Tlajomulco colonial: la voz de su gente

Por Octavio Guevara

Lunes 25 de febrero de 2019

En esta duodécima y última entrega ‘‘espíritu de basalto’’, estimado lector, hablaremos de la importancia de los artesanos de San Lucas Evangelista, basándonos en su peregrinar por el oficio del labrado de piedra de basalto. Los metates y molcajetes eran indispensables en el hogar de los indios y ya se elaboraban desde antes de la llegada de los conquistadores en el siglo XVI. San Lucas Evangelista, según las crónicas y testimonios, formaba parte de San Miguel Cuyutlán, como un barrio, y luego se erigió en un pueblo de indios.
Al independizarse, era necesario tener más tierras para llevar a cabo sus cosechas, cuidar de su ganado y acceder a la ‘‘piedra azul’’, por lo que se internaron en amplios terrenos. Más tarde, el propietario de la hacienda de San Lucas (La Joya), don Miguel De Joya, reclamó lo siguiente: ‘‘en la práctica de medida, hallé que un pueblo, nombrado también San Lucas, se halla fundado dentro de las tierras de dicha hacienda […] sin que los naturales que lo habitan hubiesen exhibido documento origen de su población’’. En tan delicada situación, los indios de San Lucas se vieron en la necesidad de acudir ante el virrey, a la Ciudad de México, y manifestar que: ‘‘el expresado don Miguel De la Joya nos cogió, para sí, un triángulo de tierra con dos ojos de agua y unas minas de piedras de metates, en que trabajan los hijos para mantener sus familias y para pagar los Reales Tributos de Su Majestad’’. Este litigio se llevó a cabo de 1773 a 1777.
Lamentablemente, no pudieron comprobar que las tierras en litigio les pertenecían y perdieron una parte de ellas. Las minas de piedra quedaron en los terrenos de la hacienda, orillándolos a hacer tratos con tan polémico vecino: ‘‘ocurrieron al susodicho en solicitud de que les permita sacar piedras para hacer metates’’. El trato consistía en trabajos para la hacienda y, años más tarde, en entregar metates al hacendado para poder acceder a las minas; sin embargo, era agria la relación entre el propietario y los pobladores, acompañada de abusos y humillaciones hacia los labradores de piedra.
Al iniciar el siglo XX, a través de ampliaciones al ejido les fueron devueltas las tierras donde yacía la piedra, destruyendo aquel incómodo trato de 150 años atrás. Libres, se innovaron técnicas en el tallado, apareciendo magníficas obras de arte y obteniendo importantes premios que realzan el nombre de Tlajomulco a nivel estatal, nacional e internacional. Apellidos de potentes artesanos agregan más brillo a un hermoso pueblo, tierra de mariachis, de campesinos valientes y de pobladores que se esfuerzan en hacer arte con su trabajo.
La necesidad de estudiar la etapa virreinal, estimado lector, es de suma importancia porque en ella la identidad del mexicano se fue configurando: tradición, religión, construcciones, oficios, gastronomía, poblaciones, etc. Un acta de independencia firmada no cambió la injusta situación hacia los habitantes, de la noche a la mañana. ¿Qué tanto hemos avanzado? Esperamos, tanto su servidor como Rey Orozco, que haya disfrutado de estas entregas a lo largo de 12 semanas. Ahora continuaremos con más reflexiones del pasado en el presente.

octavio f

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