EL CAMBIO EN MEXICO

Por Quirino Velázquez

Sábado 18 de mayo de 2019

“No hay nada más difícil de emprender, más peligroso de llevar a cabo y con menos garantías de éxito, que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene como enemigos a todos aquéllos que se beneficiaron de las condiciones antiguas. La gente teme y desconfía de la persona que promueve el cambio y no cree en nuevas ideas hasta que no tiene una larga experiencia con ellas” –Nicolás Maquiavelo–

El lector sabrá perdonarme haber iniciado (y también concluir) esta colaboración con una larga cita del pensador florentino, pero expone con gran claridad las dificultades que entraña todo proceso de cambio. Al igual que el camino del infierno está lleno de buenas intenciones, el inmovilismo está repleto de supuestas voluntades de cambio. Y es que el cambio, entendido como la mutación del modo en el que hacemos las cosas, tiene poderosos enemigos. Maquiavelo apunta como resistencia principal a aquéllos que sufrirán las consecuencias del mismo, pero hay más.
Las épocas de crisis son tiempos de sospecha. El consenso se rompe. Los vínculos de confianza se debilitan. Los recelos se agrandan. Los enfrentamientos se hacen más ásperos. Los sentimientos se agrietan. La angustia se difunde. En tiempos de crisis incluso se sospecha del cambio. Los que sueñan con un nuevo orden temen que el cambio sea secuestrado por los conservadores inteligentes, capaces de virar en el último momento para no verse arrastrados por la corriente adversa.
Ahora bien, el cambio político que experimenta México con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia es equiparable al que suele acontecer en otros países luego de una revolución. Un cambio de régimen político con un giro a la izquierda en el modelo económico. Una transformación que, sin embargo, se produjo de manera pacífica, por la vía electoral.
La magnitud de este cambio sólo puede entenderse a la luz de la profunda crisis estructural que se gestó en el País durante poco más de tres décadas de gobiernos neoliberales. Y es aquí donde radica la trascendencia de la profunda transformación estructural que implica la llamada “Cuarta Transformación”, propuesta por el actual Presidente mexicano.
La crisis mexicana provocada por el modelo neoliberal podría sintetizarse en cuatro puntos esenciales: 1) estancamiento del crecimiento económico; 2) desmantelamiento de la planta productiva nacional; 3) precarización del empleo y 4) enriquecimiento de las élites y el sector financiero. Factores clave para entender la magnitud del cambio y la correlación de fuerzas del nuevo régimen.
Un ejemplo de esta crisis es la virtual quiebra de Pemex, cuya deuda asciende a 99,738 millones de dólares, equivalente al 8,56% del Producto Interno Bruto de México, y que implica uno de los principales problemas estructurales del País, tras la histórica caída en la producción de petróleo (1,84 millones de barriles al día), la importación y aumento en los precios de los combustibles como consecuencia del abandono de las refinerías.
Todos estos factores, sumados a una crisis de corrupción sin precedente, explican el triunfo arrollador de AMLO y su partido, Morena, en las elecciones presidenciales del año pasado, con más de 30 millones de votos en todo el territorio nacional; un hecho sin precedentes.
Dicha victoria no sólo implicó un cambio de partido en el poder y un giro en el modelo económico, sino, también, una reconfiguración en la correlación de fuerzas al interior del Congreso, relegando al bipartidismo de derecha PRI-PAN a un lugar marginal. Un escenario similar a lo que ocurrió con las gubernaturas, donde se rompió la hegemonía del PRI, logrando la repartición de gobiernos estatales más plural en la historia del País.
Ante la desarticulación y fragmentación del viejo régimen político del bipartidismo de derecha (PRI-PAN), el Gobierno de AMLO enfrenta resistencias a su proyecto reformador desde el sector empresarial y el capital financiero trasnacional, dos de los principales sectores promotores del modelo neoliberal. Se trata de un factor de riesgo tomando en cuenta, sobre todo, la alta vulnerabilidad de la economía mexicana en los mercados internacionales.
Otro de los peligros será la continua disputa al interior del propio Gobierno y el nuevo partido hegemónico, Morena, una vez que los distintos actores y grupos busquen marcar distancia con miras a un posible relevo en los aparatos de poder emanados del nuevo régimen. Asimismo, la falta de resultados concretos en temas urgentes como la inseguridad y la impunidad de grandes casos de corrupción, podrían convertirse en otro de los grandes lastres de la actual administración. Además, el Gobierno de AMLO tendrá que lidiar con la permanente influencia geopolítica que ha ejercido históricamente EE. UU. hacia México.
De este modo, López Obrador lidia con las estructuras que se mantienen del viejo régimen, así como con la presión de los mercados internacionales, como dos de sus principales amenazas. Pero también se trata de una oportunidad inmejorable para llevar a cabo un cambio estructural de cara al futuro del País. Se trata de un desafío histórico que marcará el destino de México en tiempos de la llamada Cuarta Transformación.
Bien lo decía el diplomático, funcionario, filósofo político y escritor italiano, considerado padre de la Ciencia Política moderna Nicolás Maquiavelo (Niccolò di Bernardo dei Machiavelli): “No hay nada más difícil de emprender, más peligroso de llevar a cabo y con menos garantías de éxito, que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene como enemigos a todos aquéllos que se beneficiaron de las condiciones antiguas. La gente teme y desconfía de la persona que promueve el cambio y no cree en nuevas ideas hasta que no tiene una larga experiencia con ellas”.

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