Los Valdez (tercera y última parte)

Por Octavio Guevara

Martes 21de mayo de 2019

Continuamos con la última serie de entregas dedicada a la familia Valdez, de Concepción del Valle ‘‘La Concha’’, que nos comparte Rey Orozco. Ya hemos visto la actitud y el papel de este linaje durante la etapa formativa de la actual agencia municipal, en lo que respecta al ejido (1937) y la donación de terrenos para el pueblo (1956). En esta ocasión veremos el antecedente de la construcción de su iglesia parroquial, donde se venera a la Inmaculada Concepción.
Transcurrieron los años y los ex peones seguían acudiendo a la hacienda todos los domingos y días solemnes, pero no por motivos laborales o de protesta, sino porque ahí seguía el corazón de su espiritualidad, de su fe: la Virgen de la Inmaculada Concepción venerada en una elegante capilla. Dos polos opuestos eran unidos por un espacio de culto, y el mediador en este lazo provenía del apellido protagonista: José Valdez Macías. José nació en La Concepción la madrugada del sábado 29 de agosto de 1891. Más tarde, en 1914, contrajo nupcias con Catalina Martínez Pérez, dando como fruto 4 hijos: Teresa, Luz, Rosario y Eliseo Valdez Martínez. Don José se ocupó de la tienda de la hacienda y de la capilla, al parecer era el único que respondía al sacerdote en latín, como en aquellos tiempos se usaba en misa; vivió en una de las casas que hoy, en estado ruinoso, se agrupan en hilera sobre la avenida Concepción.
En dicha capilla se reunían los pobladores, incluso los de Unión del Cuatro, pero amenazaba con venirse abajo, al ritmo en que el casco se desmoronaba a escombros con el viento de los años. Y como símbolo del ocaso, las herederas de don Tomás Orozco planearon vaciar el inmueble, teniendo en la lista el primoroso retablo y su Virgen. Reunidos los feligreses al pie de la torre, algunos llorando, suplicaban que dejaran a ‘‘su’’ Virgen con ellos y, como si ella escuchara e interviniera por ese clamor, ‘‘no se quiso ir’’: se hizo muy pesada y se descompuso el carro a unos metros de distancia. Las herederas consintieron donar la imagen, terminando por conformar al pueblo de La Concha, quien ahora poseía su santo patrono y estaba pronto a construir su iglesia. Mientras esto ocurría, don José Valdez cuidaba la imagen de la Virgen en su propia casa.
Los feligreses se reunían en el pueblo de La Concha, en un lugar bajo la sombra en que se colocaba la imagen, donde Rosario Valdez deleitaba el culto con la música de un órgano. Más tarde se vendió la hacienda y, según relata un familiar, ‘‘el [nuevo] dueño de la hacienda fue a la casa de mi abuelo [José Valdez] a gritarle que se saliera de su casa, y mi abuelo salió y le dijo que no podía salirse porque ahí tenía a la Virgen’’. Esto sucedió antes de la construcción de la actual iglesia cuya primera piedra se colocó el 01 de noviembre de 1976.
Como herencia de don José en la actualidad, algunos de sus descendientes heredaron su espíritu de servicio a la comunidad de feligreses, en la iglesia del lugar, y otros destacan como notables profesionistas en instituciones educativas del municipio. Del fundador de este linaje en La Concha, Juan Valdez Hernández (1867-1929), sobreviven su nieta Luz Valdez Martínez, varios bisnietos e incontables tataranietos y más descendientes. Los Valdez son actores y protagonistas de la historia de su terruño, más que en el papel de ejidatarios, como allegados al hacendado: mayordomos, administradores y sacristanes.

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