Ni perdón, ni permiso

Por Víctor Hugo Ornelas

Viernes 29 de marzo de 2019

Los tiempos cambian, y de la misma manera las formas de pensar, el espectro de conducta social es cada vez más amplio, las decisiones que se toman desde la vida pública ya no solo se deben pensar en el efecto inmediato que éstas puedan originar, sino que detrás, existe todo un contexto que, de ignorarse, podría traer consecuencias importantes.
En la era actual se habla de equidad de género, de libertad de expresión, cuidado al ambiente, racismo, discriminación, protección animal y otras tantas cosas que han pasado a ser parte obligada a respetar en los discursos, en la aplicación de políticas públicas, incluso, es algo que se debe cuidar no solo en el ámbito gubernamental o académico, sino que algunas figuras del mundo del cine o los espectáculos, han sufrido en carne propia el linchamiento social que produce el cometer el error de un comentario machista, discriminatorio o con determinada falta de tacto, que pueda interpretarse como una ofensa para algún gremio o sector social.
La reflexión anterior viene a colación luego de la petición del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hacia el gobierno de España y el Vaticano, para que ambos, hagan un relato de agravios y pidan perdón a los pueblos originarios por los actos cometidos durante la época de la conquista de América, cosas que hoy se pueden calificar como crímenes y violaciones a los derechos humanos.
Es evidente que ninguna nación, salvo países del Medio Oriente que viven en guerra eterna, o Estados Unidos disfrazado del héroe del planeta tierra, se aventaría a realizar un acto de conquista de territorio de manera sangrienta; primero, porque eso significaría echarse medio mundo encima, unos impulsados por temas morales, otros, por intereses económicos y de poder.
Actuar como la Iglesia o la corona española hicieron hace casi 500 años, es algo políticamente incorrecto en la era moderna, donde lo que reina es la hipocresía de cuidar las apariencias, donde no sabemos quién es el bueno, el malo y el peor, donde se invaden naciones con riqueza, pues nunca verán a un País defender los intereses de algún País africano que viva en pobreza extrema, porque sería una mala inversión.
La respuesta del gobierno español fue tajante, ellos no se disculparán por sus actos, incluso hay que recordar que la Conquista, es motivo de celebración nacional en la Madre Patria, un tema de orgullo para los españoles, que, en algunos casos, como en la mayor parte de Europa, llevan en sus venas una importante dosis de racismo y para sostenerlo, evaden el hecho de que sus antepasados se relacionaron sexualmente con indígenas y aborígenes de otras naciones para dar paso al llamado mestizaje.
En el caso de la Iglesia Católica la respuesta es un tanto más diplomática, por supuesto que no saldrá de los labios del Papa Francisco, sino de un vocero, mismo que para responder a la petición del gobierno mexicano, señaló que ya en alguna ocasión el pontífice había pedido perdón por los actos de la Iglesia durante la evangelización de los pueblos de américa.
Además, seríamos ingenuos al pensar que los españoles o el Vaticano en verdad consideran que deben pedir disculpas, pues parte de la riqueza de España en aquella época, se construyó con los recursos de nuestro País, mientras que la Iglesia, tiene en México a la cuarta nación en el mundo con mayor aportación económica a través del diezmo, las limosnas y demás impuestos celestiales.
Pedir perdón y otorgar el perdón, de manera sincera, es uno de los actos de humildad humana más significativos, en verdad se pueden llegar a sanar heridas y desaparecer algunos rencores, habrá quienes estén de acuerdo o no con la petición del Presidente, pero hay que tomar en cuenta una cosa, en aquella época de la conquista, los españoles no habrían podido derrotar a los aztecas sin la alianza de otras culturas, que veían la necesidad de sacudirse el yugo de la llamada raza de bronce a cualquier precio, es decir, los invasores se valieron de los conflictos en nuestro territorio.
Hoy, a casi 500 años de aquellos hechos, seguimos siendo una nación plagada de conflictos internos, de odio y polarización fomentada por los grupos en el poder, así que el riesgo de que “un extraño enemigo” aproveche la situación, no es una idea descabellada.

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