Los primeros 100 días

Por Aarón Estrada

Viernes 22 de marzo de 2019

Nunca antes se habían dado tantos niveles de análisis, encuestas, estudios de opinión, críticas, debates y foros mediáticos, por los primeros 100 días de un Presidente de la República en funciones.
En un balance general, los 100 días de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), son más positivos que negativos, a razón del respaldo popular que tiene, por encima del 68 por ciento de aprobación.
Esta es aceptable en lo general, pese a sus más críticos desaciertos de los primeros días de su administración, como han sido: la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, la cancelación de la reforma educativa, las consultas ciudadanas sin ninguna regulación del Instituto Nacional Electoral, las criticas contra los organismos de la sociedad civil, la continuidad de combatir el crimen organizado con las fuerzas armadas, la reducción presupuestal a la ciencia y tecnología, el fortalecer los liderazgos de arcaicos sindicatos, sólo por mencionar algunos; pese a todos estos, la gente en general -el pueblo sabio– avala a su presidente, aprueba sus acciones y lo respalda.
AMLO está en esos niveles de popularidad por la sencilla razón de que en los hechos mediáticos no ha renunciado a lo que siempre dijo en campaña desde 2006: ser un gobierno austero, del pueblo para el pueblo. El Presidente todos los días llega a las 06:00 horas a Palacio Nacional en su Jetta blanco, tiene su reunión de seguridad y posteriormente su rueda de prensa matutina, lleva su agenda presidencial de las 10:00 a las 19:00 horas, de lunes a viernes. Los fines de semana, en vuelos comerciales -aunque han salido caros para el erario público– hace actos protocolarios en los Estados de la República, acude a poblaciones donde nunca antes se había parado un Presidente, saluda a la gente a su paso y si en el camino hay un puesto de comida, fruta o dulce típico, se para, saluda a los dueños de los negocios y adquiere sus productos. En suma, no ha renunciado a su estilo, su principal promesa, en un País cuyo sexenio anterior el despilfarro del erario en lujos, guardaespaldas y viajes al extranjero, era lo cotidiano. La diferencia es de 180 grados y el pueblo lo ve, aplaude y respalda.
En contraste, durante estos primeros 100 días del nuevo gobierno, la oposición partidista no ha logrado salir de la cruda electoral de julio de 2018, continúa en su desdén, falta de identidad y de establecer un nuevo discurso, firme, congruente con su pasado y presente, para hacer frente a un gobierno que lo tiene todo.
A esa oposición que no sabe qué hacer, se la han ido de las manos estos primeros 100 días; el mandatario y su grupo de poder, lo han aprovechado para seguir fragmentándola. Lejos de vender la terca idea –que fracasó en campaña– de que AMLO llevaría a México a la Venezuela del Norte, los únicos que se están venezuelizando son ellos, enfrentando el mayor de los desgastes.
Los grupos minoritarios, los ciudadanos que no so afines a AMLO, Morena, y mucho menos a una Cuarta Transformación, están esperando que la oposición despierte, que deje de estar en la cruda electoral, que retome su papel en la historia y que salga a ser un verdadero contrapeso, con opción de cambio para la sociedad.
Pero los 100 días no es aprobar todo el gobierno, es solo avalar un pequeñísimo tiempo del ejercicio público, imitando mediciones de administraciones públicas anglosajonas que no aplican en muchos casos para México, ni mucho menos para un gobierno como el que encabeza AMLO.
Lo quisieron medir con 100 días, pero AMLO los tiene más medidos a ellos, y eso es preocupante, porque las opciones de un proyecto de nación diferente o no existen, o no se han visualizado, ante un gobierno con alto respaldo popular.

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