El 2019-2020 en la Cofradía de Tlajomulco

Por Octavio Guevara

Martes 26 de marzo de 2019

Hace dos semanas, estimado lector, le hablaba de la importancia de la cofradía, una institución que, aunque legalmente no tiene reconocimiento, sobrevive en la práctica, pese a las estrictas leyes de los gobiernos liberales del siglo XIX. Hay una razón en ello, ya lo habíamos dicho: el arraigo que logró en la población la cofradía, a tal grado que la supervivencia dependió de la rigurosa organización de las familias en torno a ella.
Durante el siglo XVIII existieron hasta 4 cofradías en el pueblo de Tlajomulco, pero la que mostraba mayor importancia fue la de la Purísima Concepción. Por ejemplo, en los testamentos de los indios abundan las cláusulas en las que se dedicaba algún donativo al lugar, señalando incluso que su capilla estaba en plena construcción. Al finalizar ese siglo, comenzaron los conflictos entre los indios de dicha cofradía y algunos españoles que rentaban las tierras de Cacaluta, perteneciente a los primeros. Quitar las tierras a la cofradía significaba arrancar los principales ingresos su hospital, donde se atendían a enfermos, visitantes y forasteros. Fue la organización de los cofrades lo que impidió esta acción devastadora.
En un rico detallado informe que se resguarda en el Archivo Histórico Municipal de Tlajomulco, del año 1856, se menciona la existencia de una importante cofradía: ‘‘tiene un hospital con su templo, que actualmente sirve de parroquia; este es cuidado por los indígenas, relevándose cada año, el día ocho de diciembre, por cinco, con el nombre de diputados, y un mayordomo. Todos celebran a la Purísima de domingo en domingo, últimos al día de la Virgen, teniendo por obligación, según sus ordenanzas, asistir en principal a los enfermos porque cuentan por recursos una cofradía’’.
¿Qué se conserva en la actualidad? Como ya quedó señalado, la organización estricta y el arraigo en el pueblo han sido los motivos de su preservación al día de hoy. El celo de sus feligreses termina por dar ese toque encantador, ese sentimiento de respeto que se percibe, y el amor y la devoción a la Virgen de la Purísima Concepción termina por ablandar al corazón más frío de los allí presentes. Eso lo pudimos notar con mayor cercanía hace 2 años, en una exposición temporal titulada ‘‘La Cofradía pueblo de Tlaxomulco’’, en que participaron su servidor como coordinador, Agustín Moya y Rey Orozco en la investigación, el artista Arturo Bustamante con un impresionante mural y varios artesanos con sus piezas para la exposición, muy concurrida, por cierto.
Hace unas semanas se eligieron a las 6 familias que se dedicarán a cuidar con celo y gran ejemplo esta organización, para el periodo 2019-2020: las familias del Tatita, el Mayor, el Topile, el Mantopile, el Sipil y el Chiquito. Se trata del tatita José Isordia Esquivel y la nanita Teresa Moreno Ochoa; de los mayores Antonio Chitica Maravel y Ma. Luisa López Alcántar; de los topiles Gerardo González Íñiguez y Maricela Pacas Camacho; de los mantopiles Jairo Jesús Flores Gutiérrez y Juana Margarita Isidro Chitica; de los sipiles Ricardo Cabrera Ledezma y María de los Ángeles Medina Luices, y de los chiquitos Julio César Soria Ávila y María Elizabeth Padilla García. A todos ellos mi más afectuoso reconocimiento.

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