de los votantes. Desde ahí mirar el panorama nacional y por lo que parece, los mexicanos estamos desencantados con la clase política que prevalece en el País. Quizá porque no vemos algo diferente en ellos; de hecho no se observa una renovada clase política. Son los mismos de siempre. Unos, antes en un partido y ahora en otro. Y, los menos, sin capacidad de tomar decisiones que de verdad favorezcan al pueblo. En el caso de la oposición, muy desdibujada frente a los retos que representa una Presidencia de un solo hombre. Es decir, sin contrapesos. No sólo el desgobierno genera caos, también provoca desorden y una “democracia” sin participación de los ciudadanos.
Al respecto, bien lo decía el estadounidense critico de teatro y editor de revistas George Jean Nathan: “LOS MALOS GOBERNANTES SON ELEGIDOS POR LOS BUENOS CIUDADANOS QUE NO VOTAN”.

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