Los primeros cien días de AMLO

Por Quirino Velázquez 

Miércoles 20 de marzo de 2019

“Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario”. – Elbert Hubbard-
El pasado domingo 10 de marzo se cumplieron los primeros cien días del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
¿Por qué son importantes los primeros 100 días de un gobierno? Porque definen un período para conocer el estilo de liderazgo de un Presidente y su poder e influencia generalmente están en su máximo nivel, de acuerdo con la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Y tomo como referencia al gobierno de EU porque el valor que se le da a los primeros 100 días de gobierno en México es una influencia estadounidense. Los historiadores le atribuyen al Presidente Franklin D. Roosevelt ser el pionero del concepto de los 100 días como criterio para evaluar el éxito presidencial cuando asumió el cargo en 1933.
En campaña, López Obrador prometió transformar México. Creó enormes expectativas y abrió un debate generalizado sobre las políticas públicas y sobre el pasado y el futuro de México, las cuales fueron buenas noticias.
Los primeros cien días de Andrés Manuel en la presidencia han estado llenos de anuncios y proclamaciones. Ha hecho gestos enfáticos que han sido aplaudidos por la sociedad. Les quitó a los expresidentes sus pensiones, optó por volar en aviones comerciales en vez de usar el Boeing presidencial y convirtió a la residencia de Los Pinos en un museo abierto al público. Ha tomado decisiones, algunas poco sabias, y ha prometido prácticamente todo lo que puede prometerse, incluyendo un sistema de salud universal al estilo escandinavo. Sin embargo, aunque ha consolidado un enorme respaldo popular (alrededor del 80% de los mexicanos aprueban su gestión), los proyectos que se han llevado a cabo aún son pocos.
Se dice que el Presidente AMLO le está haciendo el trabajo sucio a Donald Trump al permitir que México se convierta en el país de acogida de los centroamericanos que buscan asilo en Estados Unidos. Canceló la construcción del nuevo aeropuerto de Ciudad de México, que estaba parcialmente construido, a un costo enorme para el presupuesto y el futuro de la capital. Por otro lado, su decisión de aumentar el precario salario mínimo en todo el país y duplicarlo a lo largo de la frontera norte fue sabia y oportuna.
Obtuvo la aprobación del Congreso para la formación de una Guardia Nacional, con un mando militar de facto, que estaría a cargo de “prevenir y combatir el delito” en todo México. Otorga pensiones para los ancianos, becas para los estudiantes de preparatoria, asistencia financiera para las personas con discapacidad y, lo más importante, capacitación y prácticas profesionales pagadas para los casi tres millones de jóvenes mexicanos sin empleo.
AMLO también quiere construir un tren maya en la península de Yucatán, una nueva refinería petrolera en Tabasco (Estado donde nació) y un tren en el istmo, que competiría con el canal de Panamá. Está tratando de establecer un sistema paralelo de poder y gobierno en las 32 entidades federativas al nombrar a un delegado personal en cada uno. Por último, pretende eliminar el financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil. Como resultado, los fondos para programas sociales anteriores, como los dirigidos a las víctimas de violencia doméstica y las guarderías, han sido recortados y se entregarán directamente a los usuarios (en teoría).
López Obrador sin dudad es un hombre extraordinario, pero también sin dudad ha mostrado signos autoritarios y demagógicos, y en la actualidad prácticamente no hay (no los permite) contrapesos políticos o institucionales en México. Están ocupando las vacantes de la Suprema Corte del Poder Judicial (contrapeso del Ejecutivo) con simpatizantes MORENA y la oposición política se encuentra en un estado de caos, incertidumbre, desprestigio y desesperanza. La única oposición que existe son los capitalistas malignos de los mercados financieros y uno que otro analista político.
Por otra parte, durante sus primeros 100 días, el sátrapa de Felipe Calderón Hinojosa mandó a los militares a las calles en un desesperado intento por ahogar las protestas contra el fraude electoral de 2006. En su turno, otro sátrapa, Enrique Peña Nieto, impulsó sus reformas estructurales para alinear su gobierno con los mercados financieros internacionales y firmó el Pacto por México para cooptar la oposición política de izquierda y derecha. En contraste, Andrés Manuel López Obrador se ha lanzado personalmente a las calles para recorrer las 32 entidades, inaugurado nuevos programas sociales, ha iniciado una cruzada contra la corrupción y sostiene un diálogo permanente (con sus mañaneras) con los medios de comunicación y la población en general. Las líneas del nuevo gobierno federal que personifica AMLO son perfectamente claras e implican un viraje de 180 grados respecto de la lógica de los nefastos gobiernos anteriores.
Al Presidente de México por su imparable actividad le viene bien la frase del escritor, editor, artista y filósofo estadounidense Elbert Hubbard: “Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario”. Ojalá así siga.

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