Los Valdez (segunda parte)

Por Octavio Guevara

Martes 13 de mayo de 2019

Continuamos con la trayectoria de los Valdez en la hacienda de La Concepción, con la aportación de Rey Orozco. En esta entrega, estimado lector, haremos énfasis en don Ambrosio Valdez Macías, quien a sus 18 años ya se encontraba activo en el oficio de mayordomo con su padre y su hermano, siendo una de las personas que vivió de cerca el final de la hacienda y los primeros años de los ejidatarios de la zona.
Parte de sus primeros años de vida los conocemos gracias a una entrevista publicada por don Luis Sandoval Godoy, el domingo 27 de mayo de 1979, en un suplemento de El Informador, y otra publicación en el mismo medio el 22 de julio del mismo año. Decía que Pomposa Macías, su madre, se empeñó en que estudiara, convirtiéndose en el ‘‘tenedor de libros’’, y adentrarse en la administración. Esto amplió su visión sobre el hacendado: ‘‘yo creo que no puede decirse que los amos hayan sido sanguinarios; qué esperanzas. Duros sí, justicieros sí. Claro, un bandido, al que se le comprobaban las cosas, tenían que echarlo fuera de aquí. […] De plano era con sus peones como un padre’’, respondió Ambrosio durante la entrevista.
En un intento por frenar los repartos de tierra y la consiguiente disminución de la hacienda de La Concha, en 1932, don Tomás Orozco fraccionó los potreros El Molino, El Mulato, El Gato, El Colorín y San Francisco entre sus allegados. El mayordomo Ambrosio fue beneficiado con parte del potrero de San Francisco, pero su malestar vino cuando tomaron de su propiedad 49 hectáreas para completar la dotación de ejido a San José del Valle, según el Diario Oficial de la Federación publicado el 30 de junio de 1937.
No nos extrañe que Valdez pensara diferente sobre el resto acerca de la Reforma Agraria, según respondió a Sandoval: ‘‘ahora que la cosa de Cárdenas…bueno, yo no digo que no; tuvo sus cosas buenas, pero tocó extremos y todos los extremos son malos. Se vino el reparto como un torbellino, como ventarrón de febrero y no respetó situaciones como la de aquí de La Concha donde ya el patrón había hecho ventas, ficticias si usté quiere, pero con todas las de la ley. Ah, pos Cárdenas pasó sobre la ley’’. De esta manera vemos cómo, en el marco de las creaciones de ejidos, surgieron propietarios que no necesariamente eran ejidatarios, sino por decisión del mismo hacendado (antes impensable). Después, Ambrosio ascendió de mayordomo a administrador de la hacienda.
Los ejidatarios solicitaron a doña Elisa Velasco viuda de Orozco que donara terrenos para establecer el poblado de Concepción del Valle. En su calidad de administrador, fue Ambrosio Valdez quien, en 1956, según testimonios de los habitantes que lo conocieron, propuso el asentamiento del pueblo donde hoy se encuentra, rechazando la ubicación cerca del clúster 1 del fraccionamiento Hacienda Santa Fe. A través de nuestro protagonista tenemos otra visión sobre el hacendado y del proceso del reparto de tierras; comprendemos cómo un individuo se convirtió en propietario, así como la decisión para el asentamiento definitivo del pueblo de La Concha, una decisión histórica en manos de un Valdez.

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