Los cuerpos que se almacenan en Jalisco

Por Víctor Hugo Ornelas

Viernes 24 de mayo de 2019

Un semestre no es suficiente para cambiar la realidad de una institución que se sumergió en una crisis que se construyó durante varios años, y cuyos problemas, van más allá de las capacidades, incluso operativas de la misma; ese es el caso del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, que en la actualidad es acechado por los fantasmas generados por las malas decisiones, por la violencia y las omisiones de una autoridad que se debió de dar cuenta a tiempo que había una bola de nieve que se les vendría encima.
El caso de los contenedores de tráileres en los que se almacenaban cientos de cadáveres no reconocidos que ya no cabían en el instituto, fue quizás el hecho más vergonzoso de la administración de Aristóteles Sandoval, algo que, en otros Países, donde se respetan los derechos humanos por sobre todas las cosas, habría significado la renuncia obligada de funcionarios y hasta del mandatario estatal.
Pero no fue así, el problema le llegó de herencia a Enrique Alfaro, cuya administración concentra algunos esfuerzos en tratar de solucionar esa crisis que mancha el nombre de Jalisco, sin embargo, una vez más, lo que ha fallado en la estrategia es la manera de comunicar.
En el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses hay más de 500 cuerpos a la espera de ser identificados y reclamados por sus familiares, el número crece todos los días debido a que vivimos en una feroz metrópoli que alimenta los anfiteatros con restos humanos que son depositados en cualquier cruce, ya no importa si se trata de una brecha o una vialidad de una colonia densamente poblada.
La razón por la que semejante cantidad de cadáveres aún no satura las instalaciones de Ciencias Forenses, es porque muchos de los cuerpos llegan mutilados y su almacenaje se hace en calidad de bultos; suena crudo y agresivo, pero es la verdad, así es como terminan los restos de algunas personas de este Estado que alberga la sede del cártel de la droga más poderosos de México.
Esto fue dado a conocer por el propio Gobierno Estatal en una rueda de prensa ofrecida el pasado jueves por la mañana, pero se trató de un anuncio obligado tras la serie de evidencias mostradas por la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Jalisco y no de un anuncio a inicios de administración que sirviera para transparentar la situación que atraviesa esta importante dependencia.
Ese simple hecho ha significado que algunos sectores duden de la administración estatal y se pregunten por qué no comunicaron la situación desde antes, por qué optaron por mantener un cerco de hermetismo en torno a asuntos tan delicados cuando lo que se requiere es información, datos, explicaciones, que nos indiquen el punto en el que estamos parados.
A estas alturas no se puede culpar a quienes en su momento no fueron señalados y, por otra parte, sería inadecuado el responsabilizar a quienes actualmente tienen la encomienda de subsanar las condiciones que prevalecen, porque el tiempo que llevan con esa carga, es insuficiente.
Se puede pedir comprensión a los académicos y a funcionarios, quizá a periodistas para que analicen a fondo el problema y vean que solucionarlo no es sencillo, pero definitivamente no se le puede pedir ni la mitad de eso a personas que tiene meses buscando a un familiar, que viven en la incertidumbre, que cada que localizan una fosa con cuerpos se trasladan a verificar que ninguno de ellos sea su ser querido, porque para ellos la razón es algo que ya se perdió desde hace tiempo, o al menos ya no importa.
La crisis en el servicio forense se mantiene y no hay, al menos visible, una luz en el camino que nos permita pensar que en un corto plazo veremos otra realidad de esta dependencia. Cada día arriban entre tres y cinco cuerpos que para fin de año se contarán en una cifra de cuatro dígitos. Organismos como el Observatorio Nacional Ciudadano, sostienen que la violencia está en uno de sus indicadores más altos en todo el País y que desde el Gobierno Federal, es necesario replantear la estrategia en materia de seguridad, mientras que el grueso del ciudadano, aún se pregunta, ¿Cuál estrategia? Que de plano no la vemos.

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